Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Elisse y los diez años que estremecieron al mundo - Capítulo 22

  1. Inicio
  2. Elisse y los diez años que estremecieron al mundo
  3. Capítulo 22 - Capítulo 22: 11: LAS BUENAS INTENCIONES NO BASTAN
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 22: 11: LAS BUENAS INTENCIONES NO BASTAN

06/octubre/1992

Habían pasado 2 días enteros desde que pasó todo. Un toque de queda se impuso al siguiente día de la tragedia, Andrea pasó todo el sábado y domingo sin poder salir y ningún establecimiento tuvo permitido abrir.

En todos esos 2 días Nueva Rosita estuvo detenida, solo se podía leer y escuchar la televisión nacional con los mensajes del presidente de la república, Motari.

Después de los 2 días, Andrea estaba desesperada por ir a ver a Miranda para ver si estaba bien después de escuchar el discurso del presidente, pero tenía que pasar desapercibida, sabía que no tenía comida ni agua, aunque por suerte sí un baño en la biblioteca. Antes de entrar a la escuela, fue a preguntarle a algunas personas si podían ayudarle con el dinero para la transfusión, pero al encontrar rechazo, no le quedó de otra que irse a estudiar.

Un sonido de acomodo de libros en la biblioteca, mientras Andrea iba a la escuela, su jefa solía trabajar por las mañanas en el sitio.

No había mucho qué hacer. Últimamente, casi nadie lee.

Muy curiosa, Miranda, quien extrañamente no parecía hambrienta ni sediente, puso su oído sobre el piso del ático, así escuchándola moverse. Pensó si sería buena idea jugarle alguna broma, pero tenía que soportar su impulsividad.

Andrea acomodaba sus cosas en el pupitre. De repente, Patissón entró, completamente serio.

Andrea al verlo sonrió para saludarlo, pero este la despreció con una mueca.

Cierto, ella le había dado los boletos… Andrea le dio los boletos a Patissón, lo había olvidado por completo.

—Gracias por el regalo —le dijo.

—Y-yo no ne-necesito… —Intentó responderle, pero la mirada furiosa de Patissón le detenía.

—Sí, siempre has sido una niña berrinchuda que tartamudea, ¡¿puedes un día hablar bien?! ¡Estúpida! —sacó su dinero— ¡Aquí tienes lo que te debo! —le aventó en la cara los billetes.

Carmilla y varios se pararon de golpe para defender a Andrea ante tal salvaje.

—¿¡Qué demonios te pasa!? —Carmilla lo cacheteó tan fuerte que sonó en el pasillo.

—¡Cálmate, hermano! —gritó un chico golpeándole con el hombro, echándolo para atrás. De repente, todo el salón estaba sobre él.

—Tsk, como sea —Patissón se fue a sentar.

Comenzaron a murmurar entre ellos.

—No te preocupes Andrea, nos las va a pagar a la salida.

Justo en eso, la maestra entró al salón —Todos, por favor reúnanse —dijo mientras acomodaba sus cosas en el pupitre. —Escuchen, niños, hoy la escuela está de luto —Suspiró—. Lamentablemente el día de la tragedia en Bunny Boom, una de sus compañeras perdió la vida en el incendio. Vamos a ponernos de pie y guardar un minuto de silencio por Magda.

Andrea se quedó petrificada al escucharlo y unas lágrimas salieron de su rostro al ver lo que provocó. Todos voltearon a ver a Patissón, que solo se cubrió sobre sus brazos en el pupitre, intentando que no lo vieran llorar. Lo rodearon para presentarle sus honores.

—Lo lamento, hermano. Yo… yo no sabía —dijo uno de los chicos que quería golpearlo.

Andrea dirigió su mirada a Carmilla, quien estaba apoyada en el pupitre con la mano recargando su cabeza, masajeando su sien de la frustración.

La hora del almuerzo había comenzado, todos miraban a Andrea con desprecio. El rumor ya había corrido: “Andrea le dio los boletos a Patissón y a su novia para que ella muriera, así apartarla del camino y quedarse con él”.

Uno de los tipos que la defendió se acercó a ella mientras hablaba con Carmilla y de la nada, golpeó su charola de un manotazo al suelo —¡Ups! —rio. —Mala mía, asesina.

Todos comenzaron a reírse de ella al verla levantar su comida llena de tierra —Sniff sniff —sollozó la pobre, corriendo del lugar con lo poco que pudo rescatar.

Toda la clase fue un tormento de miradas y susurros con palabras denigrantes, pero por fin había llegado a su casa para desahogarse.

—Sniff sniff —Sollozaba—. Y-y entonces tiraron mi comida.

—Ay mi cielito —Respondió la señora Ortiz abrazándola—. Mañana iremos a hablar con la directora sobre esto.

Andrea tenía buena comunicación con sus padres, pero ella sabía en el lío en el que estaba metida. Si iban a hablar con la directora, se enterarían de lo que pasó y los rumores. Era mejor que lo supieran de ella antes.

—Perdóname pa’, le terminé regalando los boletos a ese chico y por mi culpa Magda murió —sollozaba frotando sus ojitos.

Sus padres, al escuchar, se miraron entre sí. Era muy serio, pero además… no cuadraba con lo que les dijo aquella noche.

—Andrea, ¿no fuiste a la casa de Carmilla? ¿Dónde estabas? —el señor Ortiz preguntó frotando su pelo.

Andrea le dirigió la vista, con cara de gatito —Tienen que verlo por ustedes mismos —finalizó.

Miranda estaba rascándose la gaza donde tenía la costura de la bala, le picaba mucho, cuando de repente escuchó el sonido de la puerta abrirse y varias voces —¡Oh! Visitas —Corrió para escuchar el chisme.

Puso su oreja sobre el piso intentando descifrar qué decían, logró reconocer la voz de Andrea, lo que le sacó una sonrisa, pero otras la acompañaban… y se acercaban.

—Es aquí —escuchó a Andrea decir justo abajo. Eso la asustó, y le hizo pensar que la había delatado. Se fue a esconder detrás de unas cajas tirando de su suero. —¡No, no, ya me delató, no puede ser! —tomó su arma y se preparó para lo peor.

La puerta del ático se abrió y Miranda apuntó desde la oscuridad,

—¿Hola? Por favor, no te asustes, somos los padres de Andrea —El primero en mirar allí fue el padre, quien revisaba bien cada zona. —¿Hola? —Terminó de entrar y le siguió su madre, luego Andrea.

