EtherSoul: Misterios de Akuaris - Capítulo 24
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Capítulo 24: VIGILANTE
2084. Akuaris. Ciudad de Lagos, Lagos.
En algún lugar de Lagos, de cuyo nombre no quiero acordarme, en la noche ruidosa que se vuelve más terrorífica que el silencio, una moto se moviliza a gran velocidad entre calles tan estrechas que parecen callejones. Arriba de las casas, apachurradas y en un estado que solo apretando se puede llamar “obra gris”, se hallaba una figura ensombrecida, con un casco de motociclista, y armada con un bastón largo de madera con pomos de acero a los extremos, que hace su avanzada saltando grácilmente entre techo y techo, como una gata nocturna. En el extremo del bastón más lejano a su agarre, brilla una luz anaranjada pastel que parece un aura viscosa, y en su mano libre, ocurre exactamente lo mismo.
El ruido de un noticiero, proveniente de una televisión, capta la atención de la figura, que se detiene, pausando la música que sonaba en sus audífonos de cable, antes que comience la siguiente canción.
— Valentina, un minuto. — dijo, a través del micrófono de sus audífonos.
La moto se detuvo.
ÚLTIMO MINUTO: Ataque armado deja dos fallecidos y dos heridos, entre ellos una niña de 4 años, en la 54 y Salazar.
Un ataque armado ocurrido en las calles 54 y Salazar dejó dos personas fallecidas y dos heridas durante la tarde de este miércoles, 2 de agosto.
Las víctimas mortales son una pareja de aproximadamente 47 años. Ambos murieron en el lugar tras recibir un ataque fulminante.
Según el reporte, sujetos que se movilizaban en una moto iniciaron una ofensiva desmedida contra las víctimas y luego huyeron.
En el hecho también resultaron heridas dos personas, entre ellas una niña de 4 años, quienes fueron trasladadas para recibir atención médica.
Hasta el momento se desconoce el móvil del ataque y a quién estaba dirigido. La Sagrada Arboleda no ha emitido declaraciones sobre este hecho violento.
La figura inclinó levemente su cabeza hacia abajo y apretó con fuerza su bastón.
— Ágata, continuemos. — Dijo la persona al otro lado de la línea. El sonido de una motocicleta arrancando se escuchó.
Ágata asintió y dio arranque nuevamente a su avanzada, reproduciendo nuevamente la canción en sus audífonos.
En los audífonos de la chica, sonaba:
«”¿Qué tal?”, dijo el hombre rutinario
Mirala a la muchacha, cómo besa su rosario
Pide al cielo y suspira con su rezo diario
Pero se ve que Dios no escucha a los de su barrio
¿Y qué tal? Salí a fumar a tu vereda
Tenés cara de asco porque la verdad te altera
Tenés un perro feo, unos ojos de madera
Y el alma igual al maniquí que mira la vidriera».
— Wos. (2019). Luz Delito [Canción]. En Caravana. DOGUITO RECORDS.
Jueves, 3 de agosto de 2084. 6:15 AM.
Cuando el alba crece desde el horizonte, la luz azul violeta del cielo y la naranja amarillenta de los faroles se mezcla para iluminar las oscuras calles con un color morado grisáceo. Ahí, en el límite entre la luz y la oscuridad, el ciudadano sale a caminar, para hacer ejercicio, para pasear al perro, o para ir a trabajar. Ahí, el negocio de la violencia al que muchos se ven orillados, entra en su hora de productividad. Ahí, el pueblo mata al pueblo, y el pueblo odia al pueblo. Ahí…
El golpe de la punta de un bastón cae desde el cielo, junto con su portadora, sumergiendo en el concreto el rostro de un hombre que estaba caminando al lado de una mujer, vestida con una camiseta polo roja que decía “Merkadito”, y que veía su vida amenazada por un arma blanca.
— No te quedes mirando. ¿No tienes algo que hacer? — dijo Ágata, jadeando, mientras mantenía su peso corporal sobre el hombre que había estrellado contra el suelo. Con la luz del alba que se volvía día, los rayones y grietas del casco de la chica se hacían perfectamente visibles. Bajo el manto de la noche ella se tornaba una sombra, pero ante el reflejo diurno era una roca quebradiza.
La mujer a la que había salvado no supo si agradecer, así que solo se quedó unos segundos más procesando la escena y palpando el pequeño raspón del desliz del cuchillo en su camiseta. Instantes después salió corriendo.
— Ahora sí. — Ágata se dejó vencer por la resistencia del hombre que había atacado, dando un salto hacia atrás aprovechando el impulso del sujeto, que se levantó con la nariz sangrante.
La chica presionó su bastón contra el piso y se apoyó en él mientras intentaba controlar su respiración agitada. Al notar la intención agresiva del sujeto que tenía enfrente, que recogió su cuchillo y empezó a caminar hacia ella con la guardia alta, Ágata extendió su palma abierta hacia él, intentando comunicarle que se detenga.
— Ey — jadeo. — ¿No crees que deberías… — suspiró con fuerza. — ir a hacerte ver esto? — dijo, mientras hacía un movimiento circular con su índice apuntando hacia ella misma, a la altura de su nariz.
El hombre escupió sangre en dirección a Ágata, pasó sus dedos a través del cuchillo, recubriéndolo con una barrera cortante, y empezó a correr hacia ella.
[Flujo Anaranjado]
Ágata, con un visible cansancio, deslizó sus manos hacia el extremo superior de su bastón. Una luz naranja pastel se encendió en aquel punto. Soltó su mano izquierda y pateó con su pierna el bastón, haciendo subir la otra punta a su palma libre, encendiendo un brillo similar al contacto, que se extendió como un aura a través del objeto, envolviéndolo; con esto, alcanzó a sostenerlo en horizontal justo a tiempo, para detener el impacto del cuchillo del atacante.
El arma rebotó, siendo incapaz de siquiera generar un rasguño. Eso desestabilizó la postura del hombre, que no pudo ni dar un buen paso atrás antes de ser barrido por un movimiento veloz de piernas de Ágata que lo mandó nuevamente al suelo, esta vez boca arriba.
— Mierda… Eres la selladora… — dijo aquel hombre, viendo el arma brillante que portaba la chica.
El bastón perdió su aura luminiscente, para solo pasar a estar encendido en el extremo más cercano al suelo, a la misma vez, la mitad de la pantorrilla izquierda de Ágata empezó a emitir esta misma luz mientras pisaba el pecho de su oponente para mantenerlo en el suelo.
El hombre se retorció, pero la fuerza de la chica era demasiada, estaba prácticamente anclado al pavimento, y solo le quedaba ver como Ágata, con su otra pierna, le acomodaba el brazo, pisando la muñeca al final para mantenerlo quieto.
El metal al rojo vivo del extremo inferior del bastón entró en contacto con la piel de la palma de la mano del hombre, quemándolo lentamente. Ágata, mientras hacía esto, suspiraba, relajada, llegando a esbozar ligeras sonrisas que corregía al instante.
Paró de pisarlo seis segundos después de empezar a marcar, retirando el arma un segundo después.
El hombre gritó de dolor. — ¡Perra de mierda! — pasó retorciéndose y maldiciendo a Ágata durante un minuto entero.
— Deja de gritar y lárgate antes de que te haga otra… — El ruido de un motor se hizo presente a la distancia. La chica dejó de prestarle atención al criminal, y corrió hacia la dirección del sonido, encontrándose a medio camino con una chica subida en una moto.
— Valen, ¿Dormiste? — preguntó Ágata, quitándose el casco y poniéndoselo a Valentina, que era una mujer de cabello castaño claro con varios mechones teñidos de color rosado, lo que daba una apariencia uniforme y “natural”.
— Un poco, pero la que debería dormir eres tú. — dijo Valentina, mirándola con el ceño fruncido y sus ojos ojerosos.
Ágata sonrió levemente, se subió en la moto y Valentina arrancó. El cabello negro oscuro de Ágata revoloteaba con el viento que generaba la velocidad de la motocicleta, mientras sus ojos reflejaban el naranja de los faroles de la noche que aún se mantenían encendidos. La pelinegra apoyó su cabeza contra la espalda de Valentina, abrazándola de la cintura con su izquierda mientras sostenía su bastón con la derecha.
Valentina sintió el brazo de su amiga rodeándola y se sobresaltó.
— ¿Qué eres maricona? — dijo, mientras aceleraba mas la moto.
— Tengo sueño… — contestó Ágata, mientras se le cerraban los ojos.
4:10 PM.
En un local de almuerzos, en la periferia del centro de Lagos, se encontraba Ágata frente a la barra, con un plato de comida vacío, conversando con el dependiente, un hombre de cuarenta y dos años, de cabello corto.
— Mija, debería dormir más.
Ágata sonrió levemente.
— Don Eladio, usted sabe que en la vida de universitario no se duerme. — contestó, inclinando la cabeza.
— Que raro ver el local tan vacío a esta hora… No soy la única que sale de la U a esta hora.
— La calle Figueroa ya no es tan segura como antes… — contestó Eladio, con un tono más sombrío.
— Estamos prácticamente al lado de la rotonda, es una universidad pública, al menos ahí debería actuar la Arboleda. — Ágata apoyó su cabeza sobre su mano, mientras su brazo se sostenía con la mesa.
— Pues sí, a la U.R si la protegen, la cosa es a los locales de por aquí, últimamente los… — bajó la voz. — Los guantes… han estado rondando por acá. — dijo Eladio, acercándose un poco más a la pelinegra.
Ágata frunció el ceño y miró hacia la entrada al local.
— Cada vez es peor, ese modelo de la extorsión de locales…
Dos hombres entraron al establecimiento, ambos de altura similar midiendo uno 1.89 metros y el otro 1.91 metros. El más alto era moreno, con un corte militar decolorado y de contextura delgada, el otro era de un tono de piel más claro, con el cabello negro, corto y echado hacia atrás, mucho más musculoso que el primero. El segundo se quedó en la puerta, mientras que el moreno se acercó y se sentó en la barra, al lado de Ágata, pero ignorándola completamente.
— ¡Don Eladio! Salve, chefia. Tudo na paz? — Se tronó el cuello y continuó sin dejar que Eladio conteste.
— ¿Cómo va? ¿Tiene el pago de hoy? — Chasqueó la lengua con el paladar y ladeó la cabeza rápidamente.
— Disculpe, Danilo, pero hoy casi no he tenido clientes… — contestó Eladio, manteniendo la voz baja.
— Apenas creo que me va a alcanzar para pagarle al proveedor y tener material para la semana que viene.
Danilo giró la cabeza, cerrando los ojos y frotando el puente de su nariz con sus dedos índice y pulgar. Sus manos estaban cubiertas por guantes negros.
— Don Eladio. — chasqueó su lengua. — Busque la manera, mañana al abrir el local vendremos. — suspiró y se levantó.
— Eso es imposible, yo casi no tengo clientes en la noche… — contestó en voz baja el dueño del local.
Danilo volteó, boquiabierto, con un semblante de confusión.
— No recuerdo haber dicho “si puedes”. ¿Me estás queriendo ver la cara? — Empezó a caminar hacia la barra nuevamente.
— ¿Cómo pretende que haga algo si por su rondadera ya no vienen clientes por acá? — Eladio alzó un poco más la voz.
— ¡Lo haces pues! — En un instante, el puño de aquel hombre encontró la quijada de Eladio como si ambos hubiesen sido atraídos, en lugar del usual puñetazo. El golpe impactó de tal forma que el dueño del local sintió como si hubiese recibido un choque en su sistema nervioso a través de todo su cuerpo.
— ¿Qué tiene que ver conmigo que no tengas dinero? Eso a mí me da totalmente igual.
Ágata apretó los puños, pero el otro hombre que vigilaba la puerta rápidamente se acercó hacia ella, acortando distancia de tal forma que podría detenerla en caso que quisiera reaccionar.
Tch, me miras con esos ojos de perrito mojado, pero se nota que eres de los que tiene el remordimiento de adorno. Pensó la chica, dándose cuenta que si hacía algo con su habilidad, o decidía pelear, revelaría su identidad.
— O me das los lises, o me das los lises. — dijo Danilo, después de mirar rápidamente de reojo a Ágata, mientras cruzaba la barra para pararse al lado de Eladio.
El dueño del local, retorciéndose en el suelo del dolor, sobando su mejilla como podía, y entre lágrimas, se empezó a hiperventilar.
