Expansión Primordial: ¡Tengo el Talento más Fuerte! - Capítulo 613
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Capítulo 613: Dios Universal
Alex miró a Mikhail con la confusión pintada en el rostro.
Era evidente el porqué de su desconcierto: le habían enseñado durante toda su vida que Divino era solo una clasificación, pero ahora oía que también era un rango; y uno de los más altos del universo, para colmo.
Ni siquiera podía imaginar qué clase de fuerza poseía una persona con semejante nivel de poder.
Y no tendría que esperar mucho para recibir una explicación.
—En el Rango Divino es donde los verdaderos niveles extremos de poder comienzan a manifestarse. En cuanto a los requisitos para alcanzarlo, se necesita haber llegado a la Clase Divina y combinar tanto la clase como el rango en uno solo, convirtiéndose en un ser de Rango Divino. El poder que ostentan es inmenso, capaz de afectar cúmulos enteros de cientos de galaxias a la vez. Para la mayor parte del universo, este es el nivel más alto de poder que se puede alcanzar. Nadie es capaz de ir más allá, por una sencilla razón.
Mikhail hizo una pausa, dándole tiempo a Alex para digerir aquella información nueva e increíble.
Ahí estaba él, un insignificante Nivel B, oyendo hablar de aquellos niveles de poder inconmensurables como si fuera lo más normal del mundo.
—… Y esa razón es que el Sistema no se lo permite —reveló Mikhail.
Alex no se sorprendió. Era una respuesta que se veía venir de lejos.
—Hay un nivel más allá del Rango Divino, y es el que yo y unos pocos más logramos alcanzar antes de que el Sistema pudiera detectarnos y detenernos. No tiene un nombre oficial designado por el Sistema, pero el nombre «Dios Universal» le sienta bastante bien.
Alex se quedó atónito.
Aquella información era demasiado inverosímil para su limitada visión del mundo.
Casi tan inverosímil como el hecho de estar allí de pie, hablando con uno de esos Dioses Universales en ese mismo instante.
—Los Dioses Universales son muy escasos. De hecho, dudo que exista ningún otro aparte de mí y de los pocos que fueron sometidos al control del Sistema. El Sistema no permite que nadie alcance un nivel de poder superior a este, ya que nuestra fuerza nos confiere cierta capacidad para luchar contra él, si así lo decidiéramos.
Por supuesto, huelga decir que no importaba si un Dios Universal dejaba claro que no tenía intención de ir en contra del Sistema.
El simple hecho de que pudieran hacerlo era motivo suficiente para que el Sistema actuara en su contra.
Así de cruel era el universo. Incluso en la cima, era matar o morir. Los fuertes se alimentan de los débiles.
Y, por desgracia para ellos, al Sistema le importaban un bledo sus emociones o promesas.
Suponían una amenaza, así que simplemente la frustraba antes de que pudiera materializarse por completo.
Así de simple.
Salvo por el hecho de que no fue capaz de erradicar todas las amenazas. Mikhail era la prueba viviente de ello.
—Pero ¿cómo puede envejecer alguien con tu poder? ¡A tu nivel, el concepto del envejecimiento debería estar más que superado! —preguntó Alex, ahora completamente confuso por el estado frágil y actual de Mikhail.
Su aspecto y sus actos daban a entender que cada paso que daba era una carga para su cuerpo.
Y lo era.
Lo cual dejó a Alex sumido en una inmensa confusión.
—Eso es porque el Sistema consiguió asestar un último y rencoroso ataque antes de que yo lograra sellar este reino.
Mikhail suspiró, evocando claramente algunos recuerdos que habría preferido mantener enterrados.
—Es realmente despreciable. Cada ser bajo su dominio tiene su propia interfaz del Sistema, sus Detalles o como lo llamen en esta era. Y, sin embargo, ese es el mismo defecto que nos encadena a todos, incluso a nosotros, los Dioses Universales.
—Claro que se puede vivir para siempre si alcanzas mi nivel de poder. De hecho, podrías hacerlo incluso en un nivel tan bajo como el Rango Celestial. Lo que pasa es que el Sistema no te lo permite. ¿De qué sirve tener una granja de ganado si existe la posibilidad de que ese ganado nunca muera? Los seres poderosos son escasos, lo que les deja con menos oponentes capaces de matarlos. Como es natural, para contrarrestar esto, el Sistema simplemente limita la esperanza de vida de todo el mundo, anulando así ese riesgo.