La habitación estaba algo oscura.

—¿Hola? ¿Miranda? —preguntó la señora Ortiz. —Andrea nos ha contado todo, puedes salir —Tomó sus manos contra su pecho y sonrió —Pequeña heroína.

Miranda asomó la cara de entre las cajas y salió, un mechón del pelo le cubría la cara y se notaba su desconfianza, como un animalito asustado.

—Han sido 3 días muy agitados, ¿no? Debes estar muriendo de hambre —El señor Ortíz mostró unos panes recién horneados que compró con lo poco que le quedaba.

—Pobrecita, está toda herida —La mujer caminó hacia ella y le tomó del brazo, recostándola con delicadeza —No te muevas mucho, por favor, vuelve a tu cama.

—Pe-perdona que les haya dicho —Andrea jugaba ansiosa con su coleta—, pero se iban a enterar de todas formas, prometieron no decirle nada a nadie.

—Mira —su madre alzó una bolsa con ropa—. Te he traído algo de ropa que me sobra, aunque… viendo tu cuerpo, no sé si te quede… —La mujer igual le acercó las prendas a Miri.

Miranda hace mucho no sentía un trato tan humano, solo se sonrojó.

—¿Cuánto tiempo vas a estar en cama, jovencita? Para poder traerte más cosas —Su padre alzó una caja de huevo san Juanito con insumos.

—Unos… unos meses o semanas, creo —Miranda agachó la mirada.

—Entonces tendremos que venir a cuidarte —La señora le acomodaba el pelo—. Ya está bien, hermosa, no nos temas.

Miri, quien jamás había sentido el afecto materno, al sentir una mano tan cálida sobre sí, cerró los ojos —¿Por qué me ayudan? —preguntó guardando sus manos en su vientre, mirando al suelo.

—Salvaste a nuestra niña —dijo la madre.

—Además —continuó su esposo—, eres una muchachita que necesita ayuda. Ningún niño debe estar sin protección y tú hiciste algo muy heroico ese día.

Una leve sonrisa de compasión salió de Miranda al ver unas personas tan cálidas ayudarle. Estos meses solo había tenido el apoyo de Thiago y nadie más, y él no era precisamente paternal.

—Gracias —Fue lo único que pudo decir.

07/octubre/1992

En la escuela, al día siguiente, su padre fue a la directoria de la escuela para resolver el problema de su hija.

—¡Por favor, directora, tiene que resolver este asunto con mi hija, no puede permitir este nivel de acoso a Andrea!

—Le prometo que vigilaremos más a sus compañeros —respondió la mujer.

—Muchas gracias —Le dio un apretón de manos y se despidió de ella.

Padre e hija salieron de la oficina. Él la tomó de los hombros y la acompañó hasta la salida. Lo cual no pasó desapercibido por sus compañeros y compañeras que la veían a lo lejos.

Ya en la salida le pasó su comida. —Cuídate Andrea, vendré por ti a la hora de salida. Ahora debo irme o llegaré tarde al despacho —Comenzó a marcharse, no sin antes darle un fuerte abrazo —Te quiero mucho, hija. Quédate cerca de tus profesores.

—Yo también te quiero a ti, pa’… lo haré —murmuró Andrea.

Exhaló un poco aliviada mientras lo veía irse, tomó su libreta y se fue a clases.

En la biblioteca, la señora Ortiz había cambiado las gazas, puesto un nuevo suero y traído algo de comida a Miranda, ayudándole a comer, que, aunque podía hacerlo, se dejó consentir. —Es sorprendente… eso que haces con tu arma —dijo mientras le terminaba de acomodar la herida y acomodándose al lado de la cama —¿No te has preguntado por qué?

—Todo sucedió el día en que… —Miranda la miró y le dio miedo confesar lo que hizo —Sucedió el día en que huí de casa, vi una luna, era… Cómo decirlo —Se sentó— verde. De repente, sentí cómo me uní a ella.

La Sra. Ortiz tomó el arma —Parece un amuleto santificado —Entonces, la mujer la aventó al suelo. Cayó y dio un golpe de plap.

—¿Sentiste eso? —preguntó curiosa.

—Ummm, nop —negó Miri con la cabeza.

—Entonces… ¿Cómo fue que sentiste que te uniste a ella?

Era verdad, desde ese día no había sentido otra vez esa unión con el arma… Bueno no, solo una vez más, aquel día que vio a Elisse y vio esa mano de porcelana.

Miranda se le quedó viendo al arma varios segundos, su mirada era fija, como la de un depredador a su presa.

Aunque podía llamarla, aún la veía como un objeto, pero jamás se le ocurrió verla como una extensión de sí misma… En eso, el arma no solo se movió un poco, lo cual asustó a la señora, apartándose de la cama y poniéndose a un lado. Sino que Miranda podía sentir, como si su sangre misma igual recorriera el arma, no podía ver venas, pero podía escuchar el eco del aire en el cañón, el resorte del seguro apretado. Volvió a extender su mano para llamarla. Esta lo hizo.

¡TUM! ¡TUM!

Escuchó el latido de su cuerpo; su sangre, ahora por el arma; en donde el arma estaba raspada, podía sentir que por allí escaparía su sangre… y no solo eso, le dolían, le dolían esas fisuras. —Wow —dijo para sí misma—, nunca se me había ocurrido que fuera una parte más de mí, ahora puedo sentir todo de ella —Giró el arma para verla por todos los ángulos.

—Entonces, ¿una luna verde? —La señora Ortíz volvió a la cama acomodando su falda para que no se le levantase.

—Si, una luna verde. Je, raro, ¿no?

—Casi no he escuchado sobre una luna verde —Se quedó pensando un largo rato— Ummm. Creo que lo único que se me vendría a la mente son las historias de Jalaluddin Rumi, sus poemas sufís y la relación con el profeta Mahoma y Allah… Espérame aquí. —La señora Ortiz se levantó para ir por un libro abajo. —Creo que una vez vi un libro por ahí sobre él.

Miranda se acomodaba en la cama esperándola, un poco rara de verla irse así. Parecía más interesada que ella misma por sus dones.

