Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 50

  1. Inicio
  2. FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS)
  3. Capítulo 50 - Capítulo 50: FALLEN GODS CAPITULO #14 PARTE 1: Ecos de un Hogar Muerto
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 50: FALLEN GODS CAPITULO #14 PARTE 1: Ecos de un Hogar Muerto

Loki se adentró junto a Fenrir en las ruinas humeantes de su pueblo natal, un lugar que apenas horas atrás aún respiraba vida. Las casas destrozadas yacían abiertas como heridas recientes, la nieve manchada por ceniza y restos de batalla que el viento aún no había logrado borrar. El eco de la destrucción seguía presente, demasiado fresco, demasiado cercano. Fenrir avanzaba con el lomo erizado, olfateando el aire cargado de sangre y magia, mientras Loki recorría el lugar con la urgencia de quien se niega a aceptar lo evidente.

No había gritos, ni pasos apresurados, solo un silencio antinatural que pesaba más que cualquier estruendo. Loki llamó a su madre una y otra vez, moviendo escombros aún tibios, buscando entre sombras que no respondían. Cada segundo sin respuesta hacía que su respiración se volviera más irregular. La batalla había terminado, pero la incertidumbre no. Y mientras el miedo comenzaba a apoderarse de él, un pensamiento oscuro se abrió paso en su mente, insoportable y persistente: si ella había estado allí… quizá no había sobrevivido.

Thor avanzaba con paso firme, cargando a Tyr inconsciente sobre sus hombros, mientras Balder corría a su lado sin apartar la vista del camino helado que los llevaba hacia el punto donde los jotuns iniciarían el éxodo. El campo de batalla había quedado muy atrás; Astaroth y Odín ya no eran más que un recuerdo envuelto en humo y relámpagos. Aun así, Balder giró el rostro un instante, mirando en dirección al lugar del combate, como si algo invisible lo llamara.

—¿Te diste cuenta de eso? —dijo Balder sin dejar de correr.

—¿De qué hablas? —respondió Thor, ajustando el peso de Tyr para que no cayera.

Balder frunció el ceño, inquieto.

—Mientras luchábamos contra Astaroth… podía sentir su energía. Era aterradora, densa, como si el mundo mismo se encogiera a su alrededor. Ahora no siento nada.

Thor resopló.

—Nos hemos alejado bastante. Tiene sentido que ya no lo percibas.

Balder negó con la cabeza, sin convencerse.

—Es muy improbable. Incluso antes de llegar al campo de batalla, podía sentirlo desde una gran distancia. Esa presencia no desaparece así como así.

Thor guardó silencio por un momento, y Balder terminó de decir lo que ambos pensaban, pero ninguno quería admitir.

—Tal vez… —murmuró— mi padre derrotó a Astaroth.

Thor no respondió de inmediato. Siguió avanzando, con el peso de Tyr y una duda creciente que ni siquiera la fuerza de un dios podía apartar.

Thor mantuvo el paso firme, el peso de Tyr inconsciente hundiéndosele en los hombros, mientras el hielo crujía bajo sus botas.

—Dudo que eso haya pasado —dijo finalmente, con la voz grave—. En el último instante, nuestro padre mostró el máximo poder que le he visto en eras… y aun así, no fue suficiente para inclinar la balanza con claridad.

Balder lo miró de reojo, atento.

—El poder de ese maldito demonio era demasiado —continuó Thor—. No solo para ti o para mí, sino para todos. Si he de ser sincero, por un momento creí que aquella sería la última pelea de nuestro padre.

Balder apretó los puños mientras corría.

—Aceptamos huir porque fue lo único que nos quedó —prosiguió Thor—. Su última posible voluntad. Padre no buscaba vencer, sino darnos tiempo… tiempo para alejarnos, para reagruparnos. Quizá logró más de lo que creemos.

Balder bajó la mirada un instante, luego volvió a mirar al frente.

—Pero tú viste lo que ocurrió con Nictofer —añadió Thor, con un tono más áspero—. La magnitud de ese poder, la forma en que el mundo parecía romperse solo por su presencia. Astaroth no se diferenciaba tanto.

Thor respiró hondo antes de continuar.

—Sabes lo que tuvimos que sacrificar para apenas aprisionarlo. Vidas, juramentos, dioses quebrados. Así que no… —negó lentamente— no creo que ese maldito haya caído tan fácilmente. Y si su presencia se ha desvanecido… eso solo significa que algo peor está por venir.

El silencio volvió a imponerse entre ambos, pesado, mientras el camino hacia el éxodo se extendía ante ellos como una huida que ninguno había deseado tomar.

Odín avanzaba con paso tembloroso, forzando a su cuerpo a obedecer una voluntad que se negaba a ceder. Cada movimiento le arrancaba un dolor profundo, como si las ramas de Yggdrasil aún lo atravesaran por dentro. Había aceptado morir en Jotunheim, lo había hecho desde el momento en que decidió enfrentarse a Astaroth. Pero ahora la balanza se había inclinado, y al sepultarlo bajo el poder del Árbol, comprendió que aún no podía permitirse ese final.

