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Emma en el bosque de bestias - Capítulo 34

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Capítulo 34: La cola de ese monstruo



Emma

Me encontraba sumergida en el sueño más placentero de toda mi vida. Soñé que iba en el auto con mamá, papá y mi hermana. Cantábamos nuestra canción favorita de Navidad, pero apenas recordaba la melodía.

Mamá, con su cabellera rubia, igual que la de Elisa, y esos ojos tan azules como el cielo, miraba a mi padre, de cabellos rojos y rebeldes como los míos. Ambos se amaban demasiado. Y nos amaban igual. Pero, de pronto, dentro del sueño, empecé a escuchar una voz que decía mi nombre:

-Señorita Hermosa, Emma… despierte, por favor.

Sin embargo, no podía moverme. Solo escuchaba a lo lejos. Fue cuando nuestro auto recibió el impacto de un camión que había perdido los frenos. De ahí, pasé a encontrarme de pie en medio del bosque de las bestias. Y frente a mí: Aran e Iván, cubiertos de sangre, mientras sus cabezas caían al suelo. Detrás de ellos, dos puntos rojos, como los ojos de un monstruo al asecho. Y detrás de mí, una sombra negra gigante que desafiaba aquellos ojos misteriosos.

-¡Aran, Iván! ¡NO! -grité.

Quise correr hacia ellos con desesperación, pero una voz interrumpió, paralizándome hasta la respiración:

-Te esperé por mucho tiempo. -La voz provenía de la misma dirección en que podía ver a los luceros que parecían ser globos oculares- Y al fin, estás aquí, Emma. -Su voz era masculina, joven, rasposa y aterciopelada. Y, como por arte de magia, frente a mí apareció un joven de cabellos rojos y ojos verdes, tan verdes como los míos- Bienvenida a casa.

Sentía mi corazón acelerarse con cada una de sus palabras. Su parecido a mí, a mi padre, a la deidad que tomó forma humana en aquella ilusión donde Natzun, antiguo rey de las Ninfas de agua, me mostró cómo fui creada.

-¿Quién eres tú? -articulé, con los labios temblorosos- ¿Qué cosa eres? -Podría haber sido cualquier bestia vestida de oveja. No confiaba en nada de ese lugar.

-Solo espera, y sabrás toda la verdad, querida. Solo espera un poco más -respondió mientras se acercaba a mí. Era más alto, más pálido y mucho más hermoso que yo. Parecía una pintura, una obra del cielo. Pero una cicatriz cruzaba el puente de su nariz, haciéndolo ver más humano. – Hija del bosque… hermana mía.

Fruncí el ceño, dudosa.

-¿Hermana?

Luego, el extraño de cabellos rojos miró hacia arriba, encontrándose cara a cara con la sombra negra detrás de mí. La cual lo atacó, y con eso, me hizo despertar.

Abrí los ojos desmesuradamente. Sentí que mis pulmones volvían a funcionar. Mi cuerpo estaba frío. Llevé mi mano al pecho y sentí los latidos acelerados de mi corazón. Apenas empezaba a salir el sol, me estaba congelando, hasta que sentí calor a mi lado. Miré, y ahí estaba Aran. Abrazándome como si con su cuerpo protegiera el mío. Dormido profundamente. Y a su alrededor, flores marchitas que caían de su piel.

“Flores marchitas” tal como recordaba las de su madre.

-Aran… -musité, al mismo tiempo en que me di cuenta de cómo su mano se entrelazaba con la mía- Aran, ¿estás bien?

Yo no quería creer lo peor, pero él no respondió. Así que acaricié su rostro con cuidado, mi respiración se hizo lenta.

“No puedes estar…” no me atrevía siquiera a pensar en la palabra Muerte. Me senté. Mis manos comenzaron a temblar, un nudo amargo y doloroso se atascó en mi garganta, sentía las lágrimas amontonadas en mi lagrimal.

-¿E- estás escuchándome? -mi pregunta esperaba respuesta. Pero al no tener ninguna, solté el llanto- ¡Araaneoe! ¡No juegues así!

Moví su cuerpo con brusquedad.

“¿Por mi culpa?” Pensé, y ahí fue donde inició mi ataque de pánico.

-¡Ay no! ¡Aran! -Moví su cara apretando las mejillas con ambas manos- ¡No te puedes ir!

Por impulso, golpeé su esternón con tanta fuerza, que el pobre se encogió en medio de un quejido.

-¡Ay! -soltó.

Llevé mis manos hasta mi boca, sorprendida.

