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El Yerno Millonario - Capítulo 5

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  3. Capítulo 5 - 5 La oportunidad de los Willson
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5: La oportunidad de los Willson 5: La oportunidad de los Willson Las dos noticias lanzadas por el Emgrand Group sacudieron Aurous Hill de punta a punta.

Al enterarse del cambio de dueño, la familia Willson comenzó a atar cabos sobre lo que le había ocurrido a los White.

La conclusión fue clara: el nuevo propietario del Emgrand Group tampoco tenía en buena estima a familias de ese nivel.

Pero ¿quién era ese tal señor Wade?

Debía ser alguien de otro mundo.

Comprar el Emgrand Group, con un valor de cien mil millones, como quien compra cualquier cosa…

¡ni el hombre más rico de Aurous Hill tenía esos recursos!

En cuestión de horas, decenas de familias se pusieron en movimiento.

Unas querían acercarse a ese misterioso señor Wade a como diera lugar; otras soñaban con que su hija llegara a convertirse en su esposa.

Y por si eso fuera poco, el anuncio de la inversión de dos mil millones para el hotel sacudió hasta los cimientos a toda la industria de la construcción y la decoración de Aurous Hill.

¡Dos mil millones!

Con tan sólo llevarse una tajada del pastel, cualquier empresa podría hacer su agosto.

Todas querían un pedazo.

Y entre todas, ninguna más ansiosa que la señora Willson.

La matriarca estaba eufórica.

¡Un proyecto de dos mil millones era la oportunidad de su vida!

Si la familia Willson lograba hacerse de aunque fuera un contrato, ascenderían de categoría de un salto.

Sin perder tiempo, convocó a una reunión familiar esa misma noche en la villa para discutir cómo entrar al juego.

Asistencia obligatoria para todos.

Esa noche, en la villa de los Willson.

Como la señora Willson había ordenado que fueran todos, Charlie acompañó a Claire.

Sabía perfectamente de qué iba la reunión: discutir cómo conseguir una parte del gran proyecto del Emgrand Group.

Y él tenía sus propios planes.

Esta es mi oportunidad para darle a Claire el lugar que merece.

Al llegar a la villa, Harold los recibió con su habitual veneno: —Mira nada más, Charlie.

¡Qué cuero tan grueso el tuyo!

¿Cómo tienes cara de volver a ver a la abuela?

Claire respondió con el rostro serio: —No digas tonterías.

La abuela convocó a toda la familia Willson.

Charlie es mi marido, así que también es parte de esta familia.

—¡Pues sí, más o menos!

—se burló Harold—.

¡Si nada más es el yerno arrimado!

Charlie se tocó la nariz, le puso una mano en el hombro a Claire y le dijo en voz baja: —Déjalo, mi amor.

No vale la pena.

Mejor entremos antes de que la abuela nos espere.

Claire asintió, le lanzó a Harold una mirada que decía todo sin decir nada, y entró con Charlie.

Harold los vio alejarse con el ceño fruncido.

Ya les llegará su momento, pensó.

Dentro de la sala de juntas, Charlie y Claire buscaron un lugar discreto en una esquina y se sentaron.

Poco después, la señora Willson hizo su entrada y la reunión comenzó.

La matriarca tomó su lugar en la cabecera de la mesa, golpeó la superficie con los nudillos y arrancó con energía: —¡La familia Willson lleva años esperando una oportunidad como ésta!

¡Una oportunidad que nos catapulte a la cima de Aurous Hill!

¡Y por fin llegó!

Hizo una pausa para dejar que las palabras calaran.

—El Emgrand Group acaba de anunciar un proyecto de dos mil millones.

Quien logre un contrato de ese proyecto va a ganar más de lo que se imagina.

Además, es el primer gran proyecto desde el cambio de dueño.

Para nosotros, eso significa una ventana directa al nuevo propietario.

Si logramos entrar y causarle buena impresión, el futuro de la familia Willson no tendrá límites.

El discurso era encendido, pero la sala respondió con un silencio incómodo.

Y es que nadie en la familia se hacía ilusiones.

Llevar años tocando las puertas del Emgrand Group sin que les abrieran era suficiente lección.

¿Ahora, de la noche a la mañana, iban a lograr lo que nunca habían podido?

La señora Willson recorrió los rostros con la mirada y frunció el ceño: —¿Qué, acaso se les trabó la lengua a todos?

¿Ninguno tiene el valor de llevarse aunque sea una migaja de esos dos mil millones?

Los presentes se miraron entre sí.

Nadie quería ser el primero en hablar.

La matriarca apretó los dientes: —Muy bien.

Aquí lo dejo claro: quien traiga un contrato del Emgrand Group por treinta millones o más, será nombrado director del grupo.

La declaración cayó como un balde de agua fría.

La señora Willson jamás había designado un director.

Siempre había manejado todo con mano de hierro, sin ceder poder a nadie.

El puesto de director implicaba autoridad real, una posición que sólo correspondería al heredero de la familia.

Que lo pusiera sobre la mesa como premio dejaba claro cuánto le urgía ese contrato.

Pero el puesto, por atractivo que fuera, no valía nada si la tarea era imposible.

Y todos en esa sala sabían que llegar al Emgrand Group con treinta millones bajo el brazo era, precisamente, una tarea imposible.

Ni la propia señora Willson conseguiría que los ejecutivos la recibieran.

El silencio se prolongó.

—¿No son descendientes de los Willson?

—estalló la matriarca—.

¿Ninguno es capaz de cargar con algo por esta familia?

Luego clavó los ojos en Harold: —Harold, tú te encargas.

Harold rio nervioso y levantó las manos: —Abuela, si hasta a la familia de Gerald los acaban de cortar del Emgrand Group…

y nosotros somos más chicos que los White.

¿Cómo vamos a conseguir ese contrato?

La señora Willson lo fulminó: —¡Inútil!

¡Ni siquiera lo has intentado y ya te estás rajando!

¡Eres peor que Charlie!

En el fondo, la matriarca sabía que las probabilidades no estaban a su favor.

Pero no estaba dispuesta a resignarse a ser la cabeza de un clan de segunda para siempre.

Llevaba años soñando con que los Willson dieran el gran salto, y ese proyecto era la única llave que veía al alcance de la mano.

Harold, por su parte, no pensaba en héroes ni en glorias.

Pensaba en el ridículo que pasaría si lo corrían del Emgrand Group antes de siquiera llegar a la recepción.

Así que se aferró a su negativa en silencio.

La señora Willson recorrió el resto de la sala con la mirada: —¿Y los demás?

¿Tampoco hay nadie con agallas?

Fue entonces cuando Charlie le dio a Claire un pequeño codazo y le murmuró: —Tú acepta el encargo.

Claire lo miró como si hubiera dicho un disparate: —¿Estás loco?

¡El Emgrand Group no va a hacer negocios con una empresa tan pequeña como la nuestra!

Charlie sonrió con una calma que a Claire le resultó desconcertante: —Confía en mí.

Sí puedes cerrar ese trato.

—¿De verdad?

—De verdad.

No veo ningún obstáculo.

Aprovecha esta oportunidad, Claire.

Si lo logras, tu posición en esta familia va a cambiar para siempre.

Claire no supo explicarse por qué, pero en ese momento, algo en la voz de Charlie la convenció.

Se puso de pie.

—Abuela —dijo con voz firme—.

Yo lo intento.

Fin del Capítulo 5

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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