El Yerno Millonario - Capítulo 17
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17: El precio de la humillación 17: El precio de la humillación Sabrina procesó la situación en décimas de segundo y cambió el chip.
Se volvió hacia Charlie con su sonrisa más dulce: —¡Qué honor tan grande que un viejo compañero venga a visitarnos al Shangri-La, señor Charlie!
Pensó que con un poco de adulación podría hacer que Charlie borrara lo que acababa de pasar.
Se equivocó de candidato.
Issac Craven la miró con curiosidad: —¿Sabrina, eres compañera de escuela del señor Charlie?
—¡Sí, sí!
—se apresuró a confirmar—.
Charlie era el delegado de mi grupo en la universidad.
¡Nos llevábamos muy bien!
Issac Craven asintió y dijo de inmediato: —Mañana mismo hablo con la dirección.
Quedas nombrada directora de recursos humanos del Shangri-La.
De jefa de área a directora había por lo menos tres niveles de diferencia en el Shangri-La.
El sueldo se multiplicaría más de diez veces.
Sería de las ejecutivas con más poder sobre el personal del hotel.
Sabrina sintió que el corazón se le iba a salir del pecho.
Pero Charlie habló antes de que pudiera reaccionar: —Señor Issac, ¿sabe usted cuál es realmente mi relación con Sabrina?
Issac Craven, creyendo que Charlie quería más para ella, se apresuró a añadir: —Si al señor Charlie le parece poco, la promovemos directo a vicepresidenta.
—Lo que quiero decirle —dijo Charlie con frialdad— es que yo vine aquí a pedirle ayuda a Sabrina porque no tengo membresía.
Su respuesta fue humillarme sin ninguna razón y ordenarle a los guardias que me sacaran a golpes.
Dos veces.
¿Y usted quiere promoverla a vicepresidenta?
¿Está tomándome el pelo?
A Issac Craven se le cayó el alma a los pies.
La cagué de principio a fin.
Volteó hacia Sabrina con los ojos encendidos.
Y le cruzó la cara de una bofetada.
—¿Cómo te atreviste a faltarle al respeto al señor Charlie?
¿Traes el cerebro de adorno o qué?
Sabrina se desmoronó.
Se hincó en el piso temblando, con la cabeza gacha: —Señor Charlie, me equivoqué, por favor…
Issac Craven la empujó con el pie y la mandó rodando varios metros, sin dejar de vociferar: —¡Eres un estorbo con ojos!
¡Hoy vas a aprender lo que cuesta hacerle la vida imposible al señor Charlie!
Se volvió hacia los guardias de seguridad: —Denle su merecido.
Y cuando terminen, avísenle a toda la industria de Aurous Hill que esta señorita ya no es bienvenida en ninguna empresa.
Sabrina levantó la vista con los ojos llenos de lágrimas: —Director Issac, por favor…
¡me equivoqué, lo reconozco!
—¿Ahora sí te das cuenta?
¡Ya era hora!
Si no fuera por la consideración del señor Charlie, otro gallo cantaría.
Sabrina se arrastró de rodillas hasta los pies de Charlie, con la cabeza tocando el suelo una y otra vez: —Delegado Wade, perdóname.
Por favor.
Por los años que fuimos compañeros, te lo ruego.
Charlie la miró sin el menor rastro de compasión: —Sabrina, ¿por qué me insultaste a mí y a mi esposa hace un momento?
—Fui una tonta —sollozó—.
Tengo muy mala boca.
No sé en qué estaba pensando.
Por favor, perdóname.
Charlie respondió con calma: —El que no me busca, no me encuentra.
Pero el que me busca, lo encuentro.
Tú elegiste buscarte esto.
Ahora te lo tomas.
Issac Craven volvió a avanzar hacia ella: —¡Boca sucia!
¡Meterte con el señor Charlie!
¡Vas a aprender a respetar!
Sabrina ya no dijo más.
Se quedó en el suelo llorando mientras Charlie, sin volver la vista, le dijo a Issac Craven: —Necesito hablar con usted sobre el Jardín Colgante.
