Elisse y los diez años que estremecieron al mundo - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 CAPITULO 10 NIÑA AMADA MÍA
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20: CAPITULO 10: NIÑA AMADA MÍA 20: CAPITULO 10: NIÑA AMADA MÍA 03/octubre/1992 El día del atentado.
La puerta se abrió con delicadeza.
Andrea salió hacia su escuela.
—¡Muchas gracias por el regalo, ma’ prometo llegar antes de las 10!—Respondió a su madre, quien estaba en la cocina.
El sol era hermoso ese día, la brisa movía su cabello.
Caminaba por la ladera con su uniforme de preparatoria: un abrigo y falda verde, camisa blanca.
Su amiga se acercó a ella, tomándola del brazo —¡Andrea!
¡amiguis!
—Hola, Carmilla —respondió Andrea.
—Oye, te tengo unas noticias que te van a sorprender.
¿Adivina qué?
—Le susurró—Pues resulta que Patissón empezó a salir con esa pretenciosa de Magda.
Un escalofrío recorrió la espalda de Andrea al escuchar eso.
Patissón era su pequeño amor platónico toda la secundaria, cuando se enteró que iban a ser compañeros nuevamente en la preparatoria, imaginó que por fin podrían salir… todo desde aquel día, cuando él la defendió de unos bravucones que intentaron quitarle su comida, había intentado confesársele.
—¡Ay!
Andrea, te dije que él no sentía nada por ti, más que una amistad —Carmilla intentó abrazarla pero Andrea se separó, corrió hacia la escuela dejándola atrás.
—¡Andrea!
¡Espera!
¡Ey, espera!
—gritó Carmilla.
Pero Andrea ya se había perdido entre la multitud, sumida en sus penas.
En la escuela, Andrea miraba, en el asiento de enfrente, a Patissón platicando con la insoportable de Magda, una chica muy linda, popular, todos querían salir con ella.
Era un tormento horrible tener que lidiar con esta escena todo el día, todos los días a partir de hoy.
La tarde al fin había caído, la clase por fin había finalizado.
Horrible, todos sus compañeros acomodaban sus cosas.
Carmilla, que se sentaba a su lado, no dejó de mirarla.
Le dijo ello para evitar que se llevara una sorpresa al llegar a la escuela y se mentalizara, pero sabía que Andrea era una chica muy dócil, frágil y tímida.
Fueron las últimas en salir.
—Andrea, no me hablaste en todo el día —dijo en la salida de la escuela.
—No-no me sentía bien —respondió.
—No es la primera vez que lo ves con una novia, ¿por qué te sientes mal?
—E-es que —dijo mientras sacaba de su mochila dos boletos —Te-tenia planeado invitarlo a la función de circo que llegó esta semana a la ciudad.
Carmilla se los arrebató de golpe con los ojos como platos —¡Wow!
¿De dónde sacaste esto?
Son muy difíciles de conseguir…y caros —comenzó a inspeccionarlos para ver si eran legítimos.
—¡Ey!
Dámelos —Andrea intentó arrebatárselos, forcejeando con Carmilla, pero al ser más bajita, su amiga solo necesitó su mano para contenerla.
—No te los voy a quitar, relájate —Dijo pero una mordida en la mano le respondió —¡Auch!
—gritó, cayendo.
Andrea se los arrebató y giró sobre si misma e hizo una pequeña mueca —A papá se los regalaron unos de sus clientes cuando los rescató en un juicio.
Carmilla se sentó en el piso sobándose la mordida —Sabes que aún puedes invitarlo, ¿no?
Incluso como amigos de años que llevan —se sacudió la mano, sí le había dolido.
Al escuchar esto, el sudor invadió a Andrea —Es-es que —Su rostro comenzó a ponerse rojo del miedo.
—¡No se diga más!
—Carmilla la tomó del brazo y salió corriendo hacia afuera para ir a buscarlo.
Afuera, estaba Patissón platicando con unos amigos.
—¡Patissón!
—gritó Carmilla.
—¡Andrea quiere decirte algo!
