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En Hollywood. - Capítulo 59

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Capítulo 59: Capítulo 58

Capítulo 58: Puntos Ciegos (Parte I)

Los Ángeles / Alabama – 3 de Diciembre de 1995

Mientras el sol de diciembre calentaba tímidamente los campos de Alabama, Michael Relish se encontraba en el ojo de un huracán que él mismo había provocado, aunque se sentía extrañamente en calma. El rodaje de Get Out avanzaba con una precisión quirúrgica. Naomi, en su rol de asistente de dirección, se había convertido en su sombra eficiente, permitiéndole a Michael sumergirse en la psicología de sus actores sin distracciones.

Sin embargo, a miles de kilómetros de distancia, en las oficinas de cristal de Century City y en los oscuros despachos de Nueva York, el éxito de OBLIVION y los rumores de Japón habían activado todas las alarmas.

+——————-+

Harvey Weinstein no era un hombre que aceptara la derrota con elegancia. Para él, los 50 millones de la primera semana de OBLIVION eran un insulto personal. Estaba sentado en su oficina de Miramax, rodeado de nubes de humo de cigarrillo y copias de los diarios financieros.

—¿Qué demonios hace este chico, que necesita de Kioto? —rugió Harvey, lanzando el Wall Street Journal sobre su escritorio—. Nadie va a Japón a comer sushi y a mirar templos cuando tiene una película número uno en América. Está tramando algo.

Frente a él, su equipo de relaciones públicas y dos investigadores privados que trabajaban “en las sombras” para Miramax intercambiaron miradas nerviosas. Habían pasado las últimas 48 horas rastreando los movimientos de Dylan en Tokio.

—Nuestras fuentes en la embajada dicen que ha habido reuniones con Nintendo y con una editorial llamada Shogakukan —dijo uno de los investigadores—. Pero no tiene sentido, Harvey. Son videojuegos y cómics infantiles.

Casi al mismo tiempo, en la sede de CAA (Creative Artists Agency), Michael Ovitz, el hombre más poderoso de la agencia, presidía una reunión de emergencia. CAA no solo estaba molesta por el éxito de Michael, sino por la bofetada que representaba que un director independiente que decidió irse con la competencia, ignorara sus servicios para contratar a actrices de su propia nómina —como Nicole Kidman— a través de acuerdos directos o agencias rivales como WMA.

—Relish está saltándose las reglas —sentenció Ovitz—. Está construyendo un ecosistema donde no nos necesita. Si permitimos que el “Arquitecto” cree su propia red de distribución y merchandising, el modelo de representación de talentos que hemos construido durante décadas se desmoronará. Investiguen qué está comprando en Japón. Quiero saber cada centavo que sale de sus cuentas.

Durante el 3 y el 4 de diciembre, la maquinaria de espionaje de Hollywood se volcó sobre Japón. Harvey Weinstein llegó a llamar a sus contactos en la distribución asiática, ofreciendo “favores futuros” a cambio de una copia de cualquier documento que Dylan hubiera firmado.

En Los Ángeles, los agentes de CAA rastrearon las transferencias bancarias de las cuentas de Omnisciente Studios. Descubrieron el movimiento de los 25 millones de dólares, una cifra que los dejó perplejos.

—¿Veinticinco millones? —preguntó Ovitz cuando recibió el informe el 5 de diciembre—. ¿Pagó 25 millones de dólares por los derechos de algo llamado “Pocket Monsters”?

En la sala de juntas de CAA, la tensión se transformó repentinamente en una risa contenida. Un agente de la división de medios interactivos se levantó, ajustándose la corbata con una mueca de superioridad.

—Señor Ovitz, “Pocket Monsters” es un futuro juego para la Game Boy. Una consola vieja, con gráficos en blanco y negro que está a punto de ser reemplazada. El juego ni siquiera ha salido en Japón. Es sobre niños que capturan bichos en el bosque. Es… —el agente hizo una pausa para buscar la palabra adecuada— es un suicidio financiero.

Harvey Weinstein, al recibir la misma información a través de sus espías, soltó una carcajada que se escuchó en todo el pasillo de Miramax.

—¡Es un idiota! —gritó Harvey, limpiándose las lágrimas de la risa—. El gran “Arquitecto” ha perdido el juicio. Se cree tan listo que ha tirado 25 millones de dólares a la basura en juguetes japoneses. Nadie ha hecho nunca una película de videojuegos que funcione. ¿Se acuerdan de Super Mario Bros en el 93? Fue un desastre absoluto. Y ese era Mario. ¿Quién va a querer ver una película de unos monstruos que nadie conoce?

Para el 5 de diciembre, la investigación cesó. CAA y Harvey llegaron a la misma conclusión: Michael Relish era un genio técnico, pero un pésimo hombre de negocios fuera de Hollywood. Decidieron que no valía la pena preocuparse por sus movimientos en Asia.

—Dejen que se hunda solo con sus dibujos animados —dijo Ovitz a sus agentes—. Nosotros seguiremos presionando donde duele. Sigan atacando la “frialdad” de OBLIVION. Digan que el final donde Kidman y Diaz pierden la memoria es un insulto a la audiencia, que es misógino y que Relish odia a sus propias actrices. Si no podemos ganarle en la taquilla, le quitaremos los premios.

Mientras los tiburones de Hollywood cerraban sus carpetas sobre Japón con arrogancia, Michael Relish estaba en el set de Alabama, bajo una luz crepuscular, grabando la escena donde el protagonista descubre la verdad sobre la familia Armitage.

