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FALLEN GODS (DIOSES CAIDOS) - Capítulo 51

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  3. Capítulo 51 - Capítulo 51: CAPITULO #14 PARTE 2: Una Elección que Condenara a Todos
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Capítulo 51: CAPITULO #14 PARTE 2: Una Elección que Condenara a Todos

Furcas inclinó apenas la cabeza, observando el pánico en el rostro de Loki como quien contempla un experimento a punto de concluir.

—No te angusties —dijo con una calma irritante—. Esto es tan solo una herida superficial… por ahora.

Golpeó con los dedos la empuñadura de la lanza, aún incrustada en el costado de Lauffey.

—Pero si no me das lo que quiero, la empujaré lentamente… hasta que llegue a un órgano vital.

Hizo una pausa breve. Precisa.

—¿Sabes cuánto tiempo tomaría eso? —preguntó, sin esperar respuesta—. Siete segundos.

Los ojos de Lauffey se entrecerraron por el dolor. Un hilo de sangre resbaló por la comisura de sus labios.

—Haz exactamente lo que diga —continuó Furcas— y podrán irse. Así de simple.

Su voz no subió. No lo necesitaba.

—Si retiro la lanza ahora, el sangrado será superficial. Doloroso, sí… pero manejable.

Se inclinó un poco más hacia Loki.

—Pero si llega más profundo… y entonces la retiro —sonrió— calculo que tu madre morirá en siete minutos.

Levantó un dedo, marcando el número en el aire.

—Haz las cuentas, Loki.

Siete segundos para condenarla.

Siete minutos para verla morir.

La sonrisa se volvió venenosa.

—Calcula si llegarás a tiempo con tu noviecita para que la salve.

Loki bajó la mirada hacia la runa que sostenía entre sus manos. El resplandor parecía latir, casi al ritmo de su corazón desbocado.

Por un instante, vio a su padre.

La promesa.

Las palabras dichas no como rey, sino como padre: protégela, cueste lo que cueste.

Sus dedos se cerraron con fuerza.

—No… —gruñó Fenrir, dando un paso al frente—. Loki, no lo hagas.

El lobo miró de reojo a Lauffey, sangrando, temblorosa… y luego volvió a clavar sus ojos en él.

—Lo sé —dijo Fenrir con rabia contenida—. Es tu madre. Pero si cedes… condenarás a todos los reinos. Furcas lo sabe. Está apostando a eso.

El silencio pesó como una losa.

Loki alzó lentamente la cabeza. Sus ojos estaban enrojecidos, vidriosos… rotos.

—Ya… ya perdí a mi padre —respondió con la voz hecha trizas—. Ya sentí lo que es que me arrebaten a alguien frente a mí.

Apretó los dientes. Su respiración se volvió errática.

—Me destruyó.

Un paso al frente.

—Y no voy a perderla a ella también.

La runa vibró con violencia.

—¡Loki, piensa! —rugió Fenrir—. ¡No puedes—!

—¡ME REHÚSO A PASAR POR LO MISMO DOS VECES! —gritó Loki, con un alarido que estremeció el aire.

La energía explotó.

Una onda de choque brutal estalló desde su cuerpo, levantando polvo, fragmentos de hielo y roca. Fenrir fue lanzado varios metros hacia atrás, rodando con violencia antes de clavar las garras en el suelo para no seguir deslizándose.

—¡MALDITO…! —gruñó, incorporándose.

Antes de que pudiera avanzar, Loki alzó la mano.

El suelo se congeló de golpe bajo las patas de Fenrir. El hielo se elevó como cadenas, atrapándolo desde abajo, inmovilizándolo por completo.

—¡LOKI! —rugió Fenrir, forcejeando— ¡SUÉLTAME!

El lobo mostró los colmillos, furioso, desesperado.

—¡ERES UN HIJO DE PERRA!

Loki no respondió.

Solo avanzó un paso más…

con la runa aún en la mano,

y el corazón completamente desgarrado.

El campo quedó en silencio.

No un silencio de paz…

sino ese que aparece justo antes de que algo irreversible ocurra.

Loki avanzó.

Un paso.

Luego otro.

La runa seguía brillando en su mano, su luz reflejándose en la sangre que manchaba el suelo. Su rostro estaba inexpresivo ahora, como si hubiera apagado todo lo que sentía para poder seguir caminando.

Furcas no se movió.

Ni siquiera parpadeó.

Solo observaba.

Porque los depredadores pacientes no interrumpen a su presa cuando camina hacia ellos por voluntad propia.

El hielo crujió detrás.

—¡LOKI, DETENTE! —rugió Fenrir, forcejeando con una violencia que hizo vibrar sus ataduras—. ¡Aún puedes parar esto!

Las placas de hielo se resquebrajaron apenas, pero no cedieron.

—¡NOS ESTÁ MANIPULANDO! —continuó, con la voz cargada de una desesperación poco habitual en él—. ¡¿NO LO VES?!

Loki no respondió.

Ni siquiera volteó.

Otro paso.

El sonido de su bota contra la piedra pareció demasiado fuerte… demasiado definitivo.

La respiración de Lauffey era cada vez más débil. Sus manos temblaban, manchadas de rojo.

Lentamente… bajó la mirada.

No por vergüenza.

No por derrota.

Sino por esa aceptación silenciosa que solo llega cuando una madre comprende que su hijo está a punto de destruirse por ella.

Sus labios se entreabrieron.

Quiso decir algo.

Pero ninguna palabra salió.

Sus ojos se humedecieron.

Y entonces dejó de luchar.

Ese gesto fue peor que cualquier grito.

—…basta… —susurró apenas, más al destino que a Loki.

Fenrir lo sintió.

—¡NO! —bramó—. ¡No te atrevas a rendirte también!

Clavó las garras con furia.

El hielo volvió a crujir.

—¡Loki! ¡Si das un paso más, no habrá vuelta atrás!

Loki se detuvo.

Solo un segundo.

Sus dedos se cerraron alrededor de la runa hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

Su voz salió baja. Vacía.

—Ya no hay vuelta atrás.

Fenrir se quedó helado.

Furcas sonrió.

Una sonrisa lenta… profunda… victoriosa.

—Sabia elección —murmuró—. Empiezo a creer que sí eres digno de la sangre que corre por tus venas.

Loki reanudó la marcha.

Cinco pasos.

Cuatro.

Tres.

La distancia entre ellos comenzó a desaparecer.

El aire mismo parecía tensarse alrededor de la lanza.

Furcas inclinó apenas el arma.

Un recordatorio.

Un segundo más…

y la empujaría.

Loki levantó la runa.

La luz iluminó su rostro desde abajo, marcando las sombras de alguien que estaba cruzando un umbral del que nadie regresa siendo el mismo.

Fenrir dejó de forcejear.

Y lo entendió.

No estaba viendo a un rey tomar una decisión.

Estaba viendo a un hijo…

elegir el amor por encima del mundo.

—…maldito seas… Loki… —susurró, con la voz quebrada.

Furcas extendió la mano.

Esperando.

Sin prisa.

Porque la victoria que se saborea… siempre llega más dulce.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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