-¡Gracias al cielo! -chillé, para luego darme cuenta de su estado tras mi golpe- Lo- lo lamento, yo creí que tú…

-Señorita, ¿desde cuándo posee tanta fuerza? -Su voz era un hilo ahogado. Aunque poco después, se incorporó, me miró a los ojos como si recién recordara algo. Y de repente, me abrazó.

-Reviviste -susurró.

-¿Yo…estaba…muerta? -cuestioné, estupefacta- A quien creí que estaba muerto, era a ti.

Antes, estaba segura de que no había brisa, y justo en ese momento, los árboles comenzaron a moverse.

-Dormí lo más profundo que se me era posible, a ver si así podía encontrarla en mis sueños y traerla de vuelta. No sabe lo preocupado que estaba por usted, hermosa mía. -Sus palabras fueron leña para una llama que empezó a arder en mi pecho. Y, a la misma vez, en mis mejillas.

-Aran… -susurré. No veía a Aran como veía a Ivan, pero en ese momento, supe cuan importante era para mí.

El sol terminó de levantarse en ese instante, iluminándonos con su esplendor. Dejándome notar la tumba en la que ambos estábamos adentrados.

…

-¿Por qué estábamos en ese agujero? -cuestioné en cuanto pudimos salir de ahí.

Aran llevó su mano hasta la nuca y sonrió.

-Creí que ahí estaríamos a salvo.

Algo en su risa nerviosa me dio a entender que estaba mintiendo. Quise interrogar en sospecha, pero recordé algo importante.

-¡Iván! ¿Dónde está? ¿Está a salvo? -miré a Aran con desesperación.

Pero él siguió caminando sin decir nada. Caminé rápido para alcanzar sus pasos.

-Aran, espera, ¿Qué sucedió con Iván?

El arácnido se detuvo, provocando que mi frente chocara con su espalda.

-¿Aran?

-Señorita, la última vez que vi a Iván, estaba encerrado en una jaula. A punto de ser quemado y listo para alimentar a cientos y tantos Nimus -soltó, sin mirarme. Pero después se giró despacio para verme a los ojos-. Así que, no sé qué sucedió después.

Podía sentir mis ojos moviéndose buscando una pizca de broma en las palabras de Aran. Pero parecía no tener ni una sola pieza de ella.

-Lo siento -concluyó.

Negué ligeramente con la cabeza.

-No.

-¿Qué? -estaba confundido ante mi respuesta.

-Que no. Iván no está muerto. Debemos… nosotros debemos buscarlo.

-Señorita, no podemos regresar, es peligroso. Si vamos a la cueva…

-¡No me importa! -levanté un poco la voz- Él no te dejaría.

Algo en la mirada de Aran cambió.

-¿A, no? -dijo- Supongo que aún no conoce al lobo. Todavía hay cosas que usted no sabe. Iván es capaz de… -Agachó la cabeza y pensó unos segundos. Luego volvió a mirarme-. Princesa, sé que no la detendré con lo que sea que le diga. Así que, iremos a buscarlo.

-¿De qué es capaz Iván? -Ya había plantado la intriga, ahora necesitaba que la saciara.

Suspiró y me agarró mi mano.

-Olvide lo que dije, vamos.

Iván

Desperté con la luz del sol brillándome en la cara. Lo primero que vi al abrir los ojos fue un árbol, del cual colgaba el cuerpo de un animal. Si no me equivoco, era un asno. Pero estuve seguro de que esa noche, aquello que colgaba, era una bruja, no un animal.

Me levanté y, al poner un pie sobre la tierra, sentí que algo me estaba jalando. La tierra se estaba derrumbando por un barranco. Clavé mis uñas en un lugar sólido y me sostuve. Pero no por mucho, empezaba a resbalarme, y cuando creí que no había de otra que aguantar la caída, alguien me dio la mano.

-¡Iván, resiste!

-Azumi -nombré.

Ella me ayudó a subir hasta un lugar seguro. Yo estaba mareado y apenas me di cuenta de que la cabeza me estaba sangrando.

poco después nos sentamos a orillas de un pequeño arrollo.

-¿Cómo te hiciste eso? -preguntó mientras limpiaba mi rostro.

Todo parecía dar vueltas.

-No lo sé. Ya tengo que irme..

-¿Cómo demonios no vas a saber? -soltó un suspiro-Estabas buscando a esa mujer, ¿no?

Se refería a Emma.

-¿Y los pequeños? -cambié el tema- La niña lobo y el niño. ¿Con quién los dejaste?

-El pequeño encontró a algunos de su especie y se fue con ellos. La niña que lo protegía, desapareció de pronto -explicó.