Naomi se acercó a él durante un descanso, sosteniendo un fax que acababa de llegar de Dylan.

—Michael, parece que la curiosidad en Los Ángeles se ha enfriado —susurró ella—. Dylan dice que han dejado de husmear en Kioto. Creen que “Pocket Monsters” es un fracaso antes de nacer.

Michael tomó el fax, lo leyó rápidamente y lo guardó en el bolsillo de su chaqueta. Una sonrisa casi imperceptible apareció en su rostro.

—Ese es su mayor error, Naomi. Creen que el entretenimiento es solo lo que sucede en esta ciudad. No entienden que el mundo está a punto de volverse mucho más pequeño. Que sigan criticando el final de OBLIVION. Mientras ellos gastan su energía en artículos de opinión, nosotros estamos comprando las llaves de la infancia de la próxima generación.

Michael se levantó de su silla, renovado. El hecho de que sus enemigos lo subestimaran era la pieza final de su plan. Hollywood lo veía como un director con suerte que estaba desperdiciando su dinero; él se veía como el hombre que acababa de asegurar el monopolio del fenómeno cultural más grande de la historia.

—¡Equipo! —gritó Michael, volviendo al centro del set—. Vamos a repetir la toma 14. Quiero más tensión. Recuerden: el horror no es lo que ves, es lo que sabes que está ahí pero no puedes detener.

El rodaje continuó en el silencio de la noche de Alabama. Michael grababa horror, pero por dentro, estaba celebrando la ceguera de sus rivales. La primera semana de OBLIVION había sido solo el prólogo. La verdadera guerra comenzaría cuando los “bichos” de Japón invadieran las pantallas de todo el mundo, y para entonces, el Arquitecto ya tendría el 80% de ese imperio en su bolsillo.

Tokio / Kioto, Japón – 8 de Diciembre de 1995

Mientras en Hollywood los buitres de CAA y Miramax celebraban lo que consideraban el “suicidio financiero” de Michael Relish, Dylan se encontraba en una oficina de techos altos en el distrito de Chiyoda, rodeado de un ejército de abogados y ejecutivos japoneses.

El aire estaba cargado de formalidad y del olor a tinta fresca. Tras una semana de intensas negociaciones, el silencio fue roto por el sonido rítmico de los sellos hanko golpeando el papel.

Era oficial. Los derechos cinematográficos de Pocket Monsters para Occidente pertenecían a Omnisciente Studios. Pero el verdadero golpe maestro no estaba en el cine, sino en la pequeña pantalla.

Antes de la firma final, Michael había mantenido una conferencia telefónica de tres horas con Dylan desde el set en Alabama. A pesar de la distorsión de la línea transoceánica, la voz de Michael sonaba con una claridad profética.

—Dylan, no vamos a esperar a que Nintendo decida cómo contar esta historia —había dicho Michael—. Vamos a tomar la iniciativa. He autorizado una transferencia inmediata de 5 millones de dólares adicionales de mis fondos personales. Quiero que busques a los mejores animadores de Japón. No quiero un estilo estándar; quiero calidad de largometraje para una serie de televisión(Anime).

Dylan, que ya estaba acostumbrado a las peticiones monumentales de su cliente, tomó nota. Pero lo que vino después fue lo que realmente lo dejó sin aliento. Michael le envió por fax un resumen de 40 páginas titulado simplemente: “Proyecto P: Temporada Uno”.

Como viajero del tiempo, Michael no se limitó a copiar lo que recordaba. Editó la historia para hacerla más coherente y emocionante.

En su versión, el protagonista —Ash (Satoshi en Japón)— no era simplemente un niño con suerte, sino un estratega en ciernes que enfrentaba dilemas reales sobre el vínculo entre humanos y criaturas. Michael eliminó los episodios de “relleno” que hacían lenta la trama original y le dio al “Equipo Rocket” una profundidad más oscura pero cómica, inspirada en los mejores villanos de la animación clásica.

—He corregido los errores de ritmo que suelen tener estas series —explicó Michael a través del teléfono—. Quiero que el primer encuentro con el legendario pájaro de fuego (Ho-Oh) sea el motor de toda la temporada. Y quiero que la animación de las batallas tenga una fluidez que nunca se haya visto en la televisión japonesa. Usa el dinero para contratar a veteranos de estudios como Madhouse o Production I.G. si es necesario.

Dylan colgó el teléfono sintiendo que el mundo pesaba sobre sus hombros. Michael le había delegado una tarea titánica: organizar una infraestructura de producción en un país extranjero, con una cultura de trabajo radicalmente distinta.

—5 millones para una serie que aún no tiene canal de distribución… —murmuró Dylan, frotándose las sienes—. Michael, realmente estás loco o eres el hombre más brillante que ha pisado la Tierra.

Dylan se puso a trabajar de inmediato. Siguiendo las instrucciones de Michael, comenzó a filtrar el resumen de la historia a través de traductores de confianza. También utilizó su posición en la agencia (WMA) para buscar guionistas estadounidenses que pudieran colaborar con los japoneses, asegurando que la serie tuviera un atractivo global desde su primer dibujo. Quería que los diálogos no se sintieran como una “traducción barata”, sino como una historia universal de aventura y superación.

El punto culminante de la semana llegó cuando Dylan se reunió con los jefes de OLM (Oriental Light and Magic), el estudio que Nintendo y Game Freak estaban considerando para la animación.