—¡Sí! Aquí está; más o menos es lo que encuentro, pero no hay más. —Regresó con un libro: “THE ESSENTIAL RUMI” —Son poemas de un gran poeta del mundo islámico —abrió el libro y lo mostró— Aquí, en Ghazales, habla metafóricamente sobre Mahoma, como la luna, al ver su belleza, quedó impactada y se partió, no solo su cuerpo, sino su ego. Y en el Islam suelen relacionar a Mahoma con los colores verdes, pero fuera de ahí… ummm, no encuentro alguna otra relación cercana.

Miranda tomó el libro y comenzó a leer.

—¿Islam? ¿Qué es eso? —preguntó.

—¿No sabes qué es el islam?

Miranda sonrió y negó con la cabeza.

—Es una religión —dijo la mujer—, muy parecida a la católica o la judía, hermanas —intentó explicarle, pero claramente a Miranda se le notaba que no tenía idea de lo que hablaba. —¿Eres católica?, ¿no?

Miranda volvió a negar con la cabeza, pero rápido asentó —Mi papá cree en Dios. Bueno… decía que creía, pero casi nunca íbamos a la iglesia.

—Oh… deberías ir con nosotros algún día. Cuando las cosas se calmen —La mujer dejó el libro a su lado. —Bueno, sabes entonces qué son los dioses y qué son los profetas, ¿no?

—Sí, sé que solo hay uno, y este no se le cuestiona sus planes.

La mujer sonrió. —Sí, eso es verdad, pero hay veces que Dios tiene muchos planes para nosotros los humanos y no exactamente el mismo mensaje para ti que para mí. —Notó que Miranda no entendía un choto de lo que explicaba, así que no se explayó en tratar de explicarle mejor —Bueno, linda, para que entiendas, hay veces que él elige a algunos entre nosotros… o baja para darle un mensaje a la humanidad… tal vez tú lo seas, Miri. Una profeta o hija de él. —La mujer volvió a tomar el libro y se paró— Debo volver a casa, vendré mañana, linda. —Comenzó a caminar dejando a una Miranda helada por lo que dijo.

Cuando se agachaba para poner un pie en la escalera, Miranda reaccionó y rápido la detuvo.

—Es-espere. A propósito, ¿por qué usted puede entrar aquí y cómo sabe tanto?

—Oh, es que yo llevo décadas siendo voluntaria aquí, por algo Andrea conoce este sitio. Ella se crio aquí. Estás en nuestro segundo hogar. Je, nos tienen tanta confianza a nuestra familia que hasta nos tienen dadas las llaves. —Cerró la puerta.

—¿Soy una profeta? ¿Qué soy en realidad?—Miranda miró a la pared, aún sin entender, pensó mucho esas palabras. Abrió los ojos sorprendida. —Profeta… ¿Qué les puedo enseñar yo? Solo soy una chica —Encendió una radio para no aburrirse y dejarse atrapar por el sueño. Pero de repente un libro cayó de una de las cajas que estaban amontonadas, asustando a Miri. —¡Kyaa! —Iba a gritar, pero se tapó la boca. —¿Hola? Caminó hacia el libro que se había abierto. —LA ILÍADA DE HOMERO… —Tomó el libro y lo hojeó. —¿Qué es una Ilíada?

10/octubre/1992

Andrea estuvo un poco más tranquila toda la semana, nadie la molestaba, aunque tampoco la volteaban a ver ni hablaban. Carmilla y ella volvieron a hablar de cosas tan banales como siempre, pero no había notado algo: que Patissón había cambiado asiento, ahora ya no se sentaba enfrente de ella, sino atrás. Y no le quitaba la mirada de encima.

Al acabar las clases, las dos estaban dirigiéndose hacia la cafetería.

—Yo no creo que ella pueda salir de la casa, o sea, está aliada con Verónica, si ella vota por su salida, solo harán que se enemiste y fijo la siguiente semana ella será la expulsada —Carmilla platicaba sobre un reality show donde encerrarían jóvenes por un año en un búnker nuclear, sin contacto con el exterior, que recién empezó en la semana.

–Y-yo creo que sí la van a expulsar, ella besó a su ex —respondió Andrea comiendo un helado, pero fue interrumpida por un grupo de 10 chicas, que se lo tiraron y las acorralaron.

—Mira qué tenemos aquí, la pequeña asesina —dijo una de ellas— Vengan con nosotras —Las condujeron hacia atrás de la escuela.

De repente las dos fueron azotadas contra la pared —¿Por qué fuiste a acusarnos con la directora? ¿Eh? —dijo con mucha fuerza la mejor amiga de Magda.

—E-esto, yo no quería hacerlo —respondió Andrea arrastrándose contra la pared del miedo.

Una de ellas estaba apretándole la mano a Carmilla, la cual intentaba forcejear —¡Andrea! ¡No les tengas miedo a estas estúpidas! —logró soltarse —¡Auxilio maestras! —gritó con toda la fuerza que podía, con una voz muy aguda, dándole una cachetada a la que le apretó la mano, tan fuerte que sonó al otro lado.

Las adolescentes, al verlo, rápidamente se dispersaron —¡Esto no se va a quedar así, asesina! —gritó la mejor amiga de Magda.

Carmilla la abrazó con todo lo que pudo —Tranquila, tranquila —le dijo apretándole.

—Yo no soy una asesina, sniff sniff —Andrea sollozaba debajo de sus brazos.

—¿Qué pasa aquí? —un profesor rápido llegó al sitio asustado por los gritos.

Carmilla señaló a la dirección y nombró a las chicas que las querían amenazar, explicando cómo llamaban a Andrea.

El profesor negó con la cabeza, escuchando y las ayudó a pararse.

—Esas jovencitas estarán en serios problemas, no se preocupen, ya su padre nos ha explicado, y no dejaremos que algo así pase en esta institución.

Todas las chicas fueron citadas a la dirección, y la escuela las sancionó, expulsándolas dos semanas.

A la salida, las 10 chicas estaban hablando con un grupo de 5 chicos donde se encontraba Patissón, explicándoles la situación.

—Por culpa de esa asesina, ahora mi madre me matará a golpes —refunfuñó una con una cara de enojo A. Magda, en el que se veía una vena.

—¡Todo por culpa de la estúpida de Carmilla! —Gritó otra.

—No, esto no es culpa de ella, ella solo defendió a la asesina —Respondió un chico del grupo que estaba enamorado de Carmilla— Todo esto es culpa de la asesina.