-Desapareció de tu vista. Pero te siguió hasta aquí -avisé, mirando entre los arbustos de enfrente.

Azumi me miró confundida y luego volvió a ver en la misma dirección que yo.

-Sal de ahí, Emily -ordené.

La chica salió despacio hasta quedar frente a nosotros. Su cara estaba sucia y su ropa cubierta de sangre seca. Pude notar determinación y un poco de vergüenza en su mirada. Pero poco después agachó la vista, evitándome.

-¡Mocosa loca! -soltó Azumi- ¿Por qué me seguiste?

-No vine por ti -respondió Emily.

-¿Entonces por qué? Debes estar mal de la cabeza para llegar hasta este lugar.

-Azumi, déjala hablar -interrumpí.

La niña levantó la vista y se acercó un poco más.

-Iván, tú, digo, usted… es que lo he estado buscando durante meses -comentó.

Ladeé la cabeza, tratando de entender por qué esa chica tenía tanto parecido con mi madre. Apenas le estaba prestando atención.

-¿Cómo por qué o qué? -cuestionó Azumi, cruzándose de brazos.

-Yo… mi reino, nuestra gente, su gente, señor, lo necesita.

En ese momento, toda mi atención fue puesta sobre las palabras de esa niña.

-¿Mi gente? -solté una sonrisa burlona- Mi padre ya está muy viejo y quiere a su heredero para que ocupe su lugar. ¿Así que te envió a buscarme?

-No. El rey no me envió, yo vine por cuenta propia. Mi abuelo sigue con vida. El problema es que han estado atascándonos y…

-¿Tu abuelo? -una nube negra ocupó mi mente.

-¿Tuviste una hija? -me musitó Azumi, tan sorprendida como yo.

Negué con la cabeza lo más sutil que pude. Me acerqué a Emily mientras ella levantaba la vista para mirarme a los ojos, no mostraba temor o nerviosismo. Su sangre calmada ante la presencia de la mía. Sin duda, ella era…

-Eres..

-Si -interrumpió-. Soy Emily Sfaa, hija de Sonra Sfaa y Arrom Niuw, nieta del líder de los hombres lobos y ahora, de los felinos. Soy su sobrina, señor.

-Por las Perlas de mi madre -bufó Azumi-, con ese currículum, postúlate para ser la próxima sucesora al trono niña.

-¿Curriculum? -intrigó Emily.

-Cosas que aprendí de Aran…

-¿Quién es Aran?

-Basta -ordené-. ¿Tu madre sabe que estás aquí?

La idea de tener a una sobrina no me sorprendía mucho. Pero que hubiera llegado hasta ahí por encontrarme, fue todo una sorpresa.

Ella bajó la cabeza y negó.

“Me lo suponía” pues, mi hermana mayor, jamás la hubiera dejado ir a buscarme. Y en ese momento, estaba seguro de que, Sonra, si no estaba buscando a su hija, la estaba esperando con una rama de árbol seca, lista para darle una lección.

-¿Qué es lo que sucede, por qué viniste a buscarme?

-Pues, mi abuelo no es que esté viejo pero, ha estado enfermo y hay quienes han intentado quitarle el mando. Nos atacan los mismos de nuestra raza. Hace poco, secuestraron a mi madre y… mi padre murió tratando de defenderme de los rebeldes Debe ayudarnos.

Mi mente estaba vacía. Solo escuchaba. Pero podía sentir los latidos exagerados de mi corazón. Apreté los puños con fuerza. De todo, lo único que pudo haberme importado, es que habían secuestrado a mi hermana. Después, todo lo demás era basura. No me importaba. Pero por alguna razón, el órgano en el mediastino de mi pecho, reaccionaba totalmente distinto a mi mente. Aún así:

-Eso, no es asunto mío.

Emma

-Aran, llevamos tres horas caminando en círculos.

-Señorita, yo soy un experto en esto. Estoy seguro de que este no es el mismo árbol que vimos anteriormente. Este es distinto. Estamos avanzado.

Rodé los ojos y llevé las manos a mi cintura.

Él se detuvo y me miró.

-¿Está cansada?

-Si, estoy muy cansada pero no podemos detenernos.

Caminó hasta mí, se dio la vuelta y se agachó.

-¿Qué estás haciendo? -cuestioné, mirando su espalda desnuda y enrojecida.

-Suba, la llevaré.

Sentí vergüenza asomándose por mi nuca.

-Claro que no.

-Hágalo, por favor. Sino, la obligaré a descansar. Y tardaremos mucho más en llegar a la cueva se los nimus.

