El Yerno Millonario - Capítulo 23
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23: La directora y la manifestante 23: La directora y la manifestante Cuando todos regresaron al salón, la señora Willson tomó a Claire de la mano y la llevó al escenario.
Con una calidez que no le salía del corazón pero que se esforzó en aparentar, dijo: —Les pido una disculpa por lo ocurrido antes.
Cometí un error.
La verdad es que toda esta cooperación con el Emgrand Group es gracias a Claire.
Ella es la descendiente más destacada de nuestra familia, y su esfuerzo y dedicación hicieron posible todo esto.
Doris Young, parada a su lado, la miró con un desdén que no se molestó en ocultar.
Levantó una mano para cortarla y dijo: —Permítame hacer una corrección.
En esta cooperación, la señorita Claire no sólo hizo un gran esfuerzo: ella lo logró por sus propios méritos.
Nadie más tuvo que ver.
Era una corrección bastante directa delante de todos, pero nadie se atrevió a objetar.
Con el peso que tenía el Emgrand Group, aunque Doris Young le hubiera dado una bofetada en público a la señora Willson, la matriarca habría aguantado sin chistar.
La señora Willson asintió rápidamente: —Tiene toda la razón, señorita Doris.
El mérito es completamente de Claire.
A partir de este momento, Claire es la directora del Grupo Willson, con responsabilidad total sobre la cooperación con el Emgrand Group.
Doris Young esbozó una sonrisa y le extendió la mano a Claire: —Espero que trabajemos muy bien juntas.
Claire le estrechó la mano todavía un poco aturdida, asintiendo sin saber muy bien qué decir.
El salón estalló en aplausos.
Las miradas que recaían sobre Claire ya no eran las mismas de antes.
Había admiración en ellas, y también algo parecido al respeto.
Esta mujer tiene al Emgrand Group de su lado.
No es poca cosa.
La propia Claire seguía procesando todo.
Volteó a buscar a Charlie entre la gente.
Y ahí estaba, con esa sonrisita tranquila de quien ya sabía cómo iban a terminar las cosas.
Exactamente como él le había dicho: la señora Willson había regresado a rogarte que aceptaras el puesto.
Al terminar el banquete, Claire llegó a casa todavía con la cabeza en las nubes.
Recordando todo lo que Charlie había dicho a lo largo de esos días, no podía evitar que se le revolviera algo por dentro.
En las últimas semanas, su marido parecía diferente.
No sabía exactamente en qué, ni cómo describirlo.
Era como si hubiera capas de neblina alrededor de él que no le dejaban ver con claridad.
¿Quién es realmente Charlie?
Esa noche, el nombre de Claire resonó por todo Aurous Hill.
Todos hablaban de la joven directora del Grupo Willson, la mujer que tenía al Emgrand Group respaldándola.
Con ella al frente, el ascenso de la familia Willson ya no parecía un sueño.
A la mañana siguiente, Claire se levantó temprano y salió al trabajo con más energía que nunca.
Era su primer día como directora.
Quería aprovecharlo al máximo.
Charlie se levantó después y se puso a hacer las tareas de la casa como todos los días.
Cuando terminó y estaba a punto de salir al mercado a comprar lo del almuerzo, sonó su celular.
Era Elaine.
—Charlie, tienes diez minutos para llegar a la calle Segura.
¡Si no estás aquí cuando llegue el límite, ya verás cuando regrese a casa!
Y colgó.
Charlie se quedó mirando la pantalla.
¿Qué habrá pasado ahora?
No tenía idea de qué urgencia podía haber en la calle Segura a esa hora de la mañana, pero con Elaine nunca se sabía.
Guardó el teléfono, agarró lo necesario y salió a tomar un taxi.
Al llegar, lo que encontró fue un grupo nutrido de señoras y señores mayores plantados frente a la puerta cerrada de lo que parecía haber sido una aseguradora.
Algunos traían cartulinas, otros gritaban consignas con una energía que desmentía su edad.
Y al frente de todos, con una manta desplegada entre las manos y la voz ronca de tanto gritar, estaba Elaine: —¡Harley es un fraude!
¡Plataforma corrupta!
¡Devuélvannos nuestro dinero!
¡Exigimos nuestros derechos!
Charlie se abrió paso hasta ella: —Mamá, ¿qué pasó?
¿Por qué me llamaste?
Antes de que terminara la pregunta, los coros volvieron a estallar a su alrededor, tan fuertes que casi no se escuchaban el uno al otro.
Elaine lo jaló del brazo, le puso la manta en las manos y le ordenó: —Toma, agarra eso y grita tú.
Llevo toda la mañana chillando y ya no me sale la voz.
Fin del Capítulo 23
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