—Ya no importa, ya estamos expulsadas —dijo la A. Magda.

—Eso es mejor —Patissón arqueó las cejas —Ahora ya no hay problema de que se la encuentren en la calle.

—Neta ¿quieres que le hagamos algo fuera de la escuela? —Preguntó una colegiala de pelo rojo y voz coqueta y angelical, de niña mimadísima, llamada Candy, sacando su paleta de la boca— Yo no estoy expulsada.

—No te preocupes, sé dónde se encuentra a esta hora la hipócrita, y no te harán nada si no le hacemos nada —finalizó Patissón— Esperemos unos días, para no levantar sospechas.

15/octubre/1992

Andrea estaba barriendo la entrada de la biblioteca, muy triste por lo que tuvo que vivir, pero esperaba que la expulsión de las chicas bastara para calmar las cosas. No se sentía bien por provocarlo, por su mente pasó guardar los apuntes de la tarea para llevárselos a sus casas, pero no quería tampoco que la siguieran molestando, realmente estaba igual de asustada que ese día. No, mucho más. Las vio acercarse, entre ellos estaba Patissón.

Un miedo recorrió su cuerpo, dio unos pasos hacia atrás, apretando la escoba con ella. Sin pensarlo, se metió a la biblioteca, esperando que no la hubiesen visto, poniéndose detrás del mostrador, para qué si viniesen, vieran que estaba trabajando y así no hicieran nada. ¿Quién golpearía a una chica cuatro ojos y armaría un escándalo en una biblioteca?

La campanita de la puerta sonó. Allí estaba A. Magda, uno a una fueron entrando, sin quitarle la vista de encima. Se dispersaron por el lugar.

—Vaya, vaya, Andrea, así que aquí es donde trabajas —la líder se postró frente al mostrador.

—S-sí. Gra-gracias —respondió con mucho miedo Andrea, con sus manos detrás del mostrador ocultas, las cuales temblaban a más no poder.

—¿Si supiste que me expulsaron por los gritos de Carmilla? —la líder golpeó con su dedo índice lentamente el mostrador.

—P-perdón, no quería que pasara eso.

—Nosotras solo queríamos preguntarte tu versión de los hechos, Andreita, pero tú —presionó la nariz de Andrea—, tú provocaste que nos expulsaran a las 10.

Las jóvenes comenzaron a rodear las salidas del mostrador y una poco a poco se fue metiendo, fingiendo que revisaban los libros.

Andrea se hizo un poco para atrás. No se había dado cuenta, pero Candy había saltado el mostrador detrás de ella mientras estaba distraída, haciéndola chocar con ella.

—Eh, eh, no puedes estar aquí, es un lugar solo para empleados —Andrea ya comenzaba a temblar con todo el cuerpo.

—¿Qué pasa, Andrea? —Candy se sacó de la boca una paleta que lamía —¿Por qué tan asustada?

Todo el grupo soltó una risita. Y así otras 3 entraron al mostrador

—Pobrecita —Candy alzó las cejas— Está muy asustada y no le hemos hecho nada, solo queremos jugar aquí, ¿somos amigos, no? —comenzó a comer de su paleta.

El miedo era tanto que hizo que Andrea se comenzara a orinar encima mientras se agachaba, pero Candy la tomó de los brazos. —Andreita, no te estamos haciendo nada para que te pongas así, eres muy dramática —apretó su brazo. De repente, la vergüenza llegó a sus pies, apartándolos al instante. —Iugh —llevó su mano a la nariz— Por Dios, Andrea, ¿en serio te acabas de orinar encima? —La rempujó levemente.

La líder solo puso una cara de asco —Ash, siempre eres igual, Andrea, no se te puede decir nada que no hagas escenitas así.

—Oye, Andrea, te vas a enfermar si sigues con esos calzones, deberías quitártelos —Candy llevó sus manos a su ropa interior y le hizo un calzón chino fuerte.

—¡Kyaaaa! —Fue lo único que pudo gritar Andrea del dolor mientras el calzón chino alzaba su pequeño cuerpo por los aires. Su cara se puso roja del dolor, pero no quería gritar para no empeorar las cosas, poniendo sus manos en la boca para no llorar.

—¡Ay! No se pueden quitar —Candy la soltó. Al tener las manos en su intimidad, Andrea no tuvo tiempo de amortiguar su caída contra el mostrador, llevándose un fuerte golpe en la frente que le abrió una herida.

Ese fuerte golpe despertó a Miranda. La cual estaba durmiendo con la música de la radio baja.

—¿Eh? —fue lo único que alcanzó a decir, antes de que los sonidos de risas a lo lejos la desconcertaran. No era lista, y casi nunca fue a la biblioteca, pero sabía que hacer ruido estaba prohibido.

Puso la cabeza contra el piso y allí escuchó los balbuceos y las risas —¿Qué tanto ríen allí abajo? —justo allí escuchó “No seas tan tontita, Andrea, solo intentamos ayudarte a cambiarte”, haciendo que abra los ojos.

Andrea se estaba sobando la frente hinchada, quería gritar, pero no podía del miedo.

—Chicas. Ya, ya, está mojando el piso, no podemos dejar que eso pase —La líder caminó por un libro. Le arrancó varias hojas y se los aventó a la cara —Vamos, Andrea, limpia —rio— Limpia, limpia.

—Sí, Andrea, limpia —dijo Candy.

—Sí, Andrea, limpia —dijo Patissón.

—Sí, Andrea, limpia —dijo otro.

Todos comenzaron a repetir eso, fue el colmo, Andrea veía las hojas mojándose. El sollozo a los pulmones cortados por la presión de llorar la había derrotado. Solo pudo cubrir sus ojos llorosos como recién nacida. Pidiendo que alguno de sus padres llegara.

—¿Qué le hacen? —Interrumpió Miranda, haciendo que todos voltearan hacia ella.

Observaron a Miranda de pies a cabeza, las vendas en su cuerpo, su posición, su expresión, su ropa desgarrada y chamuscada en algunas partes.

—¿Es amiga tuya? —Candy sonrió, pero notó algo raro, haciéndola retroceder despacio.

—Sí, yo creo que lo es —respondió la líder.

