Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

¿Exesposa abandonada? ¡Heredera multimillonaria! - Capítulo 71

  1. Inicio
  2. ¿Exesposa abandonada? ¡Heredera multimillonaria!
  3. Capítulo 71 - 71 Capítulo 71 Entre la espada y la pared
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

71: Capítulo 71 Entre la espada y la pared 71: Capítulo 71 Entre la espada y la pared La voz de Micah era baja y ronca.

—¿Hablas en serio?

Darya sonrió.

—Como un infarto.

—¿Pero qué puedes hacer con la sangre?

Tú no la necesitas.

—Yo no, pero muchos otros sí —se encogió de hombros Darya—.

Sabes lo raro que es mi tipo de sangre.

Doné…, no, regalé gran parte de mi sangre a esa mujer durante los últimos tres años.

No me habría importado si de verdad la hubiera necesitado.

Después de todo, me pagaste un montón de dinero.

Micah intentó explicar: —Regina es propensa a lesionarse…

—Ahórratelo.

Tú y yo sabemos que fingió esas lesiones.

¿Tengo que recordarte lo que pasó la última vez que me hiciste ir al hospital?

Micah guardó silencio.

—Estoy segura de que recuerdas al Doctor Patel.

—Darya pensó en el doctor del Hospital General de Hagen que se confabuló con Regina para falsear sus informes médicos.

Se preguntó qué habría hecho Micah con ese hombre.

—Ya te he devuelto los pagos —continuó Darya—.

Y ahora es el momento de devolver la sangre.

Darya había investigado un poco.

El AB negativo era el tipo de sangre más raro.

Su plasma podía ayudar a tratar a pacientes de todos los tipos de sangre.

Encontrar nuevos donantes siempre había sido un reto.

La cantidad de plaquetas que donaba cada vez podía ayudar hasta a tres adultos o doce niños.

Darya no se arrepentía de haber obligado a Micah a casarse con ella, pero sí de haber dejado que tanta sangre preciosa se desperdiciara.

Regina ni siquiera estaba enferma.

Solo tenía una mente retorcida.

Darya echó un vistazo a la mesa llena de platos.

El pato ahumado olía realmente bien.

Tomó nota mental de volver en otra ocasión.

Levantándose, le hizo un gesto a Glen, que recogió el maletín de ella y le sostuvo la puerta abierta.

—Esa es la condición.

No es negociable.

Tienes tres días para pensarlo.

Y con eso, se marchó tranquilamente.

Ahora la pelota estaba en el tejado de Micah.

¿Elegiría el anillo para su padre o elegiría proteger a Regina una vez más?

Era interesante pensarlo.

Darya estaba deseando oír la respuesta.

Micah se quedó solo en la sala.

Cogió su teléfono y llamó a su asistente, Norris.

—Sí, Jefe.

—¿Todavía tienes acceso a los expedientes médicos de Regina?

—Sí.

—Haz la cuenta.

Averigua cuánta sangre donó Darya a lo largo de los años.

—¿Jefe?

—Norris parecía confundido.

—Solo hazlo.

—Sí, Jefe.

Los expedientes médicos estaban almacenados como archivos digitales.

Cinco minutos después, Norris volvió a llamar con la respuesta.

—18 450 mililitros.

Es el equivalente aproximado a la cantidad total de sangre de cuatro adultos.

Micah no podía creer lo que estaba oyendo.

—¿Estás seguro?

No necesitaba la respuesta; Norris nunca cometía errores tan simples como ese.

Su asistente respondió con calma: —Sí, Jefe, estoy seguro.

De media, la señorita Miller donó unos 450 mililitros de sangre entera por cada transfusión.

En total, realizó cincuenta y una de esas transfusiones.

El cerebro de Micah hizo los cálculos automáticamente.

Cincuenta y una transfusiones significaba que Darya donaba sangre casi cada dos semanas.

Esto se prolongó durante tres años.

Y era él quien la hacía ir al hospital.

Micah apretó el teléfono.

—Jefe, ¿hay algo más?

—Norris esperó su siguiente orden.

Su voz devolvió a Micah al presente.

—Nada.

Eso es todo.

Colgó sin saber muy bien lo que hacía.

18 450 mililitros.

Ese número no dejaba de parpadear en su mente como una luz de neón.

Él había resultado herido antes y también había visto a otras personas lesionarse y sufrir pérdidas de sangre.

Si alguien perdía el diez por ciento de su sangre, aparecían efectos como los mareos.

Si perdía el treinta por ciento, empezaba a sentir frío y debilidad.

Su corazón latiría más deprisa.

Al perder un poco más, el donante sería ahora el que necesitara una transfusión.

Sus vasos sanguíneos se contraerían.

Su corazón empezaría a martillear.

Si perdía más de la mitad de la sangre, entraría en coma.

El peor desenlace era, por supuesto, la muerte.

Micah recordó las veces que le había pedido a Darya que fuera al hospital.

Siempre parecía muy pálida y se movía con lentitud.

Él pensaba que solo lo fingía para llamar su atención.

¡Qué equivocado había estado!

Después de descubrir la connivencia del Doctor Patel con Regina, investigó un poco.

Para recuperarse por completo de los efectos secundarios de donar sangre, se recomendaba que el donante esperara ocho semanas entre donaciones.

Pero Patel nunca le informó de eso.

Cada vez que Regina sufría una lesión falsa, Patel lo llamaba a él, y luego él llamaba a Darya.

Hubo una vez en que tuvo que donar sangre menos de cuarenta y ocho horas después de haberlo hecho.

Micah deseó poder viajar atrás en el tiempo y darse una buena bofetada.

Regina y Patel lo habían estado llevando de la nariz como a un tonto.

Y Darya pagó el precio por ello.

Todo esto fue obra suya.

Micah resopló.

Empezó a considerar seriamente la condición de Darya.

Pero ¿accedería Regina a hacerlo?

Micah sabía la respuesta a esa pregunta sin siquiera tener que preguntárselo a ella.

Además, había un obstáculo más que le resultaba imposible de superar: Lucian.

Cuando su compañero del ejército recibió una bala por él y murió, las últimas palabras de Lucian fueron sobre Regina.

Micah juró que cuidaría bien de la mujer.

Llevaba años haciéndolo.

Contrariamente a lo que creía Felicia, él no tenía ningún sentimiento romántico por Regina.

Ni siquiera la veía como a una hermana; para eso ya tenía a Felicia.

Pero Regina era su responsabilidad, y él tenía la intención de mantener su promesa.

Si Regina se negaba a donar sangre, Micah no quería obligarla.

Con el ceño fruncido, Micah intentó pensar en alternativas.

Mientras tanto, Reece corrió para alcanzar a Darya en el pasillo de fuera.

—Señorita Miller, ¿ya se va?

Darya se detuvo.

—Gracias por la invitación.

Ha surgido algo.

Me temo que tendré que acortar la reunión.

Reece sonrió con torpeza.

Tanto él como ella sabían que no se trataba de una reunión de negocios.

Solo intentaba hacerle un favor a un amigo, pero parecía que le había salido el tiro por la culata.

Esperaba que Darya no fuera de las que guardan rencor.

Reece miró la puerta cerrada.

—¿Sigue Micah dentro?

Darya ignoró la pregunta.

—Espero que nuestra próxima reunión sea en Paragon o en su oficina.

Buenas noches, Sr.

Cooke.

—¡Espere!

—Reece intentó salvar la situación—.

En realidad, sí tengo algo que tratar con usted.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo