EtherSoul: Misterios de Akuaris - Capítulo 23
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Capítulo 23: A LA SOMBRA DE LA SOCIEDAD
En la esquina del “bar” estaba ahora sentado el dúo, junto a la mujer que había saludado a Martín.
La expresión del Áurico era más que de vergüenza, de estrés, por tener que explicarles a dos conocidos de él, estupefactos por la existencia del otro en relación a él (y al lugar donde estaban).
Ramón arrastró su mano lentamente a través de su cara y luego suspiró.
— Realmente no sé por qué me sorprende, disculpa, centrémonos en la investigación.
La mujer tenía su codo apoyado en la mesa y deslizaba su cabeza por la cara anterior del antebrazo, bajando desde la palma hasta topar con la superficie de la misma.
— ¿Por qué trajiste a un niño al prostíbulo?
— Estoy seguro que eres la única aquí que lo percibe así. — contestó Martín rápidamente.
— Estamos en una investigación seria, Irina, no lo traje a nada malo.
— ¡Eso es aún peor!¿Algo así, en Lagos ciudad?¡¿Con un niño?! — Irina había levantado la cabeza y posado con fuerza sus manos en la mesa.
— Basta con esto, no tengo tiempo para discutir sobre— Ramón alzó su mano, indicando a Martin de forma sutil que él quería hablar.
— Irina ¿Verdad? — dijo Ramón.
— Sí, ¿y tú? — contestó la mujer, un poco agitada.
— Dan igual las cuestiones morales aquí, aunque a Martín se le prendiera el foco de la ética y me dejase en casa… — Pausó un segundo. — Me daría igual, yo saldría nuevamente a continuar investigando por mi cuenta. Seguiría avanzando hasta destripar esto, o que algo me mate.
Irina se quedó en silencio, calmándose un poco, pero aún preocupada. Se recostó contra el espaldar de la silla. Martín asentía orgulloso.
— En un inicio quizá Martín si me estaba explotando y extorsionando, de hecho ni me pagaba. — dijo, mirando la mesa.
Martín sintió la mirada punzante de Irina clavarse en su pecho.
— Pero ahora es distinto, ya no solo es que ya no es así, ahora no solo se trata de dinero o tiempo de trabajo. Es algo que me importa más. — Ramón se mantuvo en silencio y miró a Irina fijamente.
— Así que por favor, Irina, dinos todo lo que sabes sobre… — se detuvo un instante y miró a Martín, el cual deslizó una hoja arrancada de una libreta con una palabra: “Los Reyes”
Viernes 21 de julio de 2084. 12:00 pm. Bar “la flecha”. Habitaciones.
Martín y Ramón estaban en una de las habitaciones del bar, junto a Irina y una mujer de cabello negro y largo, vestida con un saco azul oscuro que cubría todo su cuerpo. Su rostro estaba decorado con ciertas arrugas en sus párpados y en las comisuras de sus labios.
— Los viernes el imbécil de Jonatan va a reventarse la cabeza con drogas. Moví a las chicas para que distraigan a los guardias así que deberíamos poder conversar con tranquilidad. — dijo Irina, en un tono bajo, después de cerrar la puerta del lugar.
— Puedes hablar con tranquilidad, Marina.
— No deberían meterse en esto. Entiendo que quieran hacer algo bueno, pero por favor, limítense a las otras provincias, incluso otras ciudades de lagos. Pero esta ciudad está condenada. No se condenen ustedes también. — Aunque las palabras de la mujer venían desde el miedo más profundo, su cuerpo y ojos se veían tan cansados que recitaba sus advertencias como si no sintiese nada.
— ¿Por qué alborotar tanto todo, Irina, para esto? ya sabias mi respuesta.
Irina se mantuvo en silencio y asintió ligeramente.
Ramón dio un paso adelante.
— No se si te preocupas por nosotros, o por ti, pero dejó de importar. De todas formas, dentro de poco van a explotar este lugar. — Martín rápidamente puso una mano en el pecho de Ramón y lo hizo hacia atrás.
— ¿Qué crees que haces? — Intentó susurrar Martín, pero sin ser capaz de contener su confusión.
— No puedes soltar información así a alguien que no conoces.
— ¿La verdad? — contestó Ramón en voz alta.
— Esta es la realidad, por eso ella me va a decir lo que queremos saber. Porque da igual que se quiera proteger o que nos quiera proteger, de todas formas va a salir perdiendo.