El grupito comenzó a formarse alrededor de Andrea y, de frente a Miranda, caminaron hacia ella —Tranquila Chichona, solo estamos visitando a nuestra amiga —La líder alzó las manos con una sonrisa —No te lo tomes a…

Miranda al verla acercarse, quería hacerle lo mismo que a los policías. Miró de reojo a Andrea, quien le negó con la cabeza, entre sollozos, que no hiciera lo que iba a hacer. Así que optó por lo más pacífico que pudo.

Un fuerte golpazo, tan fuerte que los nudillos de Miri se abrieron, directo a la cara, la mandó a volar contra el grupo, quienes la cacharon. Tres dientes suyos volaron y la nariz se le dobló tanto que desapareció la curvatura del perfil de su rostro. Un diente cayó en la orina, asqueando a todos.

—¡Ey! ¡Ey! Despierta —Candy la sacudía y rápido volteó a ver a Miranda —¡Tarada, la noqueaste! —le gritó con el timbre tan armónico y colegial de su voz.

Todos se levantaron rápido, preparados para agarrar a golpes a Miri.

Podía llamar su arma y espantarlos, pero al ver a esa chica tan dulce allí, no podía dejarlo pasar y dejar que esta gente se fuera impune.

Juntó los puños, preparada para golpearlos, sin saber realmente si podría ganarles, pero Andrea lo valía. Su sonrisa era segura de sí misma. Eso no era normal para ellos.

—¿Qué pasa? Je —sonrió— Son catorce y yo una. —El sudor de los nervios perló su frente.

Ninguno quería acercarse a ella, no era solo porque de un golpe descontó a la líder, sino porque había algo en ella que los hacía sentir que era una tipa fuera de sus ligas. Más viendo la sangre de la boca de la líder en sus manos. De repente, Patissón se puso enfrente de todos. —¡Basta! No venimos a pelear, solo queríamos saludarla, ya nos íbamos —dio la señal a todos que se marcharan. Uno a uno comenzaron a dar la vuelta.

—Ey tú, chico. Eres el líder, ¿no? —Miranda a Patissón, el cual volteó sin decir nada. Tenía que asegurarse que no la volvieran a molestar —Si me llego a enterar que algo así pasó otra vez, iré a tu escuela o casa, y no te golpearé, voy a matarlos a todos ustedes. —Todos retrocedieron asustados. —¿Les quedó claro? —Arrugó el rostro.

—Ok —Patissón se volteó y siguió su camino.

—¡Y-ya vayámonos de aquí! —Candy estaba tan agitada que corrió apurada hacia afuera, ignorando al grupo que intentaba cargar a la líder desmayada, tratando que no se ahogara en su sangre.

Miranda caminó hacia enfrente de la puerta y los vio yéndose irse.

Cuando se aseguró que se fueron, corrió rápido hacia Andrea, la cual limpiaba su desastre y las hojas sollozando.

—Oye, oye, ¿estás bien? —Solo la abrazó.

—Sniff sniff —Andrea usaba un trapeador para limpiar, viendo cómo las gotas de sangre de su cabeza se mezclaban con el agua al caer —S-sí, sí estoy bien, no te preocupes.

—¿Quiénes eran ellos?

—Mis-mis compañeros de la escuela, que creen que fui yo quien mató a una chica cuando le vendí unos boletos para el evento del atentado.

—¡Oh! Qué mal… Tsk —Miranda hizo su pico de pato —Bueno, con esa asustada no creo que vuelvan a hacerte algo. Je, tuve que fingir ser malota —Miri la tomó del brazo para pararla —Ven, yo limpio, tú ve a cambiarte. Toma una de las prendas que me regaló tu madre.

En el baño, ella le ayudaba a curar su herida.

—Andrea, tú, eh, tu ojo está chueco —Miri veía cómo su pupilente negro estaba ladeado.

—Oh, oh, sí, perdón —Andrea se quitó los lentes y lo acomodó.—Listo.

Miranda había notado el color en sus ojos, así que la volteó. —¿Puedo verlos? —Le quitó uno casi sin permiso, dejando ver el hermoso color púrpura.

—Qué hermosos ojos tienes, Andrea —Agarró su cabeza, ladeándola para verlo mejor —Son increíbles, ¿por qué los escondes? —La soltó.

—Es-es que cuando era muy chiquita, me trataban raro por mis ojos, y me insultaban porque las demás se preguntaban por qué eran de ese color, así que mi Ma’ me los escondió comprándome los pupilentes.

Miranda entendió rápido, así que dejó de insistir. Le terminó de poner su curita en la cabeza —¡Listo! Ya quedó —le sonrió llevándose las manos a sus anchas caderas.

—Eh, ¿no deberías estar en cama? Miri.

Sí, sí debería, pero parece ser que, por la adrenalina del momento, Miranda ignoró la fatiga, cosa que ahora, reaccionando, comenzó el dolor de cabeza, pero no era lo suficientemente grave. —¡Meh! —le sonrió— Creó que ya estoy lista para irme.

—¿Te piensas ir? —la mirada de Andrea cayó al suelo.

—Supongo que sí, no puedo quedarme allí encerrada…

—Pero es peligroso salir aún. Las cosas afuera se han puesto peor.

—Ummm, supongo que tienes razón, pero, ya me expuse a esos chicos malos, lo más seguro es que me acusarán con la policía, y si revisan este sitio, estarás en problemas.

—Entonces, ¿adónde iras?

—¡Eso sí no lo sé! Supongo que buscaré a mi compañero de viaje, así que lugar fijo no tengo. —Miri acomodó sus rizos.

—Pe-pero no tienes donde ir.

Miranda bajó la mirada —Desde hace casi un año que no tengo dónde ir, no te preocupes.

Eso entristeció mucho a Andrea, la cual le tomó de la mano —Podrías quedarte en mi casa, al menos en lo que terminas de recuperarte: Papá, puede ayudarte dónde encontrar un sitio donde te puedas quedar. Incluso tal vez ayudarte con tu búsqueda…

Miranda apretó las manos de Andrea —Pero ya te di muchos problemas.

—Ya me has salvado dos veces, no es ningún problema. —Le sonrió.

—¿No dirán tus padres que es mucho?

—Cuando sepan lo que hiciste, estarán agradecidos —Finalizó, abrazándola.

Andrea estaba feliz que una chica así la defendiese dos veces. Miranda, sintiendo su abrazo, pensó: «Soy muy afortunada de encontrar una joven que me ayude tanto, le debo mucho, no solo por darme refugio, sino por exponerse tanto por una desconocida».

