El Yerno Millonario - Capítulo 24
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24: Harley Insurance 24: Harley Insurance Charlie no entendía nada, pero no le quedó de otra más que ponerse a gritar consignas junto a los señores y señoras mayores.
Entre eslogan y eslogan, fue preguntándole al señor que tenía al lado hasta que armó el cuadro completo.
Al parecer, una empresa llamada Harley Seguros ofrecía productos de inversión con tasas de rendimiento extraordinariamente altas.
Los rendimientos prometidos eran tan atractivos que este grupo de jubilados había caído redondo: compraron póliza tras póliza y se convirtieron en clientes fieles de la empresa.
Hoy era día de cobro de dividendos.
Pero cuando llegaron a las oficinas, se encontraron con la puerta cerrada y apenas un par de empleados en la entrada dando largas con pretextos cada vez más absurdos.
Fue entonces cuando los señores y señoras cayeron en cuenta: los habían estafado.
Todo había sido un esquema de “guante blanco vacío”, como dicen los chinos — promesas de dinero con nada detrás.
Por eso me llamó Elaine con tanta urgencia, pensó Charlie.
Quería refuerzos para la protesta.
Y entonces le entró la duda más importante: —Mamá, ¿cuánto dinero metió en esta empresa?
Elaine bajó la voz, pero la angustia se le salía por los poros: —Me dijeron que los rendimientos eran altísimos, que el dinero iba a multiplicarse…
y me emocioné.
Metí todos los ahorros de la casa.
Charlie abrió los ojos: —¿Cómo que todos los ahorros?
Elaine se volvió hacia él como víbora: —¿Para qué gritas?
¿Crees que no me da vergüenza?
¡No tienes que anunciárselo a todo el mundo!
Y sin parar, siguió: —Si tú me hubieras traído algo de dinero a la casa, yo no habría necesitado meterme en esto.
Con un yerno inútil como tú que no aporta nada, ¿qué otra opción me quedaba?
Charlie aguantó sin responder.
Elaine tenía una habilidad especial para convertirse en víctima de sus propias decisiones y culpar a otros.
Pero discutir con ella ahí, en medio de la calle, no iba a servir de nada.
—Muy bien —dijo sin alterarse—, aquí me quedo gritando las consignas.
—¡Y no pares ni un momento!
—le ordenó Elaine.
Charlie asintió.
Al poco rato se acercaron unas señoras, miraron a Charlie de arriba abajo y luego voltearon hacia Elaine con expresión de “¿en serio?”: —Oye, Elaine, ¿éste es tu yerno?
Le echaron otro vistazo a la ropa de Charlie y negaron con la cabeza: —Ay, no.
Para nada parece yerno de familia.
Se le nota a leguas que no tiene un peso.
—¡Y ese outfit!
¿Cuántas veces lo habrá usado ya?
No tiene ni comparación con los yernos de doña Willson.
Las señoras se turnaban los comentarios con una naturalidad que hacía daño.
Charlie no dijo nada.
Eran señoras mayores que acababan de perder los ahorros de toda una vida.
No valía la pena.
Elaine, en cambio, los comentarios le cayeron como sal en herida.
Miró a Charlie de reojo y, sin poder contenerse, soltó: —Ya verán, en unos días le digo a mi hija que se divorcie de éste.
Hay que buscarle un yerno que valga la pena.
Charlie sonrió para sus adentros.
Si supieran quién soy, ninguno de los ricos de Aurous Hill me llegaría ni a los talones.
Elaine seguía dando vueltas al problema en la cabeza.
Charlie para gritar consignas servía.
Pero para recuperar el dinero necesitaba a alguien con poder real, con contactos, con influencia.
Lástima que la familia Jones hubiera quebrado.
Wendell al menos tenía esas conexiones con el Emgrand Group…
aunque fueran mentira.
Y entonces se le prendió el foco.
Fred White.
El muchacho que había conocido en el banquete de anoche.
Primo de Gerald, hijo de los White.
Se había notado clarito que le traía el ojo a Claire desde que entró al salón.
Los White ya no estaban en su mejor momento, pero seguían siendo una familia con peso.
Si Fred venía y usaba sus contactos para presionar a esta empresa…
Para eso servían los pretendientes, ¿no?
Elaine recordó que Fred le había dejado su tarjeta de presentación.
La sacó de la bolsa, marcó el número y esperó.
Fin del Capítulo 24
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