Entre el Amor y el Olvido - Capítulo 23
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23: LO IMPOSIBLE 23: LO IMPOSIBLE El mundo siguió.
Aunque para Jota… No todo volvió a ser igual.
Había aprendido a vivir sin ella.
A llenar sus días con cosas concretas.
Clases.
Trabajos.
Responsabilidades.
La universidad ya no era solo un lugar… Era su refugio.
Un espacio donde podía pensar en todo… Menos en ella.
O al menos intentarlo.
Hasta que volvió a aparecer.
No de golpe.
No invadiendo.
Sino… De a poco.
Un día, mientras caminaba hacia la universidad… La vio.
Apoyada en un poste.
Como si llevara rato ahí.
Esperándolo.
Jota bajó la mirada.
Siguió caminando.
Y ella… Comenzó a caminar a su lado.
Sin decir nada.
Sin mirarlo.
Solo acompañándolo.
El silencio entre ellos no era incómodo.
Era pesado.
Como si ambos supieran… Que había demasiado que decir… Y ninguno sabía por dónde empezar.
Al llegar a la entrada de la universidad… Jota se detuvo.
—No tienes que hacer esto.
Cote lo miró.
—Lo sé.
Silencio.
—Pero quiero hacerlo.
Jota no respondió.
Entró.
Pero ese día… Pensó en ella más de lo que quería admitir.
Y al siguiente día… Volvió.
Y al siguiente.
Y al siguiente.
Siempre igual.
Sin hablar.
Sin presionar.
Solo estando.
Acompañando.
A veces caminaban cuadras completas sin cruzar una palabra.
Otras veces… Ella decía algo simple.
—¿Cómo te fue hoy?
Y él respondía corto.
—Bien.
Nada más.
Pero no se iba.
Y eso… Era suficiente para ella.
El tiempo empezó a hacer lo suyo.
No rápido.
No fácil.
Pero constante.
Un día… Se sentaron en una banca antes de que Jota entrara.
No había tema.
No había intención.
Solo el momento.
Cote sacó su teléfono.
Y Jota… Miró.
Instintivamente.
Como si su cuerpo reaccionara solo.
Ella lo notó.
Lo dejó sobre la banca.
Cerca de él.
Sin decir nada.
Jota lo vio.
Pero no lo tomó.
—No es necesario —dijo.
—Para mí sí.
Esa respuesta no buscaba convencerlo.
Buscaba demostrarle algo.
Pero Jota aún no estaba listo.
Los días se convirtieron en semanas.
Y las semanas en meses.
Y en ese tiempo… Pasaron muchas cosas.
Momentos donde parecían avanzar… Y otros donde retrocedían todo.
Había días en que Jota simplemente no quería verla.
Y se lo decía.
Sin rodeos.
—Hoy no.
Y Cote lo entendía.
Y se iba.
Pero volvía al día siguiente.
Sin reproches.
Sin rabia.
Solo… volvía.
Eso… Era nuevo.
Muy distinto a todo lo que había sido antes.
El cambio era evidente.
Pero la herida… Seguía abierta.
Aunque ya no sangraba como antes.
Ahora dolía distinto.
Más profundo.
Más silencioso.
Pero menos constante.
Con el tiempo… Jota empezó a bajar la guardia.
Sin darse cuenta.
Una conversación más larga.
Una risa que no fue forzada.
Una mirada… Que duró más de lo normal.
Y un día… Mientras caminaban como tantas veces… Se encontró disfrutando el momento.
Sin miedo.
Sin pensar en el pasado.
Solo estando ahí.
Con ella.
Y eso… Lo asustó.
Porque significaba una sola cosa.
Estaba volviendo a sentir.
No igual que antes.
Pero real.
Y Cote… No dejó de intentarlo.
Nunca.
No con palabras.
Sino con presencia.
Con paciencia.
Con constancia.
Con todo lo que antes no había hecho.
Y poco a poco… Lo imposible… Comenzaba a tomar forma.
Pero Jota lo sabía.
Muy en el fondo.
Si volvía a creer… Tenía que ser de verdad.
Porque esta vez… No sobreviviría a otra caída.
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