Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

Ephemeral Darkness - Capítulo 36

  1. Inicio
  2. Ephemeral Darkness
  3. Capítulo 36 - 36 Capítulo 35
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

36: Capítulo 35 36: Capítulo 35 La apariencia que Hades le había dado a Kratos fue inútil, comenzando porque no previó que su acompañante, el miserable humano, Jake Wood, había sido dotado de poderes por parte de Persephone, ayudando así a escapar a Caronte y a la chica humana de sus garras; y aunque logró marcarla, le fue imposible conseguir dar con su rastro exacto, fue como si de repente hubiese desaparecido de la faz de la tierra; y terminando con el rechazo inminente de Sophie Beaumont hacia su físico que aparentemente era atractivo en el mundo humano.

De nada le sirvió rociarse aquel elixir para ocultar su esencia porque de todas maneras fue rechazado por ella y Caronte ni se enteró de su existencia hasta que tuvieron la confrontación en el dormitorio.

El rastro terminaba en la carretera y no sabía hacia donde dirigirse porque había muchos caminos en donde buscar y tenía la certeza de que no se hallaban cerca y tenía la corazonada de que la esposa de Hades había intervenido al respecto, pero si no lograba conseguir la cabeza de Caronte, él pagaría las consecuencias y de ninguna manera iba a permitir regresar a ese pozo infernal.

Si regresaba al inframundo, Hades lo encadenaría por ser un incompetente, pero ¿qué podía hacer si no tenía ahora una pista por seguir?

Sin un rastro concreto, era imposible localizarla.

Kratos necesitaba ayudaba de seres especializados en el rastreo y si Hades quería a Caronte a sus pies, no le importaría que hiciera uso de sus poderes de invocación para conseguir un poco de ayuda porque era sorprendente que no percibía la presencia de esa humana ni de sus acompañantes en el mundo humano y mucho menos en el Olimpo o el inframundo.

Como no tenía todo su poder absoluto, únicamente podía hacer uso de la mitad e invocar a una sola criatura que fuera su sabueso, pero no tenía idea de cuál podría servirle, ya que ninguna le iba a servir sin nada a cambio y él no tenía cómo pagarles de manera tangible porque en el Inframundo o en el Olimpo, normalmente se cobraban con algo tuyo, tanto físico, mental o emocional.

Sin embargo, había una criatura que con anterioridad estuvo ligada a Hades por amor, cegada por una devoción casi enfermiza y cuando el dios del inframundo eligió a Persephone, su corazón escamoso se rompió en mil pedazos, abandonando todo lo que la conectaba al dios oscuro y huyó, negándose a verlo feliz al lado de esa ninfa que era el reflejo de la naturaleza misma y no un monstruo como ella.

Convencido de su decisión, buscó a su víctima para el ritual porque necesitaría sangre caliente y fresca, puesto que lo que iba a invocar no era cualquier ser, sino una Drákaina, una criatura monstruosa que era mitad mujer, mitad serpiente con naturaleza ctónica y sedienta de muerte.

Con su aspecto, no le fue difícil encontrar a la hermosa chica que le serviría de sacrificio, pero para poder ganarse su confianza, debía acercarse de manera casual.

Cruzó la carretera con los ojos fijos en ella cuando la vio entrar a la tienda de comestibles que estaba enfrente de un hotel de paso.

Reconoció que esa fémina era demasiado hermosa para ser una simple mortal y sonrió entre dientes, al recordar la belleza a la que él estaba acostumbrado y que incluso en el mundo humano, las mujeres les ganaban en ese ámbito a las diosas más preciosas del Olimpo.

Se movió entre la estantería de frituras para interceptarla como si fuese algo casual y fingió tirar una bolsa de cacahuates al suelo justo frente a ella.

La pobre humana se inclinó rápidamente a ayudarlo y él estiró la mano al tiempo que sus manos se rozaban ridículamente.

