Entre el Amor y el Olvido - Capítulo 8
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
8: SOL QUE SE ESCONDE 8: SOL QUE SE ESCONDE Último día de vacaciones de verano.
Un final.
Otro más.
Una lágrima rodaba lentamente por el rostro de Jota.
Solo una.
No había más.
No quedaban.
El sonido del mar lo envolvía todo.
Las olas rompiendo con fuerza contra la orilla.
El graznido lejano de las gaviotas.
Las risas de personas que aún disfrutaban de la tarde.
El mundo seguía.
Como si nada.
Pero para él… Todo se sentía distinto.
El viento sopló suavemente.
Una brisa fresca que rozó su rostro y secó aquella lágrima antes de que pudiera caer por completo.
Jota no pensó en nada.
No podía.
Su mente estaba en blanco.
Como si después de todo lo vivido… simplemente se hubiera apagado.
Su corazón, en cambio, latía rápido.
Sin razón aparente.
O quizás… con demasiadas razones.
Cerró los ojos un instante.
Respiró hondo.
Y cuando volvió en sí… Intentó actuar normal.
Como si nada hubiera pasado.
Como si nada importara.
—Estoy bien… —se dijo en silencio.
Pero no lo estaba.
Solo… ya no dolía igual.
Miró al mar.
Fijo.
Sin expresión.
Se sentó en la arena.
Dejó caer sus manos a los lados.
Sin tensión.
Sin fuerza.
No había enojo.
No había tristeza desbordada.
Solo… Vacío.
El tiempo pasó.
Lento.
Pesado.
Hasta que soltó un suspiro largo.
Profundo.
De esos que parecen sacar algo… aunque no se sepa qué.
Se levantó.
Sacudió la arena de sus manos.
Y volvió con sus amigos.
Intentó reír.
Intentó hablar.
Intentó ser el mismo de antes.
Pero su sonrisa… No era real.
—Chicos… vayan ustedes —dijo de pronto—.
Los alcanzo después… quiero quedarme a ver la puesta de sol.
Sus amigos lo miraron.
Sabían que algo no estaba del todo bien.
Pero no dijeron nada.
—Bueno, Jota… cuídate.
—Nos vemos mañana.
—Adiós.
—Adiós… —respondió él.
Y se quedó solo.
El sol comenzaba a descender lentamente.
Pintando el cielo de tonos anaranjados, rosados… casi irreales.
Jota se sentó nuevamente.
Esta vez más cerca del agua.
Observó cómo el sol se acercaba al horizonte.
Como si también… estuviera despidiéndose.
Esa puesta de sol… Se hizo eterna.
No lloró.
No podía.
Ya no tenía lágrimas.
El dolor ya no era un golpe.
Era un eco.
Un recuerdo constante.
—¿Olvidar…?
—pensó.
Negó levemente con la cabeza.
—No… Sus labios apenas se movieron.
—Es mejor… dejar de pensar.
Miró el mar.
Las olas iban y venían.
Una tras otra.
Sin detenerse.
—Al final… no fuimos nada.
La frase salió seca.
Sin emoción.
Pero pesaba.
—Nunca le dimos nombre a esto… Bajó la mirada.
—Solo fue… una pequeña historia.
Hizo una pausa.
—Una que se llevó todo.
Cerró los ojos.
Y por un segundo… Recordó.
Su sonrisa.
Su voz.
La playa.
La primera vez que la vio.
Y luego… Nada.
—Ahora… a seguir —murmuró.
Su voz ya no temblaba.
—Pronto vuelvo a clases… tengo que enfocarme.
El sol finalmente desapareció.
Dejó solo un rastro tenue en el cielo.
Como un recuerdo que se niega a irse del todo.
Jota sonrió.
Pero esta vez… No fue completamente falsa.
Era una sonrisa distinta.
Cansada.
Pero firme.
Se puso de pie.
Miró por última vez el mar.
Y sin decir nada más… Comenzó a caminar.
De regreso a casa.
Porque a veces… El amor no termina con lágrimas.
A veces termina así.
En silencio.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com