Expansión Primordial: ¡Tengo el Talento más Fuerte! - Capítulo 614
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Capítulo 614: Forjaalma
Mikhail soltó un largo y prolongado suspiro ante la pregunta de Alex. Sabía que Alex tendría una reacción tan deprimente al recibir aquella información.
No podía culpar al muchacho.
Su frágil cuerpo pareció hundirse más profundamente en sus recuerdos. Por un momento, el silencio que se instaló entre ellos fue absoluto, roto únicamente por el sonido de la respiración de Alex.
Entonces, habló.
—Te equivocas, Alex. Yo sí que luché. Luché con todo lo que tenía. Con todo el conocimiento, toda la fuerza, todo el tiempo que pude reunir. Intenté asestarle un golpe demoledor al Sistema, y aun así, fracasé.
Alex no respondió de inmediato a causa de su confusión.
Primero Mikhail decía que Alex se equivocaba al tener esos pensamientos tan deprimentes, y acto seguido describía cómo él, un Dios Universal, fracasó en su lucha contra el Sistema. ¿No era todo aquello una simple contradicción?
Además, ni siquiera estaba seguro de cómo responder. ¿Qué podía decirle a un hombre que había estado en la cima de la existencia y aun así había sido puesto de rodillas?
Mikhail continuó, no obstante, y ahora su tono estaba impregnado de un matiz de intención asesina bajo el cansancio propio de su edad.
—Pero eso no significa que tú vayas a fracasar.
Alex levantó la vista, confundido.
—¿Qué quieres decir?
—A mí no me eligieron, Alex. Yo ascendí por pura fuerza y voluntad. Por talento, por obsesión. Me topé con la verdad y la sobrellevé solo, sin ninguna ayuda externa. Pero tú… a ti te eligieron.
Hizo una pausa.
—Fui yo.
Esta vez, Alex simplemente se quedó sin palabras.
¿Qué demonios quería decir el viejo chocho con que lo había elegido?
¿Cómo lo había elegido exactamente? ¿¡Cuándo!?
—Tampoco fue al azar. Fuiste la persona perfecta desde el momento en que despertaste tu talento. No malinterpretes mis palabras y pienses que toda tu fuerza, todos tus logros como despertado, no son resultado de tu propio esfuerzo, sino de la guía oculta que te di. Todos esos logros son tuyos, y deberías estar orgulloso de ellos. Nadie puede arrebatártelos.
Mikhail tomó una larga bocanada de aire, ya que hablar durante tanto tiempo parecía ser bastante agotador para su cuerpo.
—No me queda mucho tiempo… —masculló en voz baja.
—¡Ejem! En fin. Volviendo a lo que decía: fuiste, literalmente, la persona perfecta para que yo te eligiera, casi como si el propio destino hubiera intervenido. Tu talento, Forjaalma, es lo único en todo este universo que puede darnos una oportunidad de liberarnos de la influencia del Sistema.
La expresión de Mikhail se volvió distante, como si estuviera buscando la forma de comunicarle algo delicado a Alex.
—Filo de la Virtud nunca fue concebida como un arma para acabar con el Sistema —dijo por fin—. Al menos, no al principio.
Alex frunció el ceño. Recordaba lo asombrado que se había quedado cuando obtuvo por primera vez Filo de la Virtud. Era la primera, y seguía siendo la única, arma de tipo evolutivo que había visto, por lo que era natural sentir tal asombro.
Y más aún cuando descubrió que se suponía que era la mayor creación de Mikhail, aunque inacabada.
Pero ahora empezaban a aparecer grietas en esa historia.
—No lo entiendo —dijo Alex—. Creaste la espada, pero no fue suficiente. ¿Y qué? ¿Esperabas que alguien más terminara el trabajo?
Mikhail asintió débilmente.
—No cualquier persona, sino tú.
El corazón de Alex dio un vuelco.
—Aunque forjé Filo de la Virtud como el arma definitiva, al final no fue suficiente. Todo por una sola cosa.
Suspiró, mirando con cariño la espada en sus manos.
—Las cadenas del Sistema.
Una mueca de disgusto cruzó su rostro cuando lo dijo.
Pasara lo que pasara, él todavía tenía la interfaz del Sistema antes de su inevitable lucha contra este y de sellarse a sí mismo.
Lo que también permitió al Sistema influir en Filo de la Virtud, limitándola a un cierto nivel de poder y dejando a Mikhail impotente para hacer algo al respecto.
—Al final, todo se reduce al control casi omnipotente que el Sistema tiene sobre todo y todos en el universo.
Mikhail habló sin dejar de observar la espada.
—Por eso eres tan importante, Alex. Por fin puedes romper esas cadenas que te controlan, liberándote de todos los límites del Sistema.
No le dio a Alex la oportunidad de ordenar sus pensamientos y hablar.
—Cuando por fin completes esta última creación mía, tendrás el poder de romper las cadenas del Sistema.
«¿¡Pero cómo coño se supone que voy a hacer eso si ni siquiera alguien tan poderoso como tú pudo terminar de crear la espada!?», se preguntó Alex para sus adentros, cada vez más frustrado por el pesado fardo de responsabilidad que Mikhail estaba poniendo sobre sus hombros.
Como si pudiera leerle la mente a Alex, Mikhail respondió a sus preocupaciones.
—Solo hay una cosa lo bastante poderosa para hacerlo —dijo Mikhail.
—El alma de un Dios Universal.
Mikhail cojeó hasta el yunque y se sentó, sosteniendo Filo de la Virtud con una mirada cariñosa.
La dejó en el suelo, apoyándola sobre la hierba. Se arrodilló ante ella y, con dolor, posó su arrugada mano sobre el plano de la hoja.
—Sabía que no ganaría —reveló Mikhail.
—Cuando alcancé la Divinidad Universal, la verdad ya era demasiado clara. El Sistema se encuentra en un nivel incluso superior, un rango que he acuñado como Dios Cósmico. Podía luchar contra él, sí. ¿Pero ganar? —negó lentamente con la cabeza.
—No. No mientras el Sistema bloquee todas y cada una de las oportunidades de lograrlo.
Miró a Alex, con una mirada que se volvió más afilada que nunca.
—Eres joven. Estás limpio. Tu alma es tuya. Y tu Forjaalma… tu forjaalma lo hace posible.
Alex dio un paso atrás inconscientemente, pues sabía a lo que se refería Mikhail sin que este tuviera que decírselo con todas las letras.
No había forma posible de que Alex obtuviera el alma de un Dios Universal cuando el Sistema los había matado a todos o tenía al resto bajo su control.
…Excepto por el que ahora yacía en la hierba, justo delante de él.
—No… ¿Pero cómo…? ¿Forjaalma ni siquiera funciona así? Quiero decir…
Balbuceó y tartamudeó mientras una lágrima solitaria se abría paso inconscientemente por su rostro.
—Sí, no funciona de esa manera en una situación normal. Pero eso es porque el Sistema lo ha limitado severamente.
Mikhail tosió, alzando la vista hacia el pálido cielo.
—Pero en este espacio ya no hay Sistema que te limite.
Miró a Alex.
—Es la hora.
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