Para Kratos fue cómico, pero percibió el corazón de ella comenzar a latir muy rápido y sus mejillas ruborizarse por ese intercambio de miradas.

—Gracias—.

Le dijo él, esbozando una sonrisa amable.

Ella parpadeó al mirarlo con atención y sonrió cuando salió del ensimismamiento.

—No te preocupes—.

Dijo, sin soltar la bolsa de cacahuates y él tampoco.

—¿Eres citadina?

—Kratos necesitaba ganarse cuanto antes su confianza.

—Sí, ¿tú no?

—por fin liberó la bolsa y se acomodó el rubio cabello detrás de las orejas.

—No, apenas me mudé de California para estudiar en el Colegio de Artes de Camberwell y me temo que mis compañeros de dormitorio aun no han regresado de sus vacaciones y estoy intentando familiarizarme con la ciudad.

Este lugar es lo más alejado que he estado de los dormitorios—.

Le explicó como quien no quiere la cosa, usando un tono de voz bajo y seductor.

—Para ser de Norteamérica no tienes el acento—, observó ella.

—Es bueno saber que mis prácticas han surtido efecto—.

Arribó, sonriendo, pero en el fondo ya estaba fastidiado porque el tiempo para él era importante.

Entonces la chica se humedeció los labios y sus ojos castaños se postraron en los de él con interés.

—¿Cómo te llamas?

Mi nombre es Violet Falcon—.

Extendió su mano tímidamente.

—Kane Kelly—.

Se la estrechó con gentileza.

—Si quieres puedo darte un pequeño tour.

Quedé de verme con unas amigas más tarde y de paso hago tiempo para ir a verlas—, se ofreció con coquetería.

—Por supuesto, pero antes quisiera que me acompañaras a un lugar al que, desde que estoy aquí, he tenido ganas de visitar.

Ella asintió sin pensarlo.

Y Kratos comprendió que las mujeres humanas eran fáciles de manipular si un hombre atractivo se portaba amable con ellas.

De sobremanera, era triste porque eran un blanco fácil para los depredadores humanos que las asesinaban por placer y no por un bien común.

Salieron de la tienda y él le indicó que lo siguiera a un sitio cruzando la carretera que daba hacia una pequeña colina en donde había menos nieve que el resto de la ciudad.

Le ofreció la mano y Violet se la aceptó, gustosa.

—Este lugar es increíble—le oyó decir a la fémina.

—Sí, es muy bonito y tranquilo.

Caminaron un poco más, perdiéndose en el sendero, en donde ya no se escuchaba el ruido de los coches ni de las personas.

Todo era silencio.

Y por fin habían llegado.

Kratos no eligió el lugar.

El lugar lo eligió a él.

Era una hondonada donde la tierra nunca se había abierto para sembrar ni para enterrar.

El aire olía a humedad vieja, a piedra que llevaba siglos sin ver el sol.

—¿Este es el sitio que querías ver?

Está muy aislado—murmuró la chica.

Kratos percibió el miedo en su voz.

—¿Por qué no mejor regresamos…?

—sugirió ella, temerosa, pero no de él, sino de su alrededor porque no se dio cuenta en qué momento fue que Kratos le bloqueó el paso y le abrió la garganta con sus garras afiladas, haciendo que la pobre chica entornara los ojos y se llevara las manos a la herida, tratando inútilmente de parar la hemorragia, sufriendo espasmos que la llevarían a directo a la muerte lenta y agonizante.

Kratos la sostuvo en sus brazos con cuidado, acunando gran parte de la sangre caliente en una mano y comenzó el ritual oscuro.

El círculo lo trazó con algo más espeso que solo la sangre de la chica.

Mezcló parte del elixir que Hades le entregó para ocultar su esencia para que fuese más potente la invocación de ella.

Cuando terminó, le temblaban los dedos y depositó el cadáver de Violet Falcon sobre la hojarasca para continuar.

—No te llamo como rey —dijo, con la voz baja—.

Ni como dios.

Silencio.

El tipo de silencio que no responde… porque ya escuchó.

Kratos tragó saliva porque creyó que sería más rápido.

—Te llamo como alguien que sabe lo que es ser dejado atrás.

El suelo crujió.

No se abrió de golpe.

Se rasgó, como carne cansada y derrotada.

Un frío antinatural trepó por sus botas, dándole a entender que había tenido éxito.

Entonces ocurrió.

Primero, el olor: tierra mojada, óxido, algo antiguo que jamás debió volver a respirar.

Luego el sonido más perturbador jamás escuchado.

Un siseo lento, profundo, que no provenía solo de una garganta… sino del suelo mismo, lo hizo retroceder, a la defensiva.

La grieta se ensanchó.

Y de ahí escamas pálidas emergieron una a una, opacas, sin brillo, formando una gigantesca cola de serpiente desenrollándose en medio del círculo.

Las escamas que la conformaban no eran hermosas: eran inevitables y monstruosas al ojo humano.

Cuando el torso femenino se alzó, Kratos dio otro paso atrás sin darse cuenta.

La piel de la criatura era blanca, casi translúcida.

Como mármol que hubiera pasado demasiado tiempo bajo tierra.

Y los ojos… de un color violeta que de repente parecían cambiar a dorados, profundos y sátiros, no estaban llenos de ira.

Estaban vacíos de esperanza.

—No pronuncies su nombre—dijo ella.

No fue una orden.

Fue una sentencia.

Kratos sintió, por primera vez en años, el impulso de arrodillarse.

—Syrissa —susurró—.

Necesito que me ayudes a rastrear a alguien.

El siseo se volvió más grave.

—Ese nombre murió cuando él eligió a la primavera —respondió—.

Lo que queda de mí no ama.

No sirve.

No perdona.

Ella se inclinó apenas.

Su largo cabello azabache parecía flotar en agua invisible, haciéndose ver majestuosamente hermosa, aunque la mitad de su cuerpo era el de una serpiente.

Sobre su frente tenía una corona de oro que hacía juego con su vestimenta del torso y accesorios de sus brazos, como si fuese algún tipo de princesa de la oscuridad.

El aire se volvió tan pesado que Kratos tuvo que apoyar una mano en el suelo para no caer.

—¿Sabes lo que me pides?

—preguntó Syrissa—.

¿Sabes qué ocurre cuando una Drákaina fija su atención en un alma?

Kratos levantó la mirada con sudor frío en la sien.

—Sí—.

Mintió.

Pero no retrocedió.

Syrissa lo observó largo rato.

Como si midiera no su poder, sino su miedo.

—Sé que mientes y si me hubieras llamado en el pasado, te habría cortado la cabeza en cuanto osaste mentirme, pero ahora ya no me interesa quien dice la verdad o no.

—Tu ayuda en este momento es importante, por eso me tomé la libertad de invocarte y espero tu cooperación, Syrissa.

Eres la Drákaina más poderosa que existe.

—Entonces habla—dijo, interesada y orgullosa después del halago—.

Y elige bien tus palabras.

Kratos apretó los dientes.

—Busco a una mujer que escapó incluso del tiempo.

Los ojos de Syrissa cambiaron.

No se iluminaron.

Se afilaron como una verdadera serpiente.

Sus pupilas se contrajeron hasta quedar verticales y sus iris proyectaron un color dorado impresionante.

—Ah… —susurró—.

Una que los dioses ya no pueden tocar.

El silencio que siguió fue peor que cualquier grito.

—La encontraré —dijo al fin—.

Pero cuando la vea…no la trataré como humana.

Kratos sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Eso es suficiente —respondió.

Syrissa sonrió.

Y esa sonrisa no prometía ayuda.

Prometía consecuencias.

—Pero antes, necesito que me des toda la información posible de ella y la razón por la cual la estás cazando, solo así, podré hacer uso de mis poderes para encontrarla—.

Sentenció, mostrando sus colmillos y su lengua bífida color plata.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo