EtherSoul: Misterios de Akuaris - Capítulo 19
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19: …
ES MATAR O MORIR 19: …
ES MATAR O MORIR 4 de Junio del 2084.
10:48 am.
Ramón caminó lentamente, con su respiración cargando el peso de su cansancio, hacia las puertas abiertas del edificio de producción.
Se detuvo un instante frente a la entrada y observó la maquinaria de adentro, a los Homúnculos incinerados y al panorama oscuro que le esperaba frente a él.
Un olor al que nunca le había prestado atención se filtró en su nariz: el olor a carne quemada.
Martín no solo los había carbonizado, les había explotado el frente del cuerpo; Carne, sangre, vísceras y un ambiente medio cerrado, era un olor pútrido a muerte, que le provocó una arcada a medias.
Pero cuando sintió en el origen de su lengua el sabor residual de lo que había olido, pudo notar que era extrañamente dulce.
Se dejó caer, colocándose de cuclillas con la cabeza gacha, estirando los brazos hacia los lados y sosteniendo su pistola por el gatillo, solo con el dedo índice de su derecha.
Su fleco blanco ahora estaba parcialmente manchado de rojo por la salpicadura de la sangre de los Homúnculos que acababa de matar.
Me duelen los brazos y el abdomen.
Me late la cabeza.
El joven suspiró pesadamente, abriendo la boca por completo, el aire salió caliente, mientras las gotas de sudor recorrían sus mejillas y sus labios.
Trajo la empuñadura de la Desert Eagle a su palma apretando el índice, luego cerrando la mano, y se levantó de un solo impulso.
Adelante.
4 de Junio del 2084.
10:44 am.
Provincia de Gato, Ciudad de Bota.
Distrito industrial periférico.
SUBSUELO 2 — ¡Qué manera de huir, incluso de un simple par de detectives!
— Martín estaba de pie, a 30 metros de Zero, Omar y Lucas, apretando los dientes para ignorar el dolor de su rodilla.
Debí haber traído el condenado bastón.
— Arriesgas mucho el culo para alguien que es un problema de asesinar.
— Dijo Lucas, mientras volteaba a verlo.
Su rostro estaba decorado con una sonrisa sarcástica y un ceño que intentaba (sin mucho éxito) no fruncirse.
Martín se remangó la camisa y el saco, mostrando sus antebrazos, plagados de tatuajes indescifrables, indescifrables por la cantidad absurda de cicatrices que cubrían la misma zona.
— Lucas Quiroga Ivanov ¿Verdad?
— dijo, señalando al nombrado con su derecha, con la que sostenía su cubo de rubik.
— Y tú deberías ser Omar Dannvar.
— Solo dedicó una mirada de reojo al joven pelinegro.
La sonrisa enojada de Lucas se hizo aún más grande, inclinó levemente su cuerpo hacia adelante.
— ¡¿Quién buscará en unos túneles perdidos de la mano de dios en esta ciudad de mierda?!
— Su expresión se tornó más calmada.
Negó con la cabeza.
— Je.
Al menos eso me gustaría decir.
— Colocó su mano en su frente, sobándola levemente.
— Al menos sabes lo que te conviene, Quiroga.
— Una gota gorda de sudor bajaba por el costado de la frente de Martín.
— Si te inmiscuyes en lo que viene de todas formas acabarás muriendo como en un accidente, Marlowe.
— Lucas dio un paso adelante y le dio una palmada en la espalda a Zero.
— Pero tristemente no puedo permitir que nos sigas.
— Lucas se dio la vuelta y continuó caminando.
— Déjalo invalido si quieres, Zero.
— ¡HABLAS CON MUCHA CONFIANZA PARA SER TAN COBARDE!
— Gritó Martín, con una sonrisa en su rostro, inclinando su cuerpo hacia adelante.
— Sí, sí.
— dijo Lucas, mirando atrás de reojo y moviendo su mano en señal de despedida.
Zero aceleró rápidamente hacia la posición de Martín, el suelo ya se estaba llenando con mercurio líquido, en un par de segundos, el hombre de las vendas metálicas estaba a tres metros del pelirrojo, con varios puños metálicos saliendo del charco que produce a su paso, listos para golpear a su objetivo.
Martín fingió asustarse y dio un paso atrás, pero sonrió en el último momento.
