Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 Capítulo 11 — El río prohibido
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11: Capítulo 11 — El río prohibido 11: Capítulo 11 — El río prohibido El sonido del agua llegó antes de que el río fuera visible.
Era un murmullo hipnótico que vibraba en el aire como un pulso eléctrico.
Vera sentía una pesadez nueva en el bajo vientre; el contacto de la noche anterior con Kael y el roce accidental con Rhydian habían despertado un hambre que su mente intentaba racionalizar, pero que su cuerpo, cada vez más “Elarionizado”, exigía saciar.
Atravesaron la última línea de árboles y el paisaje se abrió ante ellos.
El Río del Oeste no era agua común; era cristal líquido que emitía un suave resplandor turquesa.
—Este lugar está cargado —murmuró Rhydian, con el vello de sus brazos erizado—.
Huele a magia antigua y a depredador húmedo.
Vera se acercó a la orilla, sintiendo un calor repentino.
Necesitaba refrescarse, pero sobre todo, necesitaba liberar la tensión que la hacía caminar con las piernas pesadas.
De repente, el agua se agitó.
Una sombra masiva y alargada, con una cola poderosa que azotó la superficie levantando una estela de espuma, se dirigió hacia ellos.
Kael y Rhydian se tensaron, ganando posición, pero la criatura no atacó.
Del centro del remolino, emergió un hombre.
Vera se quedó petrificada.
Primero vio el cabello: corto, oscuro como el abismo y pegado a su cráneo, resaltando unas facciones que hacían que Kael pareciera rudo y Rhydian salvaje.
Este hombre era la perfección aristocrática.
Sus ojos eran turquesa intenso, con motas plateadas que giraban como galaxias.
Pero fue su salida del agua lo que le robó el aliento.
A medida que avanzaba hacia la orilla, la gran cola de escamas iridiscentes comenzó a dividirse, transformándose en dos piernas largas y poderosamente musculosas en un despliegue de magia biológica.
Cuando emergió por completo, estaba completamente desnudo.
Vera no pudo evitar bajar la mirada.
Su anatomía era…
imponente.
Todo en él era grande, firme y mojado.
Su miembro, pesado y claramente visible, goteaba agua como si fuera una escultura de mármol cobrando vida.
Tenía finas escamas que decoraban sus caderas como joyas incrustadas en la piel pálida.
—Humana…
—Su voz no era un rugido, sino una melodía profunda que pareció acariciar los muslos de Vera por dentro—.
Hacía siglos que el río no sentía un calor como el tuyo.
Kael dio un paso al frente, su cola blanca latigando el aire con una furia territorial inmediata.
—Nerion.
Mantén tus ojos y tu lengua lejos de ella.
—Kael Tharos…
y el perro de la Manada de Plata —Nerion sonrió, una curva lenta que desprendía una confianza absoluta—.
No sabía que ahora los Alfas terrestres compartían sus tesoros.
Rhydian se colocó al otro lado de Vera, su presencia de fuego contrastando con el frío magnético del tritón.
—No compartimos nada, pez.
Estamos de paso.
Vera, sin embargo, no retrocedió.
Sus sentidos estaban saturados.
El olor de Kael (cedro y nieve), el de Rhydian (almizcle y bosque quemado) y ahora el de Nerion (ozono y salitre) creaban un cóctel que la estaba volviendo loca.
El panel de luz parpadeó ante ella, casi en rojo: ✧ NUEVA ENTIDAD: NERION VALTHERIS (TRITÓN REAL) ✧ Compatibilidad: Extremadamente Alta.
Aviso del Sistema: Niveles de excitación de la Portadora superando el umbral de seguridad.
Necesidad de desfogue detectada.
Vera se pasó la lengua por los labios secos, ignorando las miradas asesinas de sus guardianes.
—Si todos los habitantes de este río son como tú, creo que voy a necesitar clases de natación urgentes —soltó Vera con una voz que sonó mucho más ronca de lo que pretendía—.
Soy Vera.
Y no soy el tesoro de nadie…
todavía.
Nerion caminó hacia ella con una elegancia líquida, ignorando los gruñidos de los otros dos.
Se detuvo a escasos centímetros, y el agua que goteaba de su cuerpo mojó el suelo a los pies de Vera.
El magnetismo que desprendía era físico, una presión en el pecho que la obligaba a querer tocarlo.
—Puedo sentir tu pulso, Vera —susurró Nerion, inclinándose hacia ella.
Sus ojos turquesa bajaron hacia el pecho de Vera, donde la banda de cuero apenas contenía su respiración agitada—.
Estás vibrando.
El vínculo con estos dos te ha despertado, pero el agua…
el agua sabe cómo apagar el fuego o hacerlo arder hasta los huesos.
Vera sintió un espasmo de deseo tan fuerte que tuvo que clavar los talones en la tierra.
Realmente necesitaba tocar a alguien.
A Kael, a Rhydian, a este nuevo extraño…
o a los tres.
—¿Ah, sí?
—Vera extendió una mano y, antes de que Kael pudiera evitarlo, rozó las escamas frías y suaves de la cadera de Nerion.
El tritón soltó un suspiro sonoro, y su cuerpo reaccionó de inmediato a su tacto—.
Pues parece que tu agua también se está calentando un poco, Nerion.
Kael la agarró de la cintura y la tiró hacia atrás con una posesividad violenta, mientras Rhydian se interponía entre ella y el tritón, enseñando los colmillos.
—¡Basta!
—rugió Kael—.
No estamos aquí para tus juegos, Nerion.
Algo está corrompiendo el bosque y huyendo hacia el río.
Nerion recuperó la compostura, aunque sus ojos seguían fijos en la mano de Vera que acababa de tocarlo.
—Lo sé.
Algo antiguo ha despertado en las profundidades de la cueva del nacimiento.
El río está alterado porque el equilibrio se ha roto.
Vera, aún recuperando el aliento y con el pulso entre las piernas martilleando, miró al panel: ✧ MISIÓN ACTUALIZADA: LA CONVERGENCIA ✧ Objetivo: Investigar la cueva con los tres Alfas.
Nota: La tensión sexual acumulada afectará al rendimiento en combate.
—Genial —murmuró Vera, tratando de calmar el fuego de su propio cuerpo—.
Tres Alfas, una cueva oscura y yo con una necesidad de “desfogue” que ni un retiro espiritual podría solucionar.
Elarion, vas a terminar conmigo.
Nerion volvió a sonreír, esta vez de forma depredadora.
—No terminará contigo, Vera.
Te transformará.
Sígueme…
si osas entrar en mis dominios.
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