Entre el Amor y el Olvido - Capítulo 30
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
30: ADIÓS, AMOR 30: ADIÓS, AMOR A veces… el final no llega con gritos.
A veces llega… con cansancio.
Era un domingo.
Uno de esos días donde la ciudad parece detenerse.
Pocos autos.
Calles vacías.
Negocios cerrados.
Y ellos… intentando, una vez más.
Jota manejaba.
El auto no era suyo… pero lo usaba siempre.
Cote iba a su lado.
Habían decidido salir.
Despejarse.
Intentar estar bien.
Bajaron al centro.
Caminaron sin rumbo.
Sin decir mucho.
Pasaron a comprar un helado.
El único local abierto.
—¿Quieres uno?
—preguntó Cote.
—No… no quiero —respondió Jota.
Ella compró uno para ella.
Salieron.
Y caminaron.
Entonces… sin aviso… Cote le dio un golpe en la espalda.
Fuerte.
El sonido retumbó en toda la cuadra.
No había ruido.
No había gente.
Solo ese golpe.
Jota se detuvo.
—Oye… me dolió.
Ella lo miró, confundida.
—Pero si fue despacio… —No… me dolió de verdad.
Y ahí… empezó.
No fue por el golpe.
Nunca fue por el golpe.
Fue por todo lo que venían arrastrando.
Caminaron discutiendo.
Cada vez más fuerte.
Por primera vez… se gritaban en la calle.
Cote iba a tomar un colectivo.
Y llevaba las llaves del auto de Jota.
—Pásame las llaves.
Las sacó de su cartera.
Las tiró al suelo.
Y se subió.
Se fue.
Jota se quedó ahí.
En medio de la calle.
Se agachó.
Recogió las llaves.
Y al levantarse… los vio.
Los pastores.
Miraron.
Y luego desviaron la mirada.
Como si no hubieran visto nada.
Pero él sabía.
Sintió calor en la cara.
No de rabia.
De vergüenza.
Subió al auto.
Y manejó.
Directo a la casa de Cote.
No iba a arreglar nada.
No esta vez.
Iba a cerrar.
Tocó la puerta.
Abrió la abuela.
—¿Qué pasó?
—¿Dónde está Cote?
—Llegó hace poco… está arriba.
—Voy a hablar con ella.
—Pero no le des importancia… no quiero que estén peleados.
—No se preocupe… Subió.
Cerró la puerta.
Cote estaba acostada.
De espaldas.
Mirando la pared.
—¿Me puedes mirar, por favor?
No respondió.
—¿Puedes mirarme?
Nada.
—¿Te puedes dar vuelta para hablar conmigo… antes que me vaya?
Esta vez… se dio vuelta.
Jota la miró.
Y lo entendió todo.
No había lágrimas.
No había rabia.
No había dolor.
Había cansancio.
El mismo que él sentía.
Entonces decidió.
—Cote… lo mejor que podemos hacer en este momento… es separarnos.
Silencio.
—Tú sabes que nada entre nosotros está funcionando.
Lo intentamos todo… y nada funciona.
Ella intentó hablar.
Intentó culparlo.
Pero él negó.
—No… esto no es solo culpa mía.
Es de los dos.
¿Y para qué buscar culpables… si los dos estamos fallando?
Silencio.
—Ahora… me voy.
Voy a buscar mis cosas.
La miró.
—Espero que tengas una hermosa vida.
Esto no va a ser un “hasta pronto”.
No va a ser un “nos vemos”.
Pausa.
—Es un adiós.
Cote no dijo nada.
Y Jota entendió.
Tomó sus cosas.
Pocas.
Las guardó en su mochila.
Se acercó.
—Adiós, amor.
Y se fue.
Se despidió de los abuelos.
Agradeció.
Y salió.
Subió al auto.
Y manejó.
No lloró.
No gritó.
No rompió nada.
Porque esta vez… no dolía igual.
Había paz.
Y cuando hay paz… el final no duele en el momento.
Duele después.
Pasaron los meses.
Tres.
Cuatro.
Y entonces… llegó.
El vacío.
Jota comenzó a sentirlo.
De verdad.
La extrañaba.
No como antes.
No con desesperación.
Pero sí con peso.
Con recuerdos.
Con silencios.
Con preguntas.
Quería buscarla.
Quería saber de ella.
Pero algo dentro de él le decía: “No es amor… es apego.” Y se quedó.
Sin hacer nada.
Hasta que un día… se enteró.
Cote estaba con otra persona.
Un compañero de trabajo.
Ya había seguido.
Ya tenía otra vida.
Y eso… le dolió.
Porque él… no podía.
No podía olvidarla.
No podía reemplazarla.
No podía mirar a alguien más.
Muchos le dijeron: —Un clavo saca otro clavo.
Pero Jota no.
Nunca creyó en eso.
Y nunca lo hizo.
Ella sí.
O tal vez… solo lo intentó.
Jota nunca la vio.
Solo lo escuchó.
Y fue suficiente.
Ese día… entendió algo.
Ya no era parte de su vida.
Y esta vez… de verdad.
Pasó el tiempo.
Un año.
Un año entero… aprendiendo a vivir sin ella.
Llorando.
Callado.
Solo.
Hasta que un día… decidió.
No para volver.
Sino para cerrar.
Porque a veces… el amor no termina cuando dos personas se separan.
Termina… cuando uno de los dos finalmente entiende… que el otro ya no está.
Y Jota… por fin… estaba listo para entenderlo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com