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Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 10

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  3. Capítulo 10 - 10 Capítulo 10 — Fuego y Piel
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10: Capítulo 10 — Fuego y Piel 10: Capítulo 10 — Fuego y Piel ​El sol de Elarion se ocultó tras las montañas, dejando paso a una penumbra azulada que enfriaba el aire, pero no la tensión entre los tres.

El río del Oeste rugía con fuerza a pocos metros, y la humedad calaba los huesos.

​—Es peligroso seguir avanzando de noche con criaturas corrompidas acechando —sentenció Kael, clavando su lanza en la tierra blanda—.

Acamparemos aquí.

​Rhydian, que no había dejado de observar a Vera con una intensidad renovada desde el “incidente” de la caída, asintió con un movimiento seco de cabeza.

—Yo me encargaré de la cena.

Mis sentidos de rastreo son más finos que los de un gato en esta zona.

​Kael gruñó, un sonido de advertencia que hizo vibrar el aire.

—Asegúrate de no alejarte demasiado, lobo.

No me gustaría tener que explicarle a tu manada por qué su Alfa terminó siendo el postre de algo más grande.

​Rhydian soltó una carcajada oscura, clavando sus ojos dorados en Vera antes de desaparecer entre la maleza.

Kael, por su parte, comenzó a preparar el fuego y a asegurar el perímetro con una eficiencia metódica.

​Vera se sentó sobre una roca plana, sintiendo el cansancio en sus piernas.

El roce de la caída anterior le escocía.

Se desató la falda de hojas y cuero, dejando que la prenda cayera para inspeccionar el daño.

Bajo la luz de las llamas que Kael acababa de encender, vio una marca violácea y un pequeño rasguño en la cara interna de su muslo, peligrosamente cerca de la zona donde su piel era más sensible.

​Kael se detuvo al verla.

Sus ojos azules se fijaron en la pierna de Vera, y el aire pareció desaparecer del claro.

​—¿Estás herida?

—Su voz sonó mucho más ronca de lo habitual.

​—Solo un roce de la caída —respondió Vera.

Decidió que era el momento perfecto para jugar un poco—.

Pero me escuece bastante.

​Lentamente, Vera subió la pierna y la apoyó sobre la roca, abriéndola ligeramente para alcanzar la marca.

Con un movimiento deliberado y sensual, empezó a pasarse los dedos por la piel suave del interior de su muslo, rozando la marca con la yema del dedo mientras soltaba un pequeño suspiro entrecortado.

Su mano subía y bajaba, desapareciendo casi por completo bajo la sombra de su propia cadera.

​Kael dejó caer la madera que sostenía.

Se acercó a ella con pasos pesados, su cola blanca latigando el suelo con una agitación que delataba que su autocontrol pendía de un hilo.

Se arrodilló entre las piernas de Vera, sus manos grandes y cálidas rodeando sus rodillas para mantenerlas abiertas.

​—Deja que yo lo haga —gruñó él.

Sus dedos, callosos pero increíblemente sensibles, sustituyeron a los de Vera.

​El contacto fue como fuego.

Kael no solo tocaba la marca; su mano se deslizaba con una lentitud tortuosa, subiendo milímetro a milímetro por la cara interna de su muslo, su pulgar trazando círculos que hacían que Vera arqueara la espalda inconscientemente.

​—Tiras de la cuerda demasiado, Vera —susurró Kael, acercando su rostro a la entrepierna de ella.

El calor de su aliento hizo que ella se estremeciera—.

¿Sabes lo que le hace el olor de tu deseo a un Alfa?

​Vera sonrió, bajando una mano para enredar sus dedos en el cabello blanco de Kael, tirando ligeramente hacia atrás para obligarlo a mirarla.

—Me gusta el riesgo, Alfa.

Además, tú mismo dijiste que tengo que acostumbrarme a las sensaciones de este mundo.

Y esto…

—rozó su cadera contra la mano de él— se siente muy real.

​Kael soltó un ronroneo que hizo vibrar los huesos de Vera.

Estaba a punto de reclamar mucho más que un rasguño cuando un crujido en el bosque anunció el regreso de Rhydian.

​Kael se separó apenas unos centímetros, pero no se levantó.

Mantuvo su mano firme sobre el muslo de Vera, marcando territorio de forma inequívoca cuando el lobo emergió de las sombras con un par de presas al hombro.

​Rhydian se detuvo en seco.

Sus ojos dorados pasaron de la mano de Kael en la pierna desnuda de Vera al rostro sonrojado de ella.

El olor en el claro había cambiado; ya no era solo humo y bosque.

Era deseo puro, denso y embriagador.

​—Vaya —dijo Rhydian, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—.

Veo que el tigre ha estado ocupado curando “heridas”.

Espero no haber llegado demasiado pronto para la siguiente lección de anatomía.

​Vera se ajustó la prenda con una parsimonia irritante, regalándole a Rhydian una mirada cargada de picardía.

—Llegas justo a tiempo, Rhydian.

Me estaba entrando hambre…

de carne.

​Rhydian dejó caer las presas y se acercó al fuego, sentándose justo frente a Vera.

El calor de la hoguera iluminaba sus tatuajes y el sudor que brillaba en su pecho tras la caza.

—Entonces vamos a comer —dijo el lobo, clavando su mirada en ella—.

Porque mañana nos espera un largo camino, y vas a necesitar todas tus fuerzas…

para lo que viene.

​✧ VÍNCULO KAEL THAROS: 85% (Nivel 2 Inminente) ✧ AFINIDAD RHYDIAN VARKOR: 25% (Estado: Celos competitivos / Deseo de reclamo) ​Aquella noche, Vera durmió en medio de los dos.

A un lado, el calor constante y protector de Kael, cuya cola nunca dejó de rodear su cintura.

Al otro, la presencia vibrante y salvaje de Rhydian, quien en un momento de la madrugada, creyéndola dormida, rozó su mano con la de ella, entrelazando sus dedos durante un segundo que pareció una eternidad.

​Vera sonrió en sueños.

Elarion no era un viernes en la oficina.

Era mucho mejor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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