Martín se quedó en silencio un segundo. Es verdad lo que dice, es arriesgado, pero es real, sin embargo en esta situación no conviene, incluso yo se que desde que tocamos Lagos estamos en la cuerda floja. ¿Qué me niega que esta mujer no abra la boca? Los pensamientos de Martín iban a mil, pero no pudo evitar sonreír levemente, su pupilo quizá finalmente extendía algo de autonomía.
— Me recuerdas a mi hija. Siendo ella una mujer, ha hecho locuras en un lugar como este, y ha salido viva. — contestó Marina, esbozando una pequeña sonrisa, mirando hacia abajo, recordando cosas en sus manos.
— ¿A qué te refieres con eso que dijiste? — Miró a Ramón, con una expresión sutilmente desafiante.
— La gente que están intentando cubrir, hicieron una cagada con los que están más arriba. Y por eso probablemente esta ciudad tenga que pagar los platos rotos. — contestó Ramón, sosteniéndole la mirada a Marina.
— ¿De arriba? ¿Más arriba que los reyes? — La mujer arqueó las cejas.
— ¿No será que le hicieron “cagadas” a los tuyos? y ahora estás buscando información. — preguntó, con cierto tono de ironía, en un sentido retórico.
— Teniendo en cuenta con quien vengo… — Ramón miró de reojo a Martín.
— ¿Qué significa Martín aquí? el hombre lleva años sin visitar este lugar, tanto así que me trata como una extraña aunque me llegó a conocer. — Marina suspiró.
— Además, el hombre no es ningún santo, en los últimos años se hablaba de él, ayudando a investigar a personas, sin tener en cuenta que les pase a esas personas luego, o también moviendo fichas para sacar de aprietos a criminales, algunos incluso con sus manos empapadas de sangre. ¿Por qué no debería pensar que él está del lado de alguna mafia? — Miró de reojo a Irina.
Ramón mantuvo silencio unos segundos, sus ojos se abrieron un poco más de forma sutil, por la información que había recibido sobre Martín. Definitivamente hablaré esto, pero no es momento de mostrar duda. Pensó, mientras intentaba mantener la compostura.
Marina sonrió levemente, la sombra de sus párpados le daba un aura ciertamente siniestra, pero en una tonalidad devastadora, oscura, desamparada, en una expresión derrotista.
— Irina, entiendo que lo que pasó hace años te puede cegar ¿Pero traer a estos hombres acá? No has visto a Martín hace años y confías ciegamente en él. A menos que, claro, hayas traicionado a esta comunidad, y ese hombre finalmente quiera ponerme una cinta en la boca.
Ramón se sobresaltó sutilmente y abrió los ojos, algo había conectado.
Irina miró hacia otro lado con molestia.
— Es suficiente de tus juegos, tanto que te preguntas de dónde sacó ese carácter tu hija.
Martín suspiró y dio un paso adelante para empezar a hablar, pero Ramón le detuvo colocando su mano en el hombro de su tutor.
— Yo también considero que es suficiente, Marina. ¿Quién es ese hombre que mencionaste? ¿El padre de tu hija? ¿Está relacionado con los Reyes?
Marina adoptó un semblante serio y miró fijamente a Ramón.
— No te voy a decir na—
— Ya respondiste a ambas de mis preguntas. Si realmente no estuviese relacionado con los Reyes, lo hubieses negado rotundamente, por que son peligrosos, si realmente no fuese el padre, también lo negarías rotundamente, por que al referirte a él como una amenaza, claramente no es una persona que quieras admitir como el padre de tus hijos. — Interrumpió Ramón, alzando la voz.
Esas conclusiones tan de la nada… Tanto que criticabas mis métodos, Ramón, y ahora los están aplicando de forma… incluso más agresiva que yo. Pensó Martín, mientras se cubría el rostro con la mano izquierda.
— ¿Te olvidas de dónde estás? Esas son conclusiones que aplican para personas normales, de ciudades con gente real. — contestó Marina, mirando a otro lado.
Ramón le buscó la mirada, acercándose más a ella.
— ¿Personas normales? ¿Gente real? Todos los que están aquí son tan humanos como los que están allá. Puedes estar todo lo deprimida que quieras, Marina, pero sigues siendo una persona, una persona que no puede evitar sentir asco, aunque también lo sientas hacia ti misma.
Martín tomó a Ramón del hombro y lo echó atrás.
— Quizá te estás pasando. — Presionar así podría darte el resultado que quieres, pero también podría simplemente dejarla indispuesta a seguir, la suerte aquí es que yo estoy para hacer de policía bueno… Qué raro se siente. Pensó Martín.