Pensó en sus hijos. En Thor, en Balder, incluso en Tyr. Esa sola idea lo empujó a seguir avanzando, negándose a caer, negándose a desaparecer en aquel páramo helado. No había ganado la guerra, solo había comprado tiempo, y ese tiempo aún debía ser usado. Sin embargo, por más inquebrantable que fuera su determinación, su cuerpo ya no respondía. Las fuerzas que lo habían sostenido se extinguieron de golpe.

Odín dio un último paso antes de que sus rodillas cedieran. El mundo se volvió borroso, el frío lo envolvió, y cayó sobre la nieve sin poder evitarlo. Su conciencia se apagó lentamente, dejando al Padre de Todo inconsciente y solo, en medio del silencio de Jotunheim, mientras el destino seguía avanzando sin esperar a nadie.

Angrboda avanzaba al frente del éxodo, guiando a los sobrevivientes de Joktldar a través del hielo y la ventisca, manteniendo el paso firme pese al cansancio que ya marcaba a su gente. Detrás de ella, familias enteras caminaban en silencio, cargando lo poco que habían logrado rescatar, dejando atrás un hogar que había sido reducido a ruinas. Su voz se alzaba solo cuando era necesario, clara y segura, porque sabía que el miedo se propagaba más rápido que el frío.

Pero mientras vigilaba el camino y protegía a los suyos, su mente regresaba una y otra vez a Loki. Sabía que había ido en busca de su madre, sabía que Fenrir lo acompañaba, y aun así, la inquietud no la abandonaba. Cada instante sin noticias hacía que su pecho se tensara un poco más. Angrboda continuó guiando el éxodo, sosteniendo la calma ante los demás, aunque en su interior solo repetía un deseo: que nada le ocurriera a Loki… que el destino no reclamara también a quien aún no estaba listo para perder.

Loki continuó adentrándose en las ruinas de su pueblo natal junto a Fenrir, avanzando entre restos aún humeantes y estructuras partidas por la batalla reciente. El silencio era opresivo, roto solo por el crujir del hielo bajo sus pasos. Cada rincón que exploraba sin encontrar respuesta hacía que su ansiedad creciera, pero se negaba a detenerse.

—Fenrir… —dijo al fin, con la voz tensa—. Olfateala. Dime que sigue aquí.

El lobo se detuvo, bajó el hocico y aspiró el aire cargado de ceniza y magia rota. Sus ojos se entrecerraron.

—Puedo percibir su aroma —respondió—, pero es muy débil. Está mezclado con sangre, humo y demasiados rastros ajenos. Sea donde sea que esté… no se encuentra cerca.

Loki apretó los puños. Aquellas palabras no eran una confirmación, pero tampoco un consuelo. El rastro existía, y eso bastaba para seguir avanzando, aun cuando el miedo comenzaba a pesar más que el cansancio.

Fenrir se detuvo entre las ruinas, su enorme silueta recortándose contra el hielo y el humo que aún flotaba en el aire. Sus patas se hundieron con peso en la nieve manchada, y durante un instante guardó silencio, como si ordenara sus pensamientos. Luego giró la cabeza hacia Loki, su mirada a la misma altura, grave y cargada de inquietud.

—Loki… dime algo —comenzó, con la voz más baja de lo habitual—. ¿Cuánto tiempo crees que podremos seguir escapando de esto?

Loki no respondió, y Fenrir continuó, dejando que la preocupación se filtrara en cada palabra.

—Lo que buscan esos engendros miserables no va a detenerse. No importa si hoy lograron frenar al emisario que atacó Jotunheim. Mañana aparecerá otro… y después otro más. No se cansarán. No retrocederán. Seguirán viniendo hasta que consigan lo que desean.

El lobo dio un paso lento, haciendo crujir los escombros bajo su peso.

—Y hay algo que no puedo ignorar —añadió—. Seres de su calaña, con ese nivel de poder… que dos hayan aparecido en un periodo tan corto no es casualidad, Loki. No es una coincidencia ni un error del destino.

Fenrir apretó los colmillos, conteniendo la ira.

—Significa que hay más como ellos. Muchos más. Y si eso es cierto, entonces estas ruinas, este éxodo, esta huida… no son el final de nada. Son solo el inicio de algo que no sabemos cómo detener.

Loki se detuvo en seco, el rostro tenso, los puños cerrados con fuerza.

—¡No lo sé! —respondió con enojo, sin mirarlo—. No tengo respuestas para eso. Lo único que quiero ahora es encontrar a mi madre. Nada más importa.

Fenrir no retrocedió ante el tono. Su voz se volvió más dura.

—Esa es una mentalidad pobre para alguien que pretende guiar a un pueblo —replicó—. No la de un rey.

Loki giró hacia él de inmediato, los ojos encendidos.

—Porque no soy un rey —espetó—. Nunca quise serlo. Jamás lo pedí.

Fenrir bajó un poco la cabeza, pero no cedió.

—¿Entonces qué fue aquel discurso? —le reprochó—. Las palabras que le diste a tu gente cuando todo comenzó a caer. ¿Puras mentiras para calmarlos?

—¡No! —respondió Loki, alzando la voz—. No fue ninguna mentira. Lo sentía. Aún lo siento. Haré todo lo posible por protegerlos.

Su voz se quebró apenas, aunque el enojo seguía ahí.

—Pero todo esto es demasiado para mí —continuó—. Sabía que algún día tendría que tomar el trono, lo sabía… pero no así, no tan pronto. Quise aparentar firmeza frente a todos, quise que creyeran que podía con esto.

Loki bajó la mirada por un instante, respirando con dificultad.

—La verdad es que no estaba listo —admitió—. Y si soy sincero… no lo estoy ahora.

El silencio volvió a envolver las ruinas, pesado, mientras Fenrir observaba a Loki no como a un dios, ni como a un rey, sino como a alguien cargando un peso que nunca pidió llevar.

Loki bajó la mirada, y cuando volvió a hablar, su voz ya no tenía enojo, solo una fragilidad que nunca había permitido mostrar.

—Fenrir… por favor —dijo, casi en un susurro—. Ayúdame a encontrar a mi madre.

Sus manos temblaban, y tuvo que detenerse un momento antes de continuar.

—Cuando mi padre murió… sentí que algo dentro de mí se quebró para siempre. Perdí el lugar al que pertenecía, perdí la certeza de quién era. Todo lo que amaba empezó a desaparecer.

Loki respiró hondo, pero el aire no parecía llegarle.

—Si algo le pasa a ella… —su voz se quebró— no podría vivir con eso. Jamás me lo perdonaría. No después de haberla dejado atrás, no después de no haber estado ahí.

Levantó el rostro apenas, los ojos brillando.

—Ella es lo último que me queda de mi hogar, Fenrir. Lo último que me recuerda que alguna vez fui más que guerras, dioses y destinos que no pedí cargar. Si la pierdo… —calló un segundo— no sé qué quedaría de mí.

El silencio que siguió fue profundo, y Fenrir permaneció a su lado, inmenso y silencioso, como el único sostén que aún mantenía a Loki en pie.

Loki se pasó una mano por el rostro, intentando recomponerse, aunque la emoción seguía ahí, vibrando en su voz.

—Después… —dijo con dificultad—. Después de tenerla a salvo, pensaré en algo.

Levantó la mirada hacia Fenrir, sin promesas grandilocuentes, sin certezas falsas.

—No sé qué haré todavía. No tengo un plan, ni respuestas. Pero si logro encontrarla, si sé que está viva… entonces voy a pensar, voy a decidir, voy a cargar con lo que venga.

Apretó los dientes, obligándose a seguir en pie.

—Solo dame eso primero —concluyó—. Déjame salvarla… y después me haré responsable de todo lo demás.

Fenrir asintió lentamente y volvió a bajar el hocico, olfateando con mayor insistencia entre la nieve revuelta. Su respiración se hizo más profunda, más concentrada. De pronto, fijó la mirada al frente.

—Ahora… —dijo—. Ahora percibo mejor su olor.

Loki levantó la cabeza de golpe.

—Se mueve —continuó Fenrir—. Viene en nuestra dirección.

Eso fue lo único que Loki necesitó escuchar.

Sin decir una palabra más, echó a correr entre la ventisca, con el corazón golpeándole el pecho. Detrás de él, Fenrir reaccionó de inmediato.

—¡Loki, espera! —rugió—. ¡Algo no anda bien!

Pero Loki no se detuvo. Siguió avanzando hasta que, de pronto, se frenó en seco. Entre la cortina de nieve, una sombra se movía, difusa, acercándose lentamente.

—¡MADRE! —gritó, con la voz quebrada.

Antes de que pudiera dar un paso más, Fenrir se interpuso, su enorme cuerpo bloqueándole el paso. Extendió una pata frente a él, firme, inamovible.

—¿¡QUÉ MIERDA HACES!? —estalló Loki, empujándolo sin éxito.

Fenrir no apartó la mirada de la sombra.

—No viene sola —respondió con voz grave—. Percibo otro aroma.

La sombra siguió avanzando.

—Uno más… —añadió Fenrir— mucho más pútrido.

Loki y Fenrir fijaron la mirada en la dirección de donde provenía la figura. La ventisca comenzó a abrirse poco a poco, y la silueta dejó de ser solo una sombra para tomar forma. El aire se volvió más pesado, más denso, como si la nieve misma intentara huir.

Entonces lo vieron.

Era Furcas.

El general de aquellas legiones que habían devastado su hogar. El mismo con el que Loki había peleado apenas unas horas atrás. Su armadura ennegrecida avanzaba sin prisa, y detrás de él, arrastrada del cabello, iba una figura apenas consciente.

Loki sintió que el mundo se detenía.

Era su madre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo