¿Exesposa abandonada? ¡Heredera multimillonaria! - Capítulo 179
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- Capítulo 179 - 179 Capítulo 179 Cociente Amoroso
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179: Capítulo 179 Cociente Amoroso 179: Capítulo 179 Cociente Amoroso Genevieve respiró hondo y se mofó.
—Tiene razón.
La señorita McAllister es bastante astuta.
No me extraña que tantos hombres hayan caído en sus artimañas femeninas.
—¿Qué hombres?
—Darya frunció el ceño.
De repente, cayó en la cuenta.
¿Podría Genevieve estarse refiriendo a Timothy?
¡Era un malentendido garrafal!
—¿Hablas de Timothy?
—preguntó Darya directamente.
Los ojos de Bianca se abrieron de par en par por la sorpresa.
—¿Crees que pasa algo entre ella y Timothy?
Srta.
Sinclair, no sé quién le metió esa idea en la cabeza, pero Timothy es nuestro amigo desde la infancia.
Salimos juntos todo el tiempo.
No saque conclusiones precipitadas.
—Ja, ja, «amigo», claro.
Es tan obvio que le gustas a Timothy.
¡Si no te gusta, entonces no le des falsas esperanzas!
—Genevieve dejó de lado toda pretensión de amabilidad.
—¿Yo, darle falsas esperanzas?
Srta.
Sinclair, no intente echarme la culpa solo porque a usted le gusta Timothy.
Es él quien ha estado insistiendo.
Yo siempre he sido directa con él.
Darya se dio cuenta de que Genevieve debía de ver a Timothy con otros ojos.
A sus ojos, Timothy no podía hacer nada malo.
Darya era la zorra que jugaba con él descaradamente.
En cierto modo, Genevieve le recordó a Darya a sí misma hacía tres años.
¿Acaso no había estado ella también cegada por el amor?
—Si te gusta Timothy, ve a por él.
Tienes mi bendición.
Pero déjame al margen —dijo Darya con una leve sonrisa, mirando a Genevieve a los ojos.
—Simplemente no me gusta que juegues con los sentimientos de la gente —se burló Genevieve—.
Y no es solo Timothy.
Si no me equivoco, también hay un joven actor llamado Oliver que se ha estado comportando como un gatito enamorado a tu alrededor, ¿verdad?
Las palabras de Genevieve hicieron que Darya frunciera el ceño.
¿La estaba acusando de darle falsas esperanzas a Oliver también?
—Vi la forma en que interactuaste con él en esa rueda de prensa —dijo Genevieve—.
Sonriéndole, jugando con tu pelo, inclinándote hacia él y riéndote de todo lo que decía.
Estabas coqueteando con él, ¿no?
Darya quiso poner los ojos en blanco.
Le había dado a Oliver el puesto de embajador de la marca simplemente porque era el adecuado, y sus interacciones con él en la rueda de prensa fueron cordiales, no coquetas.
Además, llevaba más de una semana sin estar en contacto con Oliver.
Definitivamente, Genevieve estaba viendo cosas donde no las había.
—Si eso es lo que insistes en creer, entonces no hay nada que pueda decir para hacerte cambiar de opinión —dijo Darya, encogiéndose de hombros.
—¿Así que lo admites?
—se mofó Genevieve.
Darya miró a la mujer, asombrada.
¿Qué parte de su frase podía interpretarse como una admisión de culpa?
Por un momento, Darya se preguntó cómo Genevieve había llegado a ser la CEO de Belle-Monde Holdings.
A juzgar por su conversación, Genevieve no parecía muy inteligente.
Darya perdió todo interés en hablar con aquella mujer.
Le dedicó a Genevieve un seco «adiós» y luego tomó a Bianca del brazo mientras salían del centro comercial.
Fuera, el aire fresco le levantó el ánimo a Darya.
—Esa Genevieve es todo un caso.
¿Cómo ha llegado tan lejos sin cerebro?
—Bianca estaba indignada.
No se podía negar que Genevieve se había hecho un nombre en el mundo de los negocios.
Después de que sus padres fallecieran inesperadamente, los buitres habían venido a olfatear la fortuna que era Belle-Monde Holdings.
Nadie tomó en serio a Genevieve, que entonces todavía estudiaba.
Pensaron que podrían simplemente irrumpir y hacerse con el control de la empresa.
Nadie esperaba que Genevieve tuviera las agallas y el cerebro para salvar ella sola el negocio familiar de la ruina.
No le dio a nadie la oportunidad de aprovecharse.
En el despiadado mundo de los negocios, era implacable, rápida y decidida.
Haría cualquier cosa para lograr sus objetivos, a veces incluso operando en el lado turbio de la ley.
Darya bajó la cabeza, con una leve sonrisa dibujada en los labios.
Sin embargo, estaba de acuerdo con la observación de Bianca.
Parecía que el alto cociente intelectual de Genevieve no estaba a la altura de su cociente amoroso.
—Parece que esta vez le ha echado el ojo a Timothy —comentó.
Al oír eso, Bianca se encogió de hombros.
—Eso va a ser difícil.
Timothy no es el tipo de persona que se interesaría por una mujer como ella.
—Cuanto más intente ir en tu contra, más le desagradará a Timothy, sin duda —añadió.
Aunque eso pudiera ser cierto, Darya tenía la sensación de que las cosas podrían no ser tan sencillas.
Su teléfono sonó justo cuando Bianca estaba a punto de decir algo más.
Incluso sin identificador de llamadas, Darya reconoció el número de Micah de un vistazo.
En la época en que estaba encaprichada de ese hombre, se había aprendido su número de memoria.
Darya rechazó la llamada; no quería hablar con Micah.
Pero justo después de que colgara, Micah volvió a llamar.
—¿Quién es?
—no pudo evitar preguntar Bianca al ver la mala cara que puso Darya.
—Es Micah —resopló Darya.
Cuando su teléfono volvió a sonar, respondió a la llamada de mala gana, con la intención de cantarle las cuarenta.
—Sr.
Cavanaugh, ¿por qué vuelve a llamarme?
Esto es acoso.
Micah se mantuvo tranquilo ante la regañina de Darya.
Habló en voz baja: —¿Quiere colaborar conmigo en el proyecto inmobiliario?
Darya se quedó atónita.
Micah había gastado cincuenta mil millones de dólares para adquirir ese terreno de la familia Barrett, ¿y ahora la invitaba a unir fuerzas?
—¿Por qué?
—preguntó ella.
Micah apretó los labios con fuerza, su voz era lenta y deliberada.
—Este terreno está destinado a la reurbanización por parte del ayuntamiento.
La alcaldía se ha puesto en contacto conmigo.
No quieren que el terreno se use solo para un hotel o una torre de oficinas, como pretendía en un principio.
Les gustaría ver un desarrollo de uso mixto: oficinas, comercios, residencias, educación y, con suerte, con un centro médico o al menos una clínica incluidos.
Es un proyecto demasiado grande para que lo asuma una sola empresa, incluso una del tamaño de Zenith.
Por eso me gustaría invitar al Grupo Paragon a que se una.
Darya guardó silencio, pensativa.
Desde luego, sonaba tentador.
«En menos de cinco años, este lugar se transformará en el bullicioso corazón de toda la ciudad: su centro económico, un hervidero de transacciones comerciales, un paraíso para los avances médicos de vanguardia y un epicentro educativo que formará a las mentes jóvenes».
Sin duda, Micah sabía cómo vender una idea.
Darya apretó el teléfono, con el corazón latiéndole con fuerza por la emoción.
—Y tendremos al ayuntamiento dando luz verde a todo el proceso, lo que evitará cualquier posible problema para conseguir permisos y licencias —continuó Micah—.
Así que, ¿qué me dice?
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