La sala de juntas de OLM era pequeña y llena de bocetos en las paredes. Los animadores japoneses miraron con escepticismo el fajo de documentos que Dylan puso sobre la mesa. Pero a medida que el intérprete traducía el resumen de la historia escrito por Michael, el ambiente cambió.

—Este… este concepto de la “Liga Pockemonster(Pokémon)” como un evento de escala mundial, con esta profundidad narrativa… —dijo uno de los directores de animación, ajustándose las gafas—, es muy diferente a lo que habíamos planeado. El señor Relish parece entender la psicología de los monstruos mejor que nosotros mismos.

Dylan sonrió, recordando la advertencia de Michael: “No dejes que lo simplifiquen. Queremos que los niños sientan que este mundo es real, peligroso y maravilloso”.

—El señor Relish está dispuesto a financiar una parte significativa de la producción si aceptan estas directrices creativas —dijo Dylan con firmeza—. Queremos calidad cinematográfica. Queremos que el mundo se detenga cuando este anime se estrene.

Los japoneses estaban asombrados. En 1995, que un productor estadounidense pusiera 5 millones de dólares directamente sobre la mesa para un anime basado en un juego de Game Boy era algo inaudito. Era una fortuna para los estándares de la industria de la animación japonesa de la época.

Al final del 8 de diciembre, Dylan salió de la reunión con un pre-acuerdo firmado. Michael no solo sería el productor ejecutivo en Occidente, sino que su visión narrativa sería la columna vertebral de la serie en todo el mundo.

Dylan regresó a su hotel en Shinjuku y llamó a Michael. Eran las cuatro de la mañana en Alabama, pero sabía que Michael estaría despierto, probablemente revisando planos de iluminación o guiones en su tráiler.

—Está hecho, Michael —dijo Dylan—. OLM está en shock, pero han aceptado tus guiones. Los animadores están emocionados con el presupuesto. Dicen que con ese dinero pueden contratar a los mejores artistas de fondos de la industria.

—Excelente, Dylan —la voz de Michael sonaba tranquila, casi fría—. Ahora viene la parte difícil. Quiero que asegures los contratos de los dibujantes. Que cada uno firme cláusulas de confidencialidad de hierro. No quiero que nada de esto se filtre a la prensa de Hollywood hasta que tengamos el primer tráiler listo.

—¿Y qué hago con los guionistas de WMA? —preguntó Dylan.

—Ponlos a trabajar con los japoneses. Quiero que el “Proyecto P” sea el puente definitivo entre Oriente y Occidente. Descansa un poco, Dylan. Te has ganado el sueldo de todo el año hoy.

Michael colgó. Dylan se quedó mirando las luces de neón de Tokio desde su ventana. Sabía que Michael estaba jugando un juego de ajedrez a diez movimientos de distancia. Mientras Hollywood se burlaba de los “bichos japoneses”, Michael acababa de plantar la semilla de lo que sería, posiblemente, el mayor fenómeno de la historia del marketing. Y lo mejor de todo: nadie, excepto ellos dos, sabía que el guion original venía de un hombre que ya había visto el final de la historia.

Set de Rodaje de Get Out, Alabama / Hotel de Producción – 21 de Diciembre de 1995

Habían pasado tres semanas desde que la primera claqueta resonó en la mansión de Alabama. El rodaje de Get Out se había transformado en una danza rítmica de luces, sombras y tensión psicológica. Michael Relish, sentado en su silla de director, observaba los monitores con una calma que ocultaba las cicatrices de una semana anterior que estuvo a punto de descarrilar el proyecto.

Michael no pudo evitar perderse por un momento en sus pensamientos, regresando mentalmente a los eventos de la segunda semana. Lo que debía ser un rodaje fluido se vio empañado por un conflicto estúpido pero peligroso. El protagonista, influenciado por los susurros externos, tuvo un altercado público con un periodista que se había colado cerca del set. Lo que empezó como una respuesta cortante escaló hasta convertirse en un titular de “actor problemático en el set de Relish”.

Harvey Weinstein y CAA habían avivado las llamas. Michael recordó la tensión en su oficina móvil cuando llamó al actor.

—No me importa quién empezó la pelea —le había dicho Michael con una frialdad que heló la habitación—. Lo que me importa es que tu cara es la cara de mi inversión. Si no puedes ser un profesional, no me falta dinero para reiniciar el casting hoy mismo y borrar cada minuto que hemos grabado contigo.

El actor, sintiéndose respaldado por una supuesta oferta secreta de CAA que le prometía un contrato mejor si “dejaba el proyecto de Relish por diferencias creativas”, inicialmente se mostró desafiante. Pero Michael, como viajero del futuro, sabía que ese contrato era un espejismo para hundirlo a él, no para salvar al actor.

Finalmente, tras dos días de retraso que costaron miles de dólares, el agente del actor llegó al set deshaciéndose en disculpas. Habían comprendido que Michael no estaba bromeando: el Arquitecto estaba dispuesto a quemar el bosque para salvar el árbol. El actor se disculpó sinceramente al entender que solo era un peón en una guerra de agencias. Michael aceptó las disculpas, pero dejó una advertencia final: “La próxima vez que no seas profesional, estarás fuera antes de que tu agente cuelgue el teléfono”. El rodaje se recuperó con una intensidad renovada, y el actor, ahora dócil y concentrado, entregó las mejores tomas de su carrera.

