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Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 13

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13: Capítulo 13 — El Sello de la Sangre y el Lobo 13: Capítulo 13 — El Sello de la Sangre y el Lobo ​La noche en Elarion era un manto espeso de sombras y sonidos eléctricos, pero para Vera, el único sonido real era el latido de su propio corazón, que retumbaba en sus oídos como un tambor de guerra.

Rhydian la había arrastrado lejos, más allá del alcance de la vista de Kael y del magnetismo frío de Nerion, hasta un rincón del bosque donde los árboles se entrelazaban como amantes antiguos.

​En cuanto se detuvieron, el aire se volvió irrespirable por la tensión.

Rhydian se giró hacia ella; sus ojos dorados no eran humanos, eran dos brasas ardiendo en la oscuridad.

​—Ya no hay más esperas, Vera —gruñó él, su voz era una vibración cavernosa que ella sintió directamente en su vientre—.

Hueles a invitación y a necesidad.

Y yo estoy a punto de perder la cabeza.

​Rhydian se lanzó sobre ella, pero no para besarla, sino para reclamarla.

Sus manos, grandes y callosas, atraparon sus muñecas y la estamparon contra el tronco rugoso de un árbol.

Vera soltó un jadeo cuando la boca del lobo se estrelló contra su cuello.

No fue suave; Rhydian mordió la piel tierna de su hombro, marcándola con sus colmillos mientras succionaba con una urgencia desesperada.

Sus manos bajaron rápidamente, arrancando los restos de la ropa de Vera hasta dejarla completamente expuesta ante él.

​Rhydian se detuvo un segundo para devorarla con la mirada.

Sus manos se cerraron sobre sus pechos con una posesividad brutal, apretando la carne firme mientras sus pulgares rozaban sus pezones con una aspereza que hacía que Vera soltara gemidos cortos y agudos.

​—Mírame —ordenó él, bajando su cabeza para capturar uno de sus pezones entre sus dientes, mordisqueándolo con una presión que caminaba sobre la fina línea entre el dolor y el placer más absoluto—.

Eres mía ahora.

El sistema lo dice, y tu cuerpo lo grita.

​Vera enredó sus dedos en el cabello rebelde de Rhydian, tirando de él para que subiera a su boca.

El beso fue un choque de lenguas salvaje, cargado del sabor metálico del deseo.

Pero Rhydian tenía sed de algo más profundo.

Se deslizó por su cuerpo, arrodillándose entre sus piernas abiertas.

​Con un movimiento fluido, Rhydian hundió su rostro entre sus muslos.

Vera echó la cabeza hacia atrás, golpeando el árbol, cuando sintió la lengua del lobo.

Era caliente, ancha y experta.

Rhydian comenzó a lamer su sexo con una devoción animal, subiendo y bajando, centrándose en su punto más sensible con una insistencia que la hizo temblar de pies a cabeza.

Usaba sus manos para abrirla más, exponiéndola por completo a su lengua y a sus mordiscos suaves en la cara interna de los muslos, lamiendo el rastro que él mismo dejaba.

​Vera sentía que sus piernas flaqueaban.

El placer era una ola que amenazaba con ahogarla.

—Rhydian…

por favor…

—suplicó ella, sintiendo que estaba a punto de estallar.

​El lobo subió, su propio cuerpo vibrando de una necesidad que rozaba la locura.

Se despojó de lo que le quedaba de ropa, revelando una anatomía masiva y palpitante que hizo que Vera tragara saliva.

Rhydian la alzó en vilo, obligándola a rodear su cintura con las piernas, y la empotró contra el árbol con un golpe seco.

​—Siente lo que me has hecho —susurró él al oído de ella antes de penetrarla de un solo empuje salvaje.

​Vera soltó un grito de puro éxtasis.

La plenitud fue total, violenta y perfecta.

El panel del sistema brilló con una intensidad cegadora frente a sus ojos, marcando el sellado del vínculo, pero ella apenas podía verlo.

Rhydian comenzó a embestirla con una cadencia animal, sin tregua, cada golpe profundo y certero, buscando el fondo de su ser.

​El lobo no dejaba de marcarla.

Mientras la poseía, mordía su cuello, sus pechos y sus hombros, dejando pequeñas marcas rojas por todo su cuerpo, reclamando cada centímetro como propio.

Vera, lejos de asustarse, respondía con la misma moneda, enterrando sus uñas en la espalda tatuada de él y devolviéndole los mordiscos en el cuello, perdiéndose en la furia compartida.

​Cuando el orgasmo los alcanzó, fue como una explosión de energía roja que sacudió el claro.

Rhydian se hundió en ella una última vez, gruñendo su nombre mientras se derramaba con una fuerza que hizo que ambos temblaran durante largos minutos.

​✧ VÍNCULO SECUNDARIO SELLADO: RHYDIAN VARKOR ✧ Habilidad obtenida: Furia Compartida (Nivel 2).

Estado: Sincronía animal completa.

​Rhydian no la soltó de inmediato.

Mantuvo sus cuerpos unidos, lamiendo con ternura el sudor de su frente y los mordiscos que él mismo le había dado, ahora convertido en un protector feroz.

​—Ahora el tigre sabrá a quién le perteneces esta noche —susurró él con una sonrisa depredadora.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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