—No me debes nada, en serio —Le respondió Andrea. Cosa que incomodó a Miri, ¿lo pensó o lo dijo?

—¿Qué pasa?

Miranda miró a la nada, puede que haya hablado sin querer —No, no es nada —finalizó con una sonrisa.

En la sala de la casa, estaba reunida la familia y Miranda, la cual hacía varios gestos recreando la escena de cómo le dio un porrazo a la amiga de Magda.

—No debiste usar tanta violencia contra esa pobre jovencita —dijo el padre serio, haciendo que Miranda se quedara quieta, pensando que la regañaron. —¡Debiste repartirla contra los demás! —gritó el señor tomando de los hombros a Andrea, sacudiéndola para después abrazarla— ¡Ja,ja! Mi niña, perdona por haber hecho que te pasara esto. Por suerte Miri ya los controló, y de eso no podrán hacerte nada.

El señor se paró de golpe y le extendió el brazo —Miranda, será un honor dejarte vivir aquí un tiempo en agradecimiento por proteger tantas veces a nuestra princesa, siéntete como en tu casa.

Miranda tomó su mano, justo en eso el señor la jaló y le dio un fuerte abrazo —Muchachita, ¡eres el ángel de la guarda de Andrea! Mi hija tiene suerte de haberte encontrado pequeña heroína, ja, ja, ja, ja.

Miranda correspondió el abrazo saltando con él —¡Muchas gracias! Prometo cuidarla mientras esté con ustedes, señor.

Andrea tomó a Miranda del brazo, emocionada con los ojitos brillando —¡Pa’! ¡Pa’! Iré a mostrarle el cuarto a Miranda, con permiso —Las dos corrieron subiendo las escaleras entre risas.

El señor volteó rápido a mirar a su esposa, a la que le sonrió de la gratitud. La mujer le regresó la sonrisa, viendo lo infantiles que se veían.

—Ja, ja, no puedo creer que sí te dejaran quedarte —Andrea rio tirándose a la cama. —¡Fiu!

—Espera, ¿no pensaste que sí me iban a dejar? —Miri se llevó las manos a las caderas arqueando la ceja.

—¡No! Es que, ay, ¡estoooy tan emocionada! —Andrea se cubrió con las sábanas, haciéndose taco. —Espera espera —Rápido se acercó a su teléfono comenzando a marcar. —¡Carmilla, Carmilla! ¡Ven rápido a mi casa a una pijamada de emergencia!

—¿Andrea? ¿Por qué estás tan contenta después de lo que pasó hoy?

—¡Es por eso que estoy feliz, pero tienes que venir rápido!

—Voy para allá, le diré a mi madre.

Miranda al escuchar su plan, lo único que pudo sentir fue vergüenza. Se cruzó de brazos.

Andrea giró sobre sí misma, sentándose en la cama, y la miró. —¿Qué pasa?

—No. Lo que pasa es que jamás he estado en una pijamada —Miri se puso roja. —Siento que ya estoy muy grande para eso. Tengo casi 19 años.

La cara de Andrea se puso seria. Esto entonces no era solo una bienvenida y una reunión de amigas, era igual su primera vez de ella… ¡Debía ser especial!

¡DING DONG!

—¡¿Dónde estabas?! —gritó Andrea abriéndole la puerta de golpe sin los pupilentes —¡Te tardaste!

—¿Qué pasa? —Carmilla se asustó viendo a su amiga sin ellos, sabiendo que jamás se los quitaba.

Andrea no le respondió. La tomó de la mano y se la llevó.

—¡Señora Ortiz, linda nocheeeee! —Apenas alcanzó a decir Carmilla viendo a la señora Ortiz riendo mientras cerraba.

La puerta del cuarto se abrió de golpe.

—¡Oh! Miranda, eres tú —Carmilla la saludó, pero Andrea cerró de golpe y puso candado. Ahora no era solo una habitación, era el reino de las tres.

Moños colgados en la pared; banderitas; almohadas esponjosas; aroma de fresa y vainilla de esmalte de uñas recién abierto.

Andrea la sentó frente al espejo, con la emoción de una princesa preparando a su hada madrina. Le alborotó el cabello, le hizo coletas disparejas con ligas de brillitos, le colocó dos pinzas en forma de mariposas y un moño rosado más grande que su frente. Carmilla, entre risas, le pintaba las mejillas con rubor en forma de corazones.

Miranda no sabía si estaba siendo maquillada o convertida en un payaso, pero se dejó hacer.

Las tres rodaron sobre la cama, riendo tanto que las lágrimas brillaban en sus pestañas. Andrea decía que parecía una estrella pop, Carmilla decía que parecía un unicornio. Y Miranda… Miranda solo se reía, con esa risa de alguien que no sabía que tenía, pero algo sentía, como si una parte que no se le permitió vivir regresase.

Después, sacaron todas las revistas, las muñecas, los accesorios viejos de Andrea y hasta una caja de lentejuelas. Andrea modelaba como si estuviera en París, Carmilla la seguía con una pasarela torpe llena de tropiezos y Miranda intentó hacer una vuelta elegante y acabó cayendo sobre una pila de peluches. Carmilla hizo efectos de sonido de caída y desparrame en cámara lenta.

Miranda rio, y al instante le aventó un peluche por accidente. Carmilla lo bajó seria, y después sacó su almohada y la guerra comenzó, las plumas volaron por todos lados. Andrea saltaba de allí para acá intentando esquivar los golpes de sus amigas.

Después, las luces se atenuaron y encendieron una linterna. Bajo una sábana colgada como una carpa, las tres construyeron su pequeño santuario secreto. Andrea sacó una caja de chicles de colores, stickers, esmaltes diminutos.

Miranda vio a las dos chicas, llenas de stickers en la cara riendo, y algo en ella se rompió, pero no era tristeza. Era el hecho que por fin tenía amigas, sintió lo que nunca pensó que merecía. Tener algo bonito. Un breve pensamiento pasó por su mente: ¿Podría quedarse a vivir aquí? ¿Acostumbrarse a esto?

La noche se había profundizado, Andrea y Carmilla se habían dormido, Miranda fingió hacerlo. Cuando se dio cuenta que lo estaban, se levantó y las tapó. —Duerman.