De vuelta al presente, el 21 de diciembre traía un aire diferente. Michael decidió terminar la jornada mucho antes de lo previsto. Los actores y el equipo técnico estaban agotados, y la Navidad se sentía en el aire frío de Alabama.

—¡Es un cierre para hoy! —gritó Michael—. Descansen, pasen tiempo con sus familias o simplemente duerman. Nos vemos el 23.

Naomi Watts, que se había convertido en una asistente de dirección impecable, se acercó a él con su libreta de notas. Sus ojos brillaban con una mezcla de cansancio y expectación.

—Michael, ya casi es hora —le susurró—. Las nominaciones a los Globos de Oro están a punto de anunciarse.

Ambos salieron del set y se dirigieron al hotel que la producción había alquilado íntegramente. En el camino, Michael revisó mentalmente los números de OBLIVION.

Las primeras tres semanas en cartelera, la película había alcanzado los 99.7 millones de dólares en la taquilla doméstica y 55.5 millones en el mercado internacional. Un total de 155.2 millones.

La prensa, siempre hambrienta de sangre, titulaba que este era el “inicio más bajo de la carrera de Michael Relish”. Comparado con los éxitos explosivos de sus cintas anteriores, OBLIVION parecía un éxito “moderado” a ojos de los analistas. Pero Michael estaba tranquilo. Sabía que una película de ciencia ficción seria, con una narrativa farmacéutica y un final tan crudo, y sobre todo protagonisada por mujeres necesitaba tiempo para madurar en la mente del público. Y los Globos de Oro eran la llave para esa maduración.

Michael y Naomi se encerraron en su suite. Encendieron la televisión, sintonizando la cadena que transmitiría los anuncios en vivo. Michael se sentó en el sofá, mientras Naomi se servía una copa de vino, sentándose a sus pies, apoyando la cabeza en sus rodillas.

—No importa lo que digan los periódicos sobre los números, todavía falta el calculo de esta semana, Michael —dijo Naomi suavemente—. Tú y yo sabemos lo que esa película significa.

Cuando comenzaron los anuncios, el silencio en la habitación era absoluto.

“Y los nominados a Mejor Guion Original son… Michael Relish por OBLIVION”.

Naomi apretó la pierna de Michael con entusiasmo. Pero eso era solo el comienzo.

“Mejor Actriz en Drama… Elizabeth Banks”.

“Mejor Actriz de Reparto… Nicole Kidman”.

“Mejores Efectos Visuales… OBLIVION”.

Y finalmente, el presentador pronunció las palabras que hicieron que Naomi saltara de alegría:

“Y por Mejor Director… Michael Relish”.

Michael soltó un suspiro de alivio. Cinco nominaciones principales. No era solo un reconocimiento técnico; era la industria admitiendo que su visión sobre la “tecnología negra” y el borrado de memoria tenía peso artístico. La narrativa de “frialdad” que Harvey había intentado vender se acababa de desmoronar.

—Cinco, Michael… ¡Cinco! —exclamó Naomi, abrazándolo por el cuello—. Elizabeth va a llorar cuando se entere. Esto cambia todo para la campaña de los Oscar.

Michael sonrió, tomándola por la cintura. —Significa que Susan va a tener que trabajar el doble durante las fiestas. Pero también significa que el público que no ha ido a verla por las malas críticas, ahora irá por curiosidad. Mañana superaremos los 100 millones domésticos sin duda alguna.

Michael apagó la televisión con el control remoto. El resplandor de la pantalla desapareció, dejando la habitación iluminada solo por la tenue luz de las lámparas de mesa y el reflejo de la luna sobre los pinos de Alabama.

—¿Sabes qué más significa esto? —preguntó Michael con una voz más baja y profunda, atrayendo a Naomi hacia él.

—¿Qué, señor Director? —respondió ella con una sonrisa pícara, reconociendo ese brillo en los ojos de Michael que no tenía nada que ver con el cine o los negocios.

—Que es momento de festejar… a nuestra manera.

Michael la cargó en sus brazos hacia la habitación principal. En el silencio de esa noche de hotel, lejos de las cámaras, de los ejecutivos de Nintendo, de la rabia de Harvey Weinstein y de los ojos inquisidores de CAA, Michael y Naomi se perdieron el uno en el otro. Fue un festejo de “mayores”, una descarga de toda la tensión acumulada en tres semanas de rodaje y negociaciones internacionales.

Mientras el mundo empezaba a digerir las nominaciones de los Globos de Oro y los periódicos preparaban sus retractaciones sobre el “fracaso” de Relish, el Arquitecto encontraba su mayor recompensa en la intimidad de su hogar temporal, sabiendo que el 1996 que se avecinaba sería el año en el que, finalmente, el mundo entero jugaría bajo sus reglas.

Set de Rodaje de Get Out, Alabama – 23 de Diciembre de 1995

El 23 de diciembre amaneció con una neblina baja que se enredaba en los robles centenarios que rodeaban la mansión de los Armitage. Era el último día de trabajo antes del receso navideño que Michael había programado hasta el 3 de enero. Michael sabía que el equipo necesitaba un respiro, pero antes de soltar las cámaras, necesitaba capturar el núcleo emocional y perturbador de la película: la primera gran reunión familiar.

Michael caminaba por el jardín junto a su director de fotografía, revisando los ángulos de cámara para la escena de la recepción. El director de fotografía, un veterano que había trabajado en cine negro, escuchaba con atención mientras Michael gesticulaba hacia el porche de la casa.

—Necesito que la cámara sea un personaje más, Bill —explicó Michael, deteniéndose frente a un set de sillas de mimbre—. No quiero planos generales estables. Quiero que, cuando la cámara esté sobre Chris R.(el protagonista), el encuadre sea ligeramente más cerrado de lo habitual. Quiero que el espectador sienta que no tiene aire. Que se sienta vigilado, analizado.

—¿Quieres un estilo voyeur? —preguntó el director de fotografía.

—Exacto. Pero un voyeurismo clínico. Como si estuviéramos observando a un espécimen bajo un microscopio. En las tomas grupales, quiero que la profundidad de campo sea engañosa. Que los rostros de la familia en el fondo se vean un poco demasiado nítidos, como si estuvieran siempre al acecho de cualquier movimiento del protagonista. Esta no es una reunión de familiares; es un examen de selección biológica.

El director de fotografía asintió, tomando notas sobre el uso de lentes específicas para distorsionar sutilmente los bordes del encuadre. La conversación fue fluida; Michael tenía la capacidad de traducir sus visiones futuristas a términos técnicos que los artesanos podían ejecutar con maestría.

Tras terminar con el equipo técnico, Michael buscó a Naomi. Ella estaba sentada en la mesa de producción, coordinando los horarios de salida del equipo para el día siguiente. Llevaba una chaqueta de cuero sobre su ropa de trabajo y una coleta alta; se veía radiante incluso bajo el estrés del rodaje.

—Naomi, ¿puedes llamar a los actores principales? —pidió Michael—. Necesito hablar con la “familia” antes de que entremos en calor.

Naomi se levantó de inmediato. En estas tres semanas, se había vuelto indispensable.

—Ya voy, jefe —respondió ella con una sonrisa. Se detuvo un segundo antes de irse y lo miró a los ojos—. Michael, quería decirte… realmente me está gustando esto. No solo estar aquí contigo, sino el proceso de dirección. Ver cómo doblas la realidad para que encaje en la lente es fascinante. Quiero seguir aprendiendo esto, quiero ser tu mano derecha en la dirección en los próximos proyectos.

Michael sintió un calor genuino en el pecho. Que Naomi quisiera involucrarse en la creación y no solo en la actuación significaba que pasarían mucho más tiempo juntos en el futuro, compartiendo la carga creativa de Omnisciente Studios.

—Me hace muy feliz escuchar eso, Naomi. Prepárate, porque después de Navidad, las escenas se vuelven mucho más técnicas. Necesitaré tus ojos en el monitor tanto como los míos.

Diez minutos después, Chris Rock (Chris), Heather Grahan (Rose), Kevin Kline

(Dean) y Jessica Lange (Missy) estaban reunidos alrededor de Michael en el gran salón de la casa. El ambiente era cordial, pero Michael necesitaba romper esa comodidad.

—Escuchen bien, familia Armitage —comenzó Michael, mirándolos uno a uno—. Necesito que olviden la hospitalidad sureña tradicional. Cuando hablen con Chris, quiero diálogos largos, sí, pero lo que realmente me importa son las pausas. Necesito silencios que duren dos segundos más de lo socialmente aceptable.

Daniel, el protagonista, escuchaba atento. Michael se dirigió a él:

—Chris, tú vas a estar inquieto. Ves a la familia “normal”, pero hay un zumbido en tu cabeza que te dice que algo no encaja. Pero amas a Rose, así que te obligas a quedarte. Estás atrapado entre tu instinto de supervivencia y tu corazón.

Luego volvió a mirar a los “suegros”:

—Y ustedes… quiero que sus risas sean un 10% más brillantes de lo necesario. Que se vean falsas, como si estuvieran usando una máscara que les aprieta. Sus miradas después de cada pregunta deben ser inquietantes, como si estuvieran tasando un objeto en una subasta. No es una charla con el yerno; es un interrogatorio de calidad.

Michael se sentó en su silla, con Naomi justo a su lado. El silencio cayó sobre el set. Naomi gritó el aviso de “¡Silencio en el set!” con una autoridad que sorprendió a los técnicos veteranos.

—¡Acción! —ordenó Michael.

La escena comenzó. En la versión original de la historia que Michael recordaba, este momento era tenso, pero bajo su dirección, se convirtió en algo mucho más oscuro y cinematográfico, eso es lo que había decidido.

La cámara se deslizaba lentamente alrededor de la mesa de té. Kevin, interpretando a Dean Armitage, hacía una pausa eterna después de que Chris mencionara su carrera como fotógrafo. El silencio se estiraba, volviéndose insoportable. Los cubiertos chocando contra la porcelana sonaban como disparos en la mezcla de sonido que Michael ya estaba imaginando.

Jessica (Missy) mantenía una sonrisa fija mientras observaba a Chris. Su mirada no se desviaba, ni siquiera cuando parpadeaba. Era una mirada depredadora, analítica. Cuando Chris intentaba bromear para romper el hielo, las risas de la familia llegaban con un retraso calculado, una sincronía artificial que hacía que los vellos de los brazos de los técnicos se erizaran.

Michael observaba el monitor principal. Gracias a los lentes que había pedido, el rostro de Chris R. se veía ligeramente aislado del fondo, enfatizando su soledad en esa casa llena de gente blanca y adinerada. Era una toma perfecta. El suspenso no venía de lo que se decía, sino de lo que se callaba y de la forma en que la cámara “acosaba” al protagonista.

