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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 246

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Capítulo 246: Ha Regresado

El equipo SWAT rodeó la propiedad abandonada con el mayor sigilo que pudieron reunir.

Bloquearon los puntos de salida, aseguraron rutas de escape, y quitaron los seguros de sus armas en caso de hostilidad.

—Teniente, todos en sus posiciones y listos para entrar— anunció el líder del equipo.

Desde detrás de algunos tanques vacíos, Audrey Grifften escaneó los alrededores antes de tomar una decisión.

El individuo al que buscaban había sido identificado como uno de los miembros de un grupo revoltoso en la ciudad.

De familias problemáticas, el grupo de jóvenes hombres habían iniciado una serie de protestas en contra del monstruo alado que azotaba el submundo criminal.

Era comprensible. Nadie se sentiría seguro si una criatura no humana fuera por ahí asesinando gente.

Eso por sí sólo no merecería una persecución policíaca.

Sin embargo, la criatura por la que protestaban era Takagami. Protestaban porque sus propios familiares incurrieron en el crimen organizado naciente y Takagami los mató.

Y cuando la ciudad no dio respuesta sobre el asunto del Halcón, estos protestantes decidieron impulsar una revuelta organizada.

Curiosamente, ocurrió un día después de la desaparición de Takagami. Quizás, pretendían atraer a la Quimera, quizás provocar que lastimara a una persona a plena vista y así obtener lo que querían.

Tuvieron mala suerte. Takagami nunca apareció, y la policía terminó arrestando a muchos de los involucrados en la revuelta, lo que llevó a que algunos señalaran a sus líderes.

El hombre que iban a aprehender era uno de esos líderes, y uno armado.

—Recibido. Entren ya— Grifften dio la orden.

Una escopeta corta rugió y la cerradura de la puerta salió volando. El equipo SWAT penetró en el edificio ruidosamente.

Durante diez segundos, el canal de voz estuvo plagado de gritos y advertencias, así como reportes de zonas despejadas.

Otros diez segundos después, todo se calmó. Grifften suspiró con fastidio.

—Aquí no hay nadie, Teniente— el capitán informó lo obvio.

—Entendido. Despliéguense y busquen en los alrededores.

Grifften salió de su lugar a cubierto. Dudaba que el sujeto estuviese por aquí después de la revuelta.

—¡C-capitán, tene—

Una fuerte detonación cortó la comunicación por radio, y la onda expansiva hizo trastabillar a la Teniente.

Escombros y vidrios de las ventanas altas salieron disparadas en todas direcciones, obligando a Grifften a lanzarse de cabeza a cubierto nuevamente.

Por pura casualidad, terminó embistiendo al objetivo que venía a capturar.

—¿¡Ngh!? ¡Jaja, vaya suerte la mía!— se burló el hombre, incorporándose más rápido que la confundida Teniente.

—¡Alto!— ordenó ella. Rápidamente se levantó y corrió tras el sujeto. Buscó su radio para comunicar la situación, pero la había soltado en el choque.

Se encontraban en una vieja zona de apartamentos abandonados, en las afueras de la ciudad. El lugar era espacioso, y el personal limitado.

El hombre dobló una esquina. Grifften sacó su arma y avanzó con más cuidado, consciente del peligro que corría.

Lo que no se esperaba era una bomba de humo.

La cosa explotó justo cuando ella llegó a la esquina, lo que le impidió ubicar el veloz ataque.

El hombre, de complexión robusta y 1.9 metros de músculo, clavó un puñetazo en su cara que la hizo retroceder varios pasos.

La cabeza le daba vueltas y el dolor en la nariz la hizo llorar involuntariamente.

—Aah, perdona, cariño. Prometo que te lo voy a compensar— dijo el hombre con tono de burla.

Se abalanzó sobre Geifften una vez más, pero la aturdida Teniente actuó primero.

¡Bam Bam!

Una bala le rozó la oreja al sujeto. La otra se hundió en su antebrazo.

—¡GGRRRRH, MALDITA!— gruñó, lanzando una poderosa patada que dobló a Geifften a la mitad.

La Teniente cayó al suelo, jadeando. El hombre respiró con dificultad, dirigiéndole una mirada feroz antes de darse la vuelta y huir.

**********************************

Horas más tarde, Grifften terminó su turno con una venda en la cara y una larga sesión de regaños por parte de su jefa, la odiosa Comisionada de Jump City.

El departamento de policía había estado atravesando una difícil etapa desde que se les escapó Liam.

No sólo porque técnicamente la ciudad y la policía debían vigilarlo durante el cumplimiento de su libertad condicional, sino porque su ausencia incentivó el auge de la criminalidad otra vez.

La presencia de Takagami había puesto patas arriba a esos individuos, pero trajo sus propios problemas.

La Quimera era diferente a un vigilante. No tenía códigos, como el de Gotham, no seguía leyes, no tenía ni respetaba derechos.

Una criatura no humana que asesina gente en la ciudad, eso era insostenible. Incluso si los que mata son criminales, simplemente no funcionaría después de un tiempo.

—No tiene fin— murmuró Grifften, deteniéndose al llegar a su nuevo hogar.

Echaba un poco de menos el viejo apartamento, y ahora que Takagami se había ido Dios sabe a dónde, la enorme propiedad se sentía desolada.

Grifften caminó con un persistente dolor en sus costillas. Iba a insertar la llave, cuando notó que la cerradura había desaparecido y un agujero ocupaba su lugar.

Frunció el ceño. Sacó su arma y entró decidida a abrir un agujero en la cabeza de quien se haya metido en su casa.

—Holis.

¡BAM BAM BAM BAM!

La pistola escupió cuatro veces hasta que una palma envuelta en vendajes se cerró sobre el cañón.

—…

—…Lo admito, esta vez sí lo hice a propósito— dijo Liam, expresando diversión en sus ojos.

—¡Carajo mocoso, deja de asustarme así!

—Hm, un gusto verte, Audrey. Ha pasado un tiempo.

—…

Grifften suspiró y decidió que no valía la pena. Tiró de la manga de Liam y lo arrastró a un abrazo. —También me da gusto verte. Ahora, por favor, paga mi cerradura.

—Huh, yo no fui quien la rompió— dijo el shinobi, devolviendo el gesto.

—Si vas a decir que fueron las Quimeras, como su Maestro debes pagar de todas formas— advirtió la Teniente, empujándolo hacia atrás con una mueca.

—Ven y descúbrelo. Dojin está a punto de comérselo.

Ambos se dirigieron a la sala, donde Grifften se encontró con una reunión de individuos familiares en su mayoría.

Una distraída Ileana, de alguna forma más herida pero curada que la última vez que la vio, jugando con el cabello de una silenciosa chica asiática encadenada.

Sentado al lado de la moldava, estaba la enigmática criatura conocida como Void. Nunca había interactuado directamente con él.

Ocupando el otro sofá estaba Tsunako, elegantemente echada en un estado de alerta. Miraba fijamente a la chica desconocida.

Dojin, siendo Dojin, ahogaba a un hombre corpulento con la ropa hecha girones a punta de lamidas en la cara.

Zugan yacía en un rincón, dormido profundamente. Y Takagami se posaba sobre la red de cables especialmente diseñada para su comodidad en esta casa.

—…Uh, H-hola a todos— saludó torpemente, tomada por sorpresa. No se esperaba semejante reunión.

—Teniente. Disculpe la intromisión— Ileana le dedicó una sonrisa amable, mientras empujaba la cabeza de la chica hacia abajo a modo de inclinación.

—¡Jefa policía, tengo a éste!— ladró Dojin, sentándose con orgullo sobre el pecho del hombre desconocido.

Una mirada más atenta le reveló a Grifften que era Joe Sanders, el sujeto que intentaron arrestar ese mismo día y el que casi le rompió la nariz.

—Ah… Sí, gracias Dojin. Un buen trabajo.

—¿Verdad que sí? Hasta se orinó encima. Tenía el olor de tu sangre en la mano, así que me la comí— anunció la Quimera, resoplando en lo que Grifften pudo interpretar como su risa biológica.

Liam puso una mano en su hombro, llamando su atención.

—Takagami me contó lo que el Alcalde le propuso. Una vez me dijiste que aquí sería bienvenido siempre, Audrey. El anciano también lo prometió.

Vine para quedarme. Todos nosotros. Pero lo haré a mi manera. ¿Todavía estás de acuerdo?— Liam expuso sus intenciones con honestidad.

Audrey Grifften lo miró detenidamente. Miró a sus Quimeras, a sus aliados. Ninguno de estos individuos era un desinteresado salvador como Super Man.

Pero conocía a la mayoría. La sangre manchaba sus manos, o patas.

Las manos de Amanda Waller también estaban manchadas, quizás mucho más que las de todos los presentes juntos, y aún así dictaba los términos de la vida de Liam.

La visión simple de lo bueno y lo malo se había difuminado hacía mucho para la Teniente. No todas las ciudades podían tener un Super Man o una Super Girl.

—Esta propiedad se le otorgó a Takagami originalmente. Yo sólo vivo aquí porque, bueno, él no es una persona. Ahora que llegaste, Liam, es tuya— dijo, estrechando la mano del shinobi.

—Puedes quedarte a vivir con nosotros. Hay espacio suficiente— sugirió Liam.

—¡Sería fantástico!— Takagami vitoreó, mientras Ileana detuvo sus movimientos un segundo antes de volver a lo que hacía.

Grifften sonrió, argumentando que lo pensaría.

Subió al baño para limpiarse la suciedad del día, ignorando las súplicas quejumbrosas de Joe Sanders.

Al abrir la puerta, se encontró con sus prendas de dormir tiradas en el suelo, y una rata enorme con parches mecánicos sacudiendo la cara entre la ropa interior, obviamente ya usada.

—…

—…Teniente. Esto no es lo que piensa— dijo Nezu.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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