Emma en el bosque de bestias - Capítulo 33
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Capítulo 33: Querido Libro de Aran, una página cualquiera.
Libro, recogí esta hoja que encontré en el camino hacia acá. No sé donde te dejé o qué es lo que sucedió contigo. Y de verdad lo lamento tanto. Espero que sigas sano y salvo en algún lugar… antes de despedirme de ti, quiero contarte una última cosa. Necesito hacerlo para poder estar en paz.
Libro… mi debilidad llegó de repente.
Una humana de cabellos rojos, como llamas apagadas, y piel cubierta de pecas, como si el sol hubiera marcado cada centímetro de su rostro. Ella se adhirió a mi alma como un puñal, uno que no puedo sacar, porque si lo hago, moriré desangrado. Lo supe cuando la encontré, en lo profundo del bosque, cubierta de sangre, sumida en las penumbras. Mi corazón comenzó a latir como un tambor, cada golpe retumbando en mi pecho, advirtiendo que algo terrible estaba por suceder.
Aquello maligno, se hizo realidad cuando dijo mi nombre para no volver a emitir nada más.
-Aran…
“Emma, ¿quién eres?” La pregunta quedó suspendida en el aire, atrapada en mi garganta. Pero no quería la respuesta que tal vez me daría. Quería algo más, una verdad que me explique por qué siento que me lleva el alma cuando se alejas. Y cuando está cerca, siento que soy otro, un ser que solo existe para vivir a su lado.
Libro, tú que eres más viejo, más sabio, dime… ¿esto es amor? Porque si es así, entonces ella es mi amor. Pero lo extraño, lo insoportable, es que cuando pienso en ella, también imagino al mundo desmoronándose a su alrededor, y no me importa. No me importa nada, excepto ella. Dime, ¿está bien sentir que esta bien si el mundo se destruya siempre y cuando ella estuviera a salvo? No, no me respondas querido libro, sé que no está bien. Pero, para mí, la respuesta correcta es otra.
Por eso, cuando la tomé en mis brazos. Que su cabello, empapado en sangre, caía pesado, como si fuera una carga imposible de llevar, como uno de sus brazos, colgando inerte. Que ella no respiraba; algo dentro de mí se rompió. Las ganas de seguir viviendo se desvanecieron. Mientras caminaba, el mundo se tornó blanco, como si todo el color hubiera desaparecido, dejándome vacío. Emma, la niña del bosque, ya no estaba allí, muerta sobre mis brazos. El verde de sus ojos, el rojo de su pelo, las manchas diminutas de color café sobre su rostro, arrastraron los pigmentos de la realidad.
Las luces nos seguían. Deslumbraban en la oscuridad, iluminando un camino sin rumbo, pero sin hacer preguntas. El silencio era lo único que me rodeaba, un silencio pesado, lleno de presencias invisibles. Solo podía notar las bestias, ocultas en las sombras, sus ojos brillando como espejos. Y aunque me atacaran no pensaba en defenderme. ¿Para qué? Ya nada importaba.
-Señorita… -musité, casi sin darme cuenta, como si mi voz fuera parte del viento, llevada lejos por el mismo destino que ya no podía controlar.
No llegué a tiempo.
Por mi culpa, ella había pasado por eso. Por mi culpa, su sangre ahora teñía la tierra.
La luna nos observaba desde lo alto, más grande y brillante que nunca. Tan redonda, tan luminosa, que parecía saber lo que yo ya no podía negar: que yo era el culpable de la muerte que llevaba en mis brazos.
Libro… yo maté a la hija del bosque.
No me importó que, al despertar en la cueva de los nimus, encontrara a Iván atrapado en una jaula, rodeado de otros que también necesitaban mi ayuda. Mi mente solo repetía el nombre de ella, Emma, como un eco que no podía silenciar. Le pedí a algunas de mis arañas que la protegieran si yo no estaba, pero no fue suficiente. Yo debí haber sido quien la cuidara.
Escapé de la cueva sin ser visto, deshaciéndome de los nimus a medida que avanzaba. La salida estuvo cerca, pero a cada paso el peso de mi fracaso me aplastaba más. Todo lo que pensaba era en ella. En salvarla. Pero cuando llegué… ya era demasiado tarde..