—¿Ah?
—respondió —Claro.
Despidió a sus amigos y caminó hacia ella.
Andrea quería que se la tragara la tierra.
—Andrea, por fin me quieres hablar, pensé que estabas enojada conmigo.
Je je—le despeinó el pelo, pero su conversación acabó cuando Patissón miróen las manos congeladas de Andrea los boletos.
—¡¿No me lo creo!
¡¿Es enserio?!
—Los tomó de golpe —¡Waaa!
No me lo puedo creer, estos boletos son difíciles de conseguir, ¿dónde los has encontrado?
—Son, pa-para —Andrea tenía la cara muy roja, lo volteó a ver —Que-quería —intentó decir, pero fue interrumpida.
—Patissón, ¿Qué pasa?
—Apareció Magda.
—Mira, mira, son boletos para la función del circo Bunny Boom —respondió emocionado.
—¡Kya!
—gritó su amada tomándolos —¿Son reales?
Incluso para los de nuestra escuela privada esto se ha vuelto imposible de pagar… ¿De dónde los sacaste, amor?
Carmilla hizo una mueca dándole un codazo a Andrea.
—Si–si son reales.
Andrea veía a los dos muy felices y emocionados.
¿Cómo se le había ocurrido intentar preguntarle a un hombre con novia que saliera con ella?
—Que–quería vendértelos —dijo al fin.
—¡¿En serio?!
—Patissón se emocionó con una sonrisa cálida.
—S-sí —se cubrió sobre sí misma —Era para celebrar tu relación con Magda, y la lleves a un lugar hermoso.
—Andrea, eres un ángel —Patissón sacó su billetera sacando unos cuantos billetes.
—Chin’, no tengo mucho —respondió, pero antes de darse cuenta, la mano de Andrea había alcanzado la suya y arrebatado los billetes —¡Con eso basta, luego me das el resto!
—Andrea salió corriendo.
Carmilla miró a Patissón indignada, negando con la cabeza.
Andrea se escondió en una esquina, su corazón palpitaba a más no poder —No me creo, no me creo que… ¿Cómo?
—Ni siquiera decía algo, balbuceaba.
Cuando por fin su amiga la alcanzó, le jaló la oreja —¡¿Cómo se te ocurre darle los boletos a ese energúmeno?!
—hizo una mueca triste —Pudiste mejor llevarme a mí… sniff sniff.
Andrea comenzó a sobar su orejita —Perdón, no lo pensé… eran muy caros… si mis papás se enteran.
—Tienes que ir por ellos.
—Ya no puedo, se los di.
—Déjame hablar por ti.
—¿Me veré muy mala?
—Andrea, fueron regalos de tus padres —la recriminó dándole un pequeño golpe en la cabeza.
—¡Basta de eso!
¡Además, debes llevarme a mí!
Jum.
Cuando salieron del callejón, ya no vieron a la pareja.
—Ey, ey ¿dónde están?
—Andrea miró para todos lados.
—Agh… lo más seguro es que ya se fueron a la función —Carmilla comenzó a soplarse con la camisa por el calor de la tarde, producto de la fuerte sequía que comenzaba azotar al mundo.
—Rápido, ven, antes de que lleguen —tomó a Andrea del brazo para correr a Bunny Boom.
Corrían por las calles, no les quedó de otra que caminar.
No tenían vehículo y los autobuses últimamente salían menos, por los recortes, y taxis, bueno, escasos por la crisis de la gasolina.
Llegaron.
Ya comenzaba a ponerse el sol, miraron Bunny boom —Wow, Qué lindo es —dijo Andrea, pero hubo algo raro.
Comenzó a sentir que estaba sudando frío como si tuviera fiebre.
—¡Oh, no!… creó que llegamos tarde —Carmilla dejó caer sus brazos.
—Demonios.
Andrea se puso triste, realmente había metido la pata y ahora había perdido un regalo de sus padres —¿Ahora qué les voy a decir?
—se agachó abrazando sus rodillas.
¡PUM!
