Emma en el bosque de bestias - Capítulo 54
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Capítulo 54: capitulo 51
Escrito de la señora Moriha en una de las páginas sueltas del libro de Aran. Esa que encontrarán más adelante.

Diario de mis letras…
Ahora estoy en el bosque de las bestias, y quiero contarte cómo observé, con detalle, cada uno de los reinos de este lugar. Pero hoy, en estas páginas, quiero hablarte del reino de los lobos.
Lo que vi allí… de verdad me sorprendió.
Pero antes debes saber cómo llegué con vida hasta ese lugar.
Fui convertida en algo invisible, capaz de moverme por este bosque sin control. Así pude conocerlo todo. Déjame contarte, querido lector… o querido diario… o quizá, bestias.
Antes de ser una intrusa en el bosque, yo era una madre desesperada, buscando a su hijo.
Y así fue como me encontré con Aran.
Un joven noble, de cabello blanco como las nubes y unos ojos de un azul electrizante. Estaba rodeado de arañas. Eran como guardianas hambrientas caminando a su alrededor: grandes, pequeñas, de colores curiosos… nunca vi nada igual.
El joven me ofreció un rincón en su cueva, pero había un precio: regresar al pasado para ver a mi hijo, a cambio de entregar mi vida.
Por mi querido hijo, fui capaz de aceptar el peligro. ¿Qué importaba morir si podría volver a verlo?
Pero Aran… siendo tan bueno, no quiso dañarme.
Le conté mi historia, y en vez de hacerme daño, me dio una oportunidad. Me dejó ir.
Ay, mi joven Aran… tan bueno, tan valiente. Como una flor delicada, pero con la fuerza de mil hombres. Sin duda, fue el mejor ser que conocí en el bosque de las bestias.
Más adelante, en mi viaje, encontré el lago de las ninfas. Un mundo acuático… magnífico. Pero no voy a describirlo. Está prohibido. Y aunque pudiera, prefiero respetarlo.
Si algún día, quien lea esto decide ir al lago de los peces flotantes por pura curiosidad… le recomiendo no hacerlo.
Puede ser peligroso.
Pero valdría la pena… por la belleza que se oculta en el fondo del agua.
Allí fui bienvenida. Aunque, al principio, casi me matan: me confundieron con una bruja.
Pero, con mis conocimientos como humana… como médico, logré salvar a la antigua reina, Aziom, quien padecía una enfermedad extraña para ellos, pero conocida para nosotros: la gripe.
En agradecimiento, me dieron una poción. Una hecha con sangre de ninfa, que me volvió invisible por unos días.
Gracias a esa invisibilidad, pude caminar por el bosque sin ser devorada.
Y así, querido diario, llegué a la aldea de los lobos.
Nunca vi algo tan majestuoso.
No por castillos ni elegancia… sino por algo más antiguo. Algo que recordaba a las historias de nuestros ancestros: chozas, fuego, libertad. Ropas nórdicas. Un aire casi tribal.
Era hermoso.
Pero, incluso en esa belleza… había algo pesado. Algo oscuro.
Y déjame contarte, brevemente, querido diario, lo que escuché.
Lo que una madre lobo le narraba a su pequeño hijo.
Y sé que debes estar preguntándote: “¿lobos que hablan?”
No sé si lo mencioné antes, pero me refiero a hombres lobo. Seres capaces de transformarse.
Y así fue como ella comenzó:
“Cuenta la leyenda, hijo mío, que la luna, una noche, bendijo a una mujer.
Una mujer de este bosque… que tuvo la oportunidad de conocer a los humanos y vivir entre ellos.
Pero un día, decidió regresar.
Era una bruja… aunque no nació para serlo.
Era hija de la luna, porque la luna la había escogido.
Creció entre lobos, pero fue llevada al mundo humano, ya que su sangre no pertenecía del todo a nuestro linaje. Su madre era una loba… su padre, un hombre.
Cuando su madre murió, fue obligada a vivir entre humanos. Pero con el tiempo, regresó… y formó una familia con el rey de estas tierras.
De ese amor nacieron tres hijos poderosos.
Dos eran fuertes.
Pero el más pequeño… de cabello oscuro… al transformarse, su pelaje se volvía blanco. Tan blanco como la luz de la luna.
Al principio creyeron que era débil.
Pero no lo era.
Esa debilidad… era un poder oculto. Uno capaz de destruir incluso las almas.
Ella, su madre, había sido bendecida desde su nacimiento. Mitad humana, mitad loba… y convertida en bruja, porque los humanos, al entrar en el bosque, despertaban un poder de las estrellas.
Vivieron en paz… hasta que llegó el día.
Ese día en que ella lo dio todo por él.
Por el hijo de la luna.
Por el menor.
Pero ese niño… no solo era especial.
Era un niño maldito.
Y su propio padre… lo desterró.
Lo envió a un lugar del que jamás pudo regresar.
¿Cómo puede un padre hacer algo así?
Tal vez… solo tal vez… lo hizo para proteger a los demás.
Sacrificando a uno de sus hijos… por el bien de todos.”
Diario…
Así, con esas mismas palabras, la madre le hablaba a su hijo.
Y ahora te dejo en manos de Aran.
Él te cuidará tan bien como yo… quizá incluso mejor.
Le enseñé a escribir poemas, aunque él los confunde con relatos de su propia vida.
Aun así… lo que escribe es hermoso.
Estás en buenas manos, querido diario.
Pero no te preocupes…
He conservado algunas de tus páginas.
Para que siempre estés conmigo, en mis aventuras.
(Hola🩷… perdon por la tardanza).
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