— No tengo cómo conseguir esa plata, entiéndanme, no hay, no hay nada.
— Pues la vas a sacar, de cualquier lado. — El moreno se agachó y tomó al hombre del cuello de su camisa.
— Puedes sacarlo de la plata para el cargamento de comida. — Agitó al hombre y le dió una cachetada.
— Puedes sacarlo de un riñón, de la mitad de tu hígado, de tus córneas, de tus pulmones, de tu piel, de tu cabello. — dijo, cada vez bajando más la voz, mientras señalaba en el cuerpo de Eladio todas las cosas que decía.
Ágata estaba hecha una furia, su cuerpo temblaba, de alguna manera, sus iris empezaban a destellar un resplandor anaranjado.
— ¿Ves que no es difícil? — Danilo se levantó, y volvió a cruzar la barra, mirando a Ágata.
— Aquí parece que tienes a una voluntaria. — Ladeó la cabeza, indicando a su compañero que empezara a caminar hacia afuera del local. Ambos salieron con total calma.
Ágata saltó la barra, y se acercó a Eladio, tomándolo del costado del pecho para ayudarlo a levantarse.
— Señor… disculpe por no… — Antes de seguir hablando, el hombre le puso una palma en la mejilla a Ágata y le sonrió.
— No hay nada que puedas hacer mijita. Está bien, yo me metí en esto… — El hombre se separó de la chica y se limpió la ropa como pudo.
— Voy a cerrar, te recomiendo que vayas a esperar a Valentina a la universidad…
12:00 AM.
La silueta de un casco de motociclista eclipsaba la luna.
— ¿Estás segura que quieres atacar hoy a los chisposos? — escuchó Ágata a través de su audífono.
— No es como que sean unos inocentes. Ellos trabajan bastante para reyes, y por tanto, trabajan junto a los guantes. — Ágata empezó a correr y a saltar edificios. Fuegos artificiales empezaron a sonar.
— Pero… tú sola… — La voz de Valentina mostraba preocupación.
— No soy tan idiota, sé exactamente lo que estoy haciendo. — contestó Ágata, confiada.
— ¿De donde sacaste tanta información?
— No quieres saber.
Rápidamente, tanto Ágata como Valentina llegaron a la cercanía de un parque municipal, ahí estaba ocurriendo una pelea aguerrida, un conflicto entre pandillas que se había originado en un bar cercano. Desde la distancia, Ágata pudo ver algunas personas tiradas, desangrándose, mientras el resto seguían en lucha.
“La Selladora” avanzó.
— ¡NO DEJEN QUE NINGUNO DE ESOS SANGRES SE ESCAPE! — Gritó uno de los miembros de los chisposos, antes de ver su frente perforada por una navaja.
— ¡Paco!
[Pirotecnia: Encarnación de las luces brillantes]
El sonido de fuegos artificiales se hizo presente, una serie de chispas de colores cálidos aceleró rápidamente contra el asesino y explotó al entrar en contacto con el, de la explosión, emergió un hombre con un parche en el ojo izquierdo y de pelo negro, que ante la luz se tornaba de un tono azul oscuro. Aquel tuerto tomó con su palma el rostro de su enemigo y lo apretó con fuerza.
[Pirotecnia]
El sonido de fuegos artificiales se volvió similar al de una metralleta, mientras chispas brotaban y se desbordaban del poco aire que había entre la palma del tuerto y el rostro del asesino. Instantes después, el segundo ya tenía su cabeza totalmente carbonizada y humeante.
— ¡Oye Chispa, espero que sepas que cada uno de esos que me estas dejando quemado te va a costar otro de tus ojos, y ya me estas debiendo algunos! — Comentó un hombre de ojos rojos y pelo largo al otro lado del parque, detrás de toda la multitud peleando, de pie, sin un solo rasguño. Alrededor de él, la luz se distorsionaba con un efecto de aberración cromática, que se hacía presente en puntos del espacio sin un patrón determinado.
— ¡Deberías venir e intentarlo, careverga! mira que provocarnos y luego quedarte ahí parado como si no fuese contigo… — “Chispa” estaba temblando de la rabia. Avanzó rápidamente entre varios enemigos, apartándolos con chispas y explosiones, pero pronto se vio obstaculizado por más unidades.