Una explosión fuerte se escuchó en el interior del circo, haciendo saltar a Andrea hacia Carmilla, abrazándola.
—¿Qué fue eso?
—preguntó Carmilla correspondiendo el abrazo.
De repente vieron a Charlie salir corriendo solo con su bra y el rostro aterrado.
—¡Kya!
¡Esta desnuda!
—gritaron al unísono.
—¡Corran!
—les gritó ella.
¡PUM!
Pese a que las dos estaban del otro lado de la banqueta, la fuerza de la explosión de la camioneta de los guardaespaldas fue suficiente para que ambas fueran empujadas.
PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII Escuchaba Andrea mirando para todos lados intentando saber qué sucedió, «Hija miá, llegaste tarde».
Miró para todos lados, observó una limusina volteada en medio de la calle, o bueno, los restos de una, junto con varias luces de policía que a lo lejos se acercaban, ¿Cuánto tiempo había pasado?
DREA.
Volteó a ver hacia el circo y ya estaba incendiándose la carpa.
«Ya se fueron de ahí».
TENEMOS… AQUÍ.
Miró hacia Carmilla, que estaba intentando hacer que reaccionara.
RECCINA.
Unos golpes en su rostro la empezaron a traer en sí.
¡ANDREA REACCIONA, TENEMOS QUE SALIR DE AQUÍ!
—S–sí —respondió al fin.
Su amiga le extendió la mano levantándola, pero casi en un instante, varios tiros a lo lejos las hicieron agacharse nuevamente.
—¡¿Qué está pasando aquí?!
—gritó Carmilla sollozando —¡Rápido!
Vamos tras los autos.
Las dos jóvenes se cubrieron.
Andrea se asomó un poco y miró a la gente corriendo, pero su sorpresa fue peor al ver cómo los policías y otros tiradores arremetieron contra la gente que salía del circo, disparando.
—Car..
Carmilla —dijo asustada por completo, moviéndole el hombro.
—¿Qué?
¿Qué pasa?
—se asomó viendo la escena.
—¡¿Pero por qué están disparando a la gente?!
—gritó Carmilla aterrada.
No había tiempo, tomó el brazo de Andrea y la sacó de allí, pero fueron interrumpidas por una luz que iluminó la noche, lo que las hizo detener.
De una calle, una enorme bola de fuego se alzó como de unos 30 metros.
—¡Por aquí!
—Carmilla la llevóa un callejón.
—¡Tengo miedo!
—Andrea se cubrió en el pecho de su amiga.
—Tranquila, todo va a estar bien —Carmilla buscaba un escondite siquiera —Ven rápido, por aquí —Se la llevó por otro callejón para salir.
Al salir del otro lado, un pequeño grupo de personas, por lo menos 35, corrían Andrea miró, era gente con ropa de circo, mujeres con abrigos, pobretones con ropa desgastada que estuvieron en el lugar equivocado a la hora equivocada.
—¡Vamos Andrea, no te detengas!
—le gritó Carmilla pero las dos vieron como una persona a 5 metros de ella cayó derribada por un tiro.
—¡Cúbranse rápido!
—escucharon al fondo una voz femenina y vieron como todas las personas obedecieron.
Las dos se volvieron a agachar esta vez detrás de un auto, mientras escuchaban tiros compartidos.
—Sniff sniff —Andrea lloraba del miedo.
De repente, un policía apareció frente a ellas.
El llanto de Andrea era superfuerte, al ver que el tipo les apuntó, cosa que le contagió a su amiga.
—¡Por favor, no nos mates!
—lloró Carmilla levantando el brazo para cubrir a ambas, pero de repente un tackleo evitó que disparara.
El policía cayó frente a ellas con Miranda encima, de su brazo salía sangre, tenía una gran cicatriz y al parecer un fuerte golpe en la cabeza.
Estaba algo aturdida, solo tenía la blusa.
Sin mediar palabra, puso la pistola justo en la nariz del hombre y abrió fuego.
¡PUM!
Los sesos del tipo salieron en una línea entera en el asfalto.
