En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 247
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Capítulo 247: Super Girl 2
—No pertenece a este mundo. Su empatía es inexistente. Ni siquiera nos considera animales. La ejecución es la sentencia de este monstruo. Es todo lo que diré.
—¡Señor Secretario, una pregunta más!
—¡Afirma que la sentencia de la mujer es la muerte, pero al pueblo de Estados Unidos ni siquiera se le permite conocer al Juez que llevó a cabo el juicio!
—¿Cómo responde a las críticas internacionales por la falta de transparencia en el manejo de la situación?
—¡Algunos sectores de la población protestan por una ejecución pública! ¿Qué—
La pantalla se apagó, cortando el escándalo de los reporteros tras las breves palabras del Secretario de Defensa.
Batman observó su reflejo en el cristal durante un par de segundos. También estudió las expresiones de sus… Invitados.
Nadie parecía feliz con el giro de los acontecimientos.
—No debería sorprendernos. Demasiada gente murió por su culpa, es natural que una ejecución le aguardase— Green Lantern rompió el silencio.
Batman se volvió en su dirección. Le resultaba imposible contradecirlo.
—Nosotros no somos jueces ni verdugos. Tampoco agentes de la Ley. Lo que un jurado decida y un Juez sentencie está fuera de nuestras manos— señaló Super Man.
Pero su expresión decía que ni él estaba conforme.
—¿Qué Juez, cuál Jurado?— Super Girl frunció el ceño. —No nos informaron de esto, primo.
El silencio volvió a caer en el grupo. Se encontraban en Gotham, en uno de los escondites de Batman.
Ya habían transcurrido varios días desde que el Gobierno aseguró que su ayuda ya no sería necesaria, y básicamente los echaron de las instalaciones donde tenían a la mujer.
A ninguno se le dijo a dónde la llevarían, ni cómo planeaban contenerla.
Terminada su labor, todos se dispersaron de regreso a sus ciudades. Batman les dio a todos dispositivos de comunicación para mantenerse en contacto en caso de emergencia, y también para vigilarlos.
Flash jugó con el dispositivo y eliminó toda posibilidad de rastreo. Super Man aceptó de buena gana, y Batman estaba a un paso de descubrir su identidad civil.
Super Girl se negó, alegando que Super Man le informaría, y Capitán Marvel perdió el suyo en algún lugar remoto.
Linterna hizo que su anillo misterioso escaneara el artefacto y obtuvo la misma frecuencia. Fue frustrante para el Murciélago.
Volvió a convocarlos, a excepción de Capitán Marvel, cuando surgió la noticia de la ejecución de la guerrera esmeralda.
—Lo importante aquí es que esa ejecución podría salir terriblemente mal— habló finalmente, llamando la atención de todos.
Flash asintió en acuerdo. — No veo a esa mujer aceptando su muerte sin más. Ni siquiera se me ocurre cómo demonios piensan matarla— suspiró con cansancio.
—Se liberará. Apuesto lo que sea a que conseguirá escapar y volverá a desatar una carnicería— Green Lantern miró a los reunidos. —Sólo nosotros podemos detenerla.
—¿Pero cuándo sucederá?— inquirió Super Girl.
—Y dónde— añadió Flash.
—Eso es lo que voy a averiguar— declaró Batman. —Pero, mientras tanto, sólo existe un lugar al que ella irá en cuanto sea libre: Jump City.
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Tras la reunión, se decidió que los miembros capaces de la casi Liga de la Justicia tomarían turnos para rondar Jump City y, en específico, a Liam.
No hacía mucho que Batman se enteró de su regreso a la ciudad. Como el único objetivo conocido de aquella mujer, el shinobi era un elemento clave que el Murciélago no podía permitirse perder de vista.
Aún había preguntas que hacerle, a pesar de los argumentos de Linterna y Super Man.
Batman era consciente de que esos dos guardaban algo parecido a una amistad con Liam. Juzgó que ninguno sería lo suficientemente imparcial al momento de cuestionarlo.
Él y Flash tenían las manos llenas. Su tarea era la de encontrar la ubicación de la mujer, y ninguno sería de mucha ayuda si el peor escenario se desarrollase.
Por descarte, la primera guardia correspondió a Super Girl.
Kara no estaba encantada con la decisión, pero había vidas en juego.
Su impresión del shinobi no era positiva debido a su primer encuentro. No mejoró con el pasar de los años.
Cuando supo que él estaba relacionado de algún modo con el incidente de la mujer en armadura, y que además huyó y se escondió, un abrumador deseo de romperle la cara se coló en su pecho.
—Quizás lo haga… Después de todo, debo interrogarlo— pensó la Heroína al llegar a la ciudad.
Sobrevoló la urbe a velocidades ridículas, escaneando cada calle con sus sentidos superiores.
Batman le había advertido de sus tendencias esquivas, y Kara aceptó a regañadientes que era difícil de encontrar después de un par de horas sin detectar nada.
Ni un sonido, ni un olor, ni un vistazo de su figura deslizándose por los edificios.
—¿Cómo demonios protege la ciudad este idiota?— se quejó, irritada. Descendió con una mueca en una calle concurrida, atrayendo las miradas sobre sí.
Caminó a un carrito de helados cualquiera y compró uno. Se merecía al menos un descanso.
—¡S-Super Girl!
Chilló un niño con visible emoción. Kara sonrió y saludó casualmente. Se elevó en el aire antes de que una multitud se agolpase a su alrededor.
Fue en ese momento que una conmoción alcanzó su super oído. Hombres forcejeando, cuerpos estampados contra una pared, gruñidos de dolor y súplicas de piedad.
