Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 49

  1. Inicio
  2. FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS)
  3. Capítulo 49 - Capítulo 49: CAPITULO #13 PARTE 4: El Juicio del Yggdrasil
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 49: CAPITULO #13 PARTE 4: El Juicio del Yggdrasil

El aire se volvió denso, cargado de energía infernal. Astaroth rugió con furia contenida, su silueta se distorsionó por el calor del fuego oscuro, y en un destello espectral desapareció ante los ojos de Odín.

El Allfather apenas tuvo tiempo de girar la cabeza cuando una sombra surgió a su costado.

Un sonido metálico cortó el aire, y la hoja ardiente de la guadaña se enroscó alrededor de su cuello como una serpiente viviente.

Odín gruñó, intentando apartarla, pero el filo infernal se ajustó con fuerza, abriéndole la piel. Un hilo de sangre espesa cayó por su barba plateada.

El brillo dorado de sus ojos se apagó por un segundo mientras el aire se le escapaba de los pulmones.

—Gh—hh… ¡Bastardo! —gruñó entre dientes, intentando arrancar el arma.

Astaroth apareció frente a él, sujetando el mango de la guadaña con ambas manos, girándolo con lentitud, disfrutando del sufrimiento. Su voz retumbó grave, distorsionada por la furia.

—Tus engendros… —dijo con una sonrisa macabra— han logrado algo que ninguna deidad había hecho antes… hacerme perder la paciencia.

Tiró con fuerza, el filo profundizándose, y Odín soltó un rugido ahogado, el sonido de su propia sangre gorgoteando en su garganta.

Astaroth inclinó la cabeza, los ojos encendidos como carbones del infierno.

—Te doy mi palabra, Padre de Todos… —susurró con voz venenosa, acercando su rostro al de Odín— no verán el amanecer.

El dios, jadeante, logró alzar una mano. Entre sus dedos, destellos de energía dorada comenzaron a crepitar.

Los ojos de Odín se abrieron de par en par, y una ráfaga divina estalló desde su cuerpo, envolviéndolos a ambos en un resplandor cegador.

El suelo tembló. La guadaña se estremeció y soltó el cuello del dios, humeante por la energía que la quemaba.

Odín cayó de rodillas, tosiendo sangre, mientras Astaroth retrocedía, riendo entre los destellos.

—Eso fue todo, viejo… —dijo con desprecio, girando su arma—. Si ese es tu poder, tu era terminó hace mucho tiempo.

Odín levantó la vista, la sangre aún goteando por su cuello, pero en su mirada había fuego… y orgullo.

—Aún… no has visto nada, demonio.

El aire se estremeció con un rugido divino.

Odin, con el cuello marcado por la hoja infernal, alzó la mano manchada de sangre y bramó con una voz que hizo temblar la tierra:

—¡CLONES DE MI VOLUNTAD, A MÍ!

Dos destellos dorados emergieron a sus costados. De la nada, aparecieron dos proyecciones idénticas de él: guerreros hechos de pura energía y furia.

Los tres Odín se lanzaron al ataque en perfecta sincronía, moviéndose como si compartieran una sola mente.

Astaroth, confundido, apenas alcanzaba a reaccionar. Cada embestida venía de un ángulo distinto: una lanza al pecho, otra a las piernas, un golpe seco en la mandíbula. Su guadaña apenas podía bloquear la mitad de los ataques; su furia se mezclaba con una sombra de desesperación.

—¡MALDITO VIEJO! —gruñó, girando la hoja en círculos infernales.

Pero fue inútil. Los clones de Odin lo sujetaron de los brazos, cruzando sus manos espectrales y inmovilizándolo.

El verdadero Padre de Todo, con el rostro cubierto de sudor y sangre, levantó su lanza Gungnir y descargó una serie de estocadas rápidas, cada una acompañada de un relámpago cegador.

El cuerpo de Astaroth se arqueaba con cada impacto, su piel demoníaca chispeaba y su rugido resonaba como un trueno desquiciado.

Con un esfuerzo colosal, el demonio logró liberarse: empujó violentamente a uno de los clones, que se desintegró en polvo dorado, y derribó al otro de un puñetazo en el rostro.

Aprovechó el impulso y pateó al verdadero Odin, lanzándolo por los aires.

Pero el dios no cayó. En medio del vuelo, giró sobre su eje, el ojo ardiente de furia, y arrojó su lanza con precisión divina.

—¡GUNGNIR!