—¡Agáchense!
—gritó alzando el arma nuevamente, disparando contra otro policía que se acercaba.
—¡Vayámonos de aquí!
¡Caminen por delante, yo las cubro!
Miranda estaba salvando a las personas.
Las dos chicas obedecieron.
Ya un buen grupo de personas la habían rebasado, así que Miranda alzó el arma y creó una bola de fuego, lo más grande que pudo, lanzándola hacia los policías.
Esta vez de unos 40 metros al no entender aún cómo funcionaba su habilidad.
La luz fue tan grande que hizo voltear al pequeño grupo sorprendido.
No podían creer lo que veían.
Miranda corrió hacia ellos después, jadeante y tambaleándose —Esto los detendrá por un momento, necesitamos un lugar seguro donde refugiarnos y no nos encuentren.
—Iba a desfallecer, pero Yolanda y Tobías la atraparon.
—Tranquila, Meredi —Yolanda le hizo señas a Tobías para que la cargase.
—Te-tengo un lugar —respondió rápido Andrea.
Un grupo grande de personas estaba reunida en la biblioteca donde Andrea trabajaba.
Algunos asustados, otros queriendo regresar a sus casas.
Los ruidos de las patrullas y las ambulancias sonaban por todos lados.
Miranda vigilaba la puerta, preparada para lo peor en cualquier momento, pero ya estaba muy agotada y herida.
El mareo por perder sangre le estaba afectando.
Pestañeaba y se tambaleaba.
—Deberías sentarte —dijo una madre.
—No se preocupen por mí, je —respondió Miranda jadeando y apretando la mano al picaporte para no caerse.
—Tenemos que volver a casa —Respondió un hombre.
—No es seguro por ahora, sé por experiencia que ir a sus casas es peligroso —Miri entrecerró los ojos.
Se puso contra la pared, arrastrándose agotada.
—Mi mamá estará preocupada —dijo Andrea.
—Saldrá a buscarme.
—Podrías llamar al teléfono de su casa, Andrea —sugirió Carmilla.
—Es peligroso decirle dónde está y porqué no ha llegado, pueden estar escuchando las llamadas —agregóYolanda viendo cómo Miri, ya muy cansada, se recostaba en el piso.
—Puedo decirle que te quedaste conmigo cuando pasó todo y mi mamá no te dejó salir —agregó Carmilla.
Un hombre se acercó a Miranda para revisarla —Esta chica está muy pálida —Dijo haciendo señas a Tobías para que la cargase y la llevara lejos de la puerta a uno de los pasillos de la biblioteca.
Andrea corrió al teléfono para marcarle a su madre.
RING RING.
Sonó el teléfono, su madre corrió rápido a revisarlo —¿Bueno?
— preguntó con muchísimo miedo.
—¿Madrecita?
Sniff sniff.
—¡Sí!
Andrea, soy yo, ¿dónde estás?
—Estoy con Carmilla en su casa, no podemos salir, por lo que… —¡Quédate allí!
Voy por ti ahora mismo —gritó su madre.
—¡No!
No, señora.
Es muy peligroso salir —Carmilla rápido le arrebató el teléfono a Andrea.
—Por favor, no haga una imprudencia.
Ella pasó el rato platicando.
Contándole una mentira piadosa —Y por eso no pudimos ir al circo, pero mi madre ya me contó qué pasó allí, y por eso no podemos salir.
Andrea estará bien, no se preocupe, saldrá mañana, se lo prometo.
La noche se adentraba más, y varias personas conversaron con sus familias, los que podían, mintiendo.
Varios se acomodaron donde podían.
Otros aterrados hacían guardias escuchando arrestos y gente gritando fuera.
Yolanda y Tobías estaban al lado de Miranda, revisando si aún respiraba cada cierto rato.
—Por suerte no es tan grave —dijo —Necesitarásir al médico mañana.
—No… —jadeo— …puedo ir al medico —respondió cansada.
—Necesitas que te revisen, o te puede pasar algo peor —aseveró un hombre frente a ellos.