—De hecho, esta es una regla que se añadió después de lo que ocurrió conmigo. Es más, yo soy la razón por la que existe. Antes de que el Sistema quedara aislado de mí y de este reino para siempre, hizo una última adición a mis Detalles: una sección de esperanza de vida. Esto me arrebató mi vida eterna. Por suerte, mi nivel de poder era demasiado inmenso como para que el Sistema estableciera mi esperanza de vida en algo como un segundo. Solo pudo darme el mínimo indispensable que mi poder me confería, lo que nos ha traído hasta aquí, a esta conversación.
Naturalmente, tras idear un plan tan ingenioso para matar lentamente a Mikhail a la larga, incluso sin poder alcanzarlo, el Sistema se dio cuenta de lo eficaz que era esta nueva incorporación y la añadió también a todos y cada uno de los seres vivos a partir de ese momento.
Solo que, a diferencia de Mikhail, que era lo bastante poderoso como para detectar cualquier ocultación en su estado, esta sección permanece oculta para todos los demás.
«¡Qué jodidamente despreciable!»
Cuanto más escuchaba Alex sobre lo perverso que era el Sistema, más asqueado se sentía.
Esa… cosa, lo único que lo había ayudado en su camino hacia el poder desde su Despertar, resultaba ser aquello mismo contra lo que había estado luchando todo este tiempo.
Era irónico, la verdad.
Ah, si sus antiguos enemigos pudieran verle la cara ahora…
Por desgracia para ellos, estaban demasiado muertos como para hacerlo.
Pero eso no hizo que Alex se sintiera mejor con su situación.
—¿Y ahora qué va a pasar? Si ni siquiera tú, con tu fuerza como Dios Universal, pudiste luchar contra el Sistema, ¿¡cómo demonios se supone que voy a hacer yo algo al respecto!? Alex se sintió realmente deprimido.
Antes, pensaba que al menos tenía la oportunidad de alcanzar un nivel de poder para oponerse a esos «Dioses» que silenciaban cualquier información importante relacionada con Mikhail.
Pero ahora que sabía que era imposible, su estado anímico recibió un golpe devastador.
Mikhail soltó un largo y prolongado suspiro ante la pregunta de Alex. Sabía que Alex tendría una reacción tan deprimente al recibir aquella información.
No podía culpar al muchacho.
Su frágil cuerpo pareció hundirse más profundamente en sus recuerdos. Por un momento, el silencio que se instaló entre ellos fue absoluto, roto únicamente por el sonido de la respiración de Alex.
Entonces, habló.
—Te equivocas, Alex. Yo sí que luché. Luché con todo lo que tenía. Con todo el conocimiento, toda la fuerza, todo el tiempo que pude reunir. Intenté asestarle un golpe demoledor al Sistema, y aun así, fracasé.
Alex no respondió de inmediato a causa de su confusión.
Primero Mikhail decía que Alex se equivocaba al tener esos pensamientos tan deprimentes, y acto seguido describía cómo él, un Dios Universal, fracasó en su lucha contra el Sistema. ¿No era todo aquello una simple contradicción?
Además, ni siquiera estaba seguro de cómo responder. ¿Qué podía decirle a un hombre que había estado en la cima de la existencia y aun así había sido puesto de rodillas?
Mikhail continuó, no obstante, y ahora su tono estaba impregnado de un matiz de intención asesina bajo el cansancio propio de su edad.
—Pero eso no significa que tú vayas a fracasar.
Alex levantó la vista, confundido.
—¿Qué quieres decir?
—A mí no me eligieron, Alex. Yo ascendí por pura fuerza y voluntad. Por talento, por obsesión. Me topé con la verdad y la sobrellevé solo, sin ninguna ayuda externa. Pero tú… a ti te eligieron.
Hizo una pausa.
—Fui yo.
Esta vez, Alex simplemente se quedó sin palabras.
¿Qué demonios quería decir el viejo chocho con que lo había elegido?
¿Cómo lo había elegido exactamente? ¿¡Cuándo!?
—Tampoco fue al azar. Fuiste la persona perfecta desde el momento en que despertaste tu talento. No malinterpretes mis palabras y pienses que toda tu fuerza, todos tus logros como despertado, no son resultado de tu propio esfuerzo, sino de la guía oculta que te di. Todos esos logros son tuyos, y deberías estar orgulloso de ellos. Nadie puede arrebatártelos.
Mikhail tomó una larga bocanada de aire, ya que hablar durante tanto tiempo parecía ser bastante agotador para su cuerpo.
—No me queda mucho tiempo… —masculló en voz baja.
