Emma en el bosque de bestias - Capítulo 30
- Inicio
- Emma en el bosque de bestias
- Capítulo 30 - Capítulo 30: Todos estamos encerrados
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 30: Todos estamos encerrados

Caí al suelo tras el susto, pero la araña que me seguía me salvó, abalanzándose sobre la pantera y deteniendo su ataque.
Me quedé observando, atónita, sin entender por qué aquella criatura intervino.
Petrificada, vi cómo la araña, con sus enormes patas, mantenía a la pantera inmovilizada mientras el felino se retorcía, lanzando zarpazos y mordiscos en un intento desesperado por liberarse.
En un descuido, el felino desprendió una de las patas al arácnido”¡Corre, corre!”, pensé, mientras me levantaba. Huía entre los árboles, olvidando que estaba descalza y con un brazo herido. Solo escuchaba mi respiración agitada, hasta que los pasos de la pantera me hicieron saber que venía detrás. Al voltear, vi sus ojos amarillos, fijos en mí como su objetivo, mientras la araña peluda trataba de alcanzarla.
No podía pensar, solo sabía que quería seguir viva, que no quería que ese animal me destrozara con sus colmillos afilados. Corrí hacia lo más profundo del bosque, donde la oscuridad se volvía más densa y cada rincón parecía el nido de algún animal peligroso. Sin más opción, me metí entre dos árboles grandes y viejos cubiertos de telaraña, logrando cruzar al otro lado. Ahí, frente a mí, apareció un túnel hecho de ramas entrelazadas.
La araña saltó y cayó frente a mí, y empujó al interior del agujero gigante. Caí al suelo, mi cabeza rebotó en la tierra. Me levanté, y vi como se colocó en la entrada como si su cuerpo fuese un escudo.
-No sé porqué me ayudas, pero te agradezco mucho -le dije.
La araña hizo un sonido extraño, haciéndome entender que debía empezar a correr. Miré al interior del túnel, y estaba muy oscuro. Pero, era la única opción.
Vi a la pantera correr en nuestra dirección, pero la araña peleaba ferozmente para evitar su paso.
-¡Padre nuestro que estás en el cielo -grité de manera desmesurada-, De verdad necesito que escuches mis plegarias! ¡Si de verdad existes, Dios! -las palabras surgian como truenos raspándome la garganta.
Volví la vista atrás, donde pude ver el pequeño círculo de luz de la entrada, interrumpida por la figura de la araña, que, con sus patas abiertas, bloqueaba el paso, para que el felino no me alcanzara. Sin embargo, la pantera saltó y logró liberarse, deshaciéndose de ella, desprendiéndole las articulaciones del cuerpo.
Ahora, nada se interponía en su camino.
-¡No! -grité, viendo a la arácnida caer al suelo, mientras algunas de sus articulaciones temblaban.
Y nuevamente, mi corazón se aceleró y me empezó a faltar el aire.
Corrí con tanta desesperación que casi olvidé que tenía piernas; no las sentía. Estaba decidida a sobrevivir. Tenía que hacerlo. Iván se había sacrificado por mí. Esa araña desconocida se había sacrificado por mí.
“¡No te mueras Emma, no te mueras!”
Pero no sabía si iba a lograrlo.
De repente, la luz que venía del exterior desapareció, y bajo mis pies, un líquido viscoso me detuvo. Resbalé y estuve a punto de caer, pero logré aferrarme a unas raíces que surgían de las paredes.
Aun así, continué avanzando en la oscuridad, sin rumbo ni idea de a dónde me dirigía.
Detrás de mí, un sonido extraño, pastoso y fuerte, se hizo presente, como si una puerta se hubiera cerrado de golpe. El suelo comenzó a moverse sutilmente.
El pánico me invadió por completo. Mi mente se nubló, mi corazón se detuvo por un segundo, y mi respiración quedó atrapada en mi garganta. Cerré los ojos con fuerza, me cubrí los oídos y me acurruqué en el suelo, dejándome consumir por el miedo.
“Este de verdad es mi fin” pensé, pero de repente, una voz juguetona y casi de ultratumba, interrumpió mis pensamientos.
-Hija del bosque…
No me atreví a abrir los ojos ni a descubrir mis oídos. Aquella voz resonaba en mi cabeza, pero parecía formada por muchas voces a la vez.
-Abre los ojos, ya estamos aquí -susurraron-Emma, no tengas miedo. No tengas miedo, la pantera se ha ido.
Abrí los ojos lentamente. Las lágrimas nublaban mi vista, pero pude distinguir unas luces parpadeantes flotando sobre mi cabeza. Círculos de luz, tenues.
-Luces, al fin -murmuré, aliviada-. Gracias a Dios.
-Estás en la oscuridad y necesitas luz. Estamos aquí para ayudarte.
-Por favor, sáquenme de aquí -supliqué, observando cómo las luces apenas iluminaban pequeños rincones.
Mis labios comenzaron a temblar. Sentí el suelo moverse bajo mis pies, como si estuviera sincronizado con los latidos de mi corazón.
-Lo sentimos, hija del bosque, no podemos sacarte. Pero sí podemos iluminar tu camino.
-¿Mi camino hacia dónde? Estoy perdida. Por favor, ayúdenme -imploré.
Las luces se intensificaron ante mi desesperación, y todo se aclaró de repente. No estaba en un túnel de raíces ni de piedra. No. Estaba dentro de algo mucho más siniestro. Las paredes no eran paredes; eran tejido vivo, palpitante. La carne rosada y translúcida revelaba venas que latían justo debajo de la superficie.
-Oh, Dios… -murmuré, mi voz quebrada por el miedo-. ¡Oh Dios! ¿Do-dónde es-toy?
Esperaba una respuesta, una confirmación de que esto no era real, pero solo el silencio me respondió. Las luces continuaban brillando indiferentes, mostrándome un camino. Quise correr hacia la salida, pero cuando volví la vista atrás, no había salida. Un muro de tejido lo bloqueaba todo.
-¡Por favor, díganme cómo salgo de aquí! -grité, arrodillada sobre el suelo pegajoso que parecía moverse.
La única respuesta fue el eco de lamentos lejanos, gritos de auxilio que me helaron la sangre:
-Ayuda… por favor, ayuda..
-¿Hola? -susurré con la esperanza de que mis amigos estuvieran cerca-. ¿Aran?
-Ayúdame, ayúdame, por favor…
Me levanté como pude, apoyándome en ramas secas que sobresalían de las paredes de aquel lugar grotesco.
-¿Ivan? ¡Chicos por favor respondan! -pedí.
Las luces parpadeantes guiaban mi camino, hasta que llegué al origen de esos gritos.
-Por favor, ayúdame…
Iván
Abrí los ojos.
Los Nimus me arrastraban hacia lo que parecía la entrada de una cueva.
“¡Emma!” pensé, tratando de liberarme, pero mis fuerzas flaqueaban. La cabeza me latía con un dolor insoportable, y aunque luché, no logré hacer que me soltaran. Estaba al límite.
A mi lado, también arrastraban a Azumi, tenia el labio roto y estaba inconsciente, mientras que Naom, despierta, apenas podía mantenerse en pie. Dos Nimus la sostenían de los brazos. Al mirar más allá, vi a Aran; su cabeza colgaba inerte en la espalda de uno de los Nimus. Había tardado en reponerse, incluso llegué a dudar que fuera a hacerlo.
A medida que nos adentraban en la cueva, la oscuridad se hacía más presente. El sonido de un martillo golpeando metal resonaba en el aire, mezclándose con otros ruidos. Vi una fogata parpadeante en el centro, proyectando sombras que bailaban en las paredes. A su alrededor, un grupo de Nimus giraba en una danza macabra, sus movimientos lentos, hipnóticos, como si estuvieran atrapados en un trance. El sonido grave de un tambor acompañaba la escena, marcando un ritmo pausado que reverberaba en la caverna.
Aquello, más que una cueva, previa un palacio rústico bajo una gran roca hueca.
Observé el fuego nuevamente, algo ahí era extraño, lo que ardía en él, tenía una figura humanoide, colgando de un gancho, girando lentamente como un cerdo en la parrilla. La carne chisporroteaba, desprendiendo un aroma nauseabundo. Algunos de los Nimus se acercaban, cortando trozos de carne con cuchillos desgastados, llevándolos a sus bocas sin preocuparse por lo que hacían.
