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Entre Líneas y Silencios. - Capítulo 25

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  3. Capítulo 25 - 25 La voz de mamá
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25: La voz de mamá 25: La voz de mamá Era sábado por la mañana.

Alejandro estaba de pie en la pequeña cocina de su cuarto alquilado, preparándose un desayuno sencillo: dos huevos revueltos y un poco de arroz que había sobrado de la noche anterior.

El sol entraba débilmente por la ventana.

Estaba sirviéndose la comida cuando su teléfono vibró sobre la mesa.

Era su tía.

Lo contestó casi de inmediato.

—¿Tía?

—Álex, hijo… ¿cómo estás?

—Bien, tía.

Bendición.

—Dios te bendiga, mi vida —respondió su tía con cariño—.

Tu mamá está despierta y más estable.

Preguntó por ti.

¿Quieres hablar con ella?

Alejandro sintió que el corazón se le subía a la garganta.

Dejó el plato sobre la mesa y se sentó.

—Sí… por favor.

Hubo unos segundos de silencio mientras su tía le pasaba el teléfono.

Luego, la voz débil pero inconfundible de su mamá llegó al otro lado: —¿Álex…?

¿Eres tú, hijo?

Alejandro tuvo que apoyar los codos en la mesa porque las piernas le flaquearon.

—Sí, mamá… soy yo.

Bendición.

—Dios te bendiga, cariño —respondió su mamá con voz temblorosa pero llena de amor—.

¿Cómo estás?

¿Estás comiendo bien?

¿Estás durmiendo?

Alejandro cerró los ojos con fuerza, intentando que la voz no se le quebrara.

—Estoy bien, mamá.

Todo está bien por acá.

Tengo un buen trabajo y estoy enviando todo lo que puedo.

No te preocupes por mí.

Tú concéntrate en recuperarte.

Su mamá soltó una risa débil, esa risa que él tanto extrañaba.

—Siempre dices lo mismo… Pero soy tu mamá.

Sé cuando mi hijo está cargando el mundo entero.

¿Estás seguro de que estás bien?

No quiero que te mates trabajando por mí.

Alejandro tragó saliva con dificultad.

—Te lo prometo, mamá.

Solo necesito que tú te recuperes.

Eso es lo único que me importa.

Cuando estés más fuerte, voy a ir a verte.

Te lo juro.

Su mamá se quedó callada unos segundos.

—Eres un buen hijo… el mejor que una madre podría pedir.

Te quiero mucho, mi vida.

No lo olvides nunca.

—Yo también te quiero, mamá.

Mucho.

Bendición.

—Dios te bendiga, hijo.

Cuídate.

No te olvides de comer y de dormir.

La llamada terminó.

Alejandro se quedó con el teléfono en la mano, mirando la pantalla negra.

Las lágrimas que había estado conteniendo finalmente rodaron por sus mejillas.

Se quedó sentado frente a su desayuno durante varios minutos, con una sensación de alivio y calidez que no sentía desde hacía mucho tiempo.

Poder escuchar la voz de su mamá después de tantos días de incertidumbre le dio una nueva fuerza, aunque frágil.

Por un rato, sintió que todo el esfuerzo valía la pena.

Después de desayunar, se vistió con ropa más cómoda y salió al centro de la ciudad.

Necesitaba comprar algunas cosas para el nuevo trabajo del lunes: una linterna potente, zapatos cómodos para caminar mucho y un termo para el café.

También pasó por el mercado para comprar comida para la semana: arroz, pollo, huevos, plátanos y algunas verduras.

Todo lo más económico posible.

Mientras caminaba por las calles del centro con las bolsas en la mano, llegó la hora del almuerzo.

Entró a un pequeño local de comidas caseras que olía a comida recién hecha.

Se sentó en una mesa cerca de la ventana y tomó la carta que le pasó la mesera.

Estaba revisando las opciones cuando sintió que alguien le tocaba suavemente el hombro.

Al voltear, se encontró con Paola, la joven secretaria de la entrevista.

Esta vez vestía ropa informal: jeans, una blusa sencilla y el cabello suelto.

Se veía mucho más joven y relajada que con el traje de trabajo.

—Hola —dijo ella con una sonrisa sorprendida—.

Alejandro, ¿verdad?

No esperaba verte por aquí.

Alejandro parpadeó, también sorprendido.

—Hola, Paola… Sí, soy yo.

¿Cómo estás?

—Bien, gracias.

Vine a comer algo rápido antes de ir a casa.

¿Puedo sentarme?

—Claro, siéntate.

Paola se sentó frente a él y pidió un jugo.

Lo miró con curiosidad.

—¿Listo para el lunes?

Ya tienes todo preparado?

—Sí —respondió Alejandro—.

Gracias de nuevo por la oportunidad.

Estoy un poco nervioso, pero voy a dar lo mejor.

Paola sonrió con empatía.

—Vas a estar bien.

El lugar es tranquilo y el equipo es bueno.

El primer día siempre es el más complicado, pero después te acostumbras.

¿Ya compraste todo lo que necesitas?

—Más o menos.

Compré una linterna y un termo.

Todavía me faltan algunas cosas.

—Te recomiendo llevar un buen abrigo o chaqueta.

Las noches en el almacén pueden ser frías.

Y lleva algo para comer, porque a veces el tiempo se hace largo.

Alejandro asintió, agradecido por los consejos.

—Gracias, Paola.

De verdad.

Me ayuda mucho.

—No hay de qué.

Si tienes cualquier duda antes del lunes, escríbeme.

Te di mi número, ¿verdad?

—Sí, lo tengo guardado.

Conversaron unos minutos más.

Paola era amable y habladora.

Le contó un poco sobre cómo era el ambiente nocturno y algunos trucos para mantenerse despierto.

Alejandro la escuchaba atentamente, sintiéndose un poco más seguro.

Cuando terminaron de almorzar, Paola se levantó.

—Bueno, me tengo que ir.

Fue un gusto verte fuera del trabajo.

Nos vemos el lunes entonces.

Éxito.

—Gracias, Paola.

Nos vemos.

Alejandro se quedó sentado un rato más, terminando su jugo.

Por primera vez en varios días, sintió que algo en su vida empezaba a organizarse, aunque fuera mínimamente.

Pero en el fondo sabía que solo era una pequeña tregua.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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