ENTRE NOSOTROS - Capítulo 21
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Capítulo 21: Capítulo 21
La pelea no era sólo física. Era visceral
Dos hombres descargando años de frustración, celos y orgullo herido
No peleaban sólo por Luís. Peleaban por la idea que cada uno tenía de él
Porque para Rodrigo, Luís seguía siendo ese amor intacto en su memoria. Ese “y si…” que nunca pudo cerrar. Un sueño que idealizó con el tiempo
Pero la realidad era otra. Luís lo quiso. Sí. Mucho
Pero eso fue en otro momento, en otra versión de sí mismo. ahora era diferente
Ahora había conocido el amor en los brazos de José
Un amor complicado. Oscuro. Con errores. Con decisiones cuestionables. Con actos que no se pueden justificar fácilmente
Pero real y José, con todos sus fallos, estaba demostrando algo en ese instante: Que no pensaba perderlo
Rodrigo estaba ya contra el suelo
José, también golpeado, con el labio partido y la respiración descontrolada, descargaba puños con rabia acumulada
No era elegante. No era noble. Era pura furia
La cara de Rodrigó recibía golpe tras golpe hasta que todo se volvió un ruido lejano
Entonces llegaron los guardias y el personal médico
Gritos
Manos separándolos
Órdenes firmes; —¡Basta! —gritó el médico
Y fue ahí justo ahí
Cuando José, sostenido por dos guardias, vio el reflejo de sí mismo en el vidrio del pasillo
Sangre en los nudillos. Ojos desorbitados. Respiración agitada
No parecía un hombre defendiendo al amor de su vida. Parecía alguien consumido por la posesión y algo se rompió por dentro
Porque entendió que sus celos estaban marcando un antes y un después en su forma de amar
Si seguía así… Podría convertirse en aquello que más decía odiar
—Lárgate… y no vuelvas a poner un pie en mi hospital. Y menos para buscar a mi pareja… mi amor… mi todo. Te lo advertí. No vuelvas a acercarte. Es mío. —sentenció José, con la voz cargada de furia
Rodrigo, con el rostro golpeado pero la mirada firme, sonrió apenas
—No te daré ese gusto, Sánchez. Ahora que lo encontré, no pienso soltarlo. Yo fui su todo… y veremos quién gana esta vez
Se dio la vuelta y se marchó
José intentó soltarse para ir tras él. La rabia le quemaba por dentro. ¿Cómo se atrevía a hablar así? ¿Pelear por alguien que ya tenía dueño?
Pero se detuvo. Por ahora. Porque esta guerra apenas comenzaba
Mientras tanto…
El distrito de policía quedó en silencio cuando el alcalde entró al despacho del jefe. No era una visita social
Algo grande estaba en juego
Minutos después de que el alcalde se retirara, los detectives encargados del caso fueron llamados de inmediato
Entraron con el ceño fruncido
—¿Pasa algo, jefe? —preguntó el detective principal
El jefe de policía entrelazó las manos sobre el escritorio. Su expresión era tensa
—¿Ustedes llevan un caso de asesinato… e intento de asesinato… donde está involucrado el doctor José Sánchez?
El nombre cayó pesado. Los detectives intercambiaron miradas
Sabían perfectamente que ese hombre tenía conexiones fuertes. Influencias de arriba. Muy arriba
—Sí, señor… —respondió uno con cautela—. Pero… ¿qué tiene que ver eso con que nos haya llamado?
El jefe suspiró
—Desde este momento, el caso se maneja con extrema discreción. Nada a la prensa. Nada de movimientos sin autorización directa
El silencio se volvió incómodo. Porque cuando un alcalde visita personalmente una jefatura… No es para pedir justicia
Es para dirigirla
—Necesito que cierren el caso. La mujer mató a su hermana e intentó matar a la nueva pareja de su ex. ¿Me escucharon bien? El caso se cierra
El jefe de policía no discutió
No podía
—Sí, señor… nos retiramos
Cuando los detectives salieron del despacho, el aire parecía más pesado y se alejaron unos metros
—¿Qué crees que estás haciendo? —susurró uno, conteniendo la rabia
—Si quieres conservar tu trabajo, es mejor callar y acatar las disposiciones —respondió el otro, visiblemente tenso
—Yo no me inscribí para esto. ¿Y la justicia? ¿Dónde queda?
El silencio fue incómodo. Porque ambos sabían la respuesta
La justicia no siempre gana cuando el poder decide intervenir
Y aunque oficialmente el caso estaba cerrado… Las dudas seguían abiertas
—Sí, tienes razón… —murmuró el detective—. Pero cuando te enfrentas a peces gordos como Sánchez y el alcalde… solo miras a otro lado si no quieres acabar mal. A mí también me da rabia. Una impotencia enorme. Todo tu trabajo se va al caño cuando uno de esos aparece… y te preguntas: ¿dónde está la justicia en estos casos?
No era resignación. Era cansancio
—Odio a estos ricos que creen que pueden joderlo todo —respondió el otro, apretando la mandíbula—. De verdad lo odio
Ambos sabían que no podían hacer más. Cerraron el expediente. Archivaron pruebas. Firmaron papeles que no reflejaban la verdad completa
Pero, aunque oficialmente el caso quedó “resuelto” …
En sus mentes no había paz. Porque cuando traicionas lo que juraste defender, algo se rompe por dentro
Y esa culpa… no te deja dormir
Regresando al otro lado de la ciudad
Ya bañado, cambiado y con el rostro aparentemente sereno, José volvió a la habitación de Luís
Había dejado atrás los pensamientos oscuros
Ya no buscaba maneras de destruir a Rodrigo
Si algo tenía que romperse, que fuera el propio Luís quien lo hiciera con sus decisiones
Por ahora… solo quería verlo
Estar ahí. Porque lo que sentía no era simple amor. Era algo que había cruzado una línea peligrosa
Cuando José conoció a Luís, fue como un golpe inesperado. Como si todo lo que había contenido durante años encontrara de pronto un punto de escape. Luís no fue solo una persona en su vida
Fue tormenta. Fue impulso. Fue necesidad
Y por eso hizo cosas que ahora muchos cuestionaban. Pero él no se arrepentía
Para José, Luís era su todo y eso bastaba
Se acercó a la cama y lo observó en silencio. Entonces lo vio
Un leve movimiento en los párpados. Un dedo que se flexionaba apenas
El corazón se le detuvo porque al fin, Luís estaba despertando
Cuando sus ojos comenzaron a abrirse, confundidos por la luz y el silencio del cuarto, la voz de José llegó suave, pero firme
—No… aún no. Tranquilo. Espera un poco más
Porque cuando Luís despertara… No sólo abriría los ojos
Abriría la verdad. Luis escuchó la voz antes de enfocar la vista
Y sonrió porque reconocería esa voz en cualquier lugar
Cuando sus ojos lograron adaptarse, lo vio allí… frente a él
Su gran amor. Pero algo no encajaba
José estaba golpeado. El labio hinchado. Un moretón oscuro marcando su pómulo. La camisa ligeramente desordenada
Las preguntas comenzaron a agolparse en su mente
¿Qué había pasado?
¿Desde cuándo?
¿Quién…?
Pero el dolor de cabeza era insoportable. Sentía el peso de los días que no recordaba
Pensar dolía
—Bienvenido a la vida, mi amor… —susurró José, con una sonrisa que intentaba ocultar todo lo demás—. Te extrañé tanto… tanto. No vuelvas a hacerme esto nunca más
Su voz sonaba sincera. Necesitada
—Cuando te levantes… te voy a llenar de besos —añadió, intentando suavizar el ambiente
José besó su frente con delicadeza. Luego rozó sus labios en un gesto breve, casi temeroso
Y Luís lo miró. Más atento que nunca
Había algo en la intensidad de José que siempre lo había atrapado. Una fuerza magnética difícil de ignorar
Era amor. Pero también era fuego
Y el fuego, cuando quema demasiado fuerte, puede consumirlo todo
Luís cerró los ojos un instante
No sabía por qué, pero una pequeña sensación de inquietud comenzó a instalarse en su pecho
Como si amar a José fuera lo más hermoso del mundo… Y al mismo tiempo, lo más peligroso
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