Habían jaulas que colgaban de las paredes, prisiones improvisadas que contenían víctimas de diversas razas. Sus rostros reflejaban el terror y la desesperación, sus cuerpos agotados por el tiempo que quizás, tenían ahí encerrados.
Fui arrastrado hacia una de las jaula oscuras, donde el calor del fuego iluminaba de manera inquietante a las criaturas atrapadas en su interior. La luz parpadeante reflejaba en las pieles brillantes de los otros prisioneros: ninfas de tierra con piel llena de flores marchitas que caían despacio, hombres lobo de ojos feroces, y seres felinos con pelajes de colores vibrantes que contrastaban con la penumbra. Los gritos y lamentos resonaban en el aire, junto con el sonido del metal siendo forjado en alguna parte lejana.
En un rincón de la jaula, había una chica de la raza de los hombres lobo. Parecía de unos trece años, era un poco alta, con cabello corto y negro, salpicado de mechones morados que contrastaban con su piel bronceada. Sus ojos, almendrados y oscuros, eran grandes y atentos, pero a la vez mostraban un leve temblor, como si estuviera a punto de perder la calma.
A su lado, sostenía con determinación a un niño de entre siete y ocho años. Él, al ver acercarse a los nimus hacia la jaula, comenzó a llorar, su pequeño rostro reflejando el miedo que ella intentaba ocultar. La conexión entre ambos era palpable, una mezcla de protección y vulnerabilidad en un momento de tensión.
Fue entonces que Azumi despertó, miró a los lados, estaba desorientada.
-¿Dónde estoy? -me miró confundida y al ver que estábamos encerrados se pegó a los hierros -¡Déjeme salir de aquí, abran la puerta! -gritó, con la voz resonando como un trueno.
Naom, herida y con el rostro pálido, la miró con una mezcla de cansancio y resignación.
-Cálmate, Azumi. No podemos hacer nada ahora.
Al escuchar la voz de Naom, azumi se giró lentamente, como si recién se percatase de la presencia de su hermana, la traicionera.
-¿Cálmate? -musitó Azumi, con la vista hecha un acúmulo de impotencia-Tú, maldita. -Caminó rápido y lanzó un golpe que impactó en la cara de Naom-¡Por tu culpa, nuestro padre y hermano están muertos!
Naom cayó al suelo tras chocar con los barrotes de hierro.
-Azumi, este no es el momento -interrumpí, volviendo a observar el candado buscando alguna manera de abrirlo.
Naom no se defendió. Sus ojos mostraban confusión, y a la vez, temor.
-¿De-de qué hablas? -preguntó, su voz temblando.
-La memoria de una bruja, -respondió Azumi, con desprecio. -así lo descubrí. Así que no te hagas la que no sabe de qué estoy hablando.
El aire se volvió tenso entre ellas. Los demás prisioneros, algunos llorando y otros en silencio, eran un recordatorio de lo que había sucedido. El horror de la situación se palpaba; podía oír a otros prisioneros gritar mientras los Nimus jugaban con ellos, manipulando sus cuerpos como si fueran juguetes. Incluso colgando al siguiente que debía cocinarse en el fuego.
Miré a mi alrededor, buscando cualquier oportunidad. El niño pequeño me miraba, y sentí lastima. Pero la niña a su lado, lo abrazó mientras me lanzaba una mirada de advertencia: “no lo mires, no lo toques, o te las verás conmigo” la ignoré y seguí buscando alguna salida.
-No lo hice por maldad, Azumi. Estaba desesperada -explicaba Naom-. No sabía lo que iba a suceder. Yo solo quería que…
-¿Desesperada? -Azumi la interrumpió, su mano levantándose, casi como si quisiera golpearla nuevamente-. ¡Eso no es excusa! -su rostro se enrojeció más, a pesar de que el fuego de por si ya lo hacía ver anaranjado-Mi matrimonio era un sacrificio por nuestra familia, mientras que tú, solo pensabas en tus deseos.