Salió a la sala a explorar un poco, y más que nada por agua.

La casa de Andrea no era grande, pero sí lo suficientemente modesta para alguien de la aristocracia obrera. Explorando un poco, miró el sitio hasta que llegó a un cuarto encendido, allí estaba su madre, esculpiendo una escultura. Entró como Juana por su casa. —Qué bonito.

La mujer esculpía una estatua de un hombre por encargo, tenía pinta de ser un militar de la región. Al verla entrar le dio la bienvenida —Pasa, Miri— retrocedió y se comenzó a limpiar —¿Te gusta?

—Definitivamente me gusta —respondió acercándose para intentar tocarlo— Usted es muy buena artista.

—Intento ser modesta, pero sí, creo que soy buena. Je. Gracias.

—A mí me hubiera gustado ser artista —Miri tocó la estatua.

—¿Hablas en serio?

—Sí, sí, siempre fue mi sueño —Fue una mentira, porque la hermosa Miri quería ser todo.

—Bien, podría enseñarte. —La señora se sacudió un poco la ropa.

—¡¿Lo dice en serio?! —Miranda apretó los puños emocionada.

—Shhhh, sí, sí, muchacha, lo prometo —Hizo varios gestos para intentar que bajara la voz— Solo no grites que mi esposo ya está durmiendo.

Miranda se emocionó y se llevó la mano a la boca callándose sola —Sí, sí, je, perdón.

16/octubre/1992

La mañana comenzaba a salir. Andrea abrió los ojos lentamente para comenzar su rutina. Carmilla dormía con un montón de baba en la boca a su lado. En la ventana estaba Miranda viendo hacia afuera —Buenos días —Les dijo sonriendo.

—Buenos días —Andrea llevó las manos a su radio y la encendió.

La estática era muy molesta y errática, despertando a Carmilla —Ugh, Andrea, apaga eso. —dijo entre bostezos.

“Debido a los recientes eventos suscitados en la capital, se informa a toda la población en general que el país enfrentará una transición ordenada —Todas las instituciones, legislativo, judicial y ejecutivo— han sido centralizadas de manera temporal, a fin de garantizar la seguridad y la continuidad del orden público.

“La vida cotidiana no se verá interrumpida, ha prometido el nuevo comandante en jefe, el secretario general y ahora primer ministro, Rodrigo.

Las escuelas y negocios operarán con normalidad.”

Carmilla se levantó lentamente a seguir escuchando la radio.

“Recuerden: las fuerzas militares en su comunidad no están allí para imponer miedo, están allí para protegerles. Son sus amigos.

En momentos de cambios, la unidad es más importante que nunca.

Confíe. Permanezca atento.”

“Esta ha sido una transmisión oficial del Comité Central de Coordinación Nacional. Repetiremos esta información cada hora. Permanezca atento”.

Las tres bajaron aún con sus pijamas. Andrea vio cómo sus padres discutían, al fondo de ellos estaba la televisión, donde pudo ver la imagen del Palacio Nacional bombardeado y un reportero platicando con Antonio.

Volteó a verlos, ninguno se veía con el humor para responder. Les hizo señas a sus amigas para que regresasen para arreglarse a la escuela.

En la habitación, las dos chicas se arreglaban para irse, mientras Miranda limpiaba sus heridas.

Cuando por fin Andrea salió del baño, caminó a su mesita para tomar sus pupilentes.

—Me hubiera gustado tener esos ojos tuyos —Miranda la veía arreglarse.

Carmilla salió secando su pelo, viendo de reojo a Andrea, pensando hace cuánto fue que la vio en la calle sin sus pupilentes. De hecho, ella recordaba que antes ni siquiera necesitaba los lentes, pero una vez comenzó a usar los pupilentes, empezó a tener la vista cansada.

—De hecho, sí es culpa de los pupilentes que mi vista esté cansada, ya que los uso mucho. —Le respondió Andrea.

Carmilla bajó la toalla lentamente desconcertada, no dijo nada y aun así le respondió.

Esa expresión la notó Miranda y se paró yendo hacia Andrea.

—Sí, pues entonces deberías dejar de usarlo, puedes quedar ciega, o algo peor —Tomó sus pupilentes y los guardó. —No vayas con ellos hoy —El rostro de Miri se tornó maquiavélico en juego.

—Pe-pero y… ¿y si me atacan? —Andrea comenzó a temblar.

—Pues yo los visitaré, y verán lo que soy capaz de hacer —Miri alzó su mano, llamando a su arma, la cual volvió a su palma —Además no creo que te hagan algo, no desde ayer. Je.

Andrea decidió confiar en Miri, aunque guardó los lentes en un bolsillo, por precaución. —A ver, espera —Miri quitó el moño que sostenía su coleta, dejándolo caer. La giró y mostró, lo curiosita… porque Andrea no era nada agraciada. —Mucho mejor —finalizó con un beso en el cachete.

Andrea le daba miedo verse así. Pero sabía que ahora no le harían nada, porque esa chica de atrás la cuidaba de forma real y tangible. Tal vez, ahora sí podría caminar sin miedo.

Salió a la escuela junto con Carmilla, tomadas de las manos, la gente la veía, los militares, la policía, todos veían lo mismo, sus ojos morados. Era incómodo, pero después de un tiempo comenzó a relajarse, ya que Carmilla le dijo que no les prestara atención.

Dentro de la escuela, los chicos se detenían al verla, sorprendidos de su cambio de look, de su pelo suelto. Cosa que tampoco pasó desapercibida para Patissón y su grupo.

Candy la miró, con algo de coraje. —¿No te parece que este cambio de look es una forma que tiene la tarada de burlarse de nosotros por lo de ayer, Patissón?

—Lo más seguro.

—Si le hacemos algo, su amiga nos molerá a golpes, mira cómo mandó al hospital a María.

—Solo hay que dejarle claro que no puede pasearse con ese cinismo frente a nosotros —finalizó Patissón

—Je, yo sé qué hacer —Candy se llevó la paleta a su boca, caminando hacia su grupito.

No entraron a clases, se quedaron allí esperando a una oportunidad para atacarla.

Andrea estuvo en clases, feliz y en paz, platicó con Carmilla, hizo su tarea y en algún punto le dieron ganas de ir al baño, así que pidió permiso.

Al salir, las chicas que la esperaban la siguieron sigilosamente.

