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El Yerno Millonario - Capítulo 6

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6: La apuesta 6: La apuesta Las palabras de Claire dejaron a toda la familia Willson boquiabierta.

Todos pensaron lo mismo: Claire se había vuelto loca.

¡No era momento de hacerse la valiente!

¿Qué podía salir de ese arranque que no fuera el ridículo más espantoso?

El Emgrand Group era la empresa más poderosa de Aurous Hill.

¿Por qué iban a voltear a ver a una familia como los Willson?

Quien fuera a intentarlo estaba destinado a regresar con las manos vacías y la cara colorada.

Harold no pudo contenerse: —Claire, ¿de verdad crees que tú vas a conseguir ese contrato?

Wendy, su hermana y prima de Claire, se sumó con una sonrisita: —Primita Claire, ¿sabes quién eres tú y quién es el Emgrand Group?

Si te presentas ahí sin ton ni son, lo único que vas a lograr es ponernos en vergüenza a todos.

Alguien más añadió desde el fondo: —Exacto.

Si la corren del Emgrand Group, la familia Willson va a quedar como el hazmerreír de todo Aurous Hill.

Claire sintió arder las mejillas.

La vergüenza le subía por el cuello.

Desde que se casó con Charlie, su posición dentro de la familia no había dejado de caer.

Cada vez más ignorada, cada vez más arrinconada.

Sus propios padres habían tenido que aguantar burlas por culpa de ese matrimonio.

Pensó que si lograba ese contrato, todo cambiaría.

Su lugar en la familia quedaría consolidado.

Sus padres podrían caminar con la frente en alto.

Pero ahora, con medio clan riéndose de ella, la determinación le flaqueó.

Le lanzó una mirada a Charlie cargada de reclamo.

¿Por qué le había hecho caso?

Si hubiera sabido que esto iba a pasar, jamás se habría levantado de la silla.

La señora Willson, sin embargo, estaba furiosa con los demás, no con Claire.

Llevaba rato preguntando quién se animaba y nadie había abierto la boca.

Claire había sido la única con el valor de ponerse de pie, y ahora todos se dedicaban a echarle cubetas de agua fría.

Aunque la matriarca nunca había tenido especial cariño por Claire, en ese momento reconoció algo que los demás no tenían: disposición.

Voluntad de cargar con algo en lugar de esconderse.

Harold, en particular, la había decepcionado enormemente.

Por eso, la señora Willson golpeó la mesa y dijo: —¡El que no se atreve, que se calle!

Claire es quien va a gestionar la negociación con el Emgrand Group, y punto.

Claire respiró hondo: —No se preocupe, abuela.

Voy a dar todo de mí.

Harold resopló por la nariz: —¿De qué sirve darlo todo si al final vas a fracasar y nos vas a avergonzar?

Charlie lo miró con una sonrisa tranquila: —Harold, ¿a qué viene ese pesimismo?

¿Acaso crees que la familia Willson no está a la altura del Emgrand Group?

Harold no esperaba que Charlie se atreviera a hablar en una reunión familiar, y menos a ponerlo en ese aprieto delante de la abuela.

Viendo que la señora Willson fruncía el ceño, se apresuró a aclarar: —No digo eso.

Lo que digo es que Claire no va a poder cerrar ese trato.

Charlie sonrió: —¿Y si sí puede?

¿Le entramos a una apuesta?

Harold lo miró con desprecio: —¿Apuesta?

¡Claro que sí!

¿O crees que te tengo miedo?

Dime las condiciones.

—Simple —dijo Charlie—.

Si Claire logra arrancar la negociación con el Emgrand Group, tú te hincas frente a toda la familia, me haces tres reverencias y reconoces en voz alta que estabas equivocado.

Si no lo logra, yo hago lo mismo contigo.

¿Trato?

—¡Ja!

—Harold soltó una carcajada—.

¡Este inútil quiere morirse!

¡Trato hecho!

Charlie asintió y añadió con calma: —Que toda la familia sea testigo.

Y que quien se eche para atrás cargue con la maldición de que se le mueran padre, madre, abuelo y abuela.

Las últimas tres palabras las pronunció con especial énfasis: “abuela”.

Era su trampa.

Si Harold perdía y quería rajarse, tendría que enfrentarse al hecho de que echarse atrás equivalía a desear la muerte de la señora Willson.

Y eso era algo que la matriarca jamás le perdonaría.

Harold, que no vio el hoyo hasta que ya estaba adentro, aceptó con toda la confianza del mundo: —¡Que toda la familia sea testigo!

¡Estoy esperando que vayas a hincarte ante mí!

Claire le lanzaba miradas desesperadas a Charlie, pero él no les prestó ninguna atención.

La señora Willson, por su parte, no tenía interés en esas apuestas.

Su única obsesión era el contrato.

Si Claire lo lograba, que Harold se hincara, que le llamara papá a Charlie, que hiciera lo que fuera; eso le importaba tres cacahuates.

Lo único que quería era entrar en la lista de socios del Emgrand Group.

—La reunión termina aquí —dijo la matriarca—.

Claire, tienes tres días.

¡A trabajar!

De regreso en el departamento, los suegros les cayeron encima a los dos.

Elaine Ma, la suegra, estaba hecha un manojo de nervios: —Claire, ¿en qué estabas pensando?

¿Cómo te dejaste convencer por los disparates de Charlie?

¡Cómo fuiste tan tonta de aceptar ese encargo!

Jacob Willson, el suegro, señaló a Charlie con el dedo: —¡Charlie, Charlie!

¡Mira lo que le has hecho a mi hija, maldito inútil!

Y luego, sin parar: —Si no consiguen ese contrato, la familia los va a exiliar para siempre.

¡Y tú, inútil, vas a tener que hincarte ante Harold delante de todos!

¿No te da vergüenza?

Charlie los miró con serenidad: —Papá, mamá: si se cierra el contrato, ¿todo se resuelve, verdad?

—¡Palabrería!

¡Puras palabras!

El suegro seguía despotricando: —¿Sabes lo que es el Emgrand Group?

¿Por qué van a querer tener algo que ver con los Willson?

Charlie sonrió: —Quizás sí quieren.

Yo creo que Claire puede lograrlo.

La suegra Elaine lo fulminó con la mirada: —¿Tú crees?

¿Y qué sabes tú?

¿Crees que eres el dueño del Emgrand Group?

¡Inútil!

¡Usa el cerebro antes de hablar!

Charlie bajó la vista para ocultar la sonrisa que no podía evitar.

Si supieran…

Fin del Capítulo 6

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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