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FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 38

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  3. Capítulo 38 - 38 CAPITULO 11 PARTE 1 A Través del Fuego y la Sangre
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38: CAPITULO #11 PARTE 1: A Través del Fuego y la Sangre 38: CAPITULO #11 PARTE 1: A Través del Fuego y la Sangre La nieve apenas tocaba el suelo antes de evaporarse por el calor que traían consigo.

Desde las grietas de las montañas, surgieron los Flamyrs.

Sin frenar el paso, giró sobre el lomo del lobo y extendió ambas manos, conjurando un escudo rúnico que desvió las primeras lanzas de fuego que volaron hacia ellos.

—¡Nos emboscaron!

—masculló mientras lanzaba una ráfaga de dagas encantadas, cada una explotando al impactar en los torsos de los enemigos.

Fenrir rugió, su aliento vaporoso y fiero, embistiendo a uno de los demonios en el camino, aplastándolo contra una roca.

Más criaturas descendían en masa desde los riscos, bloqueando el camino.

Loki saltó del lomo de Fenrir un instante, dibujó un sello en el aire con sus dedos y golpeó el suelo con una onda expansiva de fuego azul que lanzó a varios Flamyrs por los aires.

En un segundo, volvió a subir a Fenrir, y sin mirar atrás, gritó entre dientes: —¡No tenemos tiempo para esto!

¡Aún no llegamos con ellos!

—.

Fenrir gruñó, como si entendiera, y aceleró el paso mientras Loki seguía lanzando conjuros desde su lomo, defendiendo su avance con todo lo que le quedaba.

Sabía que no podía fallar.

No esta vez.

Las zancadas de Fenrir eran tan violentas que cada paso hacía temblar el suelo.

El viento helado azotaba los rostros de los enemigos y el lomo del lobo titánico se sacudía como un campo de batalla inestable.

Loki apenas había conjurado otro sello cuando sintió el peso de tres Flamyrs que lograron trepar hasta su posición.

Uno rugió justo detrás de él, su aliento ardiente rozándole la nuca.

Loki giró con velocidad felina y clavó una de sus dagas encantadas directo en el pecho incandescente de la criatura, que estalló en una llamarada violenta.

El lomo de Fenrir se sacudió con una curva cerrada mientras esquivaba un risco, y Loki casi pierde el equilibrio.

Se deslizó unos metros sobre el pelaje espeso de su compañero, rodando sobre sí mismo mientras otro Flamyr le lanzaba un zarpazo.

—¡No es el mejor momento para perder el equilibrio!

—gruñó, mientras giraba el torso y cruzaba ambas dagas, atrapando la garra entre las cuchillas.

Con un movimiento rápido, giró la daga derecha y cortó de lleno el brazo de la criatura.

El tercero aprovechó el instante para lanzarse sobre él, pero Loki usó el rebote del salto del Flamyr y el impulso del movimiento de Fenrir para girar por el aire, invocando una cadena mágica que envolvió el cuello del monstruo y lo arrastró hasta las patas traseras del lobo, donde fue aplastado sin piedad.

No había espacio para errores.

El movimiento constante, los sacudones por cada salto de Fenrir, el hielo resbaladizo en algunas zonas del pelaje, todo lo obligaba a calcular al milímetro.

Mientras el cuerpo del último Flamyr caía calcinado por una explosión de energía rúnica, Loki respiró agitado y se sostuvo del pelaje para estabilizarse.

—Sigo aquí, malditos —espetó entre dientes, mientras conjuraba más dagas de luz oscura en sus manos.

Fenrir dio un rugido, como señal de que más enemigos se aproximaban.

De entre los árboles emergieron siluetas ardientes, veloces y feroces, montadas en criaturas que parecían surgidas de un delirio infernal.

Eran bestias cruzadas entre lobos y felinos, cubiertas de escamas ígneas y zarpas que ardían con fuego vivo.

Los Flamyrs, ahora a caballo de estas abominaciones, rodearon a Loki y Fenrir como una jauría de cazadores, emitiendo gritos guturales y salvajes.