—Ya veré que hago —Miri luchaba por no dormirse, por el miedo de no despertar, pero solo pudo responder con una sonrisa, empezando a quedarse dormida… Observó a todos y de repente se durmió.
—Se quedó dormida —dijo el hombre —Pero está muy mal.
El grupo se amotinó alrededor de ella, observándola.
—¿Vieron lo que hizo allí atrás?
—dijo una mujer con el abrigo de panda —Lanzó fuego de esa cosa que tiene al lado —Señaló el arma y un tipo rápido la tomó.
—Es un artilugio interesante, se ve como un arma normal.
—Oiga, baje esa cosa antes de que pueda herir a alguien —susurró un hombre al fondo.
El tipo abrió el arma para revisarla, y la sorpresa de verla vacía lo sacudió —Pero si esto ni balas tiene.
—¿En serio?
—respondió uno acercándose —A ver, trae acá.
Comenzó a desarmarla pieza por pieza —Pero ¿qué me estás contando?
—Se dijo para sí mismo sorprendido —Esto es un arma como cualquier otra.
Todos voltearon a ver a Miranda.
De repente, la luz de los vehículos de la policía los hizo agacharse —Mierda —susurró un señor viejo alopécico.
—Deje eso en su lugar —susurró Carmilla —¿Sera una clase de superhéroe, Mami?
—dijo un niño con el pelo un poco quemado.
—No lo sé mi amor —respondió su madre.
—Sea como sea, esta chica nos ha salvado a todos, no deberíamos preguntarnos qué es, sino darle las gracias.
Habría que buscar a su familia para avisarle que esta bien.
—Ella no es de la ciudad —respondió Yolanda, curando las quemaduras de Tobías.
—Primero deberíamos intentar que se cure —La madre acarició el pelo de su hijo.
—Ella provocó la explosión con esa arma en el circo —Interrumpió un hombre al fondo —Todos lo vimos.
—Yo no lo creo —respondió Yolanda —Los policías estaban matando sin discriminación, y ella nos ha salvado.
Lanzó una bola de fuego, pero vieron cómo veía a esa chica del palco… —Se empezó a limpiar el hollín de la cara.
—Entonces, ¿quién fue y que haremos?
—dijo Carmilla.
—Si fueron los policías los que dispararon y la llevamos a un hospital, la estaríamos entregando —Respondió el hombre que desarmóla pistola —Conozco un doctor, puedo pedirle que la vea mañana —volvió a armarla—Es lo poco que puedo hacer en agradecimiento.
—¿Se puede quedar aquí?
—dijo Andrea.
Todos la voltearon a ver.
—¿ Y dónde se va a quedar?
Respondió el desarmador.
—Ha-hay un ático allí arriba.
P-puedo meterla ahí —Se ocultó sobre sus manos.
—Si, está bien, mañana le pediré a mi amigo que venga a checarla, si es seguro.
Hay que subirla rápido, entonces —finalizaron.
La mañana siguiente, un doctor la revisaba —Pobre chica, sufriste mucho… pero por una razón sigues viva, aunque tus heridas son mortales.
—¿Se-se recuperará, doctor?
—preguntó Andrea.
—Si, pero perdió mucha sangre, podría conseguir un poco… pero saldrá caro y será muy difícil pasarla, lo que hará un costo extra.
—¿Cuánto saldrá, doctor?
—jadeóMiranda, entre una risa sudando.
—Unos, ummm 30k pesos, mi contacto solo me pagó por los insumos básicos.
Por lo que veo, recuperará la sangre, pero no sé cuanto tarde, sí quieren que se pare rápido, tendrán que sí o sí hacer la transfusión —tomó sus cosas —En fin, tengo que irme.
Adiós.
Aquí está mi número —Finalizó.
—Yo también me tengo que ir —añadió Carmilla.
—Tengan cuidado, no levanten mucho la atención, la situación allí afuera está muy muy caliente.
¡Ah!
Sí, tengan —El doctor sacó dos bolsas de mandado —Es un poco de agua y comida.