Naom, vulnerable, mantuvo la mirada, pero era evidente que su hermana le había dado donde más dolía.
-¿Sabes cómo sufrí cuando lo alejaste de mí? -preguntó Naom, con la voz en un susurro tembloroso.
Azumi apretó los dientes y los puños.
-Deja que te saque el corazón, lo abra y busque la parte que se te murió por ello. Te aseguro que no la voy a enconar, pero sí puedes estar segura de que mataste a nuestra familia por algo que podías haberme pedido -respondió, cada palabra llena de veneno y de dolor-. Papá, nuestro hermano. Nuestra gente… todos están muertos, por tu egoísmo.
Naom, con dificultad, se puso de rodillas ante Azumi.
-Yo no quería que sucediera nada de lo qué pasó. Yo, solo quería… estaba enamorada, estaba.. no podía dejarlo ir así, ¡no entenderás porque no sabes lo que es estar…!
-¿Enamorada? -interrumpió azumi, luego, una sonrisa amarga y ladeada salió desde la comisura derecha de sus labios.
Un silencio extraño en medio del ruido se creó entre nosotros tres. Azumi sostuvo a su hermana por el cuello. Y con lágrimas en los ojos, y el enojo retenido, habló:
-No sabes lo que tuve que dejar ir para cumplir con los deseos de mi familia -empezó a contar Azumi-. Abandoné mi alma para que nuestro reino mantuviera alianzas, mientras mi mundo se derrumbaba. No me hables de amor.
Vi a Naom tragar saliva, sintiendo el peso de la culpa mientras las lágrimas amenazaban con brotar.
-Será la única vez en toda mi vida, que voy a sentirme bien derramando la sangre de alguien. Sin importar que sea la misma que corre por mis malditas venas de Ninfa acuática -continuó-. ¿Pero sabes qué, hermana? esperaré a que salgamos de aquí, y que te recuperes para que puedas sostener tu espada, y así, puedas defenderte. Porque no quiero matarte ahora, quiero que estés viva, muy viva. Que puedas sentir la hoja metálica atravesando tu pecho. Que sientas la muerte, que sientas tu castigo. Maldita Traicionera.
Azumi soltó a Naom, y se alejó de ella para volver a gritar para que la dejaran salir de la jaula. Pero, aquello sólo era un susurro dentro del ruido de la música y el metal forjándose.
-Basta, Azumi. Cálmate -le ordené, notando que algunos de los nimus comenzaban a prestar atención. No podía permitir que la situación se volviera aún más peligrosa.
Azumi respiró hondo, frustración evidente. Se dejó caer en el suelo, pero la rabia continuaba burbujeando. Mientras tanto, mis ojos se deslizaban hacia lo que parecía un montón de partes anatómicas apiladas cerca del fuego.
-Aran… -murmuré, acercándome a los barrotes.
Azumi se volvió para ver.
-Es Araneoe, lo van a cocinar -observó-, ese tonto, ¿por qué no despierta?
No podía dejar que lo convirtieran en la cena. Si lo hacían, ese sería el fin del ninforano.
Comencé a recorrer toda la jaula, no habían rastros de un posible escape.
-Se lo van a comer -aseguró uno de los prisioneros, mientras veía mi desesperación-. No les gusta desperdiciar la carne. Ni muerta, no viva.
Lo ignoré, y subí por los barrotes para revisar las cadenas que sostenía la jaula. Noté que estaban muy oxidada, y que con demasiado peso, podrían caer.
-Eres un lobo, ¿verdad? -volvió a hablar. Entonces, me dejé caer desde lo alto y lo miré.
Era un señor, no tan mayor, pero se veía deteriorado y verde. Sus ojos estaban blancos en su totalidad, mientras su cabello, era rastas de lianas marrones que surgían desde su craneo.
-Tú eres un ninfo de tierra -confirmé, en un tono desinteresado, volviendo a ver a mi alrededor.
Él dejó salir una pequeña risa, casi pensé que se burlaba de mí.
Apreté los puños. No estaba de humor para bromas.
-Un lobo poderoso, dos ninfas de agua y un chico mitad araña… -contó el ninfo -. Seres que, nosotros los sobrevivientes del bosque de las bestias, creímos extintos hacia mucho tiempo atrás.