Vamos a su oficina.
—Por supuesto, señor Charlie.
Por aquí, por favor.
Al pasar junto a los guardias, Issac Craven soltó con una seña: —No se detengan.
—Sí, señor.
Charlie entró al Shangri-La sin mirar atrás.
Ya en la oficina de Issac Craven, fue directo al grano: —En unos días es el aniversario de bodas de mi esposa.
Quiero reservar el Jardín Colgante completo para esa noche.
¿Es posible?
Issac Craven respondió sin vacilar: —Señor Wade, por política del hotel, el Jardín Colgante nunca se reserva de forma exclusiva.
Ni para los socios de más alto nivel ni para funcionarios de gobierno.
Pero si usted lo necesita, no sólo esa noche: el aire del jardín puede ser suyo para siempre si así lo desea.
Charlie hizo un gesto tranquilo: —Con esa noche es suficiente.
Además, necesito que me ayude a preparar una sorpresa para mi esposa.
Voy a necesitar su cooperación.
—Señor Wade, todos en el Shangri-La estamos a sus órdenes.
Dígame qué necesita y se hace.
Charlie resolvió todo en el Shangri-La y tomó el camión de regreso a casa.
Adentro, casi todos los pasajeros tenían el celular en la mano.
TikTok, Instagram, YouTube.
Y para su sorpresa, todos veían el mismo video.
Era el de Tierra Rara.
Los Rolls Royce en fila.
Los guardaespaldas con los maletines.
Los trece millones en efectivo abiertos en el piso.
La gerente de ventas quedando en el olvido.
Todo grabado y editado con el morbo perfecto.
Charlie se inclinó levemente para ver mejor la pantalla del pasajero de al lado.
Su cara no aparecía en ninguna toma.
Exhaló con alivio y guardó la compostura el resto del trayecto.
El video ya era tendencia en Aurous Hill.
Cientos de comentarios especulando sobre la identidad del misterioso personaje.
Más de una chica soñando con ser la Cenicienta de ese cuento.
Todos buscando al “millonario de otro nivel” sin encontrar ni una pista.
Que sigan buscando, pensó Charlie.
En casa, el ambiente era completamente distinto al de siempre.
Claire había cerrado el contrato con el Emgrand Group y estaba a punto de ser nombrada directora del Grupo Willson.
Sus padres estaban eufóricos, con los ojos brillantes de emoción.
Años y años aguantando desplantes dentro de la familia Willson.
Por fin podían respirar.
La suegra Elaine, que normalmente le ponía cara de pocos amigos a Charlie en cuanto lo veía, esa noche hasta le sonrió: —¡Ay, qué día tan feliz!
¡Mi hija es de otro nivel!
Hizo una pausa y lo miró con una expresión que en ella equivalía a un halago: —Charlie, tú también pusiste de tu parte para esto.
Hoy no cocinas.
Vamos a cenar afuera, ¡los invito!
Claire sonrió: —¿Vamos al Kempinski?
Me antoja algo de cocina internacional.
—¡Eso está carísimo!
—saltó Elaine—.
¿No cobran más de mil por persona?
—Mamá, el sueldo de directora tiene salario base de un millón anual.
—¡Ay, ay, ay!
—Elaine aplaudió como niña en feria—.
¡Por fin esta familia va para arriba!
Luego, sin perder un segundo, añadió con toda la naturalidad del mundo: —Eso sí, de lo que ganes me tienes que pasar por lo menos el setenta por ciento.
Los jóvenes no saben administrar el dinero.
Conmigo está más seguro que en cualquier banco.
Claire asintió con una sonrisa: —Está bien, mamá.
Te lo doy cada mes.
Pero tú de tu lado tienes que dejar de meterte con Charlie.
Nada de andar diciendo que no sirve para nada o que cómo te vas a aguantar a ese yerno.
Elaine puso los ojos en blanco pero cedió: —Bueno, bueno.
Por ti me aguanto.
Voy a hacer mi esfuerzo para no decir nada…
o al menos decir menos.
Fin del Capítulo 17
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