Forzado a salvar a las princesas de Disney - Capítulo 10
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10: Capitulo 10 10: Capitulo 10 Hace un día atrás…
—Lo siento…
Blancanieves hizo una pequeña reverencia.
Sus manos temblaban ligeramente.
—Pero…
ya me gusta alguien más.
Silencio.
El príncipe se quedó inmóvil.
—¿Qué…?
¿Qué acabas de decir…?
—Lo siento —repitió ella, con la voz quebrada.
Y antes de que él pudiera reaccionar, se dio la vuelta y salió corriendo.
El príncipe permaneció ahí, tratando de procesarlo.
Hasta que lo vio.
Blancanieves no se detuvo muy lejos.
Corrió…
directamente hacia León.
Y, sin dudarlo, saltó a sus brazos.
León la sostuvo con naturalidad.
Con calma y con esa sonrisa que siempre tenia.
El mundo del príncipe se hizo añicos.
—¿Qué…?
¿Por qué…?
Se quedo pensando por un momento mientras recordaba su primer encuentro con blanca Nieves En ese entonces sintio una conexcion Al mirar al frente vio a leon sonriendo Parecia como si el solo se estaba burlando de él.
Chispas comenzaron a brotar de sus pupilas.
—Leon…
maldito…
La electricidad empezó a crujir alrededor de su cuerpo.
—¡Me robaste a Blancanieves!
—¡¡TE MATARÉ!!
Actualmente…
El príncipe se lanzó hacia adelante con la espada envuelta en relámpagos.
Su velocidad era absurda.
El aire explotaba a su paso.
León apenas alcanzó a reaccionar.
—Tch…
En el último segundo, lanzó una pequeña botella al suelo.
Al romperse— Una luz cegadora cubrió todo el bosque.
El príncipe se vio obligado a cerrar los ojos.
—¡Ah!
—¡Ya cállate, maldito enfermo!
—gritó León mientras aprovechaba para correr.
No era una pelea que pudiera ganar.
Su nivel era bajo.
Sí, había alcanzado el máximo de sus estadísticas.
Pero eso apenas lo colocaba al nivel promedio de ese mundo.
El príncipe…
Lo superaba por diez veces.
Y además tenía el poder de los rayos.
Enfrentarlo directamente significaba morir.
Así que la única opción era huir.
—Sistema, dime mi ubicación.
Un holograma azul apareció frente a él mientras corría.
Un mapa se desplegó en el aire.
León lo miró de reojo.
—Genial…
ya falta poco.
Detrás de él, los truenos volvieron a rugir.
El príncipe había recuperado la visión.
—¡No escaparás!
Los árboles explotaban a su paso.
Pero entonces— León vio algo al frente.
Una pequeña casa.
No.
Una ilusión.
Las hadas que protegían a cierta princesa habían ocultado ese lugar con magia para que cierta villana no pudiera encontrarlo.
Una barrera invisible distorsionaba el aire.
Esa ilusión funcionaba para engañar a seres con poder mágico.
Pero León no podía usar magia.
Por lo tanto…
Tampoco era afectado por las ilusiones mágicas.
Para él, la casa siempre estuvo ahí.
Sonrió.
—Perfecto.
Sin frenar, atravesó la barrera mientras expulsaba un cadaver de su inventario.
El cadaver tenia las mismas ropas y facciones de Leon.
El príncipe pasó de largo mientras atravezaba el cadaver con su espada.
Y finalmente, León llegó.
Era una vieja cabaña de dos pisos, acogedora, escondida en lo profundo del bosque.
Muy parecida a la de los siete enanitos.
León se apoyó en la puerta, respirando con dificultad.
Estaba sangrando y sonriendo.
—Ahora…
veamos si están en casa.
Al cruzar el umbral, la puerta crujió suavemente.
Dentro, tres ancianas estaban sentadas alrededor de una mesa de madera, comiendo con tranquilidad.
El sonido las hizo levantar la mirada.
Y cuando me vieron…
Se quedaron completamente inmóviles.
Sus ojos se abrieron de par en par.
Por sus expresiones, parecía que acababan de ver a un fantasma.
Ah…
cierto.
Ellas jamás esperaban que alguien encontrara este lugar.
La ilusión que habían impuesto sobre la cabaña era poderosa.
Ya entiendo por qué me miran así.
Sonreí apenas.
—Hola…
Y en el siguiente segundo, dejé que mi cuerpo se desplomara hacia adelante.
Caí con fuerza contra el suelo.
La sangre comenzó a manchar la madera.
Dolía Bastante.
Pero no tanto como para no soportarlo.
Por ahora, lo mejor era parecer un hombre al borde de la muerte.
Si se compadecían, me ayudarían.
Las tres mujeres se levantaron de golpe.
—¡Por las estrellas!
—exclamó la anciana vestida de azul.
—¡Flora!
¿Qué hacemos ahora?
—gritó, alterada.
La de verde —Fauna— llevó ambas manos a su boca.