Al terminar la toma, Michael no dijo “corte” de inmediato. Dejó que la cámara siguiera rodando cinco segundos más en silencio, capturando la incomodidad real de los actores.

—Corte. Es magnífica —susurró Michael.

Naomi, a su lado, estaba conteniendo el aliento.

—Ha sido aterrador, Michael —dijo ella en voz baja—. He sentido ganas de sacar a Daniel de ahí yo misma.

Michael sonrió y se levantó. El trabajo estaba hecho por este año. Había logrado inyectar el ADN de un thriller psicológico de élite en la producción. Ahora, con el rodaje en pausa y las nominaciones de los Globos de Oro respaldándolos, era momento de regresar a casa.

—¡Equipo, empaquen todo! —anunció Michael con voz fuerte—. Nos vemos el 3 de enero. ¡Feliz Navidad a todos!

Mientras los técnicos celebraban y comenzaban a guardar el equipo, Michael tomó la mano de Naomi. El “Arquitecto” finalmente cerraba su oficina por unos días, listo para disfrutar de las fiestas con las tres mujeres que eran el centro de su universo, mientras en Japón, sus animadores ya empezaban a dar vida a los primeros bocetos de Pikachu bajo la sombra de su supervisión a distancia.

Tokio, Japón – 24 y 25 de Diciembre de 1995

Mientras Michael cerraba el set en Alabama bajo la neblina sureña, al otro lado del mundo, en un Tokio iluminado por luces de neón y un frío cortante, Dylan disfrutaba de unas vacaciones que eran, en realidad, una misión de reconocimiento. El agente de WMA se encontraba en el lounge de su hotel en Shinjuku, con una pila de revistas japonesas sobre la mesa y un traductor contratado a su lado.

El trato con Nintendo ya estaba blindado. El 26 de febrero de 1996 se había marcado en el calendario como el día “D”: el lanzamiento del anime de Pocket Monsters, justo un día antes de que el juego llegara a las tiendas. Dylan sabía que si ese plan funcionaba, Michael dejaría de ser solo un director exitoso para convertirse en el dueño de una franquicia transmedia sin precedentes.

Dylan, aunque no era un experto en videojuegos, tenía el olfato entrenado por Michael. Hojeando una copia reciente de la revista Famitsu, sus ojos se detuvieron en una imagen que rompió con la estética colorida de los juegos japoneses habituales. Era la ilustración de una mansión oscura, pasillos estrechos y la figura grotesca de un muerto viviente girando la cabeza hacia la cámara.

—¿Qué es esto? —preguntó Dylan, señalando la página con su bolígrafo—. Se ve… diferente. Se ve como algo que Michael rodaría, o eso pensó ya que sabe que Michael solo está haciendo puro thriller o cosas así.

El traductor revisó los caracteres kanji.

—Se llama Biohazard, señor Dylan. Es de una empresa llamada Capcom. El artículo dice que es un nuevo género, algo que llaman “Survival Horror”. Sale en marzo del próximo año para la PlayStation de Sony.

Dylan sintió un escalofrío, pero no de miedo, sino de oportunidad. Conocía a Michael; sabía que su cliente tenía una debilidad por las historias donde el entorno es el enemigo y la ciencia se vuelve contra la humanidad, muy parecido a lo que acababan de hacer en OBLIVION.

—Averigua quién es el responsable en Capcom —ordenó Dylan—. Quiero saber si los derechos cinematográficos están disponibles. Si este juego es tan aterrador como estas imágenes, Michael podría convertirlo en una franquicia de terror mundial.

Mientras el traductor salía para hacer unas llamadas, Dylan se quedó reflexionando. Pensó que, si Michael seguía expandiéndose hacia Japón, él mismo tendría que empezar a estudiar el idioma. No podía depender siempre de terceros si quería ser el mejor agente del mundo para el “Arquitecto”.

Para matar el tiempo mientras esperaba noticias de Capcom, Dylan abrió su maletín y sacó los últimos informes de recaudación que le habían enviado desde Los Ángeles. Quería ver el panorama completo de OBLIVION antes de que terminara el año.

Los números eran un poema a la estrategia de Michael.

Primer Fin de Semana (Diciembre):

Michael había asestado un golpe de autoridad. Con 35 millones de dólares en solo dos días de estreno, OBLIVION se había sentado en el trono del Top 1, desplazando a gigantes:

OBLIVION: $35,000,000

Toy Story: $30,000,000

GoldenEye: $22,000,000

Ace Ventura: $12,000,000

Segundo Fin de Semana:

La caída fue mínima, demostrando que el “boca a boca” era positivo.

OBLIVION: $25,000,000

Toy Story: $20,000,000

GoldenEye: $15,000,000

Tercer Fin de Semana:

OBLIVION logró el “hat-trick” manteniéndose en la cima por tercera semana consecutiva, algo inaudito para una película de ciencia ficción original en ese mercado competitivo.

OBLIVION: $18,000,000

Toy Story: $17,000,000

Father of the Bride Part II: $12,000,000 (Estreno)

Cuarto Fin de Semana (La prueba de fuego):

Aquí fue donde el panorama cambió con la llegada de Jumanji. Pero OBLIVION ya había cruzado la marca psicológica de los 100 millones de dólares nacionales.

Jumanji: $35,000,000 (Estreno)

OBLIVION: $14,000,000

Heat: $10,000,000 (Estreno)

Toy Story: $9,000,000

Dylan pasó la Navidad solo en Japón, pero con una sonrisa en el rostro. El 25 de diciembre recibió el cierre del mes. Las nominaciones a los Globos de Oro habían revitalizado la película en su quinta semana, atrayendo a un público más adulto que inicialmente había dudado.

