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Esclavo Arcano - Capítulo 37

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Capítulo 37: Ultimo Obstáculo (parte8)

Evrent apenas alcanzó a moverse; la mandíbula del lobo quedó a meros centímetros de su rostro. Nunca en su vida había estado tan cerca de la muerte.

El aullido de la madre atravesó el bosque.

El combate entero se detuvo por un instante.

El Alfa levantó la cabeza.

Sus orejas se tensaron.

Luego giró en dirección a la cueva.

Esa distracción era justo lo que él necesitaba.

Formó otra cuchilla de viento; a esa distancia no podía fallar.

El filo impactó en una de las tantas heridas; la carne se desgarró un poco más.

Pero el alfa ignoró el dolor y dejó la escena.

Corrió directo a la cueva.

Los demás lobos siguieron su ejemplo; en lugar de perseguir a los soldados que huían, revisaron la cueva.

Evrent dio un respiro al verlo marchar.

Tomó el silbato de hace unos momentos y lo volvió a soplar.

¡Fiuuuuuuu!

Su rostro calmado y pulcro no estaba más; tenía una mirada de odio e impotencia.

—… ¿Dónde demonios están?

El Alfa rugió y comenzó a correr hacia la cueva.

Evrent extendió una mano para detenerlo…

Pero el círculo verde que normalmente cubría su brazo apenas logró manifestarse antes de desvanecerse.

Le quedaba muy poca arcana.

—Mierda…

Con una mano en sus heridas, buscó entre sus pertenencias otro vial como el que bebió.

Falk estaba esperando un momento como este.

Tiró su gastado escudo y con las dos manos en la empuñadura de su espada fue directo a él.

— — —

Bramor dio el primer paso hacia la salida.

Entonces un rugido atravesó la entrada de la cueva.

El Alfa.

Se congeló.

La madre respondió con otro aullido y comenzó a moverse nerviosa alrededor del nido vacío.

Mierda.

Falk había perdido el control afuera.

Bramor apretó el mango de su espada.

Salir ahora significaba cruzarse directo con esa cosa.

Pero quedarse tampoco era una opción.

Tomó aire.

Y avanzó hacia la luz de la entrada.

— — —

Evrent saltó hacia un costado; era bastante ágil para una persona de su apariencia.

—Tú… ¿Sabes lo que estás haciendo, insolente mortal sin cerebro? ¿Crees que un patético, insignificante, inmundo engendro de Escudero puede oponerse a alguien como yo…?

Falk hacía caso omiso a los insultos y trataba de cortar la distancia entre ellos.

Pero Evrent podía moverse y mantenerlo ocupado.

Mientras hablaba, seguía intentando sacar el vial de su estuche.

—¿Qué crees que lograrás con esto? Tengo conexiones; tu país sufrirá gravemente esta traición.

Falk seguía sin responder.

No podía permitirse perder la concentración.

Siguió avanzando.

Paso tras paso.

Evrent finalmente encontró el vial dentro del estuche.

Sonrió apenas.

Entonces Falk aceleró.

Evrent llegó a sacar el frasco, pero el acero fue más rápido.

El vial salió volando junto a la sangre de Evrent.

El corte en su antebrazo era profundo.

¡Crac!

Se escuchó el vial caer contra una roca y el extraño líquido se derramó sobre la tierra.

En el pequeño círculo formado, la vegetación creció casi al instante.

Los ojos de Evrent se abrieron de golpe.

Estaba asustado.

—¡Espera! Puedo darte lo que quieres… lo que todos los rangos medios desean.

Falk titubeó.

Evrent no lo notó.

—Sí… sí… ¿Cuánto llevas atrapado? ¿Cinco años? ¿Diez?

Retrocedía lentamente mientras hablaba.

—¿Crees que los nobles permitirán que alguien como tú avance? Incluso con esos lobos, jamás dejarían que un plebeyo supere la barrera de rango alto.

Por primera vez, Falk respondió.

—Este trato es diferente. Me darán lo que quiero.

—AJAJAJA— cof cof —Sabía que los mortales eran estúpidos, pero esto… esto es impresionante. No sé quién hizo ese trato contigo, pero algo sí sé. Nunca en la historia dejaron que alguien sin sangre noble llegara más allá del rango medio. Y nunca lo harán.

Falk sujetó la espada con ambas manos.

Estaba lo suficientemente cerca.

Un solo ataque bastaba.

—¡No sabes nada! —

Entonces un rugido sacudió el bosque.

El Alfa regresó.

Y entre sus colmillos… colgaba una figura cubierta de sangre.

Bramor.

Falk sintió el estómago caer.

Evrent aprovechó ese instante.

Sacó una pequeña esfera negra de su cinturón y la lanzó al suelo.

¡BOOM!

Una nube espesa explotó alrededor de ambos.

Falk retrocedió tosiendo.

El humo le quemaba los ojos y la garganta.

Cuando finalmente logró volver a ver…

Evrent ya no estaba.

— — —

Jack seguía de pie en medio del camino con la cabeza agachada.

El vapor salía de su cuerpo.

Su respiración era pesada.

Lorian lo observaba sin poder entender qué estaba viendo. Esta situación no era nada de lo que alguna vez hubiese escuchado.

Entonces levanta la mirada.

Sus ojos brillaban azules como luciérnagas en la noche.

Jack tiró su escudo y con solo su espada corta corrió a la rata más cercana.

De una sola estocada, el acero se hundió en el cuello de la bestia unos diez centímetros.

La criatura chilló.

Jack giró el filo dentro de la herida y arrancó la espada de golpe.

Sangre negra salpicó el suelo.

La rata cayó antes siquiera de entender qué ocurrió.

—Penetró la piel… —murmuró Marcus.

Jack ni siquiera los escuchaba.

Su cuerpo se sentía ligero.

No.

Más que ligero.

Sentía que podía partir una roca de un golpe.

Otra rata saltó hacia él.

Jack dio un paso al frente.

Demasiado rápido.

Incluso él se sorprendió.

Su espada atravesó el ojo de la criatura y salió por detrás del cráneo.

Lorian no podía creer lo que veía, pero no era el momento de dudar.

—¡Todos… ¡Ataquen! —gritó.

Con una chispa de esperanza encendiendo el fuego, los que aún seguían con vida apretaron fuerte sus empuñaduras y avanzaron.

La rata más grande lanzó un chillido agudo. Y las sacó del pequeño trance que Jack les provocó.

Corrió con fuerza hacia ellos.

Jack esquivó la arremetida con un salto lateral.

Su nueva fuerza no le daba la confianza de bloquear el ataque y menos sin su escudo.

Lorian aprovechó el momento; su espada estaba lista.

El filo golpeó su pelaje, pero no se veía ninguna herida.

—Es inútil…

Jack desde el otro lado también atacó, pero el resultado fue el mismo.

La rata dejó escapar un chillido de molestia, pero eso era todo.

—¡No importa… ¡Solo ayúdame a entretenerla, los demás escapen al este! ¡Lleguen a la meta!

Marcus, Kass y los otros tres que aún vivían dudaron.

Lorian agregó.

—¡Corran, estúpidos, corran!

Después de eso, por fin obedecieron y corrieron bosque adentro sin mirar atrás.

Jack estaba rojo; el calor lo quemaba. Le estaba costando mantenerse consciente.

Junto con Lorian, se posicionaron cada uno en extremos opuestos de la criatura. Mientras uno esquivaba como podía los ataques, el otro buscaba una apertura.

Pero no estaban logrando nada.

Las espadas apenas rebotaban contra su pelaje.

Y cada intercambio solo lo cansaba más y más.

Jack rodó por el suelo evitando una mordida.

Lorian atacó desde atrás apuntando al cuello.

La rata giró con una velocidad absurda.

Su cola golpeó el torso de Lorian como un tronco lanzado por una catapulta.

El impacto levantó polvo y lo arrojó varios metros.

Su cuerpo rebotó contra el suelo dos veces hasta chocar con un árbol.

—¡LORIAN!

Jack intentó correr hacia él.

Pero quedo mano a mano con la rata mayor.

Ya no tenía donde escapar, a nadie que la distrajera y sus ojos se cerraban sin que pudiera hacer nada al respecto.

La miro directamente.

El pelaje se le erizaba.

Los juegos habían terminado.

Era hora de cenar.

La rata gigante chilló y se lanzó directo a él.

Entonces—

¡Fiuuuuuuu!

El silbido atravesó el bosque entero; la criatura frenó y miró hacia una dirección específica.

Su amo la llamaba.

Pero primero comería un aperitivo.

Dio un paso; Jack se tambaleaba hacia atrás.

Su lengua salió de entre los labios, probando suavemente el cachete de Jack.

El brillo de su marca se desvanecía; el efecto de los elixires estaba terminado.

Un gran dolor golpeó su cuerpo; los músculos parecían que se le desgarraban.

Jack cayó arrodillado; no podía mantenerse en pie.

La rata abrió la boca; una fila de interminables dientes amarillos brillaba con la luna.

El aliento caliente de la criatura golpeó el rostro de Jack.

Y aun así…

No podía moverse.

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