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Fingiendo ser un capo intocable - Capítulo 359

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Capítulo 359: ¿Copiando a Bella?

—Charlotte, así no me puedo mover, al menos ayúdame un poco —dijo James mientras sostenía esas bolsas enormes y, al mismo tiempo, intentaba mantener el equilibrio con el bastón.

—¡Ya te dije que necesitábamos más gente! —gritó ella, sin siquiera mirarlo. Qué va, estaba mirando una falda que tenía un estampado de gatos por toda la tela.

Era la primera vez desde aquello, la primera vez que estaba a solas con Charlotte en un centro comercial lleno de desconocidos que simplemente pasaban el rato, comprando… Aunque no se lo creía, era verdad.

—Mike, vamos, ayuda. —Se giró y allí estaba él.

—Ah, supongo que la misión ha fallado —rio Mike mientras se acercaba y le quitaba las bolsas de las manos a James.

—Bueno, es que estar a dos metros de distancia no es el mejor escondite —rio James mientras miraba a su alrededor—. Y a lo mejor, si los otros intentaran pasar desapercibidos en lugar de ir todos de traje, también ayudaría. —Y es que todos llevaban los mismos trajes negros y parecían de lo más sospechosos.

—Sí, pero al menos uno de ellos ha conseguido permanecer oculto —dijo Mike mientras miraba fijamente a James, quien de inmediato volvió a mirar a su alrededor.

Tenía que ser Arine, pero ¿dónde estaba…? Miró por todas partes, pero no vio nada.

—Me rindo. ¿Dónde está?

—Está ahí —rio Mike mientras señalaba a un lado. Arine estaba literalmente a cinco metros de ellos… con un aspecto diferente.

—No tengo palabras —dijo James. Arine estaba, literalmente, comiéndose una hamburguesa, con una peluca y unas gafas puestas, y se había mimetizado entre la gente como un espía—. Creo que está disfrutando más de esa hamburguesa que de protegerme. —Se rio de lo absurdo de la situación: la peluca era demasiado barata, tanto que brillaba como si fuera de plástico o algo así, y esa ropa que llevaba Arine, la camisa con estampado de flores, los pantalones cortos, las sandalias… parecía que llevara décadas viviendo en Maraci.

—Sí, quizá se lo está tomando con demasiada calma, pero…

—¡Quiero esto! —La voz de Charlotte interrumpió a Mike antes de que pudiera decir nada más y, cuando ambos la miraron…, se quedaron… sin palabras.

—Ni hablar, déjalo donde estaba —dijo James de inmediato, mirando la ropa que tenía en las manos.

—¿Por qué? —preguntó ella, mirándolo con esos ojazos como si quisiera sobornarlo o algo.

—Porque eres una niña, ni siquiera una adolescente. E incluso si lo fueras, no te permitiría llevar eso —respondió James, manteniéndole la mirada y plantándole cara.

—Estoy del lado de tu padre —se unió Mike, como si su opinión importara algo en el asunto—. Un crop top y una falda corta para una niña de tu edad es demasiado.

—Exacto, ¿por qué fabrican estas cosas para niñas? —coincidió James con Mike mientras le quitaba la ropa de las manos a Charlotte, pero ella se puso tan… triste, como si estuviera a punto de llorar cuando James lo devolvió a su sitio—. Mira, no estoy en contra de las faldas, puedes llevarlas, pero más largas, y tienes que aprender a moverte con ellas. Pero un crop top, no, ni por un segundo.

Sin siquiera darse cuenta, James, por primera vez, estaba actuando como un verdadero padre, lo que hizo sonreír a Mike. La forma en que lo dijo, cómo controló su voz y se preocupó por ella… fue de lo más entrañable.

—Esta es mucho mejor —continuó James mientras cogía otra falda, una más larga y con un estampado de gatos—. Con esta te verás linda, adorable y más apropiada para tu edad.

—¿De verdad me veré linda? —preguntó ella de inmediato al oír esas palabras de James.

—Claro que sí —le afirmó James, aunque temía que pudiera estallar. No, más bien esperaba que lo hiciera, porque Charlotte es muy madura para su edad, y llevar ropa demasiado infantil podría deprimirla, hacer que se sintiera avergonzada al usarla.

Pero no, ocurrió exactamente lo contrario… se puso a saltar de alegría.

—¡¿De verdad?! —volvió a preguntar, sin dejar de saltar, desesperada por obtener más confirmación de James.

—Sí, y sabes qué, ni se te ocurra volver a mirar esa ropa —dijo James, señalando el crop top y la falda corta—. Estás adorable. Elige lo que te guste, pero ten cuidado de no enseñar demasiado el cuerpo. —Lo dijo empujándola suavemente para que ni se le pasara por la cabeza ponerse algo demasiado revelador—. ¿Estás de acuerdo, Mike?

—Ah, por supuesto, una niña debe vestir como una niña —asintió Mike, aunque… no salió como estaba previsto.

Después de eso, Charlotte se convirtió en una fuerza imparable, agarrando todo lo que se cruzaba en su camino… Lo que habían sido cinco bolsas de repente se convirtieron en diez. Aun así, fue un buen alivio, que le quitó de encima toda la tensión de lo que había ocurrido en casa.

Aunque James sabía que había recibido mensajes de Héctor y también había mirado las noticias…, necesitaba esta relajación y Charlotte se la proporcionó, a pesar de que ella pasó diez minutos probándose lo que le compraron y fue de lo más quisquillosa con todo, con qué combinaba, qué se veía bien… pero entonces ocurrió, y él ya no pudo más.

Con el primer conjunto que James le había dado: la falda blanca con estampado de gatos y la camiseta gris con una flor.

—Vaya, qué linda estás —la halagó James de nuevo con la voz más monótona imaginable, pero a Charlotte le hizo feliz.

—¡Gracias! —respondió ella con una gran sonrisa, abrazándolo fuerte. Sin embargo, ese fue el peor momento, porque mientras lo abrazaba, se fijó en algo… un puesto.

Un puesto que decía «Pintura Facial», y ella, sin decir nada, simplemente salió disparada hacia allí. Para cuando James se dio cuenta de adónde iba…, supo que a él también lo iban a pintar.

—¡Podemos hacernos uno a juego! —dijo mientras señalaba las pinturas de la mesa.

—Ah, sí… hurra. —A James no le impresionó mucho la idea, pero al final lo hicieron.

A ambos les pintaron la cara… de tigres… Se convirtieron en tigres en menos de treinta minutos… y lo mejor de todo fue que un tercero se unió a la fiesta.

Mike.

Se estaba riendo tanto de James que este le ordenó a Mike que sentara su culo y se dejara pintar. Y, por supuesto, lo hizo.

Pero después de tantas risas, Charlotte acabó en los brazos de James, dormida, mientras él a duras penas podía caminar con ella en un brazo y un bastón en el otro. Aun así, consiguió llegar al coche, y su día terminó con alegría… una alegría que James no había sentido en mucho tiempo.

Una alegría que Charlotte trajo una vez más, iluminando a todos a su alrededor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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