En un Mundo de Fantasía Puedo Absorber Habilidades - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Capítulo 9 Mi hermano está muerto
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9: Capítulo 9: Mi hermano está muerto 9: Capítulo 9: Mi hermano está muerto Las enredaderas sombrías convergieron en un punto, donde el suelo helado comenzó a moverse.
Dos cadáveres emergieron de la nieve, sus formas sin vida animadas por una fuerza invisible.
Michael sintió como si estuviera soñando.
Recordaba estar sentado con Enrique, sorbiendo el té que Clara había traído, pero ahora se encontraba en un lugar desconocido.
El aire a su alrededor era una arremolinada niebla roja.
Mareado y desorientado, tropezó y acabó perdiendo el equilibrio y cayendo.
En la bruma frente a él, un rostro masivo emergió.
El rostro se inclinó con curiosidad, sus facciones inquietantemente hermosas pero perturbadoramente grotescas.
Las comisuras de sus labios se curvaron en una sonrisa ladina mientras una risa suave y burlona llenaba el aire.
Entonces, la boca comenzó a abrirse, más y más, hasta que abarcó todo el rostro.
Dientes afilados y dentados brillaron ominosamente bajo la luz carmesí, y una lengua serpentina salió disparada, resbaladiza por la putrefacción.
La risa se hizo más fuerte, casi provocadora, mientras la lengua lanzaba trozos de carne podrida al suelo.
Una voz rápida y discordante llenó de repente los oídos de Michael:
—Mírame.
Mira ahora.
¿Puedes verme?
¿No es esto lo que querías?
He venido tal y como deseabas.
¿No es bueno?
¿No te gusta?
Respóndeme.
Habla.
Habla ahora.
¿Por qué no respondes?
¿Por qué no quieres hablar?
¿Por qué no quieres…?
Las palabras brotaron en un torrente, abrumándolo.
Sin embargo, la voz era familiar: seca y sin emociones, como la que había oído antes.
Mientras Michael retrocedía tambaleándose, su visión se expandió.
Una figura imponente y pálida se erguía ante él, su cuerpo anormalmente alto.
Incluso de pie, Michael apenas le llegaba a los tobillos.
En su mano, aferraba una colosal cabeza cercenada: la misma que se le había aparecido al principio.
¿Por qué no la había reconocido antes?
La mujer sostenía su propia cabeza decapitada, y Michael sintió que se le cortaba la respiración.
Sus labios temblaron al darse cuenta de la verdad: no era más que un juguete, y ella podía destruirlo con un simple movimiento de su dedo.
El grito de Michael rasgó el silencio mientras se despertaba de un sobresalto.
Clara y Enrique estaban a su lado, sus rostros marcados por la preocupación.
—¿Estás bien?
—preguntó Clara, pasándole una mano por la frente—.
Estás empapado en sudor.
¿Tuviste una pesadilla?
Deberías descansar.
—Estoy bien —dijo Michael, forzando una sonrisa—.
Solo me quedé traspuesto.
—Seguramente tuviste una pesadilla —bromeó Enrique, aunque sus ojos mostraban un atisbo de preocupación.
Michael rio nerviosamente.
¿Era de verdad solo un sueño?
En el fondo, sabía que no.
El espeluznante encuentro parecía estar relacionado con la voz que había oído ese mismo día.
Empujado por sus familiares a descansar, Michael regresó a su habitación y cerró la puerta con llave tras de sí.
Deslizándose por la pared, se agarró el pecho, sintiendo los frenéticos latidos de su corazón.
Por mucho que intentaba calmarse, el terror persistía.
Después de un buen rato, finalmente se puso de pie.
Pero al hacerlo, la voz regresó, resonando en su mente.
[La creación de la función ha finalizado.
Ahora se pueden ajustar los parámetros.
Por favor, asigne un nombre.]
Por mucho que Michael se tapara los oídos, la voz seguía resonando.
[La creación de la función ha finalizado.
Ahora se pueden ajustar los parámetros.
Por favor, asigne un nombre.]
La exigencia se volvió más aguda e insistente.
[Asigne un nombre.]
[Nombre.]
[¡NOMBRE!]
El miedo se apoderó de Michael.
Sintió como si la imponente mujer de su sueño pudiera aparecer si no obedecía.
Presa del pánico, gritó el primer nombre que se le ocurrió.
—¡Penélope!
¡Tu nombre es Penélope!
Le siguió un suspiro de satisfacción y la voz finalmente se calmó.
Las manos de Michael estaban pegajosas de sudor.
¿Qué demonios era eso?
A medida que el miedo disminuía, comenzó a pensar con más claridad.
Fuera lo que fuera Penélope, sus habilidades eran innegablemente útiles.
A pesar de su terrorífica apariencia, no le había hecho daño; si acaso, parecía extrañamente complacida con él.
Impulsado por una extraña compulsión, Michael cerró los ojos y susurró: «Penélope».
—Sí, indique el parámetro deseado —respondió la voz.
—Muéstrame cuánto maná queda para resurrecciones o extracciones de habilidad.
[Parámetro aplicado según lo solicitado.]
Un gráfico apareció ante Michael, mostrando su nivel de maná actual a media capacidad.
La clara visualización lo calmó ligeramente, y la tensión de su cuerpo se disipó.
El agotamiento lo abrumó y se quedó dormido allí donde estaba sentado.
La tarde siguiente trajo noticias impactantes.
Lincoln, el hermano mayor de Michael y heredero de la baronía Crassus, estaba muerto.
Cuando llegó la noticia de la muerte de Lincoln, Michael estaba atendiendo a la hija herida del herrero del pueblo.
La herida —un profundo corte en la espinilla— era grave, pero no mortal.
Se habría curado rápidamente con magia curativa, pero tales lujos estaban fuera del alcance de la gente común.
En esta tierra, solo los ricos o los nobles tenían acceso a la magia curativa.
La mayoría de los aldeanos buscaban la ayuda de la familia del verdugo para heridas o dolencias que no podían tratarse en casa.
Para los aún más pobres, la única opción eran los barberos sin licencia que realizaban cirugías rudimentarias por tan solo nueve monedas de cobre, con una tasa de supervivencia de apenas el 20 %.
Y, aun así, incluso esos servicios estaban fuera del alcance de muchos siervos, que solo podían rezar para no sucumbir a las infecciones o a la enfermedad.
Michael cosió con cuidado el músculo expuesto de la niña, vendó la herida y le aconsejó que la mantuviera fría con compresas.
La tímida niña asintió repetidamente, dándole las gracias profusamente mientras le entregaba tres monedas de plata antes de salir cojeando de la sala de tratamiento.
Mientras la veía marcharse, Michael suspiró.
El precio del tratamiento era demasiado bajo, pero no tenía otra opción.
Subir el precio ahuyentaría a los necesitados.
La gente de la baronía vivía al borde de la subsistencia, rezando por tener suficiente comida y para que sus familias se mantuvieran sanas.
Aunque habían pasado dos años desde la última guerra territorial, la condición del pueblo apenas había mejorado.
La tormenta del verano pasado había destruido muchos campos, y varios trabajadores fueron arrastrados por la corriente mientras intentaban despejar las riberas obstruidas de los ríos.
El reciente accidente en el aserradero solo empeoró la ya de por sí grave situación de la comunidad.
En cambio, la familia de Michael vivía lo suficientemente cómoda como para mantener bajos sus precios.
El verdadero problema era que las finanzas personales de Michael eran penosamente escasas.
De vuelta en el castillo, la muerte de Lincoln había causado un gran revuelo.
Un mensajero informó de que Lincoln había muerto durante una misión de subyugación de bestias.
Mientras acampaba con su unidad, fue presuntamente atacado y asesinado por un oso.
Los testigos afirmaron haber visto a un oso de aspecto hambriento merodeando cerca del campamento, que incluso se acercó a una olla antes de ser ahuyentado con leña.
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