FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 3
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3: CAPITULO 2 PARTE 1 #LEGADO 3: CAPITULO 2 PARTE 1 #LEGADO Una vez terminada la ceremonia, el ambiente en Jotkaldr se llenó de una mezcla de tristeza y reverencia.
Las llamas de las antorchas iluminaban el rostro de los jotnar, reflejando el respeto y la gratitud que sentían por su fallecido rey.
Con el corazón pesado, todos comenzaron a dispersarse, dirigiéndose a sus hogares para contemplar en silencio la monumental pérdida.
Odin se acercó a Loki.
La seriedad en su rostro reflejaba la importancia de lo que estaba a punto de decir.
—Loki, debemos hablar una última vez antes de que me marche —dijo Odin con voz firme.
Loki asintió, sabiendo que las palabras de Odin llevarían un peso significativo.
Se alejaron un poco de la multitud, encontrando un rincón tranquilo donde podían hablar sin interrupciones.
—Esa runa que ayudó a aprisionar a Nictofer —comenzó Odin, sosteniendo la mirada de Loki—, es más peligrosa de lo que muchos imaginan.
El poder que contiene puede desatar un caos inimaginable si cae en las manos equivocadas.
Loki asintió, su expresión mostrando determinación y comprensión.
—Entiendo, Odin.
Protegerla será una de mis principales responsabilidades.
Odin continuó, su tono se volvió más grave.
—Debes honrar la memoria de tu padre, Farbauti, protegiendo esa runa con tu vida si es necesario.
Tu labor más importante, además de servir a tu pueblo, será asegurarte de que Nictofer jamás vuelva a escapar.
Loki asintió nuevamente, con los ojos brillando con resolución.
—Te lo prometo, Odin.
No permitiré que el sacrificio de mi padre sea en vano.
Protegeré la runa y a mi pueblo con todas mis fuerzas.
Odin sonrió levemente, satisfecho con la determinación de Loki.
—Esa promesa debe ser inquebrantable, Loki.
Por el bien de todos los Nueve Reinos.
Loki sostuvo la mirada de Odin, reafirmando su promesa con convicción.
—Lo haré, Odin.
Lo prometo.
Odin estaba dispuesto a llevar a todos los asgardianos a casa.
Con la runa en su mano, comenzó a murmurar las palabras del encantamiento.
Sin embargo, antes de que pudiera completar el hechizo, escupió sangre y cayó al suelo.
—¡Padre!
—gritaron Thor y Baldr al unísono, corriendo hacia él.
Baldr se inclinó rápidamente, examinando a su padre con preocupación.
La expresión en su rostro se endureció al notar la gravedad de la situación.
—Ha usado demasiado poder en la batalla contra Nictofer —concluyó Baldr, mirando a Thor con seriedad—.
Está prácticamente sin energías.
Odin, con un gesto de determinación, intentó levantarse, su rostro pálido y sudoroso.
—Son tonterías —dijo con voz débil pero resuelta—.
Soy capaz de llevarlos a casa.
Apenas se puso de pie, sus piernas flaquearon y volvió a caer, esta vez con un gemido de dolor.
—¡Padre, detente!
—dijo Thor, sosteniéndolo con firmeza—.
No puedes hacer esto.
Necesitas descansar.
—No puedo…
dejarlos aquí…
—murmuró Odin, su voz rota por el esfuerzo y el dolor—.
Es mi responsabilidad.
Baldr colocó una mano suave pero firme sobre el hombro de su padre.
—Padre, no seas necio.
Necesitas recuperar tus fuerzas.
Si intentas usar la runa en este estado, podrías…
—Baldr dejó la frase incompleta, el temor evidente en su voz.
—Podrías perder la vida —añadió Thor, con un tono de urgencia—.
No vale la pena arriesgarte así.
Odin, aún con la respiración entrecortada, finalmente aceptó la verdad de sus palabras.
Sus hombros se hundieron y asintió con una débil sonrisa.
—Está bien, hijos míos.
Descansaré.
Pero debemos encontrar otra manera de llevar a todos a casa —murmuró finalmente, su voz un susurro de agotamiento.
Thor y Baldr intercambiaron una mirada de alivio y preocupación.
Sabían que encontrar una solución rápida sería crucial para la seguridad de su padre y sus compañeros asgardianos.
—Llevémoslo a un lugar donde pueda descansar —sugirió Thor, mirando a su alrededor en busca de un sitio adecuado.
—Tienen razón, padre.
Tu salud es lo más importante ahora.
No queremos perderte —dijo Baldr, con una mezcla de firmeza y ternura en su voz.
Odin asintió, aunque su rostro mostraba señales de agotamiento extremo.
— Estoy bien, pero necesitaré un buen tiempo para recuperar mis fuerzas.
Tyr, preocupado, preguntó: — ¿Hay algún lugar donde Odín pueda descansar?
Loki, amablemente, respondió: — Sí, hay una cabaña cerca donde podrá descansar adecuadamente.
Síganme.
Loki guió al grupo a través del paisaje helado hasta llegar a una cabaña acogedora, apartada del bullicio del pueblo.
La cabaña estaba hecha de madera robusta y adornada con inscripciones rúnicas que simbolizaban protección y sanación.
Los hijos de Odín, junto con Loki, ayudaron a su padre a entrar en la cabaña.
Una vez dentro, el ambiente cálido y tranquilo les proporcionó un alivio inmediato.
Thor, con suavidad y cuidado, recostó a Odín en la cama que había en el centro de la habitación.
— Padre, aquí podrás descansar y recuperar tus fuerzas.
Estaremos vigilando y asegurándonos de que estés bien.
— Hemos enfrentado muchas dificultades, pero con tu guía, siempre encontramos el camino.
Ahora, es nuestro turno de cuidar de ti —dijo Baldr.
— Agradezco su cuidado, hijos míos.
Confío en ustedes y sé que sabrán mantener la paz en mi ausencia temporal.
Loki, gracias por tu hospitalidad.
— Es lo mínimo que puedo hacer, Odín.
Estamos en deuda contigo y con todo lo que has hecho por nosotros —respondió Loki.
Mientras Odín cerraba los ojos, los presentes se aseguraron de que todo estuviera en orden.
La tranquilidad de la cabaña y la presencia de sus hijos le dieron una sensación de paz.
Sabían que, aunque el camino por delante sería arduo, juntos podían superar cualquier adversidad.
Baldr observó a su padre con preocupación y se volvió hacia Thor.
— Padre está en muy mal estado.
Necesitará mucho tiempo de descanso para recuperar sus fuerzas.
Si queremos que sane pronto, no debemos moverlo de aquí.
Thor asintió, la preocupación reflejada en su rostro.
Con mucha pena, se dirigió a Loki.
— Lamentablemente, Odín era el único que puede llevarnos de vuelta, pero está muy débil para hacerlo.
Necesitará tiempo para recuperarse.
Pido con todo respeto alojamiento para nosotros y mi gente.
Loki respondió sin vacilar.
— No hay problema.
Si prefieren cuidar a su padre de cerca, pueden quedarse en esta cabaña.
Sin embargo, no estoy seguro de que haya muchas cabañas para alojar a sus hombres.
Un general asgardiano, con respeto, intervino.
— No se preocupe por eso, Loki.
Solo necesitamos un espacio amplio para poder acampar.
Loki asintió, mostrando comprensión y gratitud.
— Entonces, haremos los arreglos necesarios para que sus hombres puedan acampar en un área segura y cómoda.
Todos comenzaron a organizarse.
Los asgardianos se dispusieron a montar su campamento en un amplio claro cercano a la cabaña, mientras que los jotnar se ofrecieron a ayudar con lo necesario.
El ambiente, a pesar de la tensión y la preocupación, se llenó de un espíritu de cooperación y solidaridad.
Una vez que el campamento estuvo montado, Thor se acercó a Loki con un gesto de agradecimiento.
— Gracias una vez más por tu hospitalidad, Loki.
No sé cómo podríamos haber manejado esto sin tu ayuda.
Loki asintió con una sonrisa comprensiva.
— No es nada, Thor.
Estamos en esto juntos.
Thor, Baldr, y Tyr se dispusieron a descansar después de la larga y agotadora batalla.
Loki se despidió y se dirigió a sus aposentos.
En el camino, se encontró con su madre, Lauffey.
— Buenas noches, madre.
Descansa bien.
— Buenas noches, hijo.
Tú también descansa —respondió Lauffey con una sonrisa cansada.
Loki entró en su cabaña, sintiéndose finalmente a salvo.
Se desprendió de su equipo, dejándolo a un lado, y se preparó para descansar.
Se tumbó en su cama, pero antes de dormir, su mente volvió a su padre.
Esta vez, no sentía tristeza, sino una profunda satisfacción y orgullo.
— Gracias, padre —murmuró en voz baja, sintiendo una calidez en su corazón.
Con esa gratitud en su mente, Loki cayó exhausto a la cama, permitiendo que el sueño lo envolviera rápidamente.
Por otro lado, Lauffey aún no podía procesar la pérdida del amor de su vida.
Cuando llegó a sus aposentos, se desplomó sobre su cama, su cuerpo sacudido por sollozos incontrolables.
Las lágrimas fluían libremente mientras los recuerdos invadían su mente, momentos felices y dolorosos entrelazándose.
Recordó su primer encuentro, las batallas que habían librado juntos, las noches en las que habían compartido sus sueños y esperanzas.
Cada risa, cada caricia, cada promesa hecha y cumplida.
El peso de su ausencia la aplastaba, haciéndole difícil respirar.
El dolor se intensificó cuando su mente volvió al momento en que Farbauti se fue para siempre en la cascada.
La imagen de su amado, envuelto en llamas azules, cayendo en el abismo, quedaría grabada en su memoria para siempre.
La ceremonia había sido hermosa y digna, pero el vacío que dejó era insoportable.
— ¿Por qué?
—susurró entre sollozos, su voz quebrada por el dolor—.
¿Por qué te fuiste tan pronto?
Lauffey se acurrucó en la cama, abrazando la almohada como si fuera el cuerpo de Farbauti, buscando consuelo en los recuerdos.
La noche parecía interminable, y el dolor de la pérdida, insuperable.
Pero en medio de su dolor, encontró una pequeña chispa de fortaleza.
Sabía que debía ser fuerte, por su hijo, por su pueblo, y por el legado de su amado.
La tristeza la envolvía, pero también sentía una determinación creciente.
Farbauti habría querido que siguiera adelante, que cuidara de Loki y de su pueblo.
Con esa resolución, Lauffey dejó que el agotamiento la venciera, sus lágrimas secándose mientras el sueño finalmente la envolvía.
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