¿Exesposa abandonada? ¡Heredera multimillonaria! - Capítulo 88
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- Capítulo 88 - 88 Capítulo 88 Hacer leña del árbol caído
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88: Capítulo 88: Hacer leña del árbol caído 88: Capítulo 88: Hacer leña del árbol caído Timothy chasqueó la lengua.
—Buen espectáculo.
Me alegro de verdad de haber decidido venir esta noche.
Darya le dio un codazo en las costillas.
—Creía que habías dicho que tus amigos te habían traído a rastras.
Timothy se tocó la nariz.
—Me has pillado.
Pero aun así me alegro.
Si hubiera sabido que trabajar en el Paragon conllevaba tanto drama, habría enviado mi currículum hace mucho tiempo.
Detrás de ellos se había formado un pequeño corrillo de gente.
Incluso en un bar un tanto alborotado como el Crepúsculo, no se veía una pelea todos los días, sobre todo una que involucrara a un tipo de mediana edad y a dos mujeres.
Pronto, el número aumentó en una persona más cuando la madre de Edna llegó a la escena.
Le dio una bofetada a Sharon, le asestó un buen puñetazo en el estómago a su marido infiel y luego se fue con su hija.
—Tienes veinticuatro horas para largarte —fue lo último que le dijo a su futuro exmarido.
Media hora antes, Douglas había entrado en el bar con un aire pomposo y una chaqueta cara.
Ahora estaba desinflado, abatido y empapado de pies a cabeza por una copa de spritzer que su mujer le había vertido encima.
—¿Quieres verme hacer leña del árbol caído?
—le susurró Darya a Timothy.
—¡Sí, por favor!
Darya se acercó a Douglas.
—Director Kay, no se olvide de la reunión de la junta de mañana.
Acabo de enviarles un mensaje.
A las ocho y media de la mañana.
No falte.
Timothy la tomó del brazo.
—Vamos.
Déjame invitarte a una copa.
—Elige otro sitio —dijo Darya, moviéndose hacia la entrada—.
La gente de aquí tiene la costumbre de tirarse las bebidas unos a otros.
Estaban casi en la puerta cuando se toparon con alguien inesperado.
La alta figura de Micah bloqueaba el estrecho pasillo.
Timothy hinchó el pecho como un pavo real orgulloso y pasó un brazo por la cintura de Darya.
Darya saludó con la cabeza a su exmarido y estaba a punto de pasar de largo cuando alguien más dio un paso al frente.
—Tsk, eres una mujer muy ocupada, Darya Miller —dijo Ryan Mendez mientras recorría con la mirada el atuendo de Darya y esbozaba una sonrisa descarada—.
Hace menos de cuarenta y ocho horas, estabas por ahí con la estrella del pop.
Ahora vas de bar en bar con Timothy Barrett.
¿Tus novios saben de la existencia del otro?
¿Cómo haces malabares con tu apretada agenda?
Micah no dijo nada.
Su rostro estaba medio oculto en las sombras.
—¡Cállate!
—le gruñó Timothy a Ryan—.
¡No le hables así!
—Es tan típico —continuó Ryan—.
Usar a un hombre para que pelee tus batallas, como siempre haces.
Primero Avery, después Timothy, y ahora tienes a un tercer hombre en tu vida.
Con una vida amorosa tan ajetreada, ¿cómo consigues sacar adelante el trabajo?
Ah, se me olvidaba, tu novio te dio ese puesto.
No tienes que preocuparte de que te despidan, ¿verdad?
Timothy agarró a Ryan de la solapa de la chaqueta.
—Cállate, o te haré callar.
—¿Qué vas a hacer?
—se burló Ryan—.
¿Pegarme en la cara?
—Tim —le advirtió Darya a su amigo—.
No lo hagas.
—Sí, hazle caso a tu novia —dijo Ryan, torciendo el labio—.
¿Siempre haces lo que ella dice?
¿Tan buena es en la cama?
—¡Ryan!
—Micah le lanzó una mirada oscura a su amigo—.