Kara se movió de inmediato. Ubicó el lugar, una modesta tienda de baratijas que desprendía el hedor de la sangre y las sustancias ilícitas. Un punto de venta de drogas.
Sin embargo, la situación se tornó extraña.
Escuchó a un hombre llamando por teléfono a la policía. Se identificó a sí mismo como un traficante e intermediario, dio su ubicación y solicitó agentes para que lo arrestasen a él, a sus hombres e incautaran la droga.
Para cuando Kara llegó a la escena, los hombres salían a la acera y dejaban sus armas en el suelo, tirándose boca abajo con las manos y las piernas extendidas.
Parpadeó, muy confundida. No entendía lo que estaba sucediendo.
Los latidos agitados de los hombres retumbaron en sus oídos. El sudor surgido del pánico asaltó su nariz.
Aterrizó con el ceño fruncido y el helado intacto en su cono. Miró la escena que sólo podría explicarse con control mental con sospecha, y después dirigió su atención al interior del local.
—¿Qué está pasando aquí?— exigió, haciéndose notar.
Un hombre magullado salió de la tienda dando tumbos. Su mirada desenfocada se iluminó al presenciar a la Heroína.
—¡A-ayúdanos, Super Girl!— cayó de rodillas, extendiendo la mano con esperanza. —¡Nos rendimos, por favor dile que nos rendimos!
Kara estaba a punto de cuestionar al sujeto, cuando sus sentidos se dieron cuenta de que había alguien más en el interior.
O algo.
Una extensión de carne musculosa y sinuosa salió disparada de repente. Kara se movió, interceptando la cosa antes de que alcanzara al hombre.
Fulminó con la mirada a la responsable. —Eso pudo herirlo gravemente, sino quitarle la vida— dijo con severidad.
—¿Hm? Creí que alguien capaz de ver a través de la carne conocería el cuerpo humano a la perfección— dijo una pequeña figura envuelta en vendas, y una capucha púrpura encima.
A primera vista, uno llegaría a pensar en una niña disfrazada. Pero, como ella misma dijo, Kara podía ver más que los demás y sabía muy bien que estaba lidiando con una joven mujer.
—Sé mucho sobre cuerpos, y el tuyo no es normal. Tendrás que venir conmigo— sentenció la Heroína.
—Yo creo que no~ — dijo la extraña.
Los músculos de la extremidad que la kryptoniana sujetaba se tensaron, intentando safarse de su agarre férreo.
Kara tiró con fuerza. Atrajo a la mujer hacia su puño, pero un brote repentino de carne desde el hombro de la oponente formó un ala luminosa que disparó proyectiles a su rostro.
Cerró los ojos con fuerza, sin tiempo para la visión de calor. Los proyectiles se quebraron como cristales contra su piel, apenas arañándola.
Pero la oponente no pretendía luchar con ella.
La extremidad tentacular se desprendió de su espalda, a la vez que un par adicionales borotaban y golpeaban el suelo con fuerza.
Saltó por encima de Kara y salió disparada hacia la calle. La Heroína se volvió en su dirección y fue tras ella.
—¡Detente mientras siga siendo gentil!— advirtió, deteniéndose un instante para mirar a los hombres con ferocidad. —¡Y ustedes no se muevan!
La extraña era veloz, mucho más que los mejores atletas del mundo. Eso no era suficiente para Super Girl.
Kara ajustó el objetivo y salió disparada en línea recta. Determinó que, dada la densidad de la chica, podía resistir un embate capaz de aturdir a un toro super pesado.
Sin embargo, la oponente plantó las extremidades de su espalda en el asfalto en el último segundo y se giró rápidamente.
Lanzó un golpe a Kara, mientras una espada orgánica se formaba desde su hombro.
El puño y la hoja se encontraron de frente. La hoja se agrieto, astilló y partió, pero no acabó ahí.
En este tipo de situaciones, los oponentes normalmente evitaban daños. Esquivarían al darse cuenta que las defensas naturales de Kara superaban su ofensiva.
Esta tipa no hizo eso. Y por ello tomó a Kara desprevenida.
¡Crack!
Más allá de la hoja, los dedos de la chica se partieron, después su mano. La muñeca se dobló y el antebrazo también sufrió daños visibles.
Kara se detuvo de golpe, pero el daño ya estaba hecho. La chica salió volando con un quejido lastimero y un hueso apuñalando su propia carne.
—¡Nggh! ¡Aaargh!— gritó, con un tono tan agudo que, sumado a su pequeño tamaño y figura contenida por las vendas, daban una muy mala imagen a Super Girl.
Rodó dramáticamente, y escupió una aún más dramática bocanada de sangre.
Las personas en los alrededores miraban la escena. Sus expresiones delataban incredulidad.
Kara se congeló por un segundo. Tampoco sabía cómo reaccionar. Se sintió como aquellos primeros días de actividades heroicas, cuando cometía error tras error al enfrentarse a gente mucho más débil que ella.
—¡O-oye, tú lo hiciste a propósito!— acusó.
—¡Waaah!— chilló la mujer en respuesta.
—¡Deja de fingir, puedo ver como te curas ahora mismo!— siseó la kryptoniana, avanzando con la intención de ponerla a dormir.
En ese momento, las patrullas de la policía llegaron y se detuvieron alrededor de la chica. Kara frunció el ceño y estaba a punto de advertir de la amenaza que representaba, cuando uno de los oficiales hizo una declaración absurda.
—¡Super Girl, detente de inmediato! ¡La Señorita Eto no es una enemiga!
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