Tragué saliva. Iba a decir que no pero, él tenía razón. Aún así, tenía pensado subir y al poco rato bajarme con alguna excusa. Así que subí a su espalda.

-Peso mucho, perdón -comenté.

Pero él, me levantó como si hubiera levantado a una pluma. Me espanté, por lo que me sostuve de su cuello.

-Usted no pesa ni un poco. Podría llevarla así toda la vida. -Al decirlo, una sonrisa sincera se marcó en sus labios.

Aran de verdad que sabía lo que debía decir en cada ocasión.

-Pero, nuestro plan es encontrar a Ivan, así que, le pido que se sostenga con fuerza hermosa mía. Porque vamos a volar.

-¿Qué? -No me dio tiempo a decir nada más, porque Aran sacó sus patas arácnidas y con ellas, se elevó en lo alto.

Lancé un grito al sentir la brisa moviendo mi pelo con brusquedad, a medida que subíamos. Me agarré a su pecho, tal como si de eso dependiera mi vida. Y es que así lo era.

-Querida princesa, la llevaré como una mariposa en el aire. Cierre los ojos y sienta la brisa en su rostro. Disfrute, y no tenga miedo. Que yo soy responsable y todo va a estar bien.

Las telarañas surgían de sus patas hasta la copa de los árboles más altos. Nos elevamos de un árbol al otro. Volando entre ellos. Y aunque me pidió que cerrara los ojos, no lo hice. Amaba la sensación de la adrenalina, pero lo había olvidado hasta ese momento.

Desde las alturas, el bosque ya no me parecía tan aterrador. Todo se veía más hermoso, más real, pero al mismo tiempo distante. El peligro resultaba emocionante cuando no estabas directamente en medio de él. Aunque sabía que pronto tendría que bajar y enfrentar las amenazas del bosque, me dejé llevar por la sensación de libertad mientras duró. Pero como todo lo bueno, esto también llegó a su fin, y mucho más rápido de lo que esperaba. En cuestión de momentos, llegamos a la cueva de los Nimus.

-Ya estamos aquí -me aviso Aran mientras yo bajaba de su esplada.

Me acerqué despacio. No tuve que adentrarme a la cueva para saber lo que había en su interior, pues desde afuera pude observar los cuerpos calcinados, la sangre. Pude oler el horror, el dolor y el miedo que se vivió ahí. Rogándole al cielo que entre todos ellos, no estuviera Ivan.

-Dios mío -musité.

Aran se acercó y observó a los seres que estaban cerca, verificando que no fueran algún conocido. Yo no pude siquiera moverme.

-¿Qué es este lugar? -emití sin fuerzas.

-Está, es la parte trasera del monstruo en el que usted estuvo. Era un gusano que se alimentaba de seres vivos, es por eso que los Nimus crearon sus hogares en la cola de ese monstruo, para quienes fueran tras ellos, cayeran en la trampa y terminarán alimentando al animal -contó.

Cerré los ojos y recordé a todas las personas que vi dentro de aquella cosa. Sus gritos, sus caras, sus huesos y órganos a la vista.

-Señorita, espéreme un momento, entraré a verificar que el lobito no esté dentro. Tengo total confianza en que no está ahí, pero para que esté tranquila, lo haré.

Asentí y él entró. Unos minutos después, salió.

-Se lo dije. Ese Ivan parece hierba mala -se sacudió las manos y se agachó frente a mí.

Yo aun no podía hablar o moverme, así que solo me deje caer en el suelo. La cantidad de seres muertos en un mismo lugar, eso me nublo la mente.

-¿Se siente bien? -Aran se notaba preocupado.

-Si, solo vámonos de aquí.

No quise volver a subir a la espalda de Aran. Quería ir con cuidado por cada paso, para encontrarlo. Hasta que llegamos al sendero de las flores amarillas.

La brisa fría golpeó mi rostro, mientras se me congelaba el alma.

-Yo por ahí no paso -aseguré.

-Iré por la mochila, espéreme aquí.

-¡Aran, no, espera! -grité.

Aran se adentró al floral. Mis nervios estaban de puntas.

“Lo van a matar” pensé “Dios mío, No lo veo”

Y luego apareció con la mochila al hombros campante y sonriendo.

-Listo -dijo.

-Me vas a matar de los nervios. Estoy segurísima.

-¿Y yo qué hice?

..

Sin darnos cuenta, las horas pasaron mientras caminábamos por el bosque, la noche se aproximaba y debíamos buscar un lugar seguro para descansar. Sin embargo, cuando dos amigos se queda solos, y ninguno sabe cocinar, suceden cosas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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