Ya basta.
Darya le dio una palmadita en el brazo a Timothy antes de volverse hacia Ryan.
—Parece que has olvidado la última vez que nos vimos.
Ryan se encogió de hombros, fingiendo que no le importaba.
—No sé de qué estás hablando.
—Todavía tengo esas fotos tuyas, Sr.
Mendez.
Te lo advertí, si vuelves a molestarme, enviaré esas fotos tuyas sin camiseta a todos los medios de comunicación de Hagen.
—¡Ni se te ocurra!
—gruñó Ryan—.
¡Estás de farol!
Su rostro se puso lívido al recordar la humillación que sufrió a manos de aquella mujer la última vez.
—Te voy a dar una última oportunidad, ya que obviamente has perdido el juicio y estás borracho como una cuba.
—Darya se abanicó con la mano bajo la nariz—.
Por cierto, te recomiendo un enjuague bucal con sabor a menta si quieres disimular ese pestazo a alcohol que tienes en el aliento.
Se fue con Timothy antes de que a Ryan se le pudiera ocurrir una respuesta ingeniosa.
Achispado y avergonzado, golpeó la pared con el puño.
—¡Ay!
Se acunó la mano.
—¡Esa zorra!
Micah apartó la mirada cuando Darya se fue.
—Te lo merecías.
—¡Pero si solo te estaba defendiendo!
—Yo no te lo he pedido.
—¿Cómo puedes permitir que se pasee por la ciudad con su sarta de novios nuevos?
—Ryan miró a su amigo con incredulidad—.
¿No estás furioso?
Micah no dijo nada.
Por supuesto que estaba furioso.
Pero admitirlo equivaldría a admitir que estaba celoso, lo que, en su opinión, era una emoción despreciable.
Así que se limitó a ignorar a Ryan y a abrirse paso entre la multitud.
—Espera.
¿Adónde vas?
—le gritó Ryan a su espalda.
—Pídeme un whisky con hielo.
Vuelvo enseguida.
—Micah desapareció por la puerta principal.
De pie en el bordillo, fuera del bar, Darya esperaba a que apareciera el chófer que había reservado.
—Creía que íbamos a seguir bebiendo —se quejó Timothy.
—Tengo a alguien esperándome en casa.
—¿Quién?
—Malvavisco.
—¿Eh?
—Mi perro.
—No sabía que tenías perro.
—Es nuevo.
—Ah.
Le buscaste un cuidador antes de salir, ¿verdad?
—Sip.
—Entonces estoy seguro de que el perro estará bien.
Vamos, anímate.
Tienes derecho a divertirte de vez en cuando, ¿sabes?
Darya sonrió.
—No estoy preocupada por el perro.
Me preocupa el cuidador.
—¿Qué le pasa al cuidador?
—Es… —Darya se encogió de hombros—.
Es difícil de decir.
Aunque le había dado instrucciones estrictas a Callan para que mantuviera a Malvavisco dentro de casa, por alguna razón dudaba que fuera a encontrar a los dos en casa.
Callan tenía veintipocos años y todavía no había superado su fase de rebeldía adolescente.
—Puedo llevarte —se ofreció Timothy cuando intuyó que Darya no iba a cambiar de opinión.
—Estás borracho.
—¡Solo me he tomado una copa de vino!
—Díselo a la policía de tráfico cuando te paren.
—De acuerdo.
¿Puedo ir contigo?
—¿Adónde?
—A tu casa.
Quiero conocer a tu nuevo perro.
Darya le lanzó una mirada divertida.
—Creía que odiabas a los perros.
—No es verdad.
Solo odiaba a los animales que sueltan mucho pelo.
—Mmm.
En ese caso, te va a encantar Malvavisco.
—¡Genial!
¿Eso significa que puedo ir a tu casa?
—Nop.
Lo siento, no voy a mi casa.
—Entonces, ¿adónde vas?
Darya estaba a punto de responder cuando la voz de Micah resonó detrás de ellos.
—Darya.
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