ENTRE NOSOTROS - Capítulo 20
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Capítulo 20: Capítulo 20
Luís había dado buenos resultados y, como siempre, esperaba sentado en su silla a que él abriera los ojos para poder besarlos, acariciarlos y ver su amor reflejado en ellos
José había respondido varios interrogatorios de los detectives y era inevitable pensar que escondía algo más. Resultaba extraño que su esposa hubiera esperado tanto tiempo para volverse agresiva, si, según José, ellos ya estaban separados y solo los unía un matrimonio falso y lleno de apariencias
Ahora surgía otra interrogante: su cuñada estaba muerta y en su propia casa, algo que no les cuadraba a los detectives. En el cuerpo había señales de fuerza extrema, marcas de forcejeo y, además, el asesino presentaba un rasguño. Según las pruebas encontradas bajo las uñas de la víctima, el sospechoso estaba en serios problemas si lograban identificarlo
La hermana no tenía señales de lucha. Ni un rasguño
Eso era lo más inquietante de todo
Si no hubo forcejeo… entonces conocía a su agresor. O peor aún… confiaba en esa persona
Al principio, todas las miradas apuntaron hacia Luís. Pero su estado físico y mental lo dejaba lejos de poder responder cualquier acusación. Apenas podía respirar, mucho menos defenderse
El cuchillo complicaba aún más las cosas
Tenía las huellas de María
Y en la sangre mezclada sobre la hoja había rastros de la hermana… y de Luís
Era evidente que la misma arma había sido usada contra ambos
Pero algo no encajaba
Si María actuó sola, ¿cómo logró que no hubiera señales de resistencia?
¿Y por qué arriesgarse a dejar sus huellas tan claramente marcadas?
Demasiado obvio… casi como si alguien quisiera incriminarla
La teoría del cómplice comenzaba a tomar fuerza
Tal vez alguien manipuló la escena
Tal vez alguien sostuvo a la víctima
O tal vez… alguien más limpió lo que no debía verse
Todo era una telaraña sin salida
Mientras tanto, José llegó a la jefatura de policía para ser interrogado. Caminaba con calma, pero por dentro su mente iba más rápido que nunca
Habían esperado el momento exacto. El momento en que alguien diría algo que cambiaría todo
Porque a veces, la verdad no está en la evidencia… sino en quién se beneficia del crimen
Mientras tanto, en la casa de Marcos, comenzaba el verdadero teatro
El despacho del alcalde estaba en silencio, apenas iluminado por la luz tenue de una lámpara antigua. Frente a él, su hijo caminaba de un lado a otro, con los ojos vidriosos
—¿Tiene algo el príncipe de mi vida? —preguntó el alcalde con preocupación al ver a su hijo tan abatido
—Padre… estoy mal por José … —respondió Marcos, haciendo un pequeño puchero. Ese gesto siempre desarmaba a su padre. Odiaba verlo llorar; su “bebé” era demasiado sensible para este mundo cruel
—¿Cómo? No entiendo… ¿qué tiene José? —preguntó el alcalde, frunciendo el ceño
Marcos sabía que ese era el momento. El paso decisivo
—Padre… —susurró antes de romper en llanto y abrazarse a él
El alcalde sintió que la sangre le hervía
—Mi rey… ¿qué pasa, cariño? Dime, angelito… —intentó calmarlo, pero su voz ya mostraba tensión
Entre sollozos, Marcos habló
—La exesposa de José … intentó matar a su actual pareja. Y no conforme con eso… mató a su hermana. Y ahora la policía lo tiene como sospechoso… Papi, estoy triste… Si lo meten preso sólo porque no encuentran más culpables… sería lo más fácil para ellos…
El silencio que siguió fue pesado. El alcalde se quedó inmóvil. No porque dudara. Sino porque ya estaba pensando
—Eso es inadmisible —murmuró con frialdad
Y en ese instante, algo cambió en el ambiente. Ya no era solo un padre preocupado. Era un hombre con poder. Un hombre capaz de mover hilos
Y si José estaba siendo usado como chivo expiatorio… entonces alguien iba a pagar por eso
Pero la pregunta real era: ¿Marcos estaba diciendo toda la verdad… o solo la parte que le convenía?
El alcalde no dudó ni un segundo José había salvado a su esposa una vez. Eso, para él, era suficiente
—Tranquilo, mi niño bello… papi se encargará de esto. Yo voy a arreglarlo. Y punto. —dijo con firmeza, dejando un beso en la frente de Marcos antes de salir apresurado
Cuando la puerta se cerró… El llanto desapareció
Marcos levantó el rostro. Sus ojos ya no estaban húmedos. Estaban fríos
Sacó su teléfono y marcó el número que llevaba horas esperando
—Todo salió bien. Ahora es tu parte… él va para allá. Y el otro también ya se enteró… —dijo en voz baja
Se refería a Rodrigo
Desde aquel día, Rodrigo había abandonado la casa. Se fue sin mirar atrás, incapaz de ocultar que su amor por Luís, ya que nunca desapareció ni con el paso del tiempo
Y eso era algo que Marcos jamás perdonaría
Por eso, cuando Rodrigo llegó a la casa esa tarde y encontró todo destruido —cuadros rotos, jarrones en el suelo, muebles volcados— pensó que Marcos había perdido el control por el dolor
Pero no. Todo había sido calculado
El guardia asignado por el alcalde llamó de inmediato —Señor, está ocurriendo algo en la residencia. El joven está alterado…
Exactamente lo que Marcos quería que dijeran
La víctima perfecta. El esposo abandonado. El hombre destrozado por amor
Mientras tanto, en algún lugar, alguien más sonreía
Porque si Rodrigo reaccionaba como esperaban… si perdía el control… si cometía un error…
La policía tendría un nuevo sospechoso y José dejaría de ser el centro
Pero en todo plan perfecto hay un detalle que nadie calcula
¿Y si Rodrigo no estaba actuando por amor… sino por culpa?
Esa noche, el alcalde y su esposa salieron preocupados. Su “belleza”, su tesoro, estaba destrozado… o eso creían
Mientras tanto, Marcos observaba cada movimiento
Había visto durante días, meses, y al fin los años cómo Rodrigo no lograba olvidar a su antiguo amor. Cómo, aun estando casado, su mirada cambiaba cuando recordaba a Luís
Y eso dolía.
Pero el dolor, en Marcos, se transformaba en estrategia. Nada estaba pasando por casualidad
Rodrigo llegó intentando explicarse
—Marcos, yo puedo explicarlo… no es lo que piensas…
Sin saber que ya estaba atrapado
—¿Explicarme qué? —respondió Marcos con voz quebrada—. Yo te amo… ¿lo sabes? No merezco este trato después de todos estos años… después de todo lo que hice por ti…
Las palabras eran precisas. Ensayadas. Cargadas de reproche
Marcos dejó que la ira “lo dominara”
Gritó. Tembló. Se acercó demasiado
Rodrigo, sobrepasado por la tensión, intentó hacerlo entrar en razón. Cuando Marcos no se calmaba, le dio una bofetada para detenerlo
Un segundo de silencio y luego… el teatro final
Marcos retrocedió exageradamente, tropezó con una mesa y cayó al suelo, golpeándose el brazo contra la esquina
El sonido fue seco. Perfecto
Pero lo peor vino después. La puerta principal se abrió. El alcalde entró justo en el instante en que Rodrigo bajaba la mano
La escena hablaba por sí sola
Su hijo en el suelo
La expresión aún alterada
Todo quedó malinterpretado y Marcos… no dijo nada. Solo lloró
Al día siguiente, el divorcio fue inmediato
Con el respaldo del alcalde y la narrativa ya instalada, Rodrigo quedó como el agresor
Marcos podía decir que lo amaba. Tal vez una parte de él sí lo hacía. Pero su orgullo herido pesaba más
Su odio por ese amor pasado que nunca murió. Ese amor que siempre lo hacía sentirse comparado con Luís
Y Marcos jamás aceptaría ser segundo lugar
Como resultado, lo dejó sin nada; La casa. Las cuentas. Los bienes
Rodrigo solo se llevó lo que tenía cuando lo conoció. Una maleta pequeña… y un silencio pesado
El apellido, el estatus y la estabilidad se quedaron atrás y aunque Marcos ganó el divorcio, no ganó paz
Porque entonces llegó otra noticia
La desgracia que lo rodeaba. El escándalo. La investigación. El caos. Marcos supo de inmediato lo que significaba
Rodrigo iría a verlo. Claro que iría
Porque, pese a todo, ese amor nunca murió y eso encendió algo oscuro en el pecho de Marcos
Mientras tanto, José ya estaba al tanto
Sabía que Rodrigo intentaría acercarse. Y después de todo lo ocurrido, no pensaba permitirlo tan fácilmente
No después de los rumores
No después del escándalo
No cuando Luís estaba vulnerable
—Que ni se le ocurra aparecer por aquí… —murmuró José con frialdad
No era solo celos. Era protección o al menos eso quería creer
Pero aquí viene lo interesante: ¿Y si Rodrigo no va por amor… sino porque sabe algo que nadie más sabe?
Tal vez vio algo
Tal vez escuchó algo
Tal vez entiende que todo lo que está pasando no es coincidencia
Porque cuanto más intenta Marcos controlar las piezas… Más se mueve el tablero
Rodrigo entró al hospital a escondidas
Evitó al personal médico, caminó por los pasillos con el corazón golpeándole el pecho. No pensaba irse sin verlo. Nadie iba a impedirlo
La puerta de la habitación se cerró suavemente tras él
Luís ya no tenía tubos. No había máquinas rodeándolo. Solo una luz tenue iluminando su rostro pálido
Rodrigo se acercó despacio. Temblando
Le acarició la mejilla con una suavidad que contrastaba con todo el caos que lo rodeaba
—Jamás te olvidé, Luís… —susurró—. Eres mi vida. Y por más que intenté amar a Marcos… nunca fue igual. Ahora voy a luchar por ti. Solo por ti
Pero afuera, alguien ya esperaba. Marcos había hecho la llamada y José estaba allí
Esperando el momento exacto. Cuando Rodrigo se inclinó, dispuesto a besar a Luís … La puerta se abrió de golpe
—¡Bastardo! ¡Te dije que te alejaras de él! —rugió José
No hubo advertencias
Lo tomó del cuello de la chaqueta y lo arrastró fuera de la habitación antes de que el ruido alertará a todos
El pasillo se convirtió en campo de batalla
Puños. Empujones. Miradas llenas de rabia contenida por años
Era por orgullo
Por culpa
Por celos
Por heridas que nunca cerraron
Dos hombres enfrentándose por alguien que marcó sus vidas
Pero en medio del forcejeo… Algo pasó
Dentro de la habitación, Luís se movió
Un suspiro
Un parpadeo
Y tal vez… escuchó más de lo que ellos creen
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