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El Yerno Millonario - Capítulo 19

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  3. Capítulo 19 - 19 El que la hace la paga
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19: El que la hace, la paga 19: El que la hace, la paga —¿Que yo no valgo para nada?

—Wendell lo miró con los ojos encendidos—.

El que no vale para nada eres tú.

Ni siquiera puedes cuidar a tu propia esposa.

Ella se merece algo mejor, y ese algo mejor soy yo.

¡Yo puedo darle todo lo que tú nunca podrás!

Charlie bajó la voz hasta que sólo Wendell lo escuchara: —Te doy dos opciones.

La primera: te hincas frente a todos, le pides perdón a Claire y te tragas cada mentira que acabas de decir.

La segunda: en los próximos minutos, tu familia no va a tener grupo empresarial.

Tú decides.

Wendell lo miró un segundo y soltó una carcajada escandalosa.

—¿Estás bromeando o qué?

¿Tú?

¿Qué vas a hacer tú para quebrar mi empresa?

¿Sabes cuánto vale mi grupo?

Charlie lo miró sin ninguna expresión, sacó el celular y marcó a Stephen Thompson.

—En tres minutos quiero ver al grupo de los Jones en quiebra.

Liquidación de activos, deudas por todos lados.

Tres minutos.

Wendell lo miraba con una mezcla de incredulidad y burla.

—¡Órale, qué impresionante!

¿O qué, eres el misterioso millonario del video ese que anda en internet?

Luego lo señaló con el dedo: —Escucha bien, inútil.

Yo también te doy dos opciones.

Una: te hincas, me pides perdón y le firmas el divorcio a Claire hoy mismo.

Dos: le digo a mis guaruras que te mandan al hospital, y luego te quedas viendo cómo Claire y yo nos paseamos felices frente a tus narices.

Te doy un minuto para elegir.

Charlie apenas levantó los ojos del celular: —¿Seguro que no puedes arreglarlo?

Te queda un minuto.

—¡Lárgate!

Treinta segundos.

Si no te hincas, te vas a arrepentir toda tu vida.

—Veinte.

—Diez.

—Cinco.

—¡Se acabó el tiempo, inútil!

¡Tú te lo buscaste!

Wendell se acomodó el saco y le hizo una seña a sus guaruras para que avanzaran.

En ese instante, su celular vibró.

Era su padre.

—Papá, ya estoy en el banquete, ¿ya vas para acá?

La voz al otro lado no saludó.

Aulló: —¡Wendell, maldito inútil!

¿A quién fuiste a ofender?

¡Los accionistas están tirando todas nuestras acciones!

¡Ya cayeron más del noventa por ciento!

¡El banco vino a exigir el pago de todos los créditos!

¡Los socios cancelaron todos los contratos!

¡La cadena de capital se rompió!

¡Estamos en quiebra, Wendell!

¡Completamente en quiebra!

Wendell se quedó helado.

—¡Todo se acabó!

¡Lo perdimos todo!

Y antes de que Wendell pudiera responder, del otro lado de la línea se escuchó una sirena de patrulla, el estruendo de una puerta rompiéndose, y la voz de un policía pidiendo a su padre que cooperara con la investigación.

El celular se le resbaló de los dedos y se hizo añicos en el suelo.

Las piernas le fallaron.

Y Wendell Jones, el hijo de una de las familias más poderosas de Aurous Hill, cayó de rodillas frente a Charlie.

Los guaruras se detuvieron en seco, sin saber qué hacer.

Wendell estaba blanco como papel.

Le temblaba hasta la voz: —¿Quién eres tú?

Fuiste tú, ¿verdad?

La gente alrededor miraba sin entender.

¿Qué había pasado en esa llamada para que Wendell Jones acabara de rodillas frente al yerno arrimado de los Willson?

Charlie se inclinó levemente hacia él y le dijo en voz baja: —Te di la oportunidad de elegir bien.

Tú solito elegiste mal.

—Lo sé, me equivoqué.

Te pido perdón, por favor, déjame en paz.

Yo nunca tuve nada con Claire, nunca la toqué.

El contrato del Emgrand Group no fue gracias a mí.

Todo lo que dije fue mentira.

Te lo juro.

Por favor, perdóname a mí y a mi familia.

Wendell seguía inclinando la cabeza hasta el piso, una y otra vez.

No podía creerlo.

Un yerno arrimado de los Willson, con una sola llamada, había hundido a toda su familia.

Una sola llamada.

Cuando levantó los ojos y vio la cara común y corriente de Charlie, sintió más miedo que si hubiera visto a un demonio.

Charlie negó con la cabeza: —Date por afortunado.

Al menos saliste con vida.

De haber seguido por ese camino, no estarías aquí para contarlo.

Wendell palideció todavía más y se encogió.

Charlie lo miró con frialdad: —Para que lo sepas: soy yo el del video en internet.

Si no quieres que esto acabe peor, no abras la boca sobre mi identidad.

Porque si lo haces, ni tú ni tu padre van a ver el amanecer.

Dicho esto, le palmeó la mejilla con una calma que resultaba más intimidante que cualquier golpe, y entró al salón sin volver la vista.

Wendell se quedó tirado en el piso, sin fuerzas para levantarse ni para protestar ante esa palmada humillante.

Un momento después, reaccionó y entró al salón casi a gatas.

Localizó a Claire entre la gente y se arrastró hasta ella, hincándose a sus pies con la cabeza gacha: —Claire, te pido perdón.

No debí inventar esas cosas.

El contrato del Emgrand Group no tiene nada que ver conmigo.

Por favor, dile a tu marido que me deje en paz.

Claire retrocedió de la sorpresa y estuvo a punto de caer hacia atrás.

Pero cayó en unos brazos.

Volteó.

Era Charlie.

Había entrado al salón y al ver a Claire entre la gente se le había detenido el corazón un instante.

Esa noche estaba arreglada con un cuidado especial, brillando en medio de todos como si la luz del salón fuera sólo para ella.

Cuando vio a Wendell abalanzarse hacia ella, Charlie la tomó por la cintura antes de que perdiera el equilibrio, y le lanzó a Wendell una mirada que lo hizo rodar para el otro lado.

Claire preguntó desconcertada: —¿Qué le pasó a ése?

—Creo que no anda bien del juicio —respondió Charlie en voz baja, sin soltarla todavía—.

No le hagas caso.

Llevaban tres años casados sin haberse tocado más allá de lo estrictamente necesario.

Con el brazo de Charlie rodeándola, Claire sintió que las mejillas le ardían.

Se separó despacio, acomodándose el vestido, y dijo con la voz ligeramente entrecortada: —Bueno, eh…

el presidente del Emgrand Group ya debe estar por llegar.

Voy a ver si…

Fin del Capítulo 19

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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