Cierre del mes (25 de diciembre):

OBLIVION se mantenía en un sólido segundo lugar, solo por detrás del fenómeno familiar de Robin Williams.

Jumanji: $25,000,000

OBLIVION: $16,000,000 (Subiendo respecto a la semana anterior gracias a los Globos de Oro)

Toy Story: $15,000,000

Dylan sumó las cifras finales en su libreta. Nacionalmente, la película ya acumulaba 131 millones de dólares. Internacionalmente, la respuesta en Europa y Asia había sido masiva, sumando otros 89 millones.

—220 millones de dólares en un mes —susurró Dylan para sí mismo en el silencio de su habitación de hotel—. Y estos imbéciles de la prensa decían que era el inicio más bajo de su carrera.

Dylan sabía que con la temporada de premios a la vuelta de la esquina y el mercado internacional apenas despertando, OBLIVION tenía el potencial de alcanzar los 300 millones. WMA ya estaba preparando las proyecciones para los inversores. Michael no solo había hecho una buena película; había derrotado a Disney y a James Bond en su propio terreno durante tres semanas seguidas.

El traductor regresó con noticias de Capcom.

—Señor Dylan, he hablado con la oficina de relaciones de Capcom. Están muy sorprendidos de que alguien de Hollywood esté interesado en un juego de terror antes de su lanzamiento. El productor del juego se llama Shinji Mikami. Dicen que estarían dispuestos a recibir una propuesta oficial en enero.

Dylan asintió, cerrando su maletín.

—Perfecto. Prepara los documentos. Michael regresa al set el 3 de enero, pero para entonces, quiero que ya tengamos un pie dentro de esa mansión de zombies.

Dylan miró por la ventana hacia el Monte Fuji a lo lejos. Mientras Michael celebraba en Los Ángeles con las chicas, Dylan sentía que su trabajo como agente estaba evolucionando. Ya no solo vendía el talento de Michael; estaba ayudando a construir un imperio que no conocía fronteras. El “Arquitecto” tenía la visión, pero él, Dylan, era quien estaba comprando el terreno sobre el que se construiría el próximo siglo del entretenimiento.

Mansión de Michael Relish, Los Ángeles – 31 de Diciembre de 1995

La noche de fin de año en Los Ángeles siempre tenía un aura de artificialidad, un resplandor de luces de neón que intentaba ocultar las sombras de una ciudad construida sobre sueños y contratos rotos. En la sala de la mansión de Michael, el árbol de Navidad seguía encendido, pero su luz parecía más fría que de costumbre.

Sobre la mesa, tres copas de vino esperaban. Pero solo había tres personas en la habitación: Michael, Naomi y Cameron. La ausencia de Elizabeth Banks pesaba en el aire como una neblina densa que nadie se atrevía a disipar.

Unas horas antes, la atmósfera no era de celebración, sino de una despedida inevitable. Elizabeth Banks, la mujer que acababa de darle a Michael su mayor éxito en OBLIVION y que ostentaba una nominación al Globo de Oro, se encontraba de pie frente a él. No había gritos, no había platos rotos, solo una determinación gélida que Michael no había previsto en sus cálculos.

—Michael, no puedo seguir haciendo esto —había dicho Elizabeth, con la voz firme pero teñida de una tristeza profunda—. Ha sido increíble. Lo que hemos construido, la película, el éxito… ha sido más de lo que jamás soñé. Pero no es lo que quiero para mi vida.

Michael, sentado en su sillón de cuero, la observaba en silencio. Su mente, siempre diez pasos adelante en los negocios, se sentía extrañamente lenta en el terreno del corazón. Recordó las palabras que les dijo al principio: que cualquiera era libre de irse si sentía que ya había obtenido lo que quería.

—¿Es por tu carrera, Elizabeth? —preguntó Michael con voz neutra—. Ya eres una estrella. ¿Sientes que ya no necesitas estar aquí para mejorar?

Naomi, sentada a un lado, asintió levemente, reconociendo la lógica de Michael, pero no se movió de su sitio. Cameron se mantuvo al margen, observando la escena con una mezcla de incomodidad y respeto.

—No se trata solo de la carrera, Michael —respondió Elizabeth—. Me gusta estar contigo, de verdad. Pero quiero a alguien que solo me quiera a mí. He intentado perdonar la situación, he intentado acostumbrarme a compartirte, pero cada vez que te veo con ellas, siento que una parte de mí se rompe. No encajo en este diseño tuyo. Quiero algo único, algo que sea solo mío.

Michael la interrumpió antes de que la emoción le quebrara la voz.

—Entiendo. Tranquila. No te guardo rencor, Elizabeth. Si esto es lo que quieres, está bien. No hablaré mal de ti en la prensa ni boicotearé tu futuro. Al contrario, me alegra que estés nominada. Te lo has ganado con tu talento, no solo por estar conmigo.

Elizabeth lo miró por última vez, una mirada cargada de agradecimiento y adiós. Su agente ya la esperaba afuera. Con la ayuda de un par de asistentes, cargó sus maletas en el auto y desapareció por la entrada de la mansión.

De vuelta al presente, Michael seguía callado, mirando el lugar donde Elizabeth solía sentarse. Se levantó, caminó hacia el mueble bar y abrió una botella de vino con un movimiento mecánico. Se sirvió una copa generosa.

—Saben… —dijo Michael, rompiendo el silencio—, siempre pensé que si alguna de ustedes me terminaba, sería como en esas telenovelas baratas o en las películas que Hollywood adora producir. Pensé que habría insultos, razones dramáticas, o que simplemente desaparecerían sin decir nada.

Naomi se levantó y se acercó a él, rodeándolo con sus brazos por la espalda.

—¿Pensaste que yo lo haría así? —preguntó ella suavemente.

—Al principio sí —admitió Michael, tomando un trago largo—. Siempre pensé que una persona debe elegir si estar o no con alguien. Por eso les puse esa condición al inicio. Pero en el fondo de mi arrogancia, pensé que seguiríamos juntos hasta el final. Pensé que seríamos una relación duradera, diferente a la basura desechable de esta ciudad.

Michael suspiró, el alcohol empezaba a calentar su pecho pero no su ánimo.

—Me dolió cuando las escuché decir que yo las utilizaba para mi carrera. Se equivoca y a la vez no. Cuando las invité a salir, quería que mejoraran, porque si ustedes mejoraban, yo también lo haría. Quería tener a alguien a mi lado que hubiera comenzado conmigo desde el principio, antes de que el mundo entero se arrodillara ante Michael Relish. Por eso me disculpé y quise darles más tiempo.

Miró a Naomi y luego a Cameron, que se había acercado también.

—Ahora solo quedan ustedes dos. Y les pregunto de nuevo, con total sinceridad: si quieren algo conmigo, me gustaría seguir. Pero si sienten que ya pueden mejorar sin mi ayuda, o si quieren buscar ese “algo único” de lo que hablaba Elizabeth, pueden irse ahora. No seré mezquino. Podrán seguir trabajando para mí si quieren, porque sigo siendo el mejor director de esta industria, y eso no va a cambiar.

Naomi lo apretó más fuerte.

—Al principio estaba enojada, Michael. Y sí, entré en esto buscando un impulso para mi carrera. Pero estar contigo… es adictivo. Me gusta cómo piensas, me gusta tu ambición y, aunque odio compartirte, prefiero tener una parte de ti que el cien por ciento de cualquier otro idiota en esta ciudad. No me voy a ir. Seguiré a tu lado, en el set y en esta casa.

Cameron, que había estado escuchando con atención, intervino para romper la pesadez del ambiente.

—Yo acabo de llegar a este caos —dijo con una sonrisa traviesa—. Y aunque siento que tengo parte de la culpa por la partida de Elizabeth, no pienso dejar que te deshagas de mí tan fácil. No puedes cansarte de mí todavía.

Michael la miró, dándose cuenta de que ella intentaba aligerar su carga.

—Es verdad —dijo Michael siguiendo el juego—. Todo es mi culpa. No soy un buen hombre, estoy con varias de las mujeres más bellas del mundo al mismo tiempo. Soy un desastre ético.

—Exacto —rio Cameron—. Todo es tu culpa, así que ahora tienes que compensarlo.

Michael se terminó el vino de un trago. El ánimo empezaba a virar de la melancolía a una determinación renovada. Si el diseño original había fallado con Elizabeth, él reconstruiría la estructura con Naomi y Cameron.

—Entonces, ¿qué esperamos? Celebremos que el año se acaba y que el mundo aún no sabe lo que le espera en 1996 —dijo Michael.

Naomi y Cameron lo tomaron de los brazos, guiándolo hacia la habitación principal. Michael se dejó llevar, dejando que el calor de ambas borrara el rastro de la partida de Elizabeth.

Mientras tanto, en un auto que se alejaba de la zona residencial de Bel Air, Elizabeth Banks miraba por la ventana. Su agente, sentado a su lado, la observaba con preocupación.

—¿Estás segura de esto, Elizabeth? —preguntó el agente—. En el momento en que se haga oficial que ya no estás con Relish, muchos papeles podrían evaporarse. Él es el hombre del momento. Estás renunciando a la protección del “Arquitecto”.

—Estoy segura —respondió Elizabeth, limpiándose una lágrima solitaria—. Aunque lo quiero, y aunque intenté perdonar lo de las otras… no puedo. No soy ese tipo de mujer. No puedo estar en una habitación contando los minutos para que sea mi turno.

—La prensa va a ser despiadada —advirtió el agente—. Dirán que te aprovechaste de él para la nominación y luego lo dejaste.

—Que digan lo que quieran —sentenció Elizabeth—. Prefiero mi dignidad y la búsqueda de algo real que vivir en una jaula de oro compartida. Ahora, enfoquémonos en los Globos de Oro. Si voy a ganar, quiero que sea por mi actuación, no por ser la “ex” de Michael Relish.

El auto se perdió en la oscuridad de la autopista. Elizabeth Banks se alejaba del centro del imperio de Michael, buscando su propio camino, mientras en la mansión, Michael cerraba filas con las dos mujeres que habían decidido aceptar el precio de estar con el hombre que estaba rediseñando el mundo.

La ruptura era el primer gran fallo en el plano perfecto del Arquitecto, una grieta que le recordaba que, aunque pudiera controlar la luz, el sonido y la taquilla, el corazón humano era la única variable que nunca podría predecir por completo.

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Ojalá le guste está historia. Intentaré subir dos capitulo cada dos o tres semana (me eh demorado, aquí está un capítulo más, es complicado escribir con un celular medio dañado), si les gusta comenten, like si te gusta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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