En el baño, Andrea entró como siempre, acomodaba unos papeles en el sanitario para evitar tocarlo, cuando de repente la puerta se abrió.

Candy saltaba en lugar de caminar —¿Asesina estás ahí?

Andrea, al escucharla, se giró sobre sí misma asustada, hizo una mueca de terror y rápidamente subió sus pies para que no la vieran, comenzando a temblar.

—¡Oh! Está jugando a las escondidas —Dijo una de sus amigas.

—Oh, la asesina está jugando como una niña chiquita —Candy puso una mueca de tristeza —Bueno —se llevó el dedo índice a la boca — hay que encontrarla —Toc toc —Golpeó la puerta contigua, abriéndola. No estaba.

—Toc toc —golpeó la segunda. No estaba.

Todas las demás comenzaban a reír, y Andrea empezó a sudar frío del miedo.

Tercera puerta abierta, nada.

Cuarta y quinta, nada.

—Toc toc —golpeó y la puerta no se abrió.

—Parece que la hemos encontrado —Se sacó la paleta de la boca. —Asesina, ábrenos.

—Sí, asesina, ábrenos. —Las chicas entraron por los baños de al lado y subieron a los inodoros para verla. —Aquí está, mírala, está temblando —Sonrió una de ellas.

—Asesina ábrenos —siguió Candy.

Andrea, con toda su fuerza, quería gritar para pedir auxilio, pero solo salió un no de su boca respondiendo a Candy, pero fue un no completamente entrecortado.

Las chicas se rieron por ello, otra ayudó a una a entrar al baño.

—Rápido, rápido —Le dijo.

Andrea al verla bajar, no pudo hacer nada, estaba petrificada. Solo pudo ver cómo la chica aquella abría la puerta.

Y allí estaba ella, Candy, mirándola —Asesina, ¿por qué te escondías así? —Ingresó— Nosotras no queremos hacerte nada, solo queríamos saber ¿por qué haces las cosas qué haces? —La tomó de las manos y la paró— Expulsaste a María porque gritaron. ¡Solo queríamos hablar! Tu amiga le rompió la nariz, porque te orinaste encima —Rápidamente le tomó del pelo con fuerza, haciéndola sufrir —Por no saber dónde se hace del baño, ella está herida, me pidió un favor, que te diga dónde es que los niños grandes hacen pipí.

Candy la hincó al escusado —¿Miras eso? ¡Asesina! ¡Ahí es donde hacen los niños grandes pipí! ¡No en los calzones! —Comenzó a bajar su cabeza y Andrea resistía con todas sus fuerzas para no ceder —¡¿Entiendes?! ¡Ahí niña maleducada! ¡Ahí! ¡Ahí! ¡Ahí! ¡Ahí! —Las demás chicas ayudaron a que su cabeza bajara al escusado, cosa que Andrea no soportó, cediendo, pero justo antes de que su cabeza se hundiera, Candy se detuvo. —¡Ahí haces pipí! ¡Niña cochina! ¡Ahí! ¡Ahí! —Gritaba, apretando con toda su fuerza su pelo, arrancándole unos cuantos, y al final la lanzó fuera del baño de un tirón.

—Sniff… sniff… sniff —Andrea volvió a llorar.

—¿Ya aprendiste dónde se hace? —Candy no la soltaba.

Andrea asentó tímidamente.

—¿Ya no vas a mearte encima?

Andrea negó con la cabeza, apretando su mano a las de Candy solo para aliviar la tensión, mientras lágrimas silenciosas surcaban su rostro.

—¡Bien! Asesina, no hay necesidad de decirle a tu amiga, ¿verdad? Porque ya no haremos nada más, no queremos acabar como Magda. Niña estúpida y dramática. Quedamos a mano.

Una de ellas tomó las bolsas de papeles y se lo tiró encima. Candy intentó detenerla, pero no pudo. —¡Basta! Ya entendió —Se volteó a verla —Ash, vámonos ya. —Y se marcharon azotando la puerta.

Andrea se quedó allí en el suelo unos segundos hasta que ya no las escuchó. Se paró con mucho dolor, humillada, y caminó hacia el lavado, se comenzó a limpiar rápido la suciedad de los papeles y después a recoger el desorden del baño entre sollozos, llevando el bote a su lugar, para no darle trabajo de más al conserje.

El resto de la clase, tanto Candy como Patissón, la dejaron en paz, finiquitando la deuda que no les debía.

19/agosto/1993

Pasaron las semanas de relativa paz que con el tiempo se volvieron 10 meses, entre Miranda estudiando, ayudando en la biblioteca, otras veces en el hogar, pero el sentimiento de Andrea por callarse lo que le hicieron era frustrante, miraba al grupo que le hacía caras feas, pero después solo se marchaban.

Aunque los maltratos físicos habían acabado, así como los insultos, podía sentir cómo sus compañeros la trataban como un bicho raro, aislándola por completo. Ahora más con esos ojos, pero era aceptable de algún modo… No, la verdad es que ahora solo tenía a Carmilla.

Decidió no decirle nada, ya que, si le decía, fijo le diría a Miranda o su familia. Y eso sería hacer que ellos tomen medidas. Solo había una persona a quien contarle: La bibliotecaria.

Ya estaba llegando a la biblioteca cuando vio salir a un grupo de militares, entre ellos, uno de los capitanes compañeros de Elisse.

Llevaban a varias personas y las subieron rápido al cajón.

El capitán la volteó a ver otra vez, reconociéndola. Le volvió a lanzar un beso y se subió a su vehículo, sin dejar de mirar sus ojos morados.

Cuando este se marchaba, rápido Andrea se metió.

Ding ding, sonó la puertecita.

La bibliotecaria estaba sentada en la mesa, toqueteando su nariz, desesperada.

—¿Qué-qué hacían militares aquí?

—Se acaban de llevar a dos muchachos, fueron acusados por ser comunistas —Respondió— Bueno, ellos andaban en algo, el problema no es ese. Sino que me dejaron una mala noticia —tomó una hoja y la llevó al mostrador.

—¿De qué es?

—Los militares me informaron que cancelarán por una temporada todo fondo público no indispensable —Acomodó varios libros —¿Sabes qué significa? Que como no es indispensable el dinero aquí, cerrarán la biblioteca.

Andrea se quedó boquiabierta al escuchar esto, ¿ahora qué harían?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo