Entre el Amor y el Olvido - Capítulo 31
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
31: LA ÚLTIMA VEZ 31: LA ÚLTIMA VEZ El tiempo siguió su curso.
Un año.
Más de un año.
Y aun así… Jota no había podido soltarla.
Lo intentó.
Lo intentó de verdad.
En silencio.
En noches largas.
En días que parecían normales.
Incluso… en una nueva relación.
Pero Cote seguía ahí.
No como antes.
No como dolor constante.
Sino como una presencia silenciosa… que no se iba.
Que no gritaba.
Pero tampoco desaparecía.
Y eso era peor.
Porque no era olvido.
Era resistencia.
Hasta que un día… decidió.
No para volver.
No para intentarlo otra vez.
Sino para terminar.
De verdad.
Para siempre.
Tomó su celular.
Dudó un instante.
Pero lo hizo.
Escribió: —Cote… yo sé que sabes quién soy.
Necesito que nos veamos una última vez.
Te juro que no es para nada malo.
Por favor, respóndeme.
Envió el mensaje.
Y esperó.
Cinco minutos.
No más.
Cote respondió.
Y aceptó.
Pero con una condición: Que fuera en secreto.
Jota no dudó.
—Está bien… como tú quieras.
Porque eso ya no importaba.
Nada importaba más que ese último encuentro.
El punto final.
Se vieron en un lugar acordado.
No fue especial.
No fue romántico.
Fue… simple.
Como si el destino ya supiera que esto no era un inicio.
Sino un cierre.
Se miraron.
Y por un segundo… el tiempo se detuvo.
No eran dos extraños.
Pero tampoco eran lo que fueron.
Eran algo intermedio.
Algo que ya había terminado.
Se saludaron como dos personas conocidas.
Un beso en la mejilla.
Normal.
Distante.
Correcto.
Y suficiente.
Luego caminaron.
Mucho.
Entre árboles.
En silencio primero.
Sin prisa.
Sin rumbo.
Hasta llegar a la orilla de la playa.
Ahí se sentaron.
Y entonces… todo cambió.
Hablaron.
Pero no como antes.
No como pareja.
Sino como dos personas que alguna vez se amaron… y ahora intentaban entenderse sin dañarse.
Y en ese espacio… algo pasó.
Rieron.
Jugaron.
Bromearon.
Como nunca lo habían hecho.
Como si en esa tarde… estuvieran viviendo la versión más liviana de su historia.
Sin peso.
Sin peleas.
Sin dolor.
Solo ellos.
Y por un momento… fueron felices.
De verdad.
Cote también.
Se le notaba.
En su mirada.
En su voz.
En su forma de sonreír.
Como si ambos hubieran encontrado, por fin… una paz que nunca tuvieron juntos.
Hasta que Jota habló.
—Perdóname… por todo.
Hizo una pausa.
—Yo sé que estás en otra relación.
Y no voy a pedirte que vuelvas conmigo.
La miró.
—Solo quiero pedirte perdón.
Perdón por esto… por aquello… por todo lo que hicimos mal.
Cote también habló.
Por primera vez… sin esconderse.
Sin miedo.
Sin orgullo.
Confesó.
Dijo verdades.
Cosas que antes no se dijeron.
Cosas que, en otro momento… habrían dolido.
Pero ahora… no dolían.
Porque ya no eran reproches.
Eran cierres.
Y en ese espacio… no había culpa.
Solo verdad.
Se escucharon.
Se entendieron.
Se liberaron.
Como dos personas que, finalmente… dejaban de deberse algo.
El pasado se terminó de escribir ahí.
No con drama.
No con gritos.
Sino con honestidad.
Con respeto.
Con madurez.
Cuando el sol empezó a bajar… supieron que era hora.
No dijeron mucho más.
No hacía falta.
Se miraron por última vez.
Y se entendieron.
Sin palabras.
Sin promesas.
Sin futuro.
Solo ese momento.
El último.
Se levantaron.
Se dieron un último gesto.
Simple.
Humano.
Suficiente.
Y se despidieron.
Cada uno por su camino.
Sin mirar atrás.
Porque mirar atrás… ya no era necesario.
Ni posible.
Y esta vez… no hubo dudas.
No hubo segundas intenciones.
No hubo “quizás”.
No hubo “y si”.
Solo una certeza: Eso era todo.
El final.
Definitivo.
Nunca más.
Y aunque el amor existió… y fue real… también terminó.
Ahí.
En silencio.
Para siempre.
Fin.
(Basado en un hecho real)
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com