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EtherSoul: Misterios de Akuaris - Capítulo 20

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  3. Capítulo 20 - 20 PROFECÍA POSTMODERNA
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20: PROFECÍA POSTMODERNA 20: PROFECÍA POSTMODERNA — No hace falta que te preocupes tanto, Ramón.

— Saliendo por la puerta de aquella casa, estaba Rainer.

Sus brazos estaban totalmente vendados y se sostenía de pie con ayuda del marco de la puerta.

— Si que ha sido cansado… — dijo, dirigiendo una mirada al cielo.

— Dejé todo lo que necesitan saber anotado en el reverso de una de las hojas del doctor.

— Sonrió.

— Incluida la cuenta donde deben depositar mi pago, Je.

— ¿Ya te vas?

— preguntó Ramón, volteando a ver a su amigo.

— ¿Qué más tengo que hacer aquí?

mi trabajo terminó.

— contestó Rainer, mientras empezaba a caminar hacia la carretera, poco a poco su imagen se volvió difusa.

Ramón suspiró.

— Adiós, hermano.

— dijo, con las cejas ligeramente arqueadas, y apretando sutilmente los músculos de su rostro.

Rainer le volteó a ver e hizo un gesto de despedida agitando su mano izquierda.

— Derríbalos.

Nunca me ha preocupado la libertad de los demás, pero mientras estaba soñando, pensé en los Homúnculos.

Se que no estoy en posición de juzgar pero… — Rainer cerró su mano izquierda, haciendo un puño.

Le temblaba el brazo.

— Creo que no hay mayor crimen que extirpar la libertad a alguien antes de que sea capaz de existir.

— Rainer desapareció, como si nunca hubiese estado ahí.

Ramón sonrió levemente, su mirada se centró, y aquel brillo que tenía en sus ojos se encendió momentáneamente.

Muy bien, Rainer, eso haré.

Ya podrías tú dejar de delegarme cosas.

El doctor que les había ayudado solo observó de reojo la conversación.

Volvió a dar otra calada a su cigarrillo.

— Ahora solo falta que se despierte el otro… Marlowe tiene que dejar de permitir que le destruyan esa pierna.

Si no hubiera sido un doctor de mi nivel, se hubiera quedado cojo de verdad.

— Gracias, doctor Caza.

— dijo Ramón, dirigiendo su mirada nuevamente hacia el horizonte opuesto a la ciudad.

Aquel hombre arqueó la ceja y soltó una pequeña risa cansada.

— Puedes llamarme Felipe, no estoy en un servicio oficial, no hacen falta las formalidades.

— Bueno doc.

— Ramón dio dos palmadas en el hombro de Felipe.

— Voy a revisar la información que nos dejó Rainer.

Entiendo que le dije que no hacían falta las formalidades, pero que cambio… Pensó Felipe, mientras mostraba una leve molestia en su rostro.

9 de Junio del 2084.

8:14 pm.

Ciudad de Gato – Provincia de Gato.

Akuaris.

Era de noche, el viento corría con fuerza en el balcón de una habitación del segundo piso del hotel Garfield.

Martín se encontraba sentado bien cerca del barandal, alzando su pierna herida sobre este, observando la noche de la ciudad mientras hacía algo en su celular.

Ramón se encontraba sentado en una silla más atrás, torciéndose un poco para observar la habitación detrás de ellos.

— ¿Pudiste enviar el otro mensaje?

— preguntó Ramón, volviendo a ver a su tutor.

— No.

Esa cuenta de banco ya no existe.

Tu amigo desapareció de la existencia.

— contestó Martín, guardando su teléfono.

— Ni le importó que no le mandé todo el dinero… — Puso en inactividad la página web donde anunciaba sus servicios… Creo que nos tocará teorizar.

— Ramón se levantó de la silla.

— Vuelve a leerme lo que dejó escrito.

— Martín se puso una mano en el rostro y renegó moviendo la cabeza.

— Nombres e identificadores recolectados: Sofía, Zero, Lucas, Omar Dannvar, Raimundo.

Los guardias que les acompañan usualmente son identificados por el nombre de Homúnculos, parecen no poder expresar más voluntad que cumplir órdenes.

Motivo de la reunión: La pandilla de los Reyes, parece estar robando cargamentos.

Según Omar, aprovechándose de que están ocupados con “otras” cosas.

Lucas declaró que no se puede asesinar al líder de esta pandilla así nomas, asumo que querrán formar una conmoción en la que el asesinato parezca accidental.

Omar llevaba un maletín, parecía algo importante, posiblemente algún tipo de información.

Reportes de los cargamentos, planes, información de personas para extorsionar, ¿informes?

no sé, pero ahí está eso.

Depositar pago de 25000 lises en la cuenta… — Puedes detenerte ahí… — dijo Martín, rascándose la cabeza.

— Tiene bastante sentido con lo que me dijo el enmascarado poco antes del asalto… — ¿Y eso?

Es la primera vez que mencionas eso.

— Ramón se acercó a Martín, desafiante.

— Bueno pues… — Martín se mostró nervioso.

— Ahora que lo recuerdo, el papel con la info de la misión dijiste que te lo entregó cuando salí del hospital en Arenar, no un poco antes del asalto.

Viendo como ha sido, dudo que se encuentre de nuevo contigo en un periodo de tiempo tan corto… — Ramón lo atacó con la mirada.

— No será que no sabías nada de lo que íbamos a tener que hacer hasta que de milagro ese tipo te salvó con esa info… — ¡¿A ti qué?!

A veces uno tiene que esconder cierta información para evitar comprometer la misión.

La cosa es que se hizo.

— contestó Martín, recuperando la compostura.

— Si no me mintieras o me ocultaras cosas quizás podríamos avanzar más rápido.

Espero que me cuentes eso que tanto tiene sentido con la información de Rainer.

Martín suspiró y orbitó sus ojos hacia arriba.

— No fue demasiado, solo me habló de que donde sea que quieran hacer algo, probablemente usarán algo llamado Ragnarok o Apocalipsis.

No pensé en mencionarlo en ese entonces porque parecía demasiado ominoso para ser verdad… Pero teniendo en cuenta que quieren hacer una conmoción… y viendo las capacidades que hay en sus filas, empiezo… — Se le escapó una sonrisa, seguida de una risa nerviosa.

— Empiezo a creerme que tal vez no es tan imposible.

Ramón se calmó y dirigió su mirada a la ciudad.

— Profecías del fin del mundo en pleno 2084.

— No es tan descabellado, ya ocurrió una vez hace 64 años.

— Comentó Martín.

Aunque en Aurum apenas se sintió el impacto, decía mi padre.

— No creo que estos tipos vayan a destruir el mundo por unos cargamentos.

Pero quizá dejen un sector entero de la ciudad de Lagos en ruinas.

Por un solo sujeto… — Ramón centró su mirada en el barandal.

Alzó la cabeza de golpe y volvió a ver a Martín.

— ¿Por que mencionaría a un Ragnarok y un Apocalipsis si ambas cosas son sinónimas?

Eso significa que tienen dos.

— Sí, es lo que me dio a entender ese hombre… Un arma así, después de haber visto lo que puede hacer ese tal Zero no se me hace imposible.

— Martín bajó su pierna herida del barandal, y tomó su bastón.

— Parece que voy a tener que regresar a Nueva Caracas a recoger algo, nos estamos metiendo en terreno pantanoso.

— No tan rápido.

— Ramón puso su mano en el hombro de Martín, que intentaba levantarse de la silla.

— Nos llegó una notificación, tenemos que presentarnos en la corte de Gato dentro de cuatro días.

Parece que fuimos demasiado ruidosos y nos involucraron en lo de la fábrica.

— Justo cuando estaba pensando en ahorrar… — Martín se llevó las manos a los ojos.

— Me va a tocar ver en que se ha convertido como abogado ese chico Giacalone.

— Pues llámalo ya, porque necesitamos actualizarlo para ayer.

— Ramón soltó el hombro de su tutor y se dirigió al interior de la habitación.

9 de Junio del 2084.

8:14 pm.

Artis – Provincia de Artis, Novaroma.

Un hombre de cabello rubio salía con calma de un centro comercial, específicamente uno conocido como “Neo-Forum”, el primero en ser construido en Artis.

La noche de este nueve de junio, al menos para lo que se acostumbraba ahí, estaba relativamente fría.

El hombre en su cuello traía una bufanda y en la mano derecha, un café en un vaso de cartón.

Vestía de terno, pero sin corbata.

Mientras caminaba por las calles cercanas, bostezaba con libertad, incluso haciendo ruido, cada tanto dándole un sorbo a su café.

Después de pisar la acera durante al menos media hora, a un ritmo más bien lento, finalmente llegó a un desvío de verdad, de esas calles principales e iluminadas, a una que más bien parecía un callejón; Luces tenues y algunas sin funcionar.

El hombre no se detuvo ante la oscura apariencia del lugar al que se dirigía, es más, ni reaccionó, puesto que este era el camino a su casa.

Luego de caminar otros diez minutos más, llego ahora así a un callejón, uno entre dos edificios, con varias escaleras de metal que llevaban a puertas en distintos pisos de los mismos.

Dentro de lo horrible que era esa zona, algo bueno era la facilidad para tirar la basura, puesto que había un contenedor justo ahí.

El rubio empezó a subir los escalones hacia su departamento, que era en el primer piso, hasta que se fijó en algo, la puerta no estaba bien cerrada, y el pestillo alargado estaba desajustado y caído, como si hubiese sido forzado.

— Tienes suerte de no haber estado ahí adentro, nos dio tiempo a calmarnos, rubia.

— Dijo un hombre que había salido de detrás del contenedor de basura.

Tras de él habían otros tres sujetos.

Los tres estaban armados con bates distintos, uno era de madera con un clavo, otro era de acero, otro era, más que un bate, una vara de metal oxidado.

El que les lideraba traía, en cambio, un machete.

— Por ahora solo queremos hablar, así que baja.

El rubio sonrió momentáneamente y luego colocó una expresión seria.

— Antes de todo ¿Cuál de ustedes me va a pagar el cerrajero?

— Entrecerró los ojos, mirando a los hombres que le amenazaban, señalándolos uno a uno sutilmente con su dedo índice.

El principal de los asaltantes soltó una carcajada.

— No sabes en la mierda en la que estás metido, abogaducho, no hagas las cosas peor de lo que ya están.

— Abogado Giacalone para ti.

— Dio otro sorbo a su café.

Su bufanda se erizó.

— Ese tipo de apodos solo me lo pueden decir las mujeres lindas.

— Señaló al hombre del bate de madera con el clavo.

— Volviendo a lo que pregunté antes.

¿Serás tú el que me pague el cerrajero?

[Cadena de choque] Un hilo muy delgado de luz celeste y relampagueante apareció conectando el índice de la mano derecha del abogado y la clavícula del hombre del bate de madera, esto ocasionó una enorme descarga de energía que hizo que el objetivo se retuerza en el suelo, soltando su bate.

Una cicatriz de quemadura eléctrica se formó en el pecho de aquel hombre.

Giacalone sopló su dedo y empezó a bajar los escalones lentamente, lanzando el vaso de café y amarrándose la bufanda al brazo izquierdo.

— Parece que él no está en condiciones ¿Alguno de ustedes lo podría cubrir?

Los matones que aún estaban de pie gruñeron y se abalanzaron a toda velocidad contra el abogado, el líder de estos fue el más veloz, tanto que de hecho Giacalone tuvo que dar un paso atrás.

Apuntó su derecha hacia los matones y un hilo salió disparado hacia ellos, mientras hacía esto, dio un salto fuera de la escalera y antes de caer por completo se sostuvo del barandal con su mano izquierda.

Con esto esquivó un golpe del enemigo principal, y al instante siguiente, la zona donde estaba el hilo se iluminó en el brillo celeste y relampagueante, electrocutando a todos los objetivos, que cayeron al suelo, momento en el que el abogado apretó con su derecha el barandal de metal y luego lo soltó de ambas manos, con esto envió una corriente eléctrica a través del metal de la escalera, lo que hizo que los matones volviesen a recibir una descarga.

— Ahora me estorban en la escalera… — Cayó con gracia en el suelo del callejón.

Sintió un escalofrío.

Un ataque cortante del machete rozó el cabello rubio de Giacalone, que le esquivó aunque el ataque fue por la espalda.

El hombre que lideraba a los matones no solo había resistido la descarga, si no que se había movido increíblemente rápido; su piel estaba roja, parecía que iba a explotar en cualquier momento.

— ¿Crees que te puedes meter al negocio del patrón sin consecuencias?

¿Sabes quienes somos?

— Sonreía, con enojo, pero sonreía.

Giacalone se remangó el saco y la camisa de su brazo derecho, dejando ver un brazalete en su muñeca.

Al mismo tiempo, el hilo lanzado de este, que estaba tirado en los escalones y estirado casi a su máximo, se retrajo por completo a gran velocidad.

— Lo sé muy claramente, parásitos.

— El hilo se volvió a extender, aproximadamente con tres metros de longitud, y este se cubrió al instante de electricidad celeste.

— ¡¿Cuanto aguantas entonces?!

— El abogado empezó a agitar la cuerda eléctrica como si fuese un látigo.

Su enemigo le lanzó un veloz tajo con el machete, Giacalone enredó el arma con el hilo eléctrico y la jaló al suelo, pero al mismo tiempo, recibió un poderoso puñetazo en su mejilla izquierda, y luego una patada en el estómago, esto lo empujó hacia atrás.

Rápidamente contrajo el hilo, para atraer el arma, pero el hombre resistió el agarre.

Se va a romper esta mierda si sigo jalando.

Detuvo la acción, esto hizo que el enemigo se desbalancee ligeramente.

Giacalone respiró con control y apuntó su índice izquierdo al matón, el cual identificó el patrón y se abalanzó a gran velocidad, soltando su arma para ir directo al brazo del rubio y desviarlo antes de que este termine de disparar.

Al instante siguiente ya estaba dirigiendo un puñetazo hacia el abogado.

— Te engañé.

— dijo Giacalone, después de haber recibido el puñetazo de lleno y haberle escupido toda la cara al enemigo.

Golpeó con su palma el rostro de su enemigo presionando un cristal que estaba extendido desde su brazalete sobre la misma, y le abrazó cara con los dedos, metiendo el pulgar en la boca.

[Cadena de choque] Una fuerte corriente eléctrica sacudió el cuerpo de aquel matón por dentro y por fuera, era tan brillante que su enemigo parecía emitir luz propia, esta corriente sólo duró dos segundos y medio, luego el abogado le soltó, dejándolo caer.

— Iuk.

— El rubio se acercó al matón tirado en el piso y se secó el pulgar con la ropa del mismo.

Se dirigió con calma a las escaleras, mientras se corregía las mangas del brazo derecho.

Sacó su celular en la puerta de su casa y llamó al número de la guardia civil de Novaroma.

— ¿Aló?

Ricardo Giacalone… si, otro asalto.

Ajá, la dirección era… — Notó que le estaba llegando otra llamada.

— Espérenme en la línea.

— dijo, mientras aceptaba la otra llamada y entraba a su departamento.

— ¿Ricardo?

¿Este es tu número, verdad?

Soy Martin Marlowe.

Necesito tus servicios en Akuaris… ¿Sí me recuerdas?

¿Giacalone?

— Ricardo se había quedado en silencio un segundo, al ver que su departamento estaba patas arriba, los matones le habían dejado todo hecho un desastre.

Eso me pasa por salir a estas horas.

Pensó el abogado.

— Sí… Martín.

¿Cuándo en Akuaris?

Tengo que asistir a un juicio mañana… 30 de junio de 2084.

12:30pm.

Paloma – Provincia de Artis, Novaroma.

UNIVERSIDAD 9 MUSAS.

Martín, Ricardo y Ramón se encontraban frente a las puertas de la universidad Nueve Musas.

Decir las puertas era hacerle poca justicia, era una de las muchas entradas a la universidad, el campus era enorme, y todas las estructuras del lugar eran majestuosas, se alzaban en vertical y en horizontal de formas equivalentemente masivas.

Los detalles no eran dejados atrás, estatuas, gárgolas ¿Cuántos constructores y artesanos son necesarios para una instalación tan masiva?

Esto era normal en la arquitectura de las ciudades de Novaroma, también se podían notar remanentes de esto en Akuaris, pero desde la emancipación, muchas cosas cambiaron en esa región del mundo.

Sin embargo, Novaroma mantenía en perfecto estado aquellas estructuras, tal vez demasiado, más de lo necesario, por que en contraste, de camino, habían visto la pobreza de las calles más marginales de Paloma, algo que se repite en toda Novaroma.

Mientras que la emancipación hizo crecer a Akuaris económicamente, todos los conflictos civiles de la Novaroma la habían mermado, y ahora estaba atravesando una crisis.

— Abogado… guía turístico, seguro sabes hacer de todo, Ricardo.

— dijo Ramón, dejando de ver la estructura para voltear a su ahora abogado de preferencia.

— Desde luego, si voy a ser su abogado de confianza, tengo que también ejercer otras labores.

— contestó Ricardo, mientras se tronaba los dedos y el cuello.

— Bueno señores, acá los dejo, no estén mucho tiempo en la Novaroma, hay un punto hasta el que puedo cubrirlos por ahora, incluso con mis habilidades.

— No te preocupes Ricardo, solo van a ser un par de días, estoy esperando a la mujer de la que somos invitados.

— contestó Martín.

— De nuevo, gracias por la ayuda con ese caso, no pensé que tendríamos que estar tantos días con juicios.

El abogado se detuvo en seco y volteó a ver a sus clientes de reojo.

— Y esta mujer… ¿Cómo es?

Martín entendió al instante la pregunta y la intención de Ricardo, sonrió sádicamente.

— Es una hermosa e importante pelirroja, quizá te deje conocerla, por un precio… Ricardo se quedó en silencio un segundo.

— ¿De cuánto estamos hablando?

— 25% menos de sueldo por tres meses… — Contestó Martín, con malicia.

Ricardo se quedó en silencio unos cuantos segundos.

Respiró profundamente, sacó su teléfono y revisó el estado de su cuenta bancaria.

Apretó los puños.

— Tendré que negarme.

— dijo, con la voz quebrada, mientras continuaba con su camino.

— Tch.

Lo intenté.

— Renegó Martín, volviendo a ver la puerta de la universidad.

— Que rata.

— dijo Ramón, volteando a ver a otro lado.

Esperaron en una silla del parque que rodea la universidad durante unos treinta minutos, totalmente en silencio, Ramón nunca había sido muy hablador, pero últimamente hablaba mucho menos, Martín estaba a punto de caer a la locura.

Una mujer de cabello anaranjado cobrizo se acercó a los dos, vestía una bata blanca arriba de un vestido negro algo apegado a la piel, que le llegaba mas abajo de las rodillas.

— ¡Martín!

Martín alzó la cabeza y sonrió.

La mujer realmente era un dulce para los ojos.

— ¡Gabriela!

— Sonrió, aunque su intención era amistosa, si Gabriela no lo conociera pensaría que es un viejo verde.

— ¡Doctora Rojas!

¡Por algo me quemé las pestañas por ese título!

— No había ni una arruga debajo de los ojos de aquella mujer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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