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Esclavo Arcano - Capítulo 38

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Capítulo 38: Ultimo Obstáculo (parte final)

Fin Acto I

Falk recuperó el aliento.

La situación se le estaba saliendo de las manos.

Nada de esto era parte del plan.

Falk corrió hacia los soldados, ignorando por completo al desaparecido Evrent.

El Alfa, aun herido, corría entre los árboles olfateando el aire.

Estaba buscando al que tuviera los cachorros.

El lobo aulló; había captado el olor que buscaba. De un salto sobrepasó la línea de soldados y dejó a todos atrás mientras corría por el bosque.

—¡Mantengan formación y retírense!

El grupo abandonó el área de a poco, dejando varios guerreros caídos.

La manada los persiguió un poco hasta que la madre aulló desde la cueva; era una orden, no debían dejarla sola.

Falk respiró hondo; el peligro inminente había pasado, pero sus problemas recién empezaban.

—¡Todos los que puedan caminar ayuden a los heridos! —observo a la entrada de la cueva el cuerpo de Bramor siendo arrastrado por un lobo.

Tenían que volver rápido y contactar al Duque; solo él sabría cómo lidiar con esta situación.

— — —

El Alfa corría por el bosque; su pelaje reflejaba la luna mientras esquivaba con gran velocidad los árboles.

Cada paso que daba cubría varios metros de distancia.

Permanecía más tiempo en el aire que en el suelo.

El olor lo guiaba como marcas en el aire.

El olor se intensificaba; estaba cerca.

El bosque terminó junto a un claro cubierto con antorchas, barricadas de estacas, caballos y unas tiendas.

Tras las barricadas, decenas de soldados esperaban en formación con arcos largos.

En el centro de ellos… Varic

Entonces uno levantó el brazo.

—¡FUEGO!

Una lluvia de flechas cubrió el cielo nocturno.

La mayoría rebotaba en su pelaje; no tenían la fuerza para penetrarlo. Pero varias llegaban a sus heridas, las que Evren le dejó con la ayuda de Falk.

Más soldados aparecieron de los laterales.

El Alfa corría por el prado, pero las barricadas reducían sus posibles caminos.

Podía oler a sus crías, estaban tan cerca…

El Alfa soltó un rugido furioso que atravesó todo el bosque.

Luego retrocedió lentamente.

Sin dejar de mirar a los humanos.

Y finalmente desapareció entre los árboles.

Varic soltó un suspiro de alivio; solo faltaba esperar a que los demás volvieran.

— — —

Evrent apenas podía mantenerse de pie, pero tenía que moverse; no sabía si lo estaban siguiendo.

Cuando se alejó lo suficiente del lugar, decidió parar.

Rompió con su mano sana su manga para ver mejor la herida.

El corte era profundo, pero no letal. Revisó entre sus pertenencias y con una rama se hizo a sí mismo un rudimentario torniquete.

En un pequeño estuche guardaba un extraño ungüento verde.

Lo aplicó sobre cada herida que seguía sangrando.

La carne ardía al contacto.

—¿Dónde demonios están esas ratas? —gruñó entre dientes—. Les juro que cuando aparezcan voy a convertirlas en estofado.

Entonces escuchó pasos.

Lentos.

Tranquilos.

Y junto a ellos… algo siendo arrastrado por el suelo.

Evrent levantó la vista.

Una figura encapuchada emergía entre los árboles.

—Oh, Sarev… gracias al cielo llegaste. Dime que tienes una poción de arcana.

El hombre no respondió enseguida.

Se detuvo a unos metros de él.

—¿Qué carajos te pasó?

Evrent soltó una risa seca.

—No lo vas a creer. Me crucé con unos mortales peleando contra un lobo de rango medio y su manada.

Sarev permaneció en silencio.

Luego inclinó apenas la cabeza.

—¿Y perdiste?

La vena del cuello de Evrent se tensó.

—Claro que no perdí. Solo… las cosas se complicaron un poco.

El encapuchado miró las heridas, la ropa destrozada y la sangre cubriendo el suelo.

Después observó algo detrás de él.

Y comenzó a reír.

No era una risa normal.

Era baja.

Irregular.

Casi enfermiza.

—Evrent… —Susurró entre carcajadas—. Hoy realmente es mi día de suerte.

Entonces levantó el objeto que venía arrastrando.

Y lo dejó caer frente a él.

¡THUD!

La cabeza de la enorme rata rodó por el suelo hasta detenerse a los pies de Evrent.

Los ojos del animal seguían abiertos.

—¿Qué…? ¿Qué haces con eso…?

—Sabes, yo venía preparado…

Sarev por fin se acercó, dejando ver su túnica completamente manchada de sangre.

—Lo digo en serio, Evrent, compre el catalizador. Te di notas erróneas para que fallaras tus pruebas… ¿Sabes lo complicado que fue convencer a un forjador para que me haga los cristales?

Sarev dejó caer su capucha, revelando una apariencia grotesca. Por el costado izquierdo de su cuello subían una serie de escamas hasta su oreja o, más bien, hasta donde debería estar su oreja.

—Tú… Tu cara… ¡La transmutación entró en estado avanzado!

Sarev ignoró el comentario y seguía con su momento de regocijo.

—Estaba listo para que me dieras pelea, es decir, incluso si mataba la mayoría de tus ratas, alguna sobreviviría y llegaría a ti.

Una risa suave se le escapó mientras recordaba.

—¿Quién diría que después de matar tres de ellas, todas las otras estarían en el mismo lugar?

—Espera… Espera, no, no, no. Esto no es verdad… somos amigos.

—Le doy gracias a los jóvenes mortales que las entretenían. Estaba tan contento que les di un poco de elixir nutricional. Sí que soy una persona generosa.

—Los lobos son de grado medio, Sarev. Grado medio, ¿sabes lo valiosos que son? Son todos tuyos si los quieres.

Por primera vez, Sarev reaccionó a las palabras de Evrent.

—Ohh, pequeño e iluso Evrent, no puede haber rastro de que yo estuve aquí. Para lo que la torre concierne, solo tú estás aquí esta noche.

Sarev se acercó lentamente a él, volvió a colocarse su capucha; no quería mancharse de sangre.

—No, espera, no, noooooo.

El grito de Evrent resonó por el bosque, pero nadie fue a salvarlo.

— — —

Falk llegó al punto de reunión casi una hora después.

Varic lo recibió entusiasmado, pero al no ver a Bramor entre ellos se entristeció.

—Levanten todo, que un grupo vaya a buscar a los reclutas; quizás alguno sobrevivió. Los heridos, llévenlos directo al campamento.

Un soldado trajo a los cachorros; Falk los vio tan tranquilos durmiendo en una cesta de mimbre.

Todas esas muertes, todo este trabajo, era para asegurar que Vespera no se lleve a todas las crías.

Con esto el Duque podrá criar más camadas de bestias.

Y con la calidad de sus padres, estos dos tendrán un linaje excelente.

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