— ¿De donde sacaste tantos perritos? ¿Qué? ¿Tanto miedo nos tenías? — miró hacia atrás, su grupo era pequeño, y les habían quitado un miembro. Solo le quedaban 7 compañeros más, mientras que los otros eran aproximadamente veinte. Antes eran más, esos eran los que quedaban de los treinta y cinco que originalmente trajo aquel hombre.
— Pues sí ¿no han escuchado el renombre que se han hecho? tristemente esa mierda se acaba hoy. Se han ablandado demasiado, demasiado para los tiempos que corren. No pueden ni hacer de cobradores. — El hombre se arregló levemente el cabello y continuó.
— No te aloques, Santi, no es nada personal, son negocios.
— ¡¿Cobradores para esa ratería de los guantes?! nosotros cobramos deudas reales. — contestó Santiago, mientras intentaba pelear junto a sus compañeros.
Pero no tenía caso, simplemente eran demasiados enemigos para que una iniciación de combate tuviera éxito, nunca se habían enfrentado a una pandilla tan organizada.
— Es cómico oír a ratas quejándose de otras ratas. ¿Desde cuándo te volviste tan moralista? — El líder de los Sangres se revisó las uñas, ni siquiera veía a Santiago cuando le hablaba.
— No es culpa que seas un maricón que no sabe de códigos, Yul. — contestó “Chispa”, con la voz agitada. El ojo de Santiago soltó un destello y el mismo se convirtió en una ráfaga de fuegos artificiales que se movilizó hacia adelante, atravesando el muro de gente que protegía a Yul. Al llegar cerca de su enemigo e intentar agarrarlo con las manos, sintió una onda expansiva que lo empujó fuertemente hacia atrás.
— Hay que admitir que te ganas tu nombre con ese truco, chispa. — Yul aprovechó el desbalance de su enemigo y le conectó un golpe en el estómago, un golpe que se extendió como una grieta en el concreto a través de todo el cuerpo de Santiago.
— La historia de los chisposos se acaba hoy. — pisó con fuerza con la izquierda, y balanceo su pierna derecha, alzándola para patear a Santiago, ejecutando el mismo efecto al impacto, que reverberó por todo su cuerpo, mandándolo al suelo.
Cinco de los hombres que andaban con Yul se acercaron al tuerto, listos para empezar a molerlo a golpes en el suelo.
¿Por qué me siento tan triste? por un segundo, quizá pensé que nuestro destino sería distinto, pero quizá mi ego me hizo olvidarme de que así terminamos todos, muertos en un parque, como perros callejeros. Pensó Santiago, mientras el mundo alrededor de él se volvía insufriblemente lento, en un momento de introspección que solo existía para permitirle lamentarse en silencio.
Un destello anaranjado se hizo presente en la visión borrosa del tuerto, la gente cerca de él empezó a salir volando, o a salir corriendo. Como sea, parece que el mundo no estaba listo para despedirse de él. Su cuerpo se sentía aturdido, posiblemente los golpes que recibió le rompieron varios huesos, ya podía sentir los hematomas formarse.
Se levantó como pudo, y lo que veía parecía imposible según las leyendas de la calle, pero lo que te enseñan las tierras latinas es que toda magia fantástica es realismo. La motociclista, la bastonera, la selladora, de varios nombres pero inconfundible, una figura femenina de ropas negras, con un casco de motociclista, que sostiene un bastón y que brilla con un calor de color anaranjado pastel.
— Nunca pensé que llegaría a colaborar con ratas como ustedes. — Al lado de “La selladora” estaban todos los compañeros de Santiago, formados en un círculo. A unos quince metros, Yul se paraba con su sonrisa confiada completamente desvanecida, reemplazada por su labio partido. Seguían rodeados de enemigos, pero la moral había crecido.— Pero cuando me toca escuchar a gusanos… — La mujer volteó a ver de reojo al tuerto.— Si te ayudo, tú me das información. ¿Qué te parece?
NOTA DEL AUTOR: Por respeto, aclaró que la noticia al inicio del capítulo es una edición directa (adaptada al mundo de EtherSoul) de una noticia ocurrida en Guayaquil – Ecuador, el 27 de abril, 2026 – 07h30, Publicada por el diario nacional El Universo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com