Mi amigo me pidió que les entregara para la muchacha, son para una semana.
Andrea miró a Miranda, con el suero inyectado, y luego volteó a verlo —Muchas gracias doctor —hizo una reverencia.
—¿Tienes que ir a ver a tu familia verdad?
—musitó Miranda.
—Sí ¿Te-te puedo dejar sola?
—No te preocupes, estaré bien.
—Regresaré más tarde —Andrea se agachó y tomó su mano —Gracias, por-por salvarnos… —Le regaló una sonrisa tímida.
—Y tú—Miri exhaló—Gracias por tenerme aquí, no necesitas pagar lo de la transfusión, me pararé mañana e intentaré irme.
—N-no, nos salvaste la vida, con eso que hiciste.
—Por favor, no le digas a nadie sobre eso.
—Lo prometo —alzó los hombros nerviosa —Tengo que irme, te-te cocinaré un poco de esta comida y la traeré al rato.
—Muchas gracias, muero de hambre.
—Miri apretó su mano —Ey, una cosa… ten cuidado con la policía… Andrea se paró y marchó —Si-si escuchas que se abre la puerta y no soy yo, debe ser mi jefa.
Ocúltate de ella, porque sino me correría por meterte aquí.
Miranda, con el poco esfuerzo que tenía, hizo un gesto poniendo candado a su boca y lanzando la llave imaginaria a la nada.
—Tu secreto está guardado conmigo, je.
Andrea volvió a poner el cerrojo en la puerta de la biblioteca.
Al salir, caminó por las calles pensando lo que pasó, tenía miedo de lo que veía.
Miró a varios policías junto con militares platicando con sus armas sobre sus hombros.
Rápidamente se apartó queriendo correr, pero quería disimular, así que fue por un parque apresurando el paso.
Comenzó a pensar sobre lo que vio: esa chica, haciendo una bola de fuego enorme.
¿Cómo eso era posible?
—¡Kya!
—Tropezó con unos muebles de sala, esparciendo otros utensilios y demás cosas.
—P-perdón —dijo rápidamente.
Allí había una mujer con varios niños en la calle, que habían caído con los muebles.
Rápido se levantó para ayudarles a acomodarlos y recogerlos, disculpándose a más no poder.
Al hacerlo, ella notó que enfrente había un edificio departamental.
Los policías estaban desalojando a varias personas.
Tragó saliva y volteó a ver a la señora, quien bajó la mirada de la vergüenza, ocultándose entre sus cosas.
—Eh, eh, lo lamento —llevó su mano rápido a las bolsas —Te-tenga, no es mucho —agregó, entregándole todo su dinero, el de Patissón y un poco de la comida de Miranda, no era suficiente, pero… era lo que tenía, ¿qué mas podía hacer una niña de preparatoria?Se despidió y dio la vuelta sobre sí misma, pero un golpe al suelo y llanto la hicieron volver la mirada.
La mujer estaba abrazando a sus hijos, lamentándose de ser echada.
Andrea se llenó de lástima, las lágrimas salieron de su rostro y miró al cielo mientras se mordía los labios.
Comenzó a caminar limpiándose las lágrimas.
Al fin había llegado a la casa, exhausta.
—¡Ma’, llegué!
Su madre salió corriendo, abrazándola junto con su padre.
—¡Mi niña!
¿Estás bien?
—la apretaron.
—¡Ma’!
Pa’, me asfixian —Andrea les dio palmaditas en su mano intentando zafarse.
—S-sí, solo nos dijo la madre de Carmilla que no podríamos salir, perdonen por preocuparlos.
—Lo bueno es que ya estás en casa con tu familia —Respondió su padre sonriendo.
—Tengo que bañarme para irme a la escuela.
—Hija, hoy no hay clases —respondió su madre.
—¿Qué?
—Andrea ladeó la cabeza.
—Hija, arrestaron al presidente municipal —respondió el padre —No sabemos qué va a pasar estos días.
Por el momento, los militares están al frente de la ciudad.
Andrea tenía los ojos como platos.
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