Libro, las lágrimas no salen. Los labios agrietados de repente, tanto los de ella como los míos.
Libro, se empiezan a caer las flores de mi pecho. Libro, el aire está denso.
Me recostaré junto a ella, en la tumba que hice, lo suficientemente amplia para ambos. Y me quedaré ahí, esperando que alguien llegue y se apiade de nosotros, y vierta la tierra sobre nuestros cuerpos.
No te enterraré conmigo libro, eso sería demasiado egoísta. Haz feliz a alguien más como lo hiciste conmigo. Espero que en otra vida, tú y yo, podamos ser amigos y que tú nazcas con una alma y un corazón de carne y hueso, así podría abrazarte. Ahora eres solo una hija en mi mano, pero se que eres un gran sabio.
Adiós y gracias, querido libro de Aran.
Ivan
“Quemaré todo este lugar si no te encuentro con vida, Emma”
Un lobo con la mente fija en un solo objetivo: encontrar al ser que domina todos sus sentidos.
Cegado, perdido.
“Te encontraré, espérame por favor” mis pensamientos eran una cascada de suplicas “llegaré a ti, Emma, mantente viva… por favor”
Corrí por todos lados, no la encontraba. Mis gritos de frustración hacían eco entre los árboles, mientras mi corazón pesaba y latía de una manera inexplicable. Mis pies sangraban, mis manos ardían de cortan ramas en el camino para que no estorbaran en mi búsqueda. Me sentía como un huracán destruyendo todo a mi paso. Árboles, animales, dolor.
Una bestia que ha perdido el alma, es tan peligrosa como el mar fuera de su zona. O como el fuego que se expande en el bosque. Así me sentía.
“Ya no me importa qué seas o por qué siento esto, solo te pido que me esperes con vida”
La luna me seguía, o yo la seguía a ella… no lo sabía, pero si entendí, que estaba atrapado en un lazo de amor del que nunca iba poder escapar. Dispuesto a todo.
Acepté que sin ella, estaba demasiado perdido.
Acepté que estaba enamorado.
Acepté que ella era mi todo para siempre… y estaba dispuesto a decírselo.
“Le diré… todo lo que siento”
Le diría que mi corazón era únicamente suyo.
Nada ni nadie evitaría que así fuera…. Nadie.
Y al fin, la encontré…
-Emma… -dije, observando aquel cuerpo que colgaba de un árbol. Su cabellera roja cubría su rostro, y la luz de la luna, quien me mostraba la figura colgante.
-No… -Salió de mis labios como un lamento ahogado.
La sangre goteaban desde sus pies a la tierra.
Tragué saliva, mis rodillas cayeron al suelo con pesar. El aire movió mi cabello de forma misteriosa. Estuve casi seguro de escuchar mi corazón romperse.
Me empecé a ahogar, un nudo en el pecho.
Me golpeé con el puño, y solo así, salió el llanto de manera desmesurada.
-¡Emmaa!
Las aves que descansaban en los árboles salieron volando de repente, y luego, el silencio absoluto hizo que mis oídos se sintieran presionados. Mi respiración era fuerte, pero inaudible para mí. Hasta que escuche una voz:
-¿Es que nada bueno sucede en este lugar? -el cuerpo de Emma emitió aquella voz.
-¿Em? -me levanté y de inmediato sostuve sus piernas elevándola hacu arriba para evitar la presión en su cuello-¡Resiste! -Pedí.
-Descuida cariño, yo estoy muy tranquila -escuché que respondió. Pero el tono no era el de la voz de Emma.
Miré hacia arriba y me encontré con la mirada de aquella mujer puestos en mí. Su piel era negra y putrefacta, sus ojos brillaban como los de un animal, y para cuando reaccioné, ya el cuerpo se había desprendido sobre mí, dividiéndose en miles de gusanos que me arroparon.

Sentí cómo se movían sobre mi cuerpo de manera húmeda e inquietante. Y a pesar de todo mi esfuerzo, no podía salir de abajo de ellos.
-Las brujas nunca nos fuimos.
C
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