—¡Está sangrando mucho!
Ambas comenzaron a hablar al mismo tiempo, entrando en pánico.
Pero la tercera, la de rojo —Flora.
Estaba analizando en la situación.
Yo seguía tirado en el suelo, respirando con dificultad.
Ah…
ya cúrenme malditas viejas lesbianas.
Intenté mover un brazo y lo dejé caer con dramatismo.
Las dos más nerviosas seguían alteradas.
—¡No podemos dejarlo morir aquí!
—¡Pero si alguien lo siguió…!
Flora finalmente dio un paso al frente.
—Silencio las dos.
Su tono era firme.
Se acercó a mí lentamente.
Sentí su sombra sobre mi rostro.
—Un humano común no debería poder ver esta casa —dijo Flora, visiblemente alterada—.
Y mucho menos entrar.
Pero enseguida respiró hondo y tomó una decisión.
—Primero hay que curarlo.
No podemos permitir que Aurora vea esto.
Sin esperar respuesta, se inclinó y tomó el cuerpo de León por los hombros.
—Ve por las varitas mágicas.
—¡Sí, Flora!
—asintió Fauna, apresurándose hacia otra habitación.
—Primavera, ayúdame a cargarlo.
—De acuerdo.
Entre las dos levantaron el cuerpo de León con esfuerzo.
La sangre aún manchaba su ropa mientras lo llevaban por el pasillo de madera hasta una de las habitaciones del segundo piso.
Lo recostaron sobre la cama.
Apenas unos segundos después, Fauna regresó con las varitas en las manos.
—Aquí están.
Flora tomó la suya con firmeza.
—Bien…
ahora curaré tus heridas.
Alzó la varita y comenzó a conjurar.
Un destello rosado y dorado envolvió el cuerpo de León.
La luz recorrió cada herida, cada corte, cada quemadura.
En menos de diez segundos…
Su piel quedó intacta.
Ni rastro de sangre.
El silencio llenó la habitación.
—Bien —dijo Primavera, apuntándole con su varita—.
Ahora habla, humano.
¿Quién eres?
León no respondió.
No se movió.
Ni siquiera pareció respirar.
Las tres hadas intercambiaron miradas.
—¿Acaso…
está muerto?
—murmuró Fauna.
—Eso no es posible —respondió Flora, aunque su voz ya no sonaba tan segura.
Se acercaron lentamente a la cama.
Primavera extendió la varita, como si fuera a comprobar el pulso con la punta.
Las otras dos hicieron lo mismo, nerviosas.
—Tú tócalo.
—No, tú.
—¡Las tres a la vez!
Finalmente, decidieron inclinarse juntas.
Estaban lo suficientemente cerca como para sentir el leve calor de su piel.
Justo en ese momento— La puerta principal se abrió de golpe en la planta baja.
—¡Ya llegué!
Una voz femenina, dulce y alegre, resonó por toda la casa.
—Traje fresas frescas del bosque.
Las hadas se quedaron congeladas.
Aurora había vuelto.
Sus miradas se dirigieron al cuerpo inmóvil del desconocido.
Y luego hacia la puerta.
Si la princesa subía…
Lo vería todo.
Rápidamente, las tres hadas ocultaron las varitas mágicas dentro de un cajón y salieron al pasillo, intentando recuperar la compostura.
Allí estaba Aurora quien miraba el suelo con curiosidad.
—Tías…
¿por qué el piso está manchado de jugo de tomate?
Las tres bajaron la mirada.
Las manchas rojizas no solo estaban en el suelo.
También en sus vestidos.
Flora fue la primera en hablar, forzando una sonrisa.
—Sobre eso…
estábamos preparando un juguito…
pero se nos derramó.
—Sí…
muchísimo juguito —añadió Fauna con una risa nerviosa.
En sus mentes gritaban lo mismo: ¡Se nos olvidó limpiarnos!
Aurora levantó la vista hacia ellas, con esa sonrisa dulce que siempre las desarmaba.
—Ya veo…
¿y decidieron ensuciar mi habitación también?
Las tres se quedaron rígidas.
Lentamente giraron la cabeza hacia la puerta detrás de ellas.
Luego se miraron entre sí.
—Fue idea tuya.
—¡No, tuya!
Empezaron a discutir en susurros agitados.
Aurora soltó una pequeña risa.
—No se preocupen, tías.
después yo lo limpiare, pero primero Iré a darme una ducha.
Y dio un paso hacia la puerta.
Las tres reaccionaron al mismo tiempo.
—¡NO!
—gritaron, bloqueándole el paso.
Aurora parpadeó, confundida.
—¿Qué sucede?
¿Por que no puedo entrar en mi habitacion?
Las Hadas estaban rigidas aferrandoce en bloquear la puerta.
Si Aurora entraba…
Lo vería.
Y tendrían que explicarle por qué un desconocido estaba en su cuarto.
—¿Hay alguien en mi habitación?
Pregunto Aurora confundida El pasillo se quedó en absoluto silencio.
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