Sumando en los planos el poder de dos de mis supernovas, perfectamente planeadas y detalladas, en una secuencia de fusión mentalizada como un baile de atracción de campos magnéticos positivos y negativos… Obtengo: Martín cerró los ojos y juntó ambas palmas lo máximo posible, solo siendo separadas por su cubo de Rubik.
[Consilium: Descarga de poder bruto en cono: KILONOVA] La piel de las manos de Martín se quemó gravemente en el instante siguiente, aún así el daño fue relativamente poco solamente por la presencia de su fuerte barrera.
En ese mismo instante, un destello cegador se hizo presente en toda la sala, una luz blanca azulada que casi deja ciego a Lucas, que se empezó a cubrir al instante en el que vio a Martín juntar las manos.
El destello se fue casi tan rápido como apareció, el calor en el túnel, desde la zona frente a Martín, se elevó a temperaturas peligrosas para la supervivencia humana, el rango de la explosión había sido corto, debido a que Martín tuvo que hacer el cálculo para no derrumbar el lugar entero, aún así, las paredes y el suelo cerca de él estaban oscurecidos y agrietados.
Una vez la luz se desvaneció, y Martín abrió los ojos, pudo ver lo que quedaba de su oponente frente a él: Un cuerpo que solo era pectoral, cuello y cabeza, calcinado casi por completo, cuyo único rasgo restante era su cabellera, parte de la piel quemada (pero no deshecha como el resto) desde su nariz hasta su cuero cabelludo, y una larga espina de metal clavada directamente en donde debería estar su ojo derecho.
El muslo izquierdo de Martín fue perforado por una púa gruesa de mercurio sólido.
¿Eh?
Pensó.
Frente a él, Zero estaba de rodillas, con su cuerpo parcialmente reconstruido por metal líquido y plateado que goteaba a cántaros de su ojo derecho.
Sus extremidades, aunque reconocibles, parecían derretirse mientras se formaban nuevamente; Zero ahora estaba “hecho” completamente de un amorfo metal.
[Fuente de la Juventud]: La habilidad de Zero le permite convertir cualquier metal en contacto con el mercurio en mercurio, y así mismo, puede hacer al mercurio derramarse como una fuente infinita.
¿Qué mierda es ese monstruo?
Pensó Martín, mientras, aguantando el dolor con toda su fuerza de voluntad, se arrancaba la púa de Mercurio.
Apenas lo hizo cayó de rodillas, y empezó a sangrar, se sacó la gabardina y la ató alrededor de la zona de la herida, intentando presionar para detener el sangrado.
No puedo creer que esté pensando esto, pero le debo una a ese hijo de puta de Lucas.
Si hubiera pedido que me mate… Su rostro estaba completamente arrugado del dolor, estaba intentando respirar para calmarse, pero se sentía increíblemente débil, todo el progreso desde la herida de su rodilla a la basura, y encima apenas le quedaba Ether como para mantener su barrera, después de la técnica increíblemente destructiva que había usado, no era sorpresa.
Zero, además, mientras esté en contacto con el mercurio, no es capaz de envejecer, y puede usarlo para reemplazar partes de su cuerpo, que con el tiempo se convierten nuevamente en carne y hueso.
Martín recibió un golpe a traición en la parte posterior de su cabeza, golpe que lo mandó al suelo sin problema alguno.
Había sido Raimundo, tenía sus lentes de sol bajados y su mano izquierda cubriéndose los ojos; Le había dado el golpe con la derecha; Respiraba pesadamente.
— Zero, vete de aquí con los otros, yo me encargo de este.
— dijo, mientras ponía su pie encima del torniquete de Martín, presionando su herida.
— No tenemos permitido matarlo.
— contestó Zero, con una voz metálica, ya había completado la formación de su cuerpo, ahora estaba casi totalmente hecho de mercurio sólido.
— ¡M… Zero!
¿Qué vas a hacer entonces, matarme?.
— No paraba de mirar al suelo, no exactamente donde estaba Martín.
Parecía perdido.
— … Espero sepas las consecuencias de tus acciones.
— Zero se colocó la palma en el ojo izquierdo, suspiró y se retiró lo más rápido que pudo.
— Sí, Alvarez.
— Martín sonrió.
— Espero sepas las consecuencias de tus— Raimundo le agarró el brazo derecho, le propinó una patada en el estómago y luego le volvió a pisar la herida.
— Cállate.
— Raimundo dio más peso a su pisada.
— Apenas has de poder mantener esa cochina barrera después del espectáculo que te mandaste.
— Apretó el puño.
— Voy a quedarme aquí, moliéndote a golpes, se acabará tu barrera y te dejaré realmente lisiado, o muerto.
— ¿Y ese odio tan intenso?
— Martín, pese a todo, se estaba preparando para lanzar algo en contra de su enemigo, intentaba ganar tiempo.
Su izquierda se aferraba con fuerza al cubo de rubik.
Raimundo pateó el brazo izquierdo de Martín, luego levantó su otro pie de la herida del hombre y procedió a aplastar el estómago del pelirrojo con su rodilla, dejando caer todo su peso.
— No te voy a dejar hacer nada, Marlowe, no puedes mentirme.
— Levantó su puño derecho y empezó a golpear el rostro de su enemigo.
Lo golpeó una y otra vez durante varios minutos, Martín tenía una técnica planeada en la que iba iterando para concentrarse, pero cada vez los golpes le interrumpían más, su barrera apenas podía mantenerse, y si usaba ether ahora probablemente se iba a quedar sin protección.
Poco a poco empezó a sentir un ardor enorme en su rostro.
El agotamiento estaba desatando su torniquete, y sentía fría la pierna.
Tal vez esta vez sí que intenté morder más de lo que podía.
¿Por qué estoy tan obsesionado con esta investigación?
podría haberme unido a ellos apenas vi la diferencia de poder.
Ese enmascarado no me ha traído más que problemas.
Por su mente, apareció la imagen de Ramón, y luego la de toda la gente a la que había ayudado durante estos años, los agradecimientos, incluso en casos de gente desaparecida, niños desaparecidos.
Recordó, poco después, a todos los criminales que ayudó a librarse de una condena, de un problema, a todas las personas que probablemente estaban muertas por su culpa.
A todas las personas a las que mató.
Recientemente, el ideal del detective heroico se empezaba a desvanecer de su cabeza, realmente sus logros más recientes los consiguió con los encargos mejor pagados, con los encargos cuyo dinero venía manchado de sangre.
Cada herida cicatrizada en sus brazos ardió.
Volvió a él la imagen de Ramón.
Ese muchacho, es solo un asistente, no sé por qué se me viene tanto a la cabeza.
Yo no necesito a nadie.
Recordó a sus compañeros ahora muertos, eran dos chicos que también querían ser detectives, dos chicos con los que se metió en un caso similar a este, de gente poderosa.
Hoy en día apenas recordaba sus voces o sus rostros, solo sus presencias.
Lo que sí podía recordar era su voluntad de hacer justicia, voluntad que en algún momento siguió.
Yo solo tengo curiosidad, solo quiero saber la verdad.
Recordó la satisfacción de su pupilo cuando resolvían casos como los que él llegó a resolver cuando estaba en un mejor camino.
Ahora que lo pensaba, desde que había llegado Ramón, estaba resolviendo nuevamente casos pequeños, para ayudar al pueblo.
Aunque su pupilo no pareciera serlo por su pasado, por haber sido un criminal, por la violencia latente dentro del mismo, se había convertido en una luz que había devuelto a Martín a sus principios.
Su vista estaba borrosa, los ojos le ardían, sintió que ya no le quedaba fuerza en la cabeza.
Raimundo paró de golpearlo.
Creo saber que significa todo esto, pero no estoy listo para asumir que aún quedaba algo dentro de esta carcasa en la que me había convertido.
Mientras tanto, Ramón, sigue caminando este sendero de luces cegadoras y sombras sólidas… — ¿Estás llorando?
— Raimundo se tocaba los nudillos y los sentía humedecidos, pero no era sangre solamente.
Se levantó las gafas, revelando su mirada totalmente perdida a Martín, acercando su rostro al del hombre que estaba golpeando.
— Eso que hiciste hace un rato me dejó ciego.
¡Y NO ESTOY LLORANDO COMO UN MARICA, ACEPTA LAS CONSECUENCIAS DE TUS ACTOS!
— Volvió a levantar el puño, para continuar golpeando.
¿De qué habla este con tanto ímpetu?…
da igual, Ramón, seguirás ese camino… solo.
Martín cerró los ojos y sonrió todo lo que pudo.
De todas formas, esto es parte de tu victoria.
[Aliento Elemental: Impulso de Huracán] El sonido del viento siendo azotado llenó el túnel subterráneo, y una figura se aceleró como una bala hasta Raimundo, pateando directo en su mejilla y enviándolo a volar varios metros lejos de Martín.
— Ya decía yo que te me hacías conocido.
¿Cómo fue que te llamó Martín?
— Ramón estaba de pie frente a su compañero, que yacía en el suelo, con los ojos ahora abiertos y una sonrisa.
— ¿Segismundo…?
— colocó su dedo índice en su mentón, desviando la mirada hacia arriba, mostrando una expresión irónica de reflexión.
Raimundo se levantó lentamente, temblando en cada milímetro de su piel, tenía las venas hinchadas.
Se puso la mano izquierda en el rostro y luego la levantó, echando el pelo que tenía cubriéndole la cara hacia atrás.
Intentó hablar, pero su mandíbula no paraba de temblar.
En aquella mirada desorientada aún se podía encontrar su ira.
Puso su palma derecha en el suelo.
— ¡RAAAAAMOOOOOOOOOOON!
[Resonadores: Resonancia sólida]: La pérdida del sentido de la vista le dio a Raimundo un nuevo significado del concepto de vibración.
Es por eso que mientras tenía agarrado a Martín, podía saber donde golpearlo, porque ahora su habilidad se había extendido hacia afuera de él, como un intento desesperado de expandir su visión.
Una ecolocalización imperfecta, pero que mediante el concepto invertido de percepción, le permite transmitir la energía de su técnica a una superficie.
El suelo hacia adelante de Raimundo empezó a temblar con fuerza, generando enormes grietas que iban en dirección a Ramón.
— ¡¿EH?!
¡PERO SI ESE ES MI NOMBRE!
— Gritó Ramón, manteniéndose en el mismo tono que su oponente mientras se impulsaba hacia adelante, ignorando el temblar del suelo.
Raimundo le propinó un puñetazo en el estómago a Ramón, y rápidamente uno hacia su mentón.
[Turbulencia de Barrera: Grito] Justo antes de que los nudillos de su enemigo llegasen a su mentón, Ramón hizo explotar su barrera.
Esto envió el brazo de Raimundo hacia abajo tan rápido que casi se lo disloca.
La barrera de Ramón se regeneró de golpe en los instantes siguientes, mientras que el joven aprovechaba la apertura para encajar un golpe en el estómago de su oponente.
— Todavía pegas bien suave.
— Raimundo ignoró el golpe de Ramón y usó esa nueva oportunidad para propinarle un golpe en la cabeza, que hizo que el joven detective se arqueara hacia atrás.
— Déjame y te enseño.
— Ramón se había hecho hacia atrás a propósito usando una iteración leve de aliento elemental, así evitando el golpe de Raimundo.
Al instante siguiente dio la vuelta y le clavó una patada por el costado izquierdo a su enemigo, usando [Turbulencia de Barrera: Grito] justo al instante del impacto, lo que lanzó en una explosión al pelirrojo teñido contra la pared del túnel, rompiéndole el brazo del lado impactado.
— Juraba que estabas hecho de acero la primera vez que peleamos.
Raimundo se levantó y alzó ambos brazos para pelear.
En su rostro se notaba el dolor, pero lo estaba ignorando.
— No voy a caer en tus trucos sucios de nuevo, no creas que será tan fácil como la primera vez.
— Avanzó a gran velocidad hacia Ramón, golpeándole cinco veces en pocos instantes.
Ramón, con sangre que caía de su nariz, pintándole los labios, sonrió de oreja a oreja mientras veía directamente a los ojos de su oponente, que estaba a escasos centímetros de él.
Desde su perspectiva, estaba el iris verde esmeralda de Raimundo, perdido, pero lleno de voluntad.
En cambio, el otro, que solo tenia una imagen borrosa, sentía en su visión rota como los ojos negros cual vacío de Ramón manchaban como un liquido derramado la imagen que tenia en frente, oscureciendo aún mas su mirada.
Ramón tomó aire.
[Aliento Elemental: Condena] Se manifestó el estruendo horrible de un grito rasgado, como si las cuerdas vocales que lo soltasen fuesen tenedores rayando platos de vidrio.
De la pequeña apertura entre los labios de Ramón, un aire extremadamente helado y envuelto en pequeños arcos eléctricos se extendió, envolviendo a su oponente en cuestión de instantes, y al resto de la habitación en los segundos consiguientes.
Raimundo se echó al suelo con el sonido del grito que aún reverberaba en él, y los escalofríos no le dejaban moverse.
No estaba asustado de Ramón, pero su cuerpo le pedía huir.
Ramón impactó un rodillazo contra la nariz de su enemigo, que terminó de caer acostado, con su nariz rota que empezaba a sangrar.
Rápidamente el joven puso un pie sobre el tórax de Raimundo y le apuntó a apenas un metro con la pistola apuntando entre ceja y ceja.
Colocó un dedo en el gatillo.
Su respiración era agitada.
Martín se recostó contra la pared para ver la escena.
Raimundo entrecerró los ojos, dándose cuenta que no podía hacer mucho más, de hecho solo podía respirar por la boca, y le dolía.
4 de Junio del 2084.
10:52 am.
El índice de la mano derecha de Ramón temblaba.
Tenía la sensación general de que estaba bloqueado, pero no era ese el caso, simplemente era como si en el momento de tener que hacerlo, su fuerza fuese totalmente drenada.
¿Por qué?
— ¡¿Qué, no te vas a atrever a matarme?!
— Contestó Raimundo, y al instante siguiente sonó el estruendo de la pistola.
Proyectil entre ceja y ceja, tal como se había apuntado previamente.
La sangre borboteaba del agujero hecho en el comienzo de la frente de aquel hombre, sus ojos perdieron la poca luz que les quedaba.
Ramón cayó de rodillas y soltó su pistola, tapándose la boca con ambas manos y apretando con fuerza los ojos mientras una sensación ácida y horrible le subía por la garganta.
La presión que sentía sobre su rostro le hizo lagrimear de forma impulsiva, esto reavivó su mirada.
Sonidos guturales salían de su boca mientras intentaba dejar de vomitar.
— ¿Qué me pasa?
— dijo, con la voz débil.
— Nunca habías matado a alguien que habías mirado a los ojos.
— Contestó Martín, que estaba de pie, apoyado contra una de las paredes del túnel.
Ramón abrió los ojos por completo y se forzó a mirar el cadáver de Raimundo.
Aunque las arcadas eran fuertes y sentía que iba a botar el estómago por la boca, se mantuvo.
Tomó su pistola y la guardó con rapidez en su chaqueta, luego, se levantó lentamente.
— Es normal.
Hoy en día todos peleamos usando magia, magia que en la mayoría de los casos es casi una expresión viva de cómo somos, o de nuestros deseos más anhelados.
Cada intercambio es un choque entre voluntades, y a través de eso, terminas conociendo mucho del que tienes frente a ti.
— Martín intentaba no desmayarse, sentía la cabeza ligera.
— Es normal esa reacción cuando matas a alguien que podría haber sido un compañero.
Ramón volteó a ver a Martín con una mirada fulminante.
Sus palabras no le hacían sentido, quería preguntar más, reclamar más, indagar más en ese sabor horrible que sentía en su garganta, en el pensamiento nuevo que le había implantado su tutor, en esas imaginaciones extrañas que empezaban a aparecer, preguntando en su cabeza si podría haber sido distinto.
Todo eso fue desechado, Martín estaba gravemente herido, Rainer también, él era el único en pie, y tampoco tenían tiempo.
Apretó los dientes con fuerza, haciéndose un ligero daño en las encías, y se acercó a Martín, para cargarlo en su hombro de vuelta y poder ir a buscar a Rainer.
Se mantuvo en silencio.
Martín se limitó a mirar a Ramón, veía borroso, puesto que sus lentes estaban ligeramente agrietados, y la falta de sangre le hacía querer quedarse dormido.
Ese brillo que tiene en sus ojos se ha vuelto como una luz intermitente.
Ahora es tan tenue… supongo que está bien, es parte de crecer.
Pensó, convenciéndose de sus palabras, ignorando que no se las terminaba de creer.
4 de Junio del 2084.
11:02 am.
— ¡Sagrada Arboleda!
— Exclamó un hombre de piel morena y cabello negro, que se colocó frente a las rejas rotas de la entrada a la fabrica donde había ocurrido todo el problema.
— Procederemos con la exa… — Se quedó en silencio al ver que frente a él, en la escena del crimen, ya había un pequeño operativo en despliegue, pero no era de la sagrada arboleda, era de la SPG.
Atrás de aquel hombre se acercó caminando una mujer de cabello plateado, con tenues arrugas principalmente alrededor de sus ojos.
Portaba también una armadura con la inscripción de la sagrada arboleda.
— Nos va a tocar cooperar con la SPG, Ronald.
— ¿Cooperar?
un asunto de terrorismo o crimen organizado a esta escala debería ser investigado por el órgano principal de este país, no por mercenarios glorificados.
— El chico señaló el estado calcinado y destruido de la “nueva” entrada al recinto que tenían enfrente.
— Supongo que esta vez tienes razón.
— Contestó aquella mujer, que tenía que buscar excusas para poder estar de acuerdo con su subalterno.
Sacó su celular de un bolsillo en el costado de su pierna y empezó a marcar una llamada.
Ronald dio un paso adelante con la intención de adentrarse al lugar, con toda la actitud para tener una acalorada discusión.
— Yo no haría eso si fuera tú.
— Una figura de mucha menor estatura se colocó frente a Ronald, un “niño” de cabello negro, piel pálida e iris rojo.
La voz no provenía de él, sino de un hombre apoyado contra el edificio de producción.
Tenía su espada ligeramente enterrada en el suelo, y la sostenía con su dedo corazón, mientras miraba fijamente a los caballeros de la sagrada arboleda.
Su cabello era castaño claro, con un ligero tono verde a la luz del sol de mediodía, tenía un poco de barba y vestía el uniforme de la SPG.
— Nosotros llegamos tres minutos antes, y… — Miró a la superior de Ronald.
— Señora Roca, le recomiendo que no llame a más gente, la fábrica es de una compañía que tiene contratado nuestro servicio de seguridad y el paquete más alto del seguro que ofrecemos.
A Ronald le incomodaba la presencia del “niño” parado frente a él.
No porque sea o parezca un vampiro, si no por que era extraño, que hacía un chico tan joven trabajando para la SPG, y era un empleado, por que aunque solo llevaba el uniforme de la cintura para abajo, y de camiseta solo traía una blanca manga corta, seguía portando una identificación colgando de su cintura.
Decía: “Tajjar”.
Cerró los ojos para intentar desplazar el asunto para otro momento, y dirigió su mirada firme al hombre que les había hablado.
— Le recordamos que somos la unidad militar de este país, y no se está comunicando con la “Señora Roca”, ella es la General Primado de Gato.
— Sonrió sarcásticamente.
— Sería bueno que lo recuerdes, Macias.
— Y yo te recuerdo que la Sagrada Arboleda no es la dueña del país, la gobernadora nos instauró como institución de seguridad pública oficial en esta provincia.
Tenemos credenciales dobles para esta operación.
— Contestó Macias, con una expresión aún más desafiante que el evidente sarcasmo de Ronald.
— Sería bueno que lo recuerde, Subintendente Diacono Hernandez.
— No hay necesidad de ponernos groseros, Cristo.
— interrumpió una mujer de cabello rubio y largo, que portaba también el uniforme de la SPG, pero con los motivos honoríficos del cargo de Intendente Jefe.
Dirigió su mirada, cordial pero con dobles intenciones, a la General Primado.
— Cuánto tiempo, Solange.
Solange sonrió y se acercó, poniéndose al lado de su subalterno.
— Cuánto tiempo, Marie.
4 de Junio del 2084.
11:51 am.
Ramón se encontraba afuera de una casa rústica que se encontraba en las periferias de Bota donde no hay carretera, solo camino de tierra.
Aún con lo desorganizado del lugar, el joven había encontrado la forma de dejar el jeep mal parqueado.
De dentro de la cabaña salió un hombre de piel negra y cabello lacio corto, portaba una bata de doctor y el resto de su ropa debajo era de lo más casual.
Se acomodó los lentes con sus manos ligeramente ensangrentadas, con cuidado de no ensuciar las lunas.
Se limpió con el pantalón que traía y sacó una cajetilla de cigarros, sacando y encendiendo uno con un chasquido desde la yema de sus dedos, que generó una pequeña llama.
Se paró al lado de Ramón y se quedó en silencio un segundo, mientras le daba un par de caladas al cigarrillo.— Estarán bien… mira que hacerme salir a la periferia… Aaron me debe ya demasiadas…
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