-¿Acaso es ciego? -intervino Azumi-¿Acaso no ve a esa niña y a esos dos hombres que son de la raza de los hombres lobos? Además, ¿cómo que extintos?
El ninfo negó con la cabeza, y me apuntó con el dedo negro que poco a poco se grietaba como si se fuese a romper en pedazos.
Yo fruncí el ceño, y lo observé.
-No, querida, de la raza de los hombres lobo cualquiera puede convertirse en un perro. Sin embargo, aquel que nace de las maravillas de la luna es un ser singular, jamás visto. Este es un ser único y poderoso-sus ojos se abrieron con asombro-, el hijo de una bruja, de un hombre lobo, y de la mismísima madre luna. Su esencia destila magia, y su presencia, un misterio que solo las estrellas se atreverían a susurrar. Un ser forjado en la intersección de lo natural y lo sobrenatural, destinado a alterar el curso de la noche. Un ser que no es consciente de su propia fuerza y poder. Capaz de sanar incluso a las almas más rotas en el lago de los destruidos.
Trague saliva. Sus palabras se escuchaban como un tambor, resonando conmigo.
-¿Hijo de la luna? -preguntó la niña que sostenía al pequeño Niño-Entonces, ¿tú, eres Ivan Sfaa?
La miré, sorprendió.
“¿Cómo es que esta chica sabe mi nombre? ¿Acaso todos aquí saben algo sobre mí?”
-Con razón -comentó el ninfo-, hablamos del príncipe de la manada más poderosa en aquellos tiempos. El hijo de Zorio e Inora. Ya sabía yo que te conocía de algún lado.
Mi corazón empezó a latir con fuerza. Ese hombre, esa chica, ellos sabían sobre mis padres, sobre mí. “¿Por qué?”
-¿Quién es usted? -interrogué al hombre.
-Yo, solo soy un viejo amigo de los que alguna vez, fueron los líderes de este reino en ruinas. No hay ser que no conozca, no hay ser que no pueda reconocer -en ese instante, desde su dedo, el color negro invadió todo su cuerpo, agrietándolo hasta que se convirtió en cuerpo de carbón, que poco después, estalló para convertirse en polvo.
-¿Pero qué le pasó? -interrogó Azumi, poniéndose de pie.
-Él ya había muerto. Solo era la memoria de su cuerpo -informó la chica de cabello morado.
-Creí que solo las brujas podían conseguir que sus cuerpos mantuvieran memoria tras su muerte -comentó Azumi, sorprendida.
La chica negó con la cabeza.
-Solo los seres que guardan mucho conocimiento, son capaces de mantener la memoria en sus cuerpos tras su muerte. Pero solo por unas horas. Las brujas, pueden hacerlo porque es parte de su magia negra -respondió la muchacha.
Me giré y la miré a los ojos, me acerqué despacio, y ella retrocedió mientras abrazaba al niño.
-¿Quién eres? -quise saber.
Ella, mantuvo su mirada en la mía. No parecía tener intenciones de rendirse, aunque en el brillo de sus ojos, podía leer el leve temor.
-¿De verdad, tú eres Ivan Sfaa? -cuestionó, ignorando mi pregunta.
-¿Por qué buscas a Ivan Sfaa? -intervino Azumi.
-Si no eres Ivan, no tengo porqué responder nada. Pero, ese señor dijo, que eras el hijo de la luna… y yo, solo conozco a Ivan Sfaa como dueño de aquel título. Así que, por favor, necesito saber si eres tú.
La miré con cuidado, esos ojos, esa forma de hablar. La valentía y determinación en su mirada desafiante. Se me hacía demasiado conocida.
-Aquí, quien debe responder las preguntas, eres tú -indicó Azumi-, así que, habla de una vez.
La chica no apartó su vista de la mía.
-¿Cómo te llamas? -interrogué.
-Mi nombre es Emily… S..
-Aran ya no está, desapareció -interrumpió Naom, mientras se arrastraba hacia los barrotes para mirar -se ha ido.
-O se lo comieron -supuso Azumi.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com