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Elarion - Vera y el lago entre los mundos - Capítulo 3

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  3. Capítulo 3 - 3 Capítulo 3 — El territorio del tigre blanco
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3: Capítulo 3 — El territorio del tigre blanco 3: Capítulo 3 — El territorio del tigre blanco El trayecto hasta el territorio de Kael fue más largo de lo que Vera esperaba.

Caminar junto a él era una experiencia sensorial abrumadora.

No solo por su tamaño, sino por la forma en que el bosque parecía doblegarse a su paso.

Los sonidos cambiaban; las aves guardaban silencio y hasta el viento parecía apartar las ramas antes de que él avanzara.

Dominio puro.

Vera intentaba mantener la vista al frente, pero era una batalla perdida.

Sus ojos se escapaban inevitablemente hacia la espalda de Kael, viendo cómo los músculos se deslizaban bajo la piel estriada de blanco y plata.

Y luego estaba esa cola, larga y poderosa, que se movía con un ritmo hipnótico, rozando ocasionalmente los helechos del camino.

Seguía desnuda.

Bueno, técnicamente.

En un momento del camino, Kael se detuvo en seco.

Olfateó el aire con un gesto que mezclaba incomodidad y una decisión posesiva.

Sin decir palabra, se desató la banda de cuero grueso que cruzaba su pecho.

El contacto de sus manos fue firme y eléctrico al colocarle la prenda.

Kael se tomó un segundo de más para ajustar el cuero sobre los pechos de Vera, sus dedos rozando su piel con una lentitud que no parecía accidental.

—No quiero que otros te vean así —dijo, con su voz vibrando como un trueno bajo—.

Eres mía bajo mi protección.

Vera sintió un vuelco en el estómago.

—”Eres mía”…

Vaya, el tigre no pierde el tiempo con sutiles invitaciones a cenar —murmuró ella, tratando de ignorar el calor que subía por su cuello—.

Pues gracias por la capa improvisada, aunque me pregunto si lo dices por mi seguridad o por tu propia paz mental.

Los ojos azules de Kael brillaron con una posesión feroz.

—Por ambas.

No era negociable.

Kael se agachó junto a unos arbustos de fibras largas.

Con una destreza sorprendente para alguien con garras tan letales, trenzó una falda corta de hojas anchas en cuestión de minutos.

—Esto servirá —sentenció, entregándole la prenda.

Vera se la puso, notando cómo él no apartaba la mirada de sus piernas.

—¿Modista y guerrero?

Recuérdame no competir contigo en un reality de supervivencia, porque me dejas en ridículo —bromeó ella, ajustándose la falda de hojas—.

Aunque, sinceramente, viendo cómo te queda a ti ese cuero mojado, casi prefiero que te dediques al modelaje interdimensional.

Kael mostró los colmillos en una media sonrisa ronroneante.

—Sobrevivir requiere habilidades.

Y tú, Vera, pareces tener la habilidad de hablar demasiado en situaciones peligrosas.

Cuando finalmente salieron del bosque, Vera vio el poblado.

No era una aldea primitiva; era una maravilla orgánica.

Las construcciones estaban integradas en árboles gigantes, con puentes de cuerda y plataformas que parecían nacer de la misma madera.

Al entrar, el silencio fue instantáneo.

Docenas de guerreros felinos detuvieron sus actividades.

Las miradas se clavaron en Vera con una mezcla de sorpresa y hambre territorial.

Kael se pegó a su costado, su cola rodeando ligeramente la cintura de Vera en un gesto de advertencia absoluta hacia los demás.

—Quédate cerca —murmuró él, emitiendo un gruñido bajo que hizo que varios guerreros bajaran la cabeza.

Vera tragó saliva, sintiendo el magnetismo de los depredadores a su alrededor.

—Tranquilo, tigre.

No pensaba irme a hacer turismo por mi cuenta.

Este sitio no parece tener una oficina de objetos perdidos para humanas despistadas.

De repente, un rugido lejano y potente rasgó el aire.

No era un felino.

Era algo más salvaje, más rudo.

Kael se tensó, sus orejas se erizaron y su cola latigó el aire con fuerza.

—Lobos —dijo, y su voz ya no era cálida, sino puro acero.

Vera vio cómo las sombras se movían entre los árboles.

Otro rugido respondió, mucho más cerca.

Los guerreros del clan del tigre tomaron sus armas.

Kael se colocó frente a ella, sus músculos hinchándose bajo la piel.

—Quédate detrás de mí.

Ahora.

Vera, a pesar del miedo, sintió una descarga de adrenalina.

—¿Siempre eres tan dominante o es solo en la primera cita?

—soltó, apretando los puños.

Kael se giró apenas, sus ojos azules brillando con un fuego letal.

—No has visto nada aún, Vera.

Entonces, los lobos irrumpieron.

Eran bestias de pelaje gris y ojos dorados que se movían con una velocidad imposible.

Kael saltó hacia ellos como una tormenta blanca, sus garras cortando el aire.

Vera retrocedió, pero el panel de luz apareció de nuevo, brillando con una intensidad cegadora: ✧ EVENTO: COMBATE CERCANO ✧  Opción: Activar Vínculo Primario con Kael Tharos.

(Nota: El vínculo compartirá energía y aumentará la sincronía física).

¿Aceptar?

SÍ / NO Vera sintió un tirón en el pecho, una conexión invisible que la arrastraba hacia el tigre blanco que luchaba ferozmente a unos metros.

Sin saber por qué, supo que su destino estaba ligado a ese rugido.

—Siempre me meto en problemas…

así que, ¿por qué no?

—murmuró, y presionó mentalmente el SÍ.

Una onda de luz dorada estalló desde su pecho, conectándose con la espalda de Kael.

El tigre rugió con una potencia que hizo vibrar el suelo, sus ojos azules volviéndose blancos por un instante.

Justo en ese momento, un lobo enorme atravesó la defensa y saltó directo hacia la garganta de Vera.

—¡Vera!

—gruñó Kael, girándose con una velocidad que desafiaba la física.

Ella no cerró los ojos.

Por primera vez, sintió que el miedo se transformaba en algo más.

Algo que quemaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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