—¡Ejem! En fin. Volviendo a lo que decía: fuiste, literalmente, la persona perfecta para que yo te eligiera, casi como si el propio destino hubiera intervenido. Tu talento, Forjaalma, es lo único en todo este universo que puede darnos una oportunidad de liberarnos de la influencia del Sistema.
La expresión de Mikhail se volvió distante, como si estuviera buscando la forma de comunicarle algo delicado a Alex.
—Filo de la Virtud nunca fue concebida como un arma para acabar con el Sistema —dijo por fin—. Al menos, no al principio.
Alex frunció el ceño. Recordaba lo asombrado que se había quedado cuando obtuvo por primera vez Filo de la Virtud. Era la primera, y seguía siendo la única, arma de tipo evolutivo que había visto, por lo que era natural sentir tal asombro.
Y más aún cuando descubrió que se suponía que era la mayor creación de Mikhail, aunque inacabada.
Pero ahora empezaban a aparecer grietas en esa historia.
—No lo entiendo —dijo Alex—. Creaste la espada, pero no fue suficiente. ¿Y qué? ¿Esperabas que alguien más terminara el trabajo?
Mikhail asintió débilmente.
—No cualquier persona, sino tú.
El corazón de Alex dio un vuelco.
—Aunque forjé Filo de la Virtud como el arma definitiva, al final no fue suficiente. Todo por una sola cosa.
Suspiró, mirando con cariño la espada en sus manos.
—Las cadenas del Sistema.
Una mueca de disgusto cruzó su rostro cuando lo dijo.
Pasara lo que pasara, él todavía tenía la interfaz del Sistema antes de su inevitable lucha contra este y de sellarse a sí mismo.
Lo que también permitió al Sistema influir en Filo de la Virtud, limitándola a un cierto nivel de poder y dejando a Mikhail impotente para hacer algo al respecto.
—Al final, todo se reduce al control casi omnipotente que el Sistema tiene sobre todo y todos en el universo.
Mikhail habló sin dejar de observar la espada.
—Por eso eres tan importante, Alex. Por fin puedes romper esas cadenas que te controlan, liberándote de todos los límites del Sistema.
No le dio a Alex la oportunidad de ordenar sus pensamientos y hablar.
—Cuando por fin completes esta última creación mía, tendrás el poder de romper las cadenas del Sistema.
«¿¡Pero cómo coño se supone que voy a hacer eso si ni siquiera alguien tan poderoso como tú pudo terminar de crear la espada!?», se preguntó Alex para sus adentros, cada vez más frustrado por el pesado fardo de responsabilidad que Mikhail estaba poniendo sobre sus hombros.
Como si pudiera leerle la mente a Alex, Mikhail respondió a sus preocupaciones.
—Solo hay una cosa lo bastante poderosa para hacerlo —dijo Mikhail.
—El alma de un Dios Universal.
Mikhail cojeó hasta el yunque y se sentó, sosteniendo Filo de la Virtud con una mirada cariñosa.
La dejó en el suelo, apoyándola sobre la hierba. Se arrodilló ante ella y, con dolor, posó su arrugada mano sobre el plano de la hoja.
—Sabía que no ganaría —reveló Mikhail.
—Cuando alcancé la Divinidad Universal, la verdad ya era demasiado clara. El Sistema se encuentra en un nivel incluso superior, un rango que he acuñado como Dios Cósmico. Podía luchar contra él, sí. ¿Pero ganar? —negó lentamente con la cabeza.
—No. No mientras el Sistema bloquee todas y cada una de las oportunidades de lograrlo.
Miró a Alex, con una mirada que se volvió más afilada que nunca.
—Eres joven. Estás limpio. Tu alma es tuya. Y tu Forjaalma… tu forjaalma lo hace posible.
Alex dio un paso atrás inconscientemente, pues sabía a lo que se refería Mikhail sin que este tuviera que decírselo con todas las letras.
No había forma posible de que Alex obtuviera el alma de un Dios Universal cuando el Sistema los había matado a todos o tenía al resto bajo su control.
…Excepto por el que ahora yacía en la hierba, justo delante de él.
—No… ¿Pero cómo…? ¿Forjaalma ni siquiera funciona así? Quiero decir…
Balbuceó y tartamudeó mientras una lágrima solitaria se abría paso inconscientemente por su rostro.
—Sí, no funciona de esa manera en una situación normal. Pero eso es porque el Sistema lo ha limitado severamente.
Mikhail tosió, alzando la vista hacia el pálido cielo.
—Pero en este espacio ya no hay Sistema que te limite.
Miró a Alex.
—Es la hora.
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