ÉTER:La orden de los shikanzei - Capítulo 10
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10: El Primer Paso de los Cadetes 10: El Primer Paso de los Cadetes “No es suficiente conocer tu fuerza; debes aprender a controlarla y usarla para proteger lo que realmente importa.” ⸻ Cuatro meses habían pasado desde que Akio y su grupo comenzaron su entrenamiento en la Orden del Fénix Carmesí.
Durante ese tiempo, cada día había sido una prueba de paciencia, concentración y coordinación.
Los cadetes habían aprendido a sentir su Éter, manifestar sus naturalezas y ejecutar habilidades básicas, aunque todavía bajo limitaciones.
El campo de entrenamiento había cambiado también: plataformas más complejas, obstáculos móviles, zonas de combate con iluminación variable y simulaciones de ataque más realistas.
Cada cadete se movía con mayor seguridad, aunque la concentración seguía siendo esencial.
⸻ Akio observaba a sus compañeros mientras practicaban: Mira combinaba escudos y ráfagas de Éter verde, redirigiendo ataques enemigos y potenciando la movilidad de aliados.
Renji controlaba su fuego rojo con precisión, modulando explosiones y ajustando intensidad para distintos objetivos.
Akio, con su Éter violeta, aprendía a manipular destellos para crear aperturas estratégicas, desviar ataques y potenciar movimientos coordinados con sus compañeros.
Takeru se acercó a ellos: —Han pasado cuatro meses de arduo entrenamiento.
Hoy comenzarán su primer simulacro de misión de principiante.
No es una prueba física; es la oportunidad de aplicar todo lo que han aprendido.
Control, estrategia y coordinación serán la clave.
El objetivo era infiltrarse en un territorio simulado afectado por Éter corrupto.
Los cadetes debían neutralizar simulaciones de humanos corruptos y Calamidades creadas de Éter inestable.
Cada equipo contaba con limitaciones de Éter: podían usar solo una fracción de su energía, forzando a que cada movimiento fuera medido y eficiente.
Akio y su equipo avanzaron juntos: Él abría el paso, creando aperturas con su Éter violeta para maniobrar y proteger a los demás.
Mira cubría la retaguardia y anticipaba ataques enemigos, lanzando escudos y ráfagas defensivas.
Renji generaba ataques de fuego controlados, evitando daños colaterales pero desestabilizando al enemigo.
Los cadetes enfrentaban enemigos que reaccionaban a sus emociones y fuerza.
Cada ataque debía ser calculado; el Éter era limitado y podía apagarse si se sobreexigía.
Los movimientos de cada uno reflejaban su personalidad: algunos impulsivos, otros metódicos, otros estratégicos.
Cada combinación era única, demostrando que el Éter no solo es poder, sino extensión de quién eres.
⸻ Durante el simulacro, Takeru les recordó: —Recuerden, sus habilidades aún son básicas.
Pueden crear aperturas, defensas y ataques simples, pero no esperen dominar técnicas avanzadas aún.
Mantengan el control, respeten sus naturalezas y colaboren.
⸻ Al final del simulacro, los cadetes se reunieron.
Cada uno había mostrado progreso, aprendiendo a manifestar su Éter de manera efectiva.
Algunos podían crear armas efímeras para combates cuerpo a cuerpo.
Otros generaban escudos, proyectaban energía concentrada o potenciaban sus sentidos para anticipar ataques.
Algunos más lograban combinaciones que aumentaban la velocidad o fuerza de movimientos físicos, reflejando perfectamente su personalidad y estilo de combate.
Akio respiró hondo y miró a sus compañeros.
Todos habían cambiado desde aquel primer día: más seguros, conscientes de sus limitaciones y naturales en el uso de su Éter.
⸻ —Hoy han dado un gran paso —dijo Takeru—.
Ahora, todos ustedes están listos para las misiones de principiante.
No son expertos, pero conocen lo suficiente para protegerse, colaborar y poner a prueba sus habilidades en situaciones reales.
Cada misión será un paso más hacia el dominio de su Éter y hacia convertirse en auténticos Shikanzei.
⸻ Mientras el sol se ponía sobre la orden, tiñendo el cielo de naranja y violeta, Akio comprendió que el verdadero camino apenas comenzaba.
Había aprendido a controlar su Éter, a coordinarse con otros y a enfrentar los desafíos con cabeza fría.
Pero el mundo que los esperaba estaba lleno de peligros reales, y solo la práctica, el sacrificio y la comprensión de su naturaleza los prepararía para los desafíos que vendrían.
—Mañana —pensó Akio— comenzamos de verdad.
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