— Quizá Ágata no haya estado tan equivocada con su deseo de un mundo más justo. — Marina miró nuevamente a Ramón.
— Tranquilo, Martín, sus palabras están llenas de lo mismo que escuché de ese viejo idiota. Y que luego de alguna manera pasaron a mi hija.
Martin se quedó un segundo pensando, recordando el ambiente de hace años. Viejo idiota… Marina.
— ¿La Garra? ¿el despeinado? — dijo, mientras hacía una mímica en su cabeza, imitando la acción de despeinarse.
Marina asintió.
— Veo que no te falla la memoria, aunque me hayas llamado desconocida… — añadió, volteando la cabeza pero mirándolo de reojo.
— Han pasado muchos años, y para el (Ramón) sí que lo eres… entonces ¿El papá de Ágata es un miembro de los Reyes? — preguntó Martín más casualmente, viendo que la situación se había aligerado.
— Sí. — Marina miró a Ramón. — Le llaman “el mocho”.
Martín abrió los ojos completamente y sacó su libreta, abrió una página específica de golpe y revisó unas notas.
— ¿Bolívar Bianchi?
Marina asintió.
— Esa es la razón por la que no puedes encontrar a mi hija entre todas las Ágatas, porque no lleva mi apellido oficialmente, ella es Ágata Bianchi, al igual que Lewis.
Martín se quedó en silencio unos instantes.
— Marina ¿Quién mató al hermano de Ágata?
La mirada de la mujer se ensombreció.
— Bolívar mató a Lewis.
— ¿Dónde podemos encontrar a Ágata? ¡con ese apellido podría estar corriendo peligro! — preguntó Martín “preocupado”. En realidad, ella podría llevarnos a su padre y su padre al líder de los Reyes. La cosa es que Bruno nunca aceptaría investigar un objetivo tan peligroso. Pensó.
— No lo sé, me visita poco y cuando lo hace no me cuenta casi nada concreto de ella. — contestó Marina, mirando a Martín.
— La buscaremos. — Martín miró a Ramón y asintió. Guardó su libreta.
— Tengan cuidado aquí, Ramón no mentía, las cosas se van a poner terribles aquí. Tómense cualquier indicio de pleito masivo como una amenaza real.
Ramón dio un paso adelante.
— Martín y yo vamos a ver que podemos mover para protegerlas en caso que algo pase.
Martín volteó a ver a Ramón, frunció el ceño y luego suspiró.
— Sí, eso haremos. — Me va a hacer pedir más favores a ese espectro. Pensó.
Todo el mundo en aquel cuarto intercambió miradas, todos asintieron y comenzaron a salir. Primero Ramón y Martín. Luego Irina, y luego, al final Marina. Una vez pusieron su primer pie fuera de donde habían conversado, nadie conocía a nadie, nadie quería hablar con nadie, todo eran negocios de la noche, a la sombra de la sociedad.
Lunes 24 de julio de 2084. 7:33 pm. Akuaris. Lagos, Ciudad de Lagos.
— Así que un contrato de Martin Marlowe, Bruno. — Sonaba desde el comunicador de un hombre que se encaramaba en el tejado de un bloque de departamentos de lagos. La ciudad en la noche era intermitente, prendida y apagada, un baile de luces entre los que no quieren llamar la atención para estar más seguros, y los que se sienten más vivos poniendo la vida al límite en cada noche.
— Me dijeron que notificara sus movimientos, pero esto es un contrato tuyo, no mío, así que mantendré silencio.
[Amissus]
— Comprendo, don Ferguson. — contestó Bruno, mientras su cuerpo y su ropa se tornaban transparentes, como si estuviesen hechos de cristal. El intercomunicador se apagó, aquella figura cristalina se empezó a tornar cada vez más difusa, hasta desaparecer por completo. Misión: rastrear la vida de Ágata Bianchi, comenzada.
«En la vigilia de la noche
Una gata cazadora de cabellos negros
En la justicia que te aceche
Un flujo de calor y golpes certeros.
Allá donde vaya esa figura
Allá donde llegue su venganza
Acá donde se hace la sutura
Acá donde en los días descansa.
Nadie se atreve a entenderla
Que no se te ocurra encenderla
Que la injusticia no te llame, está cerca.
Gata negra, gata anaranjada, Ágata roja
Ágata Blanca.»
— Ferro, V. (2083). La Gata Blanca [Poema].
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