Elisse y los diez años que estremecieron al mundo - Capítulo 3
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- Capítulo 3 - 3 INTERLUDIO 2
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3: INTERLUDIO 2 3: INTERLUDIO 2 -/-/1975 Una luna verde en medio de la noche yacía encima de Elisse, que no dejaba de señalarla, pero el oficial ignoró por completo su color.
—Llevábamos 3 días buscándote, Elisse.
—Subía las piedras, pero casi se tropieza.
—¡Wow…!
Esto es muy resbaladizo —dijo para sí mismo mientras se sostenía.
Alzó la mirada con una sonrisa, la cual se borró en un instante al ver que Elisse había desaparecido.
—¡¿Ey, jovencita, dónde estás!?
—Gritó— Dios, debo estar volviéndome loco.
Una piedra pequeña le golpeó tirando su gorro.
—¿Qué cara…?
Alzó la mirada y en otra roca más arriba estaba Elisse.
—Mi Mère no me cree —Elisse volvió a señalar al mismo sitio.
El oficial se palideció un poco: ¿cómo demonios llegó arriba tan rápido?
Entonces Elisse bajó, perdiéndose entre las rocas.
El oficial retrocedió impactado.
—¿Me vas a achudar?
—ahora estaba a su lado.
Un salto lo hizo por fin tropezar, haciéndolo rodar hacia debajo de la colina, raspándose.
Bajó con cuidado para intentar levantarlo.
—No, no, déjalo, yo puedo —se levantó nuevamente.
La vio por unos segundos.
Ella solo le sonrió y volvió a señalar a la colina.
—¿Chi me achudas a que me clea?
Tiempo después, ya en la cima, la niña bajó de sus hombros sin decir nada.
Caminó unos pasos, tranquila, y señaló con un dedito sucio hacia un árbol solitario.
—Eche funchionarah.
El oficial apenas alcanzó a verla cuando extendió su manita y tocó el tronco.
El árbol se estremeció.
Las ramas más altas comenzaron a retorcerse, a encogerse, a fundirse en espiral hasta cerrarse sobre sí mismas, dejando una punta ciega, cicatrizada, como si el árbol se hubiera recogido por dentro.
Desde la base, las raíces se contrajeron hacia el centro, formando una empuñadura nudosa, de apariencia ruda pero natural.
El árbol entero se comprimió hasta convertirse, sin romperse, en un único báculo alto.
Donde antes estaba el árbol, ahora solo quedaba un hueco oscuro en la tierra.
El guardabosques quiso retroceder, pero tropezó.
Se tambaleó hacia atrás, jadeando, y en su intento por no caer, sus manos se aferraron a lo único al alcance: algo rugoso, tibio.
Era el báculo.
Elisse sostenía el otro extremo, sin esfuerzo.
La miró.
No podía dejar de mirarla.
Sus ojos se movieron entre ella y el hueco; entre ella y el objeto que ahora pesaba en sus manos.
Ella lo miraba también.
Con una sonrisa simple.
—Chi tu los vech Elienor me creela —soltó una risita y ladeó la cabeza.
—Jesús me dijo que nesechitaras algo con lo que agalalte al chel moltal.
Como si convertir un árbol entero en un báculo y entregarlo a un desconocido fuera lo más normal del mundo.
El oficial sintió un escalofrío que le bajó por la espalda.
Porque esa niña acababa de romper una ley de la naturaleza que en su ignorancia ni siquiera sabía que existía.
De la nada sintió como todo desaparecía y oscurecía.
Elisse quedó sola, sin el báculo, meciéndose de lado a lado, pateando una piedrita.
—Ahola…
como lo chaco de ahí.
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