Loki, aún sobre el lomo de Fenrir, intentó conjurar, pero sintió el vacío dentro de su pecho: su magia se había agotado.

Solo quedaban las dagas… y su ingenio.

—Justo cuando el día no podía empeorar… —murmuró, empuñando sus armas con determinación.

Uno de los jinetes saltó desde lo alto con su lanza flamígera.

Loki se agachó, dejando que el impulso de Fenrir lo elevara apenas lo justo para esquivar el ataque.

Una segunda bestia se acercó rugiendo, y Fenrir, con un giro violento del cuerpo, la embistió.

Su colosal mandíbula se cerró con brutalidad sobre el cuello de la criatura, partiéndolo con un chasquido seco.

El jinete fue arrojado como muñeco de trapo contra un árbol, donde quedó inerte.

Pero no había tiempo para celebrar.

Las sacudidas del galope hacían que Loki apenas pudiera mantenerse en pie sobre el pelaje resbaloso de su compañero.

Cada movimiento de Fenrir era un desafío: el equilibrio se volvía una batalla constante mientras los enemigos atacaban por todos los flancos.

Loki tuvo que impulsarse sobre las espaldas del lobo para evitar una lanza que casi le atraviesa el costado.

—¡Muévete más derecho, Fenrir!

¡Me estás lanzando como trapo al viento!

—gritó con sarcasmo, mientras clavaba una daga en la garganta de un nuevo atacante que intentaba subir al lomo del lobo.

El cuerpo del enemigo cayó rodando entre el fuego del bosque y las sombras que lo devoraban.

Otro de los Flamyrs logró aferrarse al pelaje de Fenrir, levantando una espada corta.

Loki giró bruscamente y, usando el movimiento del salto anterior, le lanzó la segunda daga directo al ojo.

El grito del enemigo fue apagado por su caída al suelo, mientras la criatura que montaba se desbocaba sin jinete.

Y aún más venían…

Fenrir soltó un rugido que estremeció el bosque, un rugido que no era solo de furia… sino de lealtad.

Loki se aferró al pelaje, con las manos manchadas de sangre y la mirada fija.

—Vamos, viejo amigo El viento rugía en sus oídos mientras Fenrir corría como un relámpago viviente entre los árboles.

A su costado, una de las últimas bestias ígneas se acercaba velozmente, montada por un Flamyr que blandía una lanza envuelta en fuego.

Loki no lo dudó.

Se impulsó con fuerza desde el lomo de Fenrir, desatando una acrobacia feroz en el aire.

—¡¡AHHHH!!

—gritó con rabia al tiempo que volaba en dirección al enemigo.

En pleno salto, lanzó una daga con precisión quirúrgica directo al rostro del jinete.

El impacto fue brutal, el Flamyr gritó cegado mientras Loki aterrizaba justo detrás de él, sobre el lomo en llamas de la criatura.

La inestabilidad del terreno ardiente no lo detuvo; clavó su otra daga entre las costillas del enemigo y lo empujó fuera de la montura.

El jinete cayó con un golpe sordo entre ramas y cenizas.

La criatura, sin jinete, enloqueció.

Loki, sin perder el ritmo, corrió por su espina dorsal como si pisara una cuerda floja que ardía bajo sus pies.

La bestia intentó sacudírselo, pero antes de que lo lograra, Loki dio un salto de regreso hacia su fiel lobo.

—¡Fenrir!

—gritó, alzando la voz entre el caos.

Fenrir giró ligeramente el lomo, justo en el ángulo perfecto.

Loki cayó con precisión milimétrica sobre su pelaje, se estabilizó clavando sus dagas en la piel gruesa (sin dañarlo, solo para frenarse) y se reincorporó en posición de combate, jadeando.

La criatura sin jinete derrapó, se estrelló brutalmente contra un árbol y quedó inerte entre brasas y madera.

Loki, cubierto de ceniza y sudor, observó el entorno por si otro enemigo venía detrás.

Solo el rugido del viento y las llamas quebrando las ramas le respondieron.

—Uno menos —murmuró con seriedad.

Luego, golpeó suavemente el cuello de Fenrir con la palma—.

No te sueltes, amigo.

Aún no termina.

Y así, ambos continuaron avanzando, entre raíces y fuego, hacia el destino que les esperaba.

La tierra temblaba bajo los pies de los pocos que aún observaban desde la distancia.

La batalla entre Odín y el Ser continuaba sin tregua, cada golpe como un eco del fin de los tiempos.

El Ser, envuelto en su aura oscura e hirviente, cargó una vez más con su guadaña.

El aire mismo crujió mientras la hoja atravesaba el vacío, pero Odín, aún herido, logró esquivarla por un suspiro de tiempo.

Dio un paso atrás, pero el Ser giró con rapidez inhumana y su puño se estrelló brutalmente contra el costado del Padre de Todos.

El impacto resonó como un trueno, arrojándolo hacia un costado.

De la espalda del Ser emergió entonces una criatura serpenteante, formada de puro fuego oscuro.

Una serpiente ígnea, escamosa como carbón vivo, con ojos incandescentes y colmillos como dagas fundidas.

Se deslizó a una velocidad abismal, envolviendo el cuerpo de Odín en el aire antes de que pudiera incorporarse.

La serpiente lo apretaba con fuerza descomunal.

Las costillas del dios crujieron, su cuerpo chisporroteaba bajo el calor abrasador que emanaba de la criatura.

Cada segundo era una tortura.

Odín apretó los dientes con furia, sujetando su lanza con ambas manos mientras la presión se incrementaba, y su visión comenzaba a nublarse.

—¡No…

aquí…

no termina!

—gruñó entre dientes.

Con un rugido final, cargó su lanza con toda la energía que aún le quedaba y liberó un rayo directo al corazón del Ser.

Un estallido de luz.

El rayo impactó de lleno, obligando al Ser a retroceder con un gruñido ahogado.

La serpiente chilló, distorsionando el aire con su rugido flamígero antes de desintegrarse en brasas flotantes.

Odín cayó de rodillas al suelo, jadeando con dificultad, mientras sus ropas humeaban y su piel mostraba señales de quemaduras.

A pesar del dolor, su mirada seguía fija en el enemigo: determinada, desafiante, eterna.

El Ser observó su brazo chamuscado por el ataque.

Sus ojos se estrecharon.

El Ser avanzaba lentamente entre el humo, su guadaña arrastrándose por el suelo como si disfrutara cada paso hacia la victoria.

La oscuridad se arremolinaba a su alrededor, deformando el aire mismo.

Odín aún estaba de rodillas, respirando con dificultad, cubierto de heridas, pero con la mirada clavada en su enemigo.

—¿Eso fue todo, Padre de Todo?

—murmuró el Ser con sorna—.

¿Una chispa más antes de apagarte?

Pero entonces Odín, sin decir palabra, levantó una mano temblorosa y golpeó violentamente el suelo con la palma abierta.

El impacto resonó como un tambor de guerra.

Un fulgor dorado recorrió el suelo como si la tierra misma despertara.

Runas antiguas, grabadas más allá del tiempo, se iluminaron bajo los pies del Ser.

El suelo brilló intensamente… y explotó con una descarga brutal de energía divina.

La onda expansiva fue descomunal.

Una columna de luz estalló bajo el Ser, lanzándolo varios metros por el aire mientras una lluvia de piedras fundidas y polvo ardiente se alzaba como una tormenta infernal.

El impacto cimbró toda la región, haciendo temblar a los heridos en la distancia, y obligando incluso a Thor y Balder a cubrirse.

El Ser cayó violentamente contra los restos de una estructura, rebotando con brutalidad contra los escombros.

La oscuridad que lo envolvía parpadeó por un instante, como si la runa activada por Odín hubiera afectado algo más profundo.

Odín se incorporó lentamente, jadeando, su lanza vibrando con energía residual.

Su cuerpo estaba exhausto… pero aún no vencido.

—Aún no terminas conmigo… —murmuró con voz ronca, alzando la mirada hacia el cráter donde había caído el Ser—.

Y mientras me quede aliento, no dejaré que pongas un solo dedo más sobre esta gente.

El humo se despejaba lentamente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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