El arma cruzó el aire como un rayo de juicio y se incrustó en el brazo de Astaroth, clavándolo brutalmente contra la pared de piedra.

El demonio rugió con un dolor que estremeció los cielos.

Astaroth trató de liberarse, pero Gungnir seguía clavada en su brazo, hundida hasta el hueso.

Odin no perdió ni un segundo.

Apareció frente a él con un destello dorado y descargó el primer golpe.

Luego otro.

Y otro.

Y otro.

Una tormenta de puñetazos, cada uno acompañado de un estallido de energía divina que hacía retumbar toda la cámara.

El rostro del demonio se hundía entre los impactos, la pared se agrietaba detrás de él, la sangre oscura salpicaba como tinta en el aire.

Astaroth, jadeando, soltó una sonrisa torcida, casi divertida a pesar del castigo.

—Qué interesante… —escupió sangre negra—. Golpeas con fuerza, viejo. No pareces muy afectado por… ya sabes…

por descubrir tu verdadero origen.

Un simple peón… perdido en un juego mucho más grande que tú.

Odin se detuvo por un instante. Solo un instante.

Su puño quedó temblando en el aire, iluminado por su propia rabia.

Astaroth sonrió, disfrutando el veneno que acababa de soltar.

—¿No te arde en lo más profundo saber que no eres quien creías?

Una herramienta. Un accidente.

Un error con pretensiones de rey.

El silencio cayó como una guillotina.

Odin alzó el rostro, su único ojo brillando como el núcleo de una estrella.

Su voz salió ronca, pero firme como el hierro de Yggdrasil.

—Tal vez.

Tal vez fui creado. Tal vez fui manipulado. Tal vez fui moldeado para un propósito que nunca pedí.

Se acercó aún más, su sombra cubriendo por completo al demonio.

—Pero mi origen no define mi voluntad.

Astaroth frunció el ceño.

Odin continuó, golpeándolo con cada frase:

—Lucho por los míos.

—¡PUÑETAZO!— Por mis hijos.

—¡PUÑETAZO!— Por los reinos que juré proteger.

—¡PUÑETAZO!— Por todo lo que amo, aunque el destino crea que puede arrebatarlo.

Astaroth trató de hablar, pero Odin lo agarró del rostro, obligándolo a mirarlo directo al ojo ardiente.

—Mi naturaleza puede haber sido escrita por otros…

Pero mi camino lo escribo YO.

Y hoy, Astaroth…

mi voluntad es destruirte.

Lo estampó contra el suelo con un estruendo que hizo temblar toda la fortaleza.

Astaroth se rió entre dientes, con sangre negra escurriendo de su boca mientras aún recibía los golpes.

—¿De verdad hablas de “luchar por algo”? —escupió con veneno—. Eres un peón, Odin. Una creación reciclada. Un error sostenido por mentiras. Tu vida, tu trono, tu honor… todo fue prestado por seres superiores a ti.

Odin apretó los dientes. No se detuvo. Su lanza temblaba con cada golpe.

—No me importa lo que soy. —Odin gruñó con voz ronca pero firme—. Padre o no, dios o no… tengo un reino que proteger, hijos que salvar y un mundo que se derrumba. Eso es más que suficiente para destruirte.

Astaroth mostró una sonrisa deformada.

—Entonces deja que te muestre cuán inútil es tu propósito.

Con un movimiento veloz, la guadaña se materializó en su mano y cortó el aire, directo al rostro de Odin.

La hoja demoníaca quedó a centímetros de su garganta.

Pero no avanzó.

Astaroth frunció el ceño.

Intentó mover el brazo. Nada.

Se dio cuenta entonces:

Un crujido profundo, como si la tierra misma se quejara, retumbó en la piedra del templo.

Ramas antiguas, retorcidas como huesos viejos, emergieron del suelo, envolviendo sus piernas, su torso y finalmente su brazo armado.

Astaroth abrió los ojos como platos.

—¿Qué demonios es esto…?

Odin dio un paso atrás, respirando con dificultad. Su mano sangraba. Su capa estaba hecha jirones. Pero su mirada… ardía con una autoridad que no se veía desde hacía siglos.

—Las Ramas de Yggdrasil.

La forma en que dijo ese nombre hizo temblar el aire.

Astaroth intentó arrancarse, pero las ramas crujieron, apretándolo aún más.

—Imposible… —espetó, sintiendo por primera vez un atisbo de pánico—. ¡Nada puede contenerme!

Odin negó con la cabeza.

—En los Nueve Reinos no existe fuerza capaz de romperlas.

Se acercó, apoyando la punta de Gungnir sobre el pecho del demonio.

—Ni la tuya… ni siquiera la mía.

Astaroth, atrapado por las ramas que se apretaban alrededor de su torso y brazos, gruñía mientras trataba de liberarse. Su guadaña vibraba con violencia, como si intentara cortar algo que simplemente se negaba a existir.

Entre jadeos llenos de rabia, el demonio lanzó una carcajada ronca:

—Aunque me tengas inmovilizado… no podrás matarme.

Alzó la cabeza, mostrando una sonrisa torcida.

—Ya gastaste gran parte de tu poder en invocar estas malditas ramas. No te queda la fuerza suficiente para acabar conmigo.

Odin lo observó con calma, sus ojos brillando como dos brasas viejas que se niegan a apagarse.

—Lo sé.

Astaroth parpadeó, confundido, antes de fruncir el ceño con sospecha.

Odin dio un paso hacia él, apoyando una mano en su lanza mientras las raíces seguían hundiéndose lentamente en la tierra.

—Pero no necesito matarte.

Su voz se volvió más grave, como si el mismo Árbol del Mundo hablara a través de él.

—Las ramas de Yggdrasil no fueron convocadas para destruirte… sino para llevarte de regreso. A las profundidades del Árbol. A donde ni yo puedo alcanzarte.

Astaroth abrió los ojos con furia, forcejeando desesperado.

—¡SUÉLTAME, ANCIANO!

Sus llamas negras estallaron en todas direcciones, sin lograr quemar ni una sola raíz.

Odin formó un sello con las manos, y el suelo comenzó a temblar bajo ellos.

—Tu poder no sirve ahí abajo. Nada sirve.

Un destello azul recorrió las ramas.

—Es el final de tu camino en este reino.

Astaroth rugió, hundiéndose más y más.

—¡¡ODIN!! ¡REGRESARÉ POR TI Y TUS HIJOS! ¡LO JURO!

Odin inclinó la cabeza, sin alterar su respiración.

—Te deseo suerte con eso.

Y con un último tirón del Árbol del Mundo,

Astaroth fue tragado por la tierra, desapareciendo en un grito de pura desesperación.

El silencio que siguió a la desaparición de Astaroth fue tan profundo que pareció absorber hasta el eco de su último grito. Las raíces del Yggdrasil se retiraron lentamente, desvaneciéndose como polvo de luz. Odin permaneció de pie por un momento… y luego sus rodillas cedieron.

Cayó al suelo, apoyando una mano para no desplomarse por completo. Su respiración se volvió áspera, cortada, como si cada inhalación desgarrara algo dentro de él. La invocación del Árbol había consumido más poder del que estaba dispuesto a admitir.

—“A… aún no…” murmuró, apretando los dientes mientras una punzada de dolor recorría su pecho.

—“No puedo quedarme aquí.”

Durante unos segundos, dejó que el cansancio lo alcanzara. El frío del suelo, el olor a quemado, la sangre en su rostro… todo parecía mezclarse en una neblina pesada. Cerró los ojos, buscando reunir las migajas de energía que aún le quedaban.

Recordó a sus hijos huyendo en dirección a Loki. A Tyr inconsciente. A Thor desesperado. A Balder tratando de no mirar atrás.

Odin apretó el puño.

—“Tengo que alcanzarlos.”

Con un esfuerzo monumental, se incorporó. Tambaleó dos veces antes de afirmarse con su lanza. Gungnir temblaba en su mano, como si la misma arma sintiera el peso de la batalla.

La tormenta del combate se había calmado, pero los destrozos seguían ahí: estructuras derrumbadas, grietas ardiendo con fuego oscuro, nieve derretida por explosiones de energía. Astaroth había dejado cicatrices en la tierra… y en él.

Aun así, el padre de los dioses dio un paso.

Luego otro.

Y otro más.

Su respiración seguía entrecortada, pero una determinación antigua lo empujaba:

“Mientras ellos vivan… yo no caeré.”

Odin alzó la mirada hacia el horizonte quebrado de Jotunheim, donde sabía que sus hijos necesitaban verlo aparecer un último momento antes de que todo se derrumbara.

—“Ya voy, mis hijos.”

Y avanzó, arrastrando consigo el peso de un dios… y la voluntad de un padre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo