Elisse y los diez años que estremecieron al mundo - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 INTERLUDIO 3
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5: INTERLUDIO 3 5: INTERLUDIO 3 -/-/1975 Elisse murmuraba sola en su cuarto, sentada al borde de la cama con los pies colgando como péndulos.
Afuera, la luna brillaba a todo lo que podía dar de color verde.
—Pero… Elienor está dormida… dice que por mi culpa se perdió ese oficial.
Te juro que Jesús me dio la idea sniff sniff.
Además me dijo que lo cuidaría sniff sniff.
—Su voz era una pluma rota.
Guardó silencio, como si escuchara algo en respuesta.
Entonces asintió.
—Sí, pero yo solo quería que fuera donde estás tú y ellos, para que los conociera… no pensé que… está bien… Se deslizó fuera de su habitación.
Descalza, caminó por los pasillos helados de la mansión, a paso de sombra.
Frente a una puerta demasiado alta para su cuerpo.
La abrió con una luz verde que vino de sus manos.
—Elienor, despierta… —Susurró, sacudiendo suavemente a la mujer dormida entre sábanas.
—¿Eh…?
—respondió la mujer, con voz pastosa, entre sueños.
Su cabello era el mismo oro.
Sus ojos, idénticos.
—Ma fille, ¿qué pasa ?
—murmuró.
—Tengo que contarte algo… Mamounette me dijo que te dijera dónde está el señor policía… —Elisse seria, como una estatua vieja.
—Ya te dije, yo soy tu madre —la mujer intentó acariciarla, pero la niña no se movía.
Solo la miró.
Un brillo triste bailaba en sus pupilas.
Entonces se subió a la cama con un libro entre los brazos.
—Ou avez-vous obtenu ce livre…?
(otra vez con ese libro) —sintió el frío meterse por las paredes.
A medida que la niña abría el libro, las ventanas se abrían de golpe.
El viento entró furioso, y la luna, su luz, se regó por todo el cuarto.
La mujer tembló del frío.
Juro ver una sombra deslizarse por el balcón, una figura negra que descendía del cielo.
—Mon mère… viene de lo que ustedes llaman… —Iba a decir la niña, pero la mujer le arrancó el libro de las manos.
—¡Basta, Elisse!
—gritó con furia.
—¡Te he dicho que yo soy tu madre!
¡No me llames por mi nombre!
¡Yo soy tu madre!
—Caminó hasta el balcón, buscando señales de alguien, pero solo había viento y silencio.
Sin pensarlo, lanzó el libro al vacío.
El objeto giró como un cuervo en picada y desapareció en la noche.
—Tu padre viene mañana… hay mucho de lo que debemos hablar — soltó seca, sin mirarla.
—¡Ahora vete a dormir!
Lloraba en su cuarto, hecha un ovillo de huesos y sollozos.
—¿Por qué no me cree…?
Sniff Sniff —susurraba entre jadeos, con los mocos pegados a la boca.
«Es difícil aceptar que el hijo que pariste… no es tuyo.
Mi niña, tienes que entenderla » una voz femenina en su mente le dijo.
Un pequeño peluche, con forma de gato raído, apareció frente a ella.
—Yo sí te creo, sœur.
Elisse alzó la mirada y miró a su hermano.
—Louis… frère, te juro que es verdad.
Sniff Sniff.
Louis apretó a Elisse para que se desahogara.
—Te creo sœur, yo sí te creo.
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