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ÉTER:La orden de los shikanzei - Capítulo 17

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17: Cuando el Error no se Puede Deshacer 17: Cuando el Error no se Puede Deshacer “Hay decisiones que duran un segundo… y consecuencias que duran toda la vida.” La mañana avanzó con una quietud incómoda en la sede del Fénix Carmesí.

No era un día distinto a otros en apariencia, pero Akio lo sintió desde el primer momento: el Éter del lugar estaba tenso, como si algo invisible estuviera esperando ser nombrado.

Renji caminaba unos pasos adelante, con las manos en los bolsillos y la mandíbula apretada.

Mira iba detrás, observando en silencio.

Nadie hablaba.

El instructor Kaien los esperaba en la sala de asignaciones.

—Misión rango E —dijo sin rodeos—.

Actividad anómala cerca de un asentamiento rural.

No hay confirmación visual de Calamidad, pero los sensores indican corrupción de Éter sostenida.

Extendió un mapa sobre la mesa.

—Van ustedes tres.

Sin supervisión.

Renji levantó la vista.

—¿Solos?

—Sí —respondió Kaien—.

Esto ya no es entrenamiento.

Hizo una pausa breve, pero pesada.

—Hoshino se queda.

Aún no está listo para una misión sin respaldo.

Akio asintió en silencio.

Mira tampoco discutió.

Renji chasqueó la lengua, pero no dijo nada.

—Recuerden —continuó el instructor—: en misiones de este nivel, el mayor peligro no es la Calamidad.

Es una mala decisión.

El camino hacia el asentamiento fue largo y silencioso.

El pueblo apareció entre la neblina, intacto.

Demasiado intacto.

—No hay señales de combate —murmuró Renji—.

Ni destrucción.

—Eso no significa nada —respondió Mira—.

El Éter aquí… está alterado, pero no de forma violenta.

Akio cerró los ojos un instante.

—Se siente… comprimido.

Como si algo estuviera conteniéndose.

Entraron al pueblo.

Las casas estaban abiertas.

Las personas permanecían de pie o sentadas, inmóviles, con la mirada perdida, como si el tiempo hubiera pasado de largo sin llevarlos consigo.

—Están vivos —dijo Mira—.

Pero su flujo de Éter no es normal.

Uno de los civiles giró lentamente la cabeza hacia ellos.

No habló.

No atacó.

Solo los observó con ojos apagados.

Entonces, el aire cambió.

La Calamidad no emergió con estruendo ni se reveló con violencia.

Simplemente se manifestó al fondo de la calle: una masa deformada de Éter corrupto, pulsante, inestable, sin forma definida.

No hablaba.

No pensaba.

Existía.

—No ataquen aún —ordenó Mira—.

Si rompemos el equilibrio— La criatura se expandió de golpe.

Una onda invisible recorrió la calle y uno de los civiles cayó al suelo, convulsionando.

—¡Mierda!

—Akio corrió hacia él, arrodillándose—.

El Éter lo está desgarrando desde dentro.

Intentó estabilizarlo, forzando su propio flujo para contrarrestar la corrupción.

—No aguanta… —dijo con la voz tensa—.

Su núcleo está colapsando.

Renji miró a la Calamidad.

Sintió el fuego subirle por el pecho.

—Si la destruyo ahora… esto termina.

—¡Renji, espera!

—gritó Mira—.

¡Si atacas así— El fuego estalló.

La llamarada atravesó la calle y golpeó de lleno a la Calamidad.

Parte de la criatura se desintegró… pero el Éter corrupto reaccionó de forma caótica.

Una descarga errática se liberó en todas direcciones.

Un grito.

Solo uno.

Cuando el humo se disipó, el cuerpo del civil yacía inmóvil en el suelo.

Sus ojos abiertos ya no veían nada.

El silencio fue absoluto.

Akio se quedó congelado.

Mira dio un paso atrás, sintiendo el peso del momento caerle encima como una losa.

Renji bajó el brazo lentamente.

—Yo… —susurró—.

Yo no— Akio se levantó de golpe.

—¡MÍRALO!

—gritó, con una furia que le quemaba la garganta—.

¡Míralo, Renji!

Renji temblaba.

—Quería acabar rápido… pensé que— —Pensaste mal —dijo Mira, con la voz quebrada—.

Y ahora no se puede deshacer.

La Calamidad, gravemente dañada, intentó recomponerse.

Esta vez no hubo dudas ni discusiones.

Akio avanzó.

La katana vibró en su mano.

El rayo recorrió la hoja apenas un instante: inestable, imperfecto, pero suficiente.

El corte fue limpio.

La criatura se dispersó como ceniza oscura en el aire.

El pueblo volvió al silencio.

Pero ya no era el mismo.

El regreso a la sede fue lento.

Nadie habló de victoria.

Nadie celebró.

El informe fue breve y frío.

Una baja civil.

Error en la ejecución.

Esa noche, Renji no pudo cerrar los ojos.

Akio permaneció entrenando hasta que sus manos sangraron.

Mira se quedó sentada, en silencio, mirando la pared, entendiendo algo que no se podía explicar con palabras.

Porque por primera vez, lo comprendieron de verdad: No todas las derrotas ocurren cuando mueres.

Algunas ocurren cuando sigues vivo.

“Hay errores que no te hacen más débil